14.10.16

"La novela negra y las fábulas son iguales": Ian Rankin Read

En sus comienzos, el escocés Ian Rankin quiso ser como Robert Louis Stevenson

Ian Rankin durante su entrevista en Madrid SERGIO GONZÁLEZ VALERO./elmundo.es


 Puesto a ello escribió una novela en la línea de El extraño caso del doctor Jekyll y el Mr Hyde J. Pero la obra en cuestión, Nudos y cruces, fue saludada como uno de los relatos criminales más sobresalientes de finales de los años 80. Al día de hoy, Rankin es uno de grandes de la ficción policiaca en la escena internacional y, más allá de géneros, uno de los escritores más leídos en el Reino UnidoPerros salvajes, su nueva entrega, le ha valido el Premio RBA de Novela Negra y le ha traído a Madrid como primer visitante de la novena edición de Getafe Negro.

¿Hay más justicia en la novela negra que en la vida real, donde tantos crímenes quedan impunes?
Sí, probablemente. Uno de los atractivos para el lector es que, en las novelas, los crímenes se resuelven. Siempre se hace justicia y, en la vida real, no siempre sucede así.
Desde ese punto de vista, dado que en sus páginas el crimen siempre paga y en la realidad hay veces que no, cabría decir que el relato criminal tampoco está tan apegado a la realidad como se asegura...
Lo que pasa realmente es que a los lectores les gustan las historias cerradas, que resuelven los misterios que plantean, cuando comienza el trabajo de investigación policial. Después viene el juicio, que es donde muchas veces se absuelve a los criminales en la vida real. Pero en mis novelas no hablo de juicios, me limito a cerrar la investigación policial. Por lo demás, por eso precisamente, dejo en mis libros un final abierto.
¿Puede decirse, por tanto, que el relato criminal obedece a una idealización de la investigación, más que al retrato fidedigno de su realidad?
La verdadera investigación policial es muy aburrida, aunque muy eficaz. Sin esas partes tediosas no se resolverían los crímenes, pero serían un tostón incluidas en una novela policiaca. Sí, estas ficciones representan el ideal de lo que debería ser una investigación policial.
Todos hemos envejecido en los casi treinta años transcurridos desde la primera entrega de la serie de John Rebus, Nudos y cruces (1987), y esta Perros salvajes (2016). ¿El de Rebus es un trasunto de su propio envejecimiento?
No exactamente. Cuando empecé con la serie de Rebus, lo que me interesaba era dar cuenta de los cambios en la sociedad. Aunque, naturalmente, él también va envejeciendo. Prácticamente, cada nuevo libro corresponde a otro año en la vida del inspector Rebus. De hecho, en la última entrega, que se publicará en español el año que viene, ya tiene ciertos problemas de salud.
Philip Marlowe, Sam Spade, Ed Johnson y Sepulturero Jones..., los detectives clásicos no envejecen. Sin embargo, el ex inspector John Rebus ya está jubilado y aparece en Perros salvajes como asesor de la policía... ¿A qué debe?
En el Reino Unido, en la edad dorada de estos relatos, tampoco pasaba el tiempo por su personaje principal. No es el caso de John Rebus, a medida que va viviendo más, le empiezan a afectar las nuevas cosas que ve y lo que investiga. Les acechan los fantasmas hasta hacer mella en su personalidad.
¿Cuál es la edad dorada de la novela policiaca británica? ¿Coincidió con la estadounidense?
En mi país fue anterior, en los años 20 y 30, con las obras de Agatha Christie. Raymond Chandler decía que su obra era una reacción ante la novela policiaca británica, que presentaba asuntos en los que todas las piezas encajaban como en un puzle y estaban localizadas en los ambientes de la alta burguesía, cuando no en las mansiones de la aristocracia. Siempre gente adinerada, en cualquier caso. Chandler reaccionó contra toda esta pompa y localizó sus ficciones en ambientes urbanos. Sus protagonistas son pobres, vulnerables y desfavorecidos.
¿No hemos metido en el mismo saco la novela negra y la novela detectivesca?
En el mundo anglosajón no hay diferencia entre una y otra. No es como aquí, en Francia y en otros sitios.
En alguna ocasión, usted se ha referido a la novela negra como a un género fácil" para el lector. ¿Es más fácil la novela negra que la psicológica, por poner un ejemplo?
No lo sé. Lo que sí es cierto es que la novela se enmarca en la misma tradición que las fábulas y los cuentos de hadas con que nos duermen cuando somos niños. Aunque parezca algo imposible, tanto el relato criminal como el cuento infantil tienen uno de sus pilares en su afán moralizante. Unos y otros vienen a decirnos que no hagamos determinadas cosas porque traen horribles consecuencias. Desde ese punto de vista, puede que sí sea más fácil la novela negra que la psicológica. La estructura de la novela negra late en nuestra mente desde los cuentos de la infancia.
¿Qué atrae más al lector: la acción de un relato criminal o la supuesta veracidad de lo que cuenta?
Es difícil decirlo. Depende de cada uno. Los hay que se quedan con la acción. Pero no faltan quienes prefieren los temas sociales tratados en la novela negra. Lo bueno de esta narrativa es que te metes en la historia y, si es buena y te entretiene lo bastante, no adviertes los cometarios políticos que subyacen en lo que estás leyendo. Eso es lo que cuenta, no darte cuenta de que, en medio de tu entretenimiento, te estás planteando cuestiones de enjundia, como puedan ser qué nos parece que se cometan los crímenes y las atrocidades mostrados.

