1.11.11

La próxima edición de la Semana Negra de Gijón está en peligro

El festival, uno de los mayores encuentros de literatura policial y negra del mundo hispanohablante. Podría no realizarse en 2012
Una fiesta literaria. Más de un millón de visitantes pasaron por la última edición de la Semana Negra. foto.fuente: Revista Ñ

De entrada, parece más una novela de Agatha Christie que una de Chandler: un rencor memorioso, un odio de clase que espera décadas para asestar su golpe mortal. Sólo que el asesino no es el mayordomo, sino los que tienen mayordomo. Desde que, hace un cuarto de siglo, comenzó a gestarse el festival literario de género más importante del mundo, la derecha de la ciudad asturiana de Gijón se conjuró para dar muerte a la Semana Negra.

Por Gijón desfilan desde los monstruos sagrados del género (como Dennis Lehane, autor de Mystic River ), hasta debutantes en Europa como el argentino Kike Ferrari, que presentó su primera novela editada en España, Que de lejos parecen moscas. Unos y otros se alojan en los mismos hoteles, comen en los mismos restaurantes concertados, y ningún invitado cobra caché. En esa horizontalidad está el secreto del éxito de la Semana Negra.

En el recinto se alternan casetas de librerías, con otras de ropa étnica o carritos al paso en los que saborear desde unos churros de antología hasta los célebres chorizos a la sidra, especialidad de la cocina asturiana. Todo presidido por una de las norias (vuelta al mundo) más grandes de Europa. Esta mezcla de kermesse y festival literario atrae a visitantes que no pisarían un encuentro cultural encorbatado.

Hace unos meses, la Feria del Libro de Madrid cerró balance con un descenso del 25 % con respecto a 2010. En la última Semana Negra, en julio, se vendieron 43. 000 libros, un 14 % más que en la anterior.

El reciente vuelco electoral en España se sintió especialmente en Asturias. El Foro Asturias, la nueva autoridad, una coalición a la derecha del Partido Popular, está decidida a destripar el festival con navajas presupuestarias, pese a que, por cada euro que aporta el municipio, recupera trece.

A estas alturas, mas de un lector se preguntará qué importancia tiene esto para la literatura argentina. Mucha más de lo que parece: cada año, autores argentinos presentan sus libros en Gijón, accediendo así al mercado español y europeo. Y tampoco se nos dan mal los premios de la Semana Negra.

Solo en los últimos seis años, el Dashiell Hammett a la mejor novela policial correspondió en cuatro ocasiones a escritores argentinos (Guillermo Orsi, Leonardo Oyola, Raúl Argemí y Ricardo Piglia), mientras otros cuatro se alzaron, en el mismo período, con el Silverio Cañada a la mejor primera novela policial (entre ellos Ernesto Mallo, y yo mismo).

Miguel Molfino, que este año fue finalista de uno de los galardones, cree que "esto es una fiesta popular y democrática de la literatura; y un modelo a imitar en otros países. En Argentina, el Festival Azabache de Mar Del Plata, va por ese camino y lo celebro".

Un argentino veterano del festival, Raúl Argemí, se muestra convencido de que "nos da la oportunidad mostrar lo que hacemos y llegar a otras lenguas sin dejar de ser nosotros mismos". Por mi parte, ya me declaré, como escritor, "nacido en la Semana Negra, y a mucha honra". Allí conocí a mi primera editora francesa, a mi traductora al alemán, y a una cantidad incontable de colegas. Ernesto Mallo lo dice claro: "La semana Negra ahora está en problemas, hay unos políticos que quieren borrar de un plumazo 25 años de historia, pero no lo van a conseguir".

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