23.7.15

¿Demasiada sierra mecánica?

Lemaitre, Sund y Llobregat nos ofrecen cabezas grapadas, dientes arrancados o dedos amputados en la moda de crueldad de la novela criminal; Salem, investigación gamberra

Un momento de la investigación de un crimen. / elpais.com
Un asesino busca modelos de atrocidades para sus obras. ¿Dónde? En las novelas de crímenes. Pierre Lemaitre (París, 1951) imagina en Irène (título original, Travail soigné) una serie de crímenes entre 2001 y 2003, de la periferia de París a Glasgow, copiados de ficciones de James Ellroy, Bret Easton Ellis, William McIlvanney, Émile Gaboriau, Sjöwall y Wahlöö. Al asesino los periódicos lo llaman el Novelista. Su perseguidor será el comandante Camille Verhoeven, de 40 años y 1,45 metros de estatura por culpa de una madre fumadora: un Toulouse-Lautrec sin pelos en la cabeza, “gnomo de la policía judicial”, funcionario prestigioso a pesar de sus indisciplinas, marido de la bella Irène. Si el criminal rinde homenaje sangriento a la novela policiaca, el excelente Lemaitre parte de una operación análoga: Irène parece seguir la fórmula de Agatha Christie en Diez negritos, donde una cadena de homicidios se ajusta, uno por uno, a las desapariciones descritas en una canción.
Hay en Irène un rasgo característico que se repite en otras novelas criminales contemporáneas: el gusto por los catálogos de herramientas destructoras, taladradoras, sierras mecánicas, pistolas de clavos, cuchillos, ácido clorhídrico, mecheros, cortaúñas para arrancar labios, por ejemplo. Y también merecen registros escrupulosos los daños producidos: descuartizamientos, perforaciones, fracturas. Una cabeza aparece grapada en la pared por las mejillas, o encima de la cómoda con los ojos quemados, o, en Persona, pegada al cuerpo, pero con los dientes arrancados. Irène es la primera entrega de una trilogía dedicada a Camille Verhoeven, y Persona inicia la trilogía Los rostros de Victoria Bergman, de Erik Axl Sund, seudónimo de los suecos Jerker Eriksson (1974) y Hakan Axlander Sundquist (1965). Da la coincidencia de que Verhoeven y la policía de Persona, la comisaria Jeanette Kihlberg, sufrirán al final de su primera aventura casi el mismo martillazo del destino.
Hija y nieta de policías, mujer de un pintor y madre de un hijo (hijo de una pintora era el policía de Irène), Kihlberg investiga un misterio de adolescentes torturados hasta la muerte con minuciosidad, inmigrantes a quienes nadie busca ni reivindica. La trama, tensa, bien anudada, une a la comisaria con la psicoterapeuta Sofia Zetterlund, especialista en desdoblamientos y otros trastornos de la personalidad. Zetterlund no se puede quitar de la cabeza a una antigua paciente, Victoria Bergman, niña de la que abusaron su padre y otros hombres, mala quizá, porque criaturas como ella, a quienes “los adultos les robaron la infancia”, acaban devolviendo los golpes: “Víctimas y verdugos se confunden”. La capacidad de provocar en el lector cierta simpatía o compasión por el demonio es lo mejor de Erik Axl Sund, un caso literario de dos conciencias en una.
Jordi Llobregat (Valencia, 1971) exhibe en El secreto de Vesalio una ávida imaginación de coleccionista de maravillas, feliz de volver a juntar cuentos oídos muchas veces sobre enmascarados, sacrílegos experimentos, científicos locos, una humanidad fantasmal que habita en las cloacas, cajas de música con un compartimento secreto, mensajes en tinta simpática en un manuscrito del siglo XVI, gente que vuelve de la muerte y mata. En la Barcelona de 1888, en vísperas de la Exposición Universal, el cadáver de un médico insigne aparece en aguas del puerto. Jóvenes obreras se esfuman inexplicablemente y resurgen en las alcantarillas o en las dársenas, monstruosamente asesinadas. Daniel Amat, profesor de lenguas clásicas en Oxford e hijo del médico, se presenta en Barcelona para aclarar las circunstancias de la muerte de su padre. Lo anima un periodista de sucesos acabado, hambriento de una noticia sensacional: si no la encuentra en el plazo de una semana, lo echarán del periódico. (Por cierto, ¿en las redacciones de los periódicos resonaban ya en 1888 máquinas de escribir?).
Pero la novela de época no renuncia a la marca de la narrativa criminal vigente: El secreto de Vesalio comparte con Irène y Persona la insistencia en los repertorios sadianos de crueldades, y su inspector de policía, a pesar de ser más suave que el criminal de la historia, amputa un dedo con un cortapuros. El horror recreativo transforma a estas novelas en realistas, pero de una realidad de periodismo sensacionalista. Carlos Salem (Buenos Aires, 1959) se lo toma a broma: los crímenes de En el cielo no hay cerveza se ceban en tertulianos o presentadores de la televisión escandalosa. Los asesinados no son 10 como los Negritos de Christie, sino 12 como los apóstoles de Cristo, y lucen nombres transparentes, caricaturas de nombres reales del mundo televisivo español. El investigador, de Lavapiés, fue joven poeta de éxito y acabó travestido en autora de novelas erótico-sentimentales. El sospechoso, inocente pero cargante como un niñato perpetuo, un tal Diosito, dice ser el segundo hijo de Dios y lo es de un millonario que se cree Dios. Salem utiliza la biografía de Diosito, “un evangelio de cerveza-ficción”, para distorsionar el esquema de la novela negra hasta romperlo y ofrecer una novela de costumbres gamberras.