23.9.16

Agatha Christie: 126 años del nacimiento de la reina del suspenso

 Agatha Christie escribió a lo largo de su vida más de 150 cuentos, 80 novelas y 21 obras de teatro, entre las que destaca La Ratonera, que llegó a estar 63 años en el teatro 

 Agatha Christie, en su cocina./lavanguardia.com

Agatha Christie, la indiscutible reina literaria del suspense, nació tal día como hoy hace 126 años. Considerada como una de las escritoras más exitosas de todos los tiempos, Agatha Mary Clarissa Miller debutó en el mundo de las letras en 1920 con la novela El misterioso caso de Styles, donde conoceríamos a su personaje más icónico, el célebre detective Hércules Poirot.

En su carrera como novelista, en la que figuran obras como Muerte en el Nilo (1937) y Diez Negritos (1939), brilla con luz propia una obra: Asesinato en el Orient Express (1934), que se ha convertido en su título más popular y que ha sido llevada al cine en varias ocasiones.

Agatha Christie escribió a lo largo de su vida más de 150 cuentos, 80 novelas y 21 obras de teatro, entre las que destaca La Ratonera, que llegó a estar 63 años en el teatro.

La novelista británica, que desafió en ochenta puzzles policiacos a las mentes de millones de lectores, murió pacíficamente el 12 de enero de 1976 a los 85 años, un año después de su célebre personaje Hércules Poirot tras una “buena vida”, según aseguró ella misma en su autobiografía.

De niña tuvo un carácter tímido y retraído, y rechazaba sus muñecas para jugar con amigos imaginarios. Su padre, que vivía de rentas, se pasaba el día jugando a las cartas, murió cuando ella tenía 11 años, dejando a su mujer e hijos en bancarrota.

Durante la I Guerra Mundial trabajó como enfermera en un hospital, de donde sacó la inspiración para escribir una historia policial cuya víctima moría envenenada. La novela fue El misterioso caso de Styles (1920), y con ella inauguró su carrera como escritora.

EL MISTERIO DE SU DESAPARICIÓN

Se casó el 24 de diciembre de 1914 con Archibald Christie, pero se divorciaron en 1928 cuando la abandonó para irse con su secretaria. Esto, unido a la muerte de su madre, le causó una gran crisis nerviosa que dio lugar a una amnesia. En una noche de diciembre del año 1926, apareció su coche abandonado cerca de la carretera, pero no había rastro de ella. Sobre el suceso se hicieron muchas especulaciones. Apareció once días más tarde en un hotel de la playa registrada con el apellido de la amante de su marido. Al no saber quién era publicó una carta en un periódico para ver si alguien la reconocía, pero como firmó con otro apellido nadie lo hizo. Afortunadamente su familia la encontró y pudo recuperarse de este golpe con tratamiento psiquiátrico.

Sus historias han sido llevadas al cine y la televisión, especialmente las protagonizadas por Hercules Poirot y Miss Marple. Se calcula que se han vendido unos cuatro mil millones de sus novelas que fueron traducidas a unos 103 idiomas. En 1971 fue condecorada con la Orden del Imperio Británico.

16.9.16

Literatura negra en Medellín

 Del miércoles 14 al viernes 16 de septiembre, se realiza Medellín Negro, un congreso sobre la literatura policíaca en Colombia

En esta edición, Medellín Negro tendrá como invitado especial al escritor y periodista argentino Leonardo Oyola/semana.com




En el Salón Humboldt del Jardín Botánico se desarrolla Medellín Negro, un evento que cumple seis ediciones como el congreso más grande de literatura negra -también conocida como policiaca- en el país. Con el apoyo de instituciones como la Universidad de Antioquia y la Universidad de Los Andes  se reúnen los amantes de este género y lo debaten.
Para esta edición el tema central es la noción de justicia, pues la idea, además de exaltar la producción que se ha adelantado los últimos años, es generar una discusión real en torno al contexto que inspira cada una de las historias. De acuerdo a Mallory N. Craig – Kuhn, una de las personas que lidera la iniciativa de la Universidad de Antioquia, “al tratarse de una narración realista, nos inspiramos en lo que nos ocurre. Por eso, es muy importante preguntarnos cómo entendemos la justicia y a qué tipo de justicia podemos y queremos llegar”.
No obstante, Mallory no es la única que reconoce la importancia del contexto social en la producción de novela negra. Autores como Santiago Gamboa, Fernando Vallejo, Gustavo Forero, entre muchos más, no solo son grandes exponentes nacionales del género, sino que también tienen como ejes temáticos el crimen en las sociedades contemporáneas.
“La novela negra está en uno de sus mejores momentos porque hay mucha experimentación. Antes solamente había producción con estructuras clásicas, es decir que los personajes siempre eran los mismos y generalmente había una sanción -legal o social- al final del los relatos. Hoy en día, los personajes  son indígenas, mujeres y clases bajas, y además, los finales son más flexibles”, agrega Mallory.
En esta edición, Medellín Negro tendrá como invitado especial al escritor y periodista argentino Leonardo Oyola, autor de la novelas Chamamé y Kryptonita. Adicionalmente, el congreso exaltará las múltiples posibilidades del género de crimen en un momento en que no solo hay muchos estímulos para producir novela, sino también historias por contar.
*La entrada es libre.
Para más información visitar este enlace

23.7.15

¿Demasiada sierra mecánica?

Lemaitre, Sund y Llobregat nos ofrecen cabezas grapadas, dientes arrancados o dedos amputados en la moda de crueldad de la novela criminal; Salem, investigación gamberra