Policiaca, criminal, sangrienta

Irène Pierre Lemaitre. Traducción de Juan Carlos Durán Romero. Alfaguara Negra. Madrid, 2015. 396 páginas. 19 euros.
Persona. Los rostros de Victoria Bergman. Erik Axl Sund. Traducción del francés de Joan Riambau. Roja & Negra Random House. Barcelona, 2015. 404 páginas. 19,90 euros.
El secreto de Vesalio. Jordi Llobregat. Destino. Barcelona, 2015. 540 páginas. 20 euros.
En el cielo no hay cerveza. Carlos Salem. Navona Negra. Barcelona, 2015. 430 páginas. 17 euros.

22.7.15

Seis cosas por las que amar la Semana Negra

Los libros y los locos por los libros están por todas partes

Lorena Nosti (lesionada) y Paco Ignacio Taibo II./ Daniel Mordzinski./elpais.com

La 28ª edición Semana Negra de Gijón, esa fiesta, ese milagro cultural, ha terminado. Atrás quedan decenas de actos y presentaciones, cientos de risas y buenos momentos, miles de intercambios, interacciones, enseñanzas. Ya saben, Carlos Zanón se llevó el Hammett por Yo fui Johnny Thunders (RBA), no puede ser más merecido, y que anduvimos por allí compartiendo la vida y la literatura con amigos, haciendo fotos y aprendiendo con Daniel Mordzinski (para muestra, la que ilustra este artículo) y buscando a Patricia Highsmith.
Pero hoy quería traerles unos motivos, sentimentales algunos, casi empíricos otros, por los que lo que ocurre en Gijón cada julio es único.
Un lugar único donde se venera a los grandes. Julián Ibáñez, Claude Mesplede o Paco Ignacio Taibo II son algunos de los maestros que uno se puede encontrar en la Semana Negra. Y digo encontrar, porque así es. Se puede hablar con ellos, se puede tomar algo con ellos. Eso no pasa en cualquier sitio. No.
La feria de los milagros. Quienes hayan estado por Gijón ya saben a qué me refiero. En un lugar post industrial, algo surrealista y rodeado de atracciones, arena, bares y feriantes, la Semana Negra se celebra en un lugar único. Lo mejor: he visto actos que empiezan casi vacíos, la gente va llegando, pasan por allí, se quedan y escuchan y al final algunos hasta se compran el libro que se presenta. Lo prometo. Milagros en Gijón.
La comuna y la noche. Se lo dice alguien no muy partidario de socializar: lo que ocurre en la Semana Negra es digno de estudio. Escritores, profesores, artistas, periodistas y lectores cenan y alternan, salen y cervecean juntos. La camaradería de las noches de Don Manuel, donde igual se habla de libros que se canta un tango o una escritora argentina explica que significa antimola y por qué le marcó Verano Azul es algo digno de estudio.
La literatura, ese veneno. Los libros y los locos por los libros están por todas partes. Hay actos, decenas si no cientos de actos, pero también discusiones, escritores con los que se puede hablar, que se dejan entrevista en cualquier lugar, firmas… Una fiesta literaria alejada de todo boato.
Clases magistrales. Este bloguero tuvo la oportunidad de trabajar de nuevo con Daniel Mordzinski, de quien no para de aprender, o escuchar a Paco Ignacio Taibo II cómo le contaba la historia surrealista que vivió con James Crumley en EE UU, donde a punto estuvieron de ser apaleados por unos fans irredentos y cerveceros. Víctor del Árbol, Alexis Ravelo, Carlos Zanón, Claude Mesplède, Marcelo Luján, Carlos Salem y otros muchos me enseñaron cosas estos días. Laura Muñoz sigue empeñada en regalarme fotos y momentos. 
Los escritores. Sí, esos señores que hacen libros y que en Gijón están más cercanos que nunca. Los hay de todos los niveles, colores, gustos y nacionalidades. Y hacen que el festival tenga sentido. Son accesibles, se dejan entrevistar, comparten sus pasiones, te convierten a su credo.