Un momento de la investigación de un crimen. / elpais.com
Un asesino busca modelos de atrocidades para sus obras. ¿Dónde? En las novelas de crímenes. Pierre Lemaitre (París, 1951) imagina en Irène (título original, Travail soigné) una serie de crímenes entre 2001 y 2003, de la periferia de París a Glasgow, copiados de ficciones de James Ellroy, Bret Easton Ellis, William McIlvanney, Émile Gaboriau, Sjöwall y Wahlöö. Al asesino los periódicos lo llaman el Novelista. Su perseguidor será el comandante Camille Verhoeven, de 40 años y 1,45 metros de estatura por culpa de una madre fumadora: un Toulouse-Lautrec sin pelos en la cabeza, “gnomo de la policía judicial”, funcionario prestigioso a pesar de sus indisciplinas, marido de la bella Irène. Si el criminal rinde homenaje sangriento a la novela policiaca, el excelente Lemaitre parte de una operación análoga: Irène parece seguir la fórmula de Agatha Christie en Diez negritos, donde una cadena de homicidios se ajusta, uno por uno, a las desapariciones descritas en una canción.
Hay en Irène un rasgo característico que se repite en otras novelas criminales contemporáneas: el gusto por los catálogos de herramientas destructoras, taladradoras, sierras mecánicas, pistolas de clavos, cuchillos, ácido clorhídrico, mecheros, cortaúñas para arrancar labios, por ejemplo. Y también merecen registros escrupulosos los daños producidos: descuartizamientos, perforaciones, fracturas. Una cabeza aparece grapada en la pared por las mejillas, o encima de la cómoda con los ojos quemados, o, en Persona, pegada al cuerpo, pero con los dientes arrancados. Irène es la primera entrega de una trilogía dedicada a Camille Verhoeven, y Persona inicia la trilogía Los rostros de Victoria Bergman, de Erik Axl Sund, seudónimo de los suecos Jerker Eriksson (1974) y Hakan Axlander Sundquist (1965). Da la coincidencia de que Verhoeven y la policía de Persona, la comisaria Jeanette Kihlberg, sufrirán al final de su primera aventura casi el mismo martillazo del destino.
Hija y nieta de policías, mujer de un pintor y madre de un hijo (hijo de una pintora era el policía de Irène), Kihlberg investiga un misterio de adolescentes torturados hasta la muerte con minuciosidad, inmigrantes a quienes nadie busca ni reivindica. La trama, tensa, bien anudada, une a la comisaria con la psicoterapeuta Sofia Zetterlund, especialista en desdoblamientos y otros trastornos de la personalidad. Zetterlund no se puede quitar de la cabeza a una antigua paciente, Victoria Bergman, niña de la que abusaron su padre y otros hombres, mala quizá, porque criaturas como ella, a quienes “los adultos les robaron la infancia”, acaban devolviendo los golpes: “Víctimas y verdugos se confunden”. La capacidad de provocar en el lector cierta simpatía o compasión por el demonio es lo mejor de Erik Axl Sund, un caso literario de dos conciencias en una.
Jordi Llobregat (Valencia, 1971) exhibe en El secreto de Vesalio una ávida imaginación de coleccionista de maravillas, feliz de volver a juntar cuentos oídos muchas veces sobre enmascarados, sacrílegos experimentos, científicos locos, una humanidad fantasmal que habita en las cloacas, cajas de música con un compartimento secreto, mensajes en tinta simpática en un manuscrito del siglo XVI, gente que vuelve de la muerte y mata. En la Barcelona de 1888, en vísperas de la Exposición Universal, el cadáver de un médico insigne aparece en aguas del puerto. Jóvenes obreras se esfuman inexplicablemente y resurgen en las alcantarillas o en las dársenas, monstruosamente asesinadas. Daniel Amat, profesor de lenguas clásicas en Oxford e hijo del médico, se presenta en Barcelona para aclarar las circunstancias de la muerte de su padre. Lo anima un periodista de sucesos acabado, hambriento de una noticia sensacional: si no la encuentra en el plazo de una semana, lo echarán del periódico. (Por cierto, ¿en las redacciones de los periódicos resonaban ya en 1888 máquinas de escribir?).
Pero la novela de época no renuncia a la marca de la narrativa criminal vigente: El secreto de Vesalio comparte con Irène y Persona la insistencia en los repertorios sadianos de crueldades, y su inspector de policía, a pesar de ser más suave que el criminal de la historia, amputa un dedo con un cortapuros. El horror recreativo transforma a estas novelas en realistas, pero de una realidad de periodismo sensacionalista. Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) se lo toma a broma: los crímenes de En el cielo no hay cerveza se ceban en tertulianos o presentadores de la televisión escandalosa. Los asesinados no son 10 como los Negritos de Christie, sino 12 como los apóstoles de Cristo, y lucen nombres transparentes, caricaturas de nombres reales del mundo televisivo español. El investigador, de Lavapiés, fue joven poeta de éxito y acabó travestido en autora de novelas erótico-sentimentales. El sospechoso, inocente pero cargante como un niñato perpetuo, un tal Diosito, dice ser el segundo hijo de Dios y lo es de un millonario que se cree Dios. Salem utiliza la biografía de Diosito, “un evangelio de cerveza-ficción”, para distorsionar el esquema de la novela negra hasta romperlo y ofrecer una novela de costumbres gamberras.

Policiaca, criminal, sangrienta

Irène Pierre Lemaitre. Traducción de Juan Carlos Durán Romero. Alfaguara Negra. Madrid, 2015. 396 páginas. 19 euros.
Persona. Los rostros de Victoria Bergman. Erik Axl Sund. Traducción del francés de Joan Riambau. Roja & Negra Random House. Barcelona, 2015. 404 páginas. 19,90 euros.
El secreto de Vesalio. Jordi Llobregat. Destino. Barcelona, 2015. 540 páginas. 20 euros.
En el cielo no hay cerveza. Carlos Salem. Navona Negra. Barcelona, 2015. 430 páginas. 17 euros.