Gracias a todos. Vive le noir!

20.7.15

Escritores argentinos, como estrellas de rock en un festival de novela negra

 Un encuentro que es mezcla de letras, feria, fiesta y kermesse. El eje este año es la violencia de género y #Niunamenos se hizo sentir

En el Tren Negro. Así llegaron los argentinos hasta Gijón, en Asturias. La autora, de lentes negros./revista Ñ.
Si hace dieciséis años, cuando trabajaba reseñando películas pornográficas, me hubieran contado que el viaje comenzaba con un Tren Negro, otra hubiera sido esta crónica. El viernes pasado a las 11.05, desde Madrid, una comitiva de escritores, fotógrafos y periodistas de todo el mundo nos embarcamos en dos vagones con destino a Gijón, sede de la XXVIII Semana Negra.
La SN es uno de los festivales de novela policial más reconocidos del mundo. Durante nueve días y sus correspondientes noches, se dan cita cerca de doscientos profesionales del género. Su programación es seductora. Los invitados van desde bestsellers hasta escritores emergentes. Las mesas convocan. Sin embargo, aunque me lo habían dicho una y otra vez, “hasta que no estés en Gijón, no esperes entender de qué va”. Así fue. Después del tren, de valijas y valijas que no estaban repletas de ropa sino de libros (moneda oficial de estos encuentros), de ruedas de prensa y de compartir asiento con gente que sólo había leído y releído en tapa dura, llegamos al Cantábrico.
De pronto, como si el orden del cosmos se hubiera invertido, nosotros, los escritores, éramos una gran banda de rock. Famosos recibidos con pancartas y orquesta local: el grupo Ventolín tocando el Himno de Riego. No, no lo conocía, nunca lo había escuchado ni creo que se pueda conseguir en CD pero en ese instante, en el segundo que bajé por las escalinatas con mis dos pesadas maletas (la rosa chicle armada por mi niña; la negra, de escritora seria de género), estaba lista para salir al escenario de River Plate y dejarlo todo. Respiré profundo, miré a mis compañeros y supe que estábamos, como mínimo, entrando a un universo paralelo. Los experimentados me devolvieron un guiño cómplice, los novatos sonrieron desbocados, esperando abrirse camino entre la multitud para subirse al micro oficial. Sí, por un segundo todos soñamos con groupies de letras y fue mágico.
La Semana Negra no es sólo un festival literario. No es sólo un lugar para contactarse con colegas de todo el globo. No es sólo una ciudad preciosa rodeada de mar y desbordada de sidra; es un parque de diversiones, un enorme y populoso parque. Y no hablo de manera metafórica. Las actividades comienzan a las 5 de la tarde y terminan (aunque nadie mira el reloj) a las 4 de la mañana. La movida literaria está emplazada en una feria de atracciones, una de esas con montaña rusa, noria, autitos chocadores, algodones de azúcar, globos, escenarios musicales y gente de lo más variada. Hasta acá, un Italpark literal y literario, apto para todo público y de trascendencia internacional. Pero, con el correr de las horas, pasa algo extraño. Caminando a la luz de los neones podés toparte con hombres y mujeres bailando semidesnudos sobre barras que venden comida y alcohol. Y, de pronto, esta crónica (tal vez) ya no dista tanto de aquella que hubiera podido escribir dieciséis años atrás. Pero volvamos a la literatura.
Este año, entre los radicados en el país y los que viven en España, somos quince argentinos: Pablo De Santis, Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada, Carlos Salem, María Inés Krimer, Jorge Yaco, Mariano Quirós, Matías Néspolo, Diego Conde, Sol Pombo, Loyds Lebrón, Iñaki Echeverría, Daniel Mordzinski, Marcelo Luján y la que hoy narra. Somos el mayor bloque latinoamericano, cosa no tan llamativa ahora que nuestros festivales negros crecen de manera exponencial. Ya tenemos cuatro: Azabache (originario de Mar del Plata, aunque este año se hace en Azul), BAN (Buenos Aires Negra), Córdoba Mata y La Chicago Argentina (Rosario). Uno a uno sucederán luego de Gijón, como si este fuera el precedente de todos los crímenes que vendrán.
Quedan ya pocas jornadas para que termine el encuentro. Superados los nervios del principio, la participación en las mesas y las presentaciones de libros, no puedo evitar pensar que este grupo argentino representa algo más que su literatura. El eje de la programación 2015 gira alrededor de la violencia de género. Pienso en nuestra marcha del 23 de junio, pienso en #NiUnaMenos. El reclamo argentino logró cruzar el Atlántico y atravesó el negro asturiano. Esa es otra de las cosas que cargábamos en las valijas que, al parecer, no estaban solo repletas de libros. Otra de las cosas que espero se vean enriquecidas por el intercambio.
Prometo, pese a este pequeño relato, no arruinarle la sorpresa a los que vengan el año que viene. Prometo repetir la frase “hasta que no estés en Gijón, no esperes entender de qué va”.