22.7.15

Seis cosas por las que amar la Semana Negra

Los libros y los locos por los libros están por todas partes

Lorena Nosti (lesionada) y Paco Ignacio Taibo II./ Daniel Mordzinski./elpais.com

La 28ª edición Semana Negra de Gijón, esa fiesta, ese milagro cultural, ha terminado. Atrás quedan decenas de actos y presentaciones, cientos de risas y buenos momentos, miles de intercambios, interacciones, enseñanzas. Ya saben, Carlos Zanón se llevó el Hammett por Yo fui Johnny Thunders (RBA), no puede ser más merecido, y que anduvimos por allí compartiendo la vida y la literatura con amigos, haciendo fotos y aprendiendo con Daniel Mordzinski (para muestra, la que ilustra este artículo) y buscando a Patricia Highsmith.
Pero hoy quería traerles unos motivos, sentimentales algunos, casi empíricos otros, por los que lo que ocurre en Gijón cada julio es único.
Un lugar único donde se venera a los grandes. Julián Ibáñez, Claude Mesplede o Paco Ignacio Taibo II son algunos de los maestros que uno se puede encontrar en la Semana Negra. Y digo encontrar, porque así es. Se puede hablar con ellos, se puede tomar algo con ellos. Eso no pasa en cualquier sitio. No.
La feria de los milagros. Quienes hayan estado por Gijón ya saben a qué me refiero. En un lugar post industrial, algo surrealista y rodeado de atracciones, arena, bares y feriantes, la Semana Negra se celebra en un lugar único. Lo mejor: he visto actos que empiezan casi vacíos, la gente va llegando, pasan por allí, se quedan y escuchan y al final algunos hasta se compran el libro que se presenta. Lo prometo. Milagros en Gijón.
La comuna y la noche. Se lo dice alguien no muy partidario de socializar: lo que ocurre en la Semana Negra es digno de estudio. Escritores, profesores, artistas, periodistas y lectores cenan y alternan, salen y cervecean juntos. La camaradería de las noches de Don Manuel, donde igual se habla de libros que se canta un tango o una escritora argentina explica que significa antimola y por qué le marcó Verano Azul es algo digno de estudio.
La literatura, ese veneno. Los libros y los locos por los libros están por todas partes. Hay actos, decenas si no cientos de actos, pero también discusiones, escritores con los que se puede hablar, que se dejan entrevista en cualquier lugar, firmas… Una fiesta literaria alejada de todo boato.
Clases magistrales. Este bloguero tuvo la oportunidad de trabajar de nuevo con Daniel Mordzinski, de quien no para de aprender, o escuchar a Paco Ignacio Taibo II cómo le contaba la historia surrealista que vivió con James Crumley en EE UU, donde a punto estuvieron de ser apaleados por unos fans irredentos y cerveceros. Víctor del Árbol, Alexis Ravelo, Carlos Zanón, Claude Mesplède, Marcelo Luján, Carlos Salem y otros muchos me enseñaron cosas estos días. Laura Muñoz sigue empeñada en regalarme fotos y momentos. 
Los escritores. Sí, esos señores que hacen libros y que en Gijón están más cercanos que nunca. Los hay de todos los niveles, colores, gustos y nacionalidades. Y hacen que el festival tenga sentido. Son accesibles, se dejan entrevistar, comparten sus pasiones, te convierten a su credo.

Gracias a todos. Vive le noir!

20.7.15

Escritores argentinos, como estrellas de rock en un festival de novela negra

 Un encuentro que es mezcla de letras, feria, fiesta y kermesse. El eje este año es la violencia de género y #Niunamenos se hizo sentir

En el Tren Negro. Así llegaron los argentinos hasta Gijón, en Asturias. La autora, de lentes negros./revista Ñ.
Si hace dieciséis años, cuando trabajaba reseñando películas pornográficas, me hubieran contado que el viaje comenzaba con un Tren Negro, otra hubiera sido esta crónica. El viernes pasado a las 11.05, desde Madrid, una comitiva de escritores, fotógrafos y periodistas de todo el mundo nos embarcamos en dos vagones con destino a Gijón, sede de la XXVIII Semana Negra.
La SN es uno de los festivales de novela policial más reconocidos del mundo. Durante nueve días y sus correspondientes noches, se dan cita cerca de doscientos profesionales del género. Su programación es seductora. Los invitados van desde bestsellers hasta escritores emergentes. Las mesas convocan. Sin embargo, aunque me lo habían dicho una y otra vez, “hasta que no estés en Gijón, no esperes entender de qué va”. Así fue. Después del tren, de valijas y valijas que no estaban repletas de ropa sino de libros (moneda oficial de estos encuentros), de ruedas de prensa y de compartir asiento con gente que sólo había leído y releído en tapa dura, llegamos al Cantábrico.
De pronto, como si el orden del cosmos se hubiera invertido, nosotros, los escritores, éramos una gran banda de rock. Famosos recibidos con pancartas y orquesta local: el grupo Ventolín tocando el Himno de Riego. No, no lo conocía, nunca lo había escuchado ni creo que se pueda conseguir en CD pero en ese instante, en el segundo que bajé por las escalinatas con mis dos pesadas maletas (la rosa chicle armada por mi niña; la negra, de escritora seria de género), estaba lista para salir al escenario de River Plate y dejarlo todo. Respiré profundo, miré a mis compañeros y supe que estábamos, como mínimo, entrando a un universo paralelo. Los experimentados me devolvieron un guiño cómplice, los novatos sonrieron desbocados, esperando abrirse camino entre la multitud para subirse al micro oficial. Sí, por un segundo todos soñamos con groupies de letras y fue mágico.
La Semana Negra no es sólo un festival literario. No es sólo un lugar para contactarse con colegas de todo el globo. No es sólo una ciudad preciosa rodeada de mar y desbordada de sidra; es un parque de diversiones, un enorme y populoso parque. Y no hablo de manera metafórica. Las actividades comienzan a las 5 de la tarde y terminan (aunque nadie mira el reloj) a las 4 de la mañana. La movida literaria está emplazada en una feria de atracciones, una de esas con montaña rusa, noria, autitos chocadores, algodones de azúcar, globos, escenarios musicales y gente de lo más variada. Hasta acá, un Italpark literal y literario, apto para todo público y de trascendencia internacional. Pero, con el correr de las horas, pasa algo extraño. Caminando a la luz de los neones podés toparte con hombres y mujeres bailando semidesnudos sobre barras que venden comida y alcohol. Y, de pronto, esta crónica (tal vez) ya no dista tanto de aquella que hubiera podido escribir dieciséis años atrás. Pero volvamos a la literatura.
Este año, entre los radicados en el país y los que viven en España, somos quince argentinos: Pablo De Santis, Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada, Carlos Salem, María Inés Krimer, Jorge Yaco, Mariano Quirós, Matías Néspolo, Diego Conde, Sol Pombo, Loyds Lebrón, Iñaki Echeverría, Daniel Mordzinski, Marcelo Luján y la que hoy narra. Somos el mayor bloque latinoamericano, cosa no tan llamativa ahora que nuestros festivales negros crecen de manera exponencial. Ya tenemos cuatro: Azabache (originario de Mar del Plata, aunque este año se hace en Azul), BAN (Buenos Aires Negra), Córdoba Mata y La Chicago Argentina (Rosario). Uno a uno sucederán luego de Gijón, como si este fuera el precedente de todos los crímenes que vendrán.
Quedan ya pocas jornadas para que termine el encuentro. Superados los nervios del principio, la participación en las mesas y las presentaciones de libros, no puedo evitar pensar que este grupo argentino representa algo más que su literatura. El eje de la programación 2015 gira alrededor de la violencia de género. Pienso en nuestra marcha del 23 de junio, pienso en #NiUnaMenos. El reclamo argentino logró cruzar el Atlántico y atravesó el negro asturiano. Esa es otra de las cosas que cargábamos en las valijas que, al parecer, no estaban solo repletas de libros. Otra de las cosas que espero se vean enriquecidas por el intercambio.
Prometo, pese a este pequeño relato, no arruinarle la sorpresa a los que vengan el año que viene. Prometo repetir la frase “hasta que no estés en Gijón, no esperes entender de qué va”.

18.7.15

Carlos Zanón gana el premio Dashiel Hammett a la mejor novela criminal del año

Yo fui Johnny Thunders, la obra elegida, es una intriga entre los restos del lado salvaje de la Barcelona de los años 80

Carlos Zanón, autor español de Yo fui Johnny Thunders, Premio Hammett de la Semana Negra de Gijón./elpais.com
Carlos Zanón ha ganado con su novela Yo fui Johnny Thunders (RBA) el premio Dashiell Hammett 2015 que se entrega en la Semana Negra de Gijón. El novelista, poeta y crítico literario de EL PAÍS ha conseguido el galardón con una novela negra muy particular, que juega con los límites del género, una historia de barrio, un relato plagado de perdedores, un libro en el que la música, la otra gran pasión del autor, es protagonista.
Abogado penalista, además de su obra poética Zanón ha publicado otras dos novelas negras (No llames a casa y Tarde mal y nunca, finalista del Silverio Cañada) en las que ya se veían las señas de identidad de un novelista que encabeza la ola renovadora de la novela negra mediterránea. A saber: crítica social alejada del panfleto, costumbrismo, personajes cercanos y maltratados por la vida y un gusto por historias sencillas, reales, dolorosas.
Yo fui Johnny Thunders es una historia sobre la miseria, sobre la droga, sobre la furia juvenil y sobre qué pasa cuando vives como si no hubiera mañana y al final te plantas en el futuro, sin nada, sin rock’n’roll; un relato de pesadillas urbanas, de amores imposibles; una cuesta abajo imparable que el protagonista, Francis, Mr. Frankie, trata de rematar, nunca de frenar, cuando vuelve al barrio que lo conoció cuando tocó con Johnny Thunders, joven, retador, con dinero y sueños. Barcelona juega un papel fundamental en su obra, pero desde un prisma distinto al convencional. Es una Barcelona de calles grises y arrabales, una ciudad alejada de cualquier misticismo, un escenario para las previsibles derrotas de los personajes que pueblan sus novelas.
Zanón releva en el palmarés del Hammett a Alexis Ravelo. El premio Memorial Silverio Cañada a la mejor ópera prima en novela negra ha sido para David Llorente por Te quiero porque me das de comer (Alrevés).
El jurado que concede este galardón en la Semana Negra de Gijón ha valorado la estructura narrativa de la obra como un "aire nuevo" para la novela negra, ha informado su portavoz, el editor Paco Camarasa.
Por su parte, Martín Olmos ha ganado el Premio Rodolfo Walsh para obras de no ficción por Escrito en negro, que profundiza sobre la personalidad de varios criminales, mientras que el Premio Espartaco de novela histórica ha recaído en Alfonso Mateo-Sagasta por El imperio de los hombres sin amor.

 Alias: Paco Ignacio Taibo II 

En la Semana Negra de Gijón se han dado cita algunos de los más peligrosos autores 
Paco Ignacio Taibo II plancha, fija y da esplendor. / Daniel Mordzinski/elpais.com

Alias: Paco Ignacio Taibo II
Tapadera: ¿Qué fue primero, el escritor, el historiador o el activista infatigable de izquierdas? Los tres a la vez, y sin dejar de fumar y beber refresco de cola. Se le “acusa” con pruebas de ser el creador del neopolicial latinoamericano, un género con identidad propia en un continente en el que la realidad cotidiana es una novela negra. Casi sesenta libros en solitario y otros tantos colectivos, guiones de cómic, documentales…, y le sobró tiempo para fundar, en 1988, la Semana Negra de Gijón, y dirigirla durante veinticinco años. Inventó un detective “independiente” (que no privado y mucho menos privatizado), Belascoarán Shayne, que acabó compartiendo novela a cuatro manos con el subcomandante Marcos. Y algo que jamás antes había confesado: el primer libro que escribió, siendo muy joven, fue una biografía de Bruce Lee.
Coartada: No necesita. Aunque ya no está en la primera línea de fuego, la Semana Negra no sería lo mismo si él no volviera en julio.
Ídolos: El general Custer “porque era un soberbio y odiaba a los indios”.
Ranking: Durante años se declaró “Jefe de un circo de tres pistas”. Ahora sigue planchando con todo lo que arruga el coraje y la solidaridad.