18.7.15

Carlos Zanón gana el premio Dashiel Hammett a la mejor novela criminal del año

Yo fui Johnny Thunders, la obra elegida, es una intriga entre los restos del lado salvaje de la Barcelona de los años 80

Carlos Zanón, autor español de Yo fui Johnny Thunders, Premio Hammett de la Semana Negra de Gijón./elpais.com
Carlos Zanón ha ganado con su novela Yo fui Johnny Thunders (RBA) el premio Dashiell Hammett 2015 que se entrega en la Semana Negra de Gijón. El novelista, poeta y crítico literario de EL PAÍS ha conseguido el galardón con una novela negra muy particular, que juega con los límites del género, una historia de barrio, un relato plagado de perdedores, un libro en el que la música, la otra gran pasión del autor, es protagonista.
Abogado penalista, además de su obra poética Zanón ha publicado otras dos novelas negras (No llames a casa y Tarde mal y nunca, finalista del Silverio Cañada) en las que ya se veían las señas de identidad de un novelista que encabeza la ola renovadora de la novela negra mediterránea. A saber: crítica social alejada del panfleto, costumbrismo, personajes cercanos y maltratados por la vida y un gusto por historias sencillas, reales, dolorosas.
Yo fui Johnny Thunders es una historia sobre la miseria, sobre la droga, sobre la furia juvenil y sobre qué pasa cuando vives como si no hubiera mañana y al final te plantas en el futuro, sin nada, sin rock’n’roll; un relato de pesadillas urbanas, de amores imposibles; una cuesta abajo imparable que el protagonista, Francis, Mr. Frankie, trata de rematar, nunca de frenar, cuando vuelve al barrio que lo conoció cuando tocó con Johnny Thunders, joven, retador, con dinero y sueños. Barcelona juega un papel fundamental en su obra, pero desde un prisma distinto al convencional. Es una Barcelona de calles grises y arrabales, una ciudad alejada de cualquier misticismo, un escenario para las previsibles derrotas de los personajes que pueblan sus novelas.
Zanón releva en el palmarés del Hammett a Alexis Ravelo. El premio Memorial Silverio Cañada a la mejor ópera prima en novela negra ha sido para David Llorente por Te quiero porque me das de comer (Alrevés).
El jurado que concede este galardón en la Semana Negra de Gijón ha valorado la estructura narrativa de la obra como un "aire nuevo" para la novela negra, ha informado su portavoz, el editor Paco Camarasa.
Por su parte, Martín Olmos ha ganado el Premio Rodolfo Walsh para obras de no ficción por Escrito en negro, que profundiza sobre la personalidad de varios criminales, mientras que el Premio Espartaco de novela histórica ha recaído en Alfonso Mateo-Sagasta por El imperio de los hombres sin amor.

 Alias: Paco Ignacio Taibo II 

En la Semana Negra de Gijón se han dado cita algunos de los más peligrosos autores 
Paco Ignacio Taibo II plancha, fija y da esplendor. / Daniel Mordzinski/elpais.com

Alias: Paco Ignacio Taibo II
Tapadera: ¿Qué fue primero, el escritor, el historiador o el activista infatigable de izquierdas? Los tres a la vez, y sin dejar de fumar y beber refresco de cola. Se le “acusa” con pruebas de ser el creador del neopolicial latinoamericano, un género con identidad propia en un continente en el que la realidad cotidiana es una novela negra. Casi sesenta libros en solitario y otros tantos colectivos, guiones de cómic, documentales…, y le sobró tiempo para fundar, en 1988, la Semana Negra de Gijón, y dirigirla durante veinticinco años. Inventó un detective “independiente” (que no privado y mucho menos privatizado), Belascoarán Shayne, que acabó compartiendo novela a cuatro manos con el subcomandante Marcos. Y algo que jamás antes había confesado: el primer libro que escribió, siendo muy joven, fue una biografía de Bruce Lee.
Coartada: No necesita. Aunque ya no está en la primera línea de fuego, la Semana Negra no sería lo mismo si él no volviera en julio.
Ídolos: El general Custer “porque era un soberbio y odiaba a los indios”.
Ranking: Durante años se declaró “Jefe de un circo de tres pistas”. Ahora sigue planchando con todo lo que arruga el coraje y la solidaridad.

17.7.15

Pleno de argentinos en Gijón

El festival reúne en la misma jornada a primeras espadas albicelestes: Selva Almada, Carlos Salem, Gabriela Cabezón Cámara, Tatiana Goransky, Marcelo Luján...

El argentino Carlos Salem, en la Semana Negra de Gijón, donde presentó En el cielo no hay cerveza./elmundo.es

Más allá de tópicos o chistes fáciles, quien dude de la verborragia argentina es porque: nunca se ha psicoanalizado, jamás ha compartido con uno de ellos una mesa redonda o ni tampoco le ha pedido a ninguno que le presente su libro. Lapidario juicio que lanza este cronista con conocimiento de causa, que no como primera piedras sino como antepenúltima. Puede que sea compartido por los programadores de la XXVIII Semana Negra de Gijón o quizá fuera fruto de la más fortuita coincidencia, sólo Dios (no Maradona) lo sabe. Pero todo invita a pensar en un malicioso encaje de bolillos, tan astuto como necesario porque el grueso de todos los escritores y escritoras argentinos invitados al festival pasaron de uno en uno, en fila india, por su cuarta jornada.
Y quien no lo tuvo nada fácil fue Rosa Montero, de la mano de Elia Barcelo, que se atrevió a plantarle cara al aluvión albiceleste, con la presentación de su nueva novela 'El peso del corazón', para robar algo de público y protagonismo y por cierto que no lo hizo nada mal. Gracias a su nueva obra de género, pero no policíaca justamente, se permitió deslizar la siguiente reflexión: "La ciencia ficción y la novela negra tienen en común el hecho de que ambas funcionan como dos marcos a través de los cuales se puede introducir la crítica social". Y de paso Montero rompió una lanza contra la piratería: "Nadie toma partido en ello, ni la industria ni los políticos y así las cosas entramos en un camino sin retorno", advirtió.
Minutos antes y en la misma carpa central quien encandilaba al público era, cómo no, la narradora argentina Selva Almada, quien aspira al Premio Rodolfo Walsh de mejor libro de no ficción por su libro 'Niñas muertas' (editado por Penguin Random House en su país y probablemente también en España en el entrante), presentado por la catedrática filóloga en literatura hispánica y experta de violencia de género Cathy Fourez. Tres "femicidios" misteriosos y jamás resueltos que probablemente están en la base del explosivo malestar que embarga a la sociedad argentina -sumado, por supuesto, al lacerante goteo de "una mujer muerta cada 30 horas en nuestro país, en manos de un hombre al que generalmente conoce", puntualizó la escritora-. Malestar que ha dado lugar a una multitudinaria movilización el pasado 23 de junio en Buenos Aires convocada por la plataforma #NiUnaMenos.
La escritora argentina Selva Almada, en Gijón.
Lo cierto es que el reportaje narrativo de Almada, conocida en España por la novela 'Ladrilleros' (Lumen), además de su demoledor valor testimonial y social, se sostiene sobre todo por el literario. "Al trabajar en la redacción de estos tres casos que investigué intentaba un tono neutro, quería hacerme la periodista, pero yo no lo soy, soy narradora, y el resultado no me convencía, me sonaba a voz impostada. Por eso utilicé las mismas herramientas que uso en la novela y creo que el resultado fue más genuino", confesó.
En la carpa de enfrente y con pocos minutos de diferencia, otra autora argentina (también pionera junto con Almada de la plataforma #NiUnaMenos): Gabriela Cabezón Cámara reclamaba su atención. Lo hacía con tres duros relatos encadenados: 'Y su despojo fue una muchedumbre' (Cazador de Ratas), ilustrados por Iñaki Echeverría, con la presentación de Empar Fernández. Y una tercera narradora argentina de la generación de nacidas en la década del 70, la que está revolucionando las letras porteñas, Tatiana Goransky también daba la nota con su endiabladamente inteligente y divertida novela de género '¿Quién mató a la cantante de jazz?' (Cazador de Ratas), presentada con pericia por la catedrática Fourez. Pero la daba literalmente porque la escritora comparte el arte de la protagonista o víctima de su novela y cerró la presentación con una aplaudida versión 'a capela' del estándar Smile.
Que no se hable de discriminación positiva porque los argentinos en pantalones también tuvieron su cuota. Marcelo Luján hizo lo suyo en manos de Ángel de la Calle con la presentación de 'Subsuelo' (Salto de Página), una novela angustiante novela negrísima protagonizada por tres adolescentes que dinamita la noción de familia como fundamento de la sociedad burguesa. Para no mentar al poeta y pirata porteño de la prosa afincado desde hace lustros en Madrid, Carlos Salem, que hizo de las suyas con 'En el cielo no hay cerveza' (Navona). Una implacable y corrosiva sátira negra sobre la desdichada segunda venida del hijo de Dios (que no Maradona) a la tierra en los tiempos de la telebasura. Un ajuste de cuentas con la toxicidad catódica "que antepone a la libertad de expresión la libertad de empresa", resumía Salem desgranando la manipulación y desinformación enmascarada de periodismo de investigación de las tertulias. Y ante el lector incrédulo aclaraba que se trata de "una novela religiosa, que defiende enloquecidamente la existencia de Dios", bromeaba, "pero también del diablo".
Al legar aquí puede que lo de aluvión argentino en la Semana Negra suene a hipérbole, pero lo cierto es que no lo fue porque allí se quedan en el tintero nombres como Mariano Quirós, María Inés Krimer, Jorge Yaco y algunos más que también coparon el festival.

Alias : Toni Hill

En la Semana Negra de Gijón se han dado cita algunos de los más peligrosos autores


¿Toni Hill ensaya lo que sienten sus personajes? /Daniel Mordzinski./elpais.com
Alias: Toni Hill.
Tapadera: Estudió Psicología. Las conductas perversas no le son ajenas. Traductor durante años de una gran editorial, un día no le pareció maldad suficiente (Traduttore, traditore), y comenzó a escribir unas novelas muy negras con Barcelona como escenario y delitos que sirven de fondo al tema central: la compleja vida personal del mosso de escuadra de origen argentino Héctor Salgado. La primera novela de la trilogía, El verano de los juguetes rotos, lo elevó al centro de las miradas y las envidias del que vende mucho y bueno. La segunda, Los buenos suicidas, confirmó las sospechas: Hill había llegado para quedarse.
Coartada: Aterrizó en Gijón para presentar Los amantes de Hiroshima, que pone fin, por un buen tiempo, a las desventuras de Salgado. El próximo libro, anunció, será también negro pero ajeno a esta trama. Tal vez por eso intentó fingir su propia muerte: para eludir envidias de colegas y agresiones de lectores que exigían seguir con la misma historia. Cuando la mucama del hotel Don Manuel que encontró su cuerpo en la suite volvió con ayuda, había desaparecido, no sin antes tender la cama. Un suicida educado.
Ídolos: Mr Ripley de Patricia Highsmith.
Ranking: Ejecutor. Nada personal.

14.7.15

Dizieri: "Ya no puede creerse en héroes que salvan al mundo"

Dos héroes cotidianos condicionados para siempre por los traumas vividos, con el interior roto y la personalidad herida, unidos por el dolor y el deseo de justicia


El escritor italiano Sandrone Diazeri / C.Maffione./elpais.com
Una trama que se mete en las cloacas de Italia, donde el poder obra atendiendo a intereses particulares y no al bien general, donde jueces, policías y servicio secreto están más interesados en moldear la realidad que en hacer justicia. Esos son los elementos esenciales de No está solo, la novela de Sandrone Dazieri (Cremona, 1964)que llega ahora a España (Alfaguara, traducción de Xavier González Rovira).
Un thriller que se sale de lo convencional gracias a unos personajes nada típicos. Por un lado, la policía Colomba Casseli, una mujer atractiva, algo macarra, impulsiva e inteligente que triunfaba en un mundo de hombres hasta que fue destrozada por lo que ella llama El Desastre. Por otro, Dante Torres, un joven que estuvo metido en un silo 11 años y que ahora se dedica a sobrevivir a buceando en sus recuerdos y poniendo su poderoso intelecto en la búsqueda de desaparecidos. Un hombre demediado, un tipo hundido que encuentra en esta aventura un camino a la redención. Un extraño secuestro del que ni policía ni jueces quieren saber nada les une. 
El thriller está estructurado al estilo clásico: narración en presente, algún flash back y pequeñas píldoras con sorpresas. Pero no falla. Sorprende que Dazieri nos diga que no tiene pensada la estructura al empezar porque si no se aburriría. Aunque está de paso por Madrid, hablamos con él en la distancia y nos cuenta algunas claves más de su novela. Estará en la Semana Negra de Gijón el sábado.
Le hemos oído decir algo tan atrevido como que la novela negra está muriendo en beneficio del thriller. A pesar de la excelente salud del thriller ¿No es un poco osado?
No creo que la novela negra esté muriendo porque si fuera así no habría tantas novelas negras tan malas. Yo creo que el thriller es más adecuado para contar la época actual. Para mí la novela negra es hija de una época romántica en la que aún podía creerse que los héroes podían salvar el mundo, solitarios, como caballeros. No creo que siga siendo posible. Bajo el nombre novela negra, como al final ha triunfado, se ha publicado mucha morralla y el mío era un intento de ruptura en esa dirección.
¿Hasta qué punto se puede jugar con el lector? ¿No tuvo miedo de perder credibilidad según desarrollaba el argumento?
No. Siempre es un riesgo, hay lectores a los que no les gustará lo que escribo. Yo consigo seguir adelante y creer en lo que escribo hasta que no siento que me apasiono. Puedo equivocarme pero estoy seguro de lo que hago porque lo hago con sinceridad, por eso cuando no encuentro una solución para una parte de la trama se convierte en una obsesión hasta que lo resuelvo. Mi amor se convierte en algo terrible y es difícil estar a mi lado. Trato de hacerlo lo mejor posible.
Los protagonistas tienen el Bien de su lado. Sin embargo, están continuamente violando la ley. ¿Hasta qué punto cree que se puede hacer el mal para castigar al crimen o no dejarlo impune?
En la vida real no tengo ni idea. Lo único que puedo decir es que lo que mueve a mis protagonistas no es ni la venganza ni el castigo a los culpables sino salvar a las víctimas. Y creo que si tienes que salvar a alguien de una violencia intolerable casi cualquier medio es lícito. Dante es sobre todo una víctima que quiere que a nadie le suceda lo que le sucedió a él y se juega la vida para lograrlo.
La estructura de la obra, clásico thriller de muñeca rusa en el que cada parte destapa poco a poco una sorpresa, funciona muy bien. ¿La planea desde el principio? ¿Deja algo a la improvisación?
(Risas) Dejo mucho espacio a la improvisación porque cuando empiezo a escribir sé las líneas generales pero podría llenar como mucho 50 páginas, el resto sale según escribo, según crecen y se mueven los personajes, yo creo la historia pero al mismo tiempo la vivo mientras la creo, es una inmersión total. No consigo planificar todo antes. Si sé ya todo no me divierto y no me apasiono, es como si ya lo hubiera escrito.

Personajes marcados por el dolor y el afán justiciero

Me gusta mucho Colomba: macarra, amante de la Roma oscura, traumatizada, leal, capaz de firmar un pacto con el diablo para buscar la justicia. ¿Qué influencias ha tenido a la hora de crear el personaje?
La primera influencia fue una tumba que vi en Florencia, en el cementerio de los románticos, donde había un nombre:  Colomba Castelli, y pensé que tenía que ser el nombre de la protagonista. La segunda fue cuando empecé a escribir una serie de televisión: Equipo antimafia en el que había un personaje que era un poco como Colomba, que se las arregla muy bien en un mundo de hombres, nunca conseguí representarla como quería pero me quedó dentro y cuando he tenido la posibilidad le he dado vida.
Dante es un tipo muy extraño y atractivo, con un amplio conocimiento teórico y vital sobre el secuestro y el trauma ¿Investigó mucho para crearlo? En general, ¿hay un trabajo a fondo de investigación en la novela?
Sí, sobre todo respecto a Dante me he documentado, para tratar de entender cómo reaccionan las víctimas de traumas, de encierro y he leído mucho sobre traumas infantiles. Una gran ayuda para construir el personaje me lo ha dado mi psicoanalista porque hace 14 años que me hago análisis y hablamos sobre la influencia de mi infancia y mis lutos en la construcción de mi persona. En Dante hay mucho de mí, de algún modo él encarna mis temores pero amplificados.
¿La elección de personajes que sufren tanto busca que el lector empatice mejor con ellos?
Por supuesto. Yo trato de tocar las cuerdas de los lectores y de transmitir emociones auténticas pero no con emociones falsas sino tratando de hacerles revivir algo a través de mis personajes. Quiero que encuentren una parte de ellos mismos en Colomba y Dante, porque estoy convencido de que la tienen.
Cremona, su localidad natal, aparece en la obra. ¿Hay, además, algo personal puesto en estos personajes, en sus traumas, en su sufrimiento?
Sí, como decìa antes hay mucho de mí en la construcción de esta historia. Me fui muy joven de Cremona, aún era menor de edad y durante una parte de mi vida Cremona ha sido algo sin resolver, huí de esa ciudad. Ciudad que me provocaba angustia y malestar y como Dante al final estoy volviendo, estoy tratando de superar mi malestar. Los lugares a los que van los protagonistas en Cremona son los que yo recuerdo, a los que yo voy.
¿Las cloacas de Italia siguen tan podridas como se ve en la novela? ¿La judicatura y la policía siguen llenos de personajes como estos?
La respuesta podría hacer que me imputaran pero creo que existen. Noo tengo ni idea de en qué proporción pero he conocido personas que se aprovechaban de su poder, en cualquier sector, solo que si eres policía  haces más daño. Mi intención era crear un mundo donde no te puedes fiar de nadie y la gente que tratas te puede hacer daño porque es malvada, corrupta y sobre todo sirve a sus propios intereses. Creo que uno de los principales problemas de mi país es que dentro de las instituciones muchos sirven más a su interés que al colectivo y creo que también sucede en la UE. A veces lo hacen por avidez, por interés, pero a veces solo por estupidez. Si quemas la barca en la que vas para calentarte, al final te hundirás con los demás pasajeros, pero de esto no se da cuenta todo el mundo.

13.7.15

La Semana Negra más reivindicativa

La Semana Negra de Gijón, considerado el mayor festival literario al aire libre de Europa y la Feria del Libro más importante de Asturias, además entrega uno de los premios más significativos del género en nuestro país, el Dashiell Hammet


Una atractiva lectora en el parque donde se realiza la Semana Negra de Gijón./elcultural.es
Este viernes arrancó el festival de novela negra de Gijón que, además de contar con un programa plagado de grandes autores del género, demuestra una actitud contestataria que no se amolda a los inevitables recortes

La Semana Negra de Gijón vuelve abrir sus puertas un año más, y ya van 28. El antiguo astillero de Naval Gijón, en donde multitud de actos culturales conviven con atracciones de feria durante el trascurso del festival, acoge del 10 al 19 de julio un programa plagado de actividades con los autores más destacados del panorama de la novela negra española. Charlas, debates, ruedas de prensa, exposiciones y conciertos para que los visitantes fortalezcan su relación con el mundo del libro. “El objetivo de la Semana Negra está claro desde las primeras ediciones y no es otro que la promoción de la lectura”, explica el director de contenidos del festival, Ángel de la Calle. “Queremos que la lectura forme parte de la fiesta y hemos demostrado que es una idea muy positiva y que funciona perfectamente”.

En esta edición el festival contará con la presencia de 155 autores, entre los que destaca Antonio Muñoz Molina. “Llevamos 25 años intentando que viniera porque tiene dos de las mejores novelas negras españolas, Beltenebros y El invierno en Lisboa, explica el director de contenidos de la Semana Negra de Gijón. También pasarán por Gijón Dolores Redondo, que sigue arrasando en las librerías con la Trilogía del Baztán; el legendario autor de cómics Milo Manara; Didier Daeninckx, uno de los máximos representante del neopolar francés de la generación 70; el escritor italiano Sandrone Dazieri o el novelista gráfico Edmon Baudoin, al que se le dedica una exposición centrada en su trabajo con Fred Vargas. Además estarán en Gijón un buen número de escritores que no suelen faltar a la cita, como Jon Arretxe.

El festival sigue teniendo como principal reclamo la literatura de género negro, sin embargo, como viene siendo habitual en los últimos años, su programa es cada vez más multidisciplinar y se abre a otros géneros sin complejos. La poesía gana peso este año con tres interesantes velada poéticas. En la primera se podrá escuchar a Luis García Montero y Giocanda Belli recitando sus textos, la segunda estará protagonizada por Luis Alberto de Cuenca y la última por Carlos Salem. También hay espacio para la novela histórica con autores como Mateo Sagasta y Juan Martín Olmos o para la ciencia ficción con la segunda novela de Rosa Montero dedicada a este género. “Realmente es un festival de las artes narrativas”, explica De la Calle.

Este año la organización no solo potencia la parte lúdica de la literatura sino que muestra una actitud contestataria que se escenifica a través del cuadro La libertad guiando al pueblo de Eugène Delacroix, colocado en la Carpa de Encuentros donde trascurren numerosas actividades. “Es un momento en el que las libertades están siendo brutal y salvajemente recortadas”, comenta De la Calle. “Es la misma imagen que tuvimos hace cuatro años cuando empezó un impasse del que todavía no hemos salido. Nos recortan presupuesto, espacio, tiempo... Es el momento de reciclar y por eso hemos querido tener otra vez esa imagen con nosotros, porque sigue siendo igual de pertinente que hace cuatro años”.

El presupuesto de la Semana Negra de Gijón ronda los 600.000 € desde hace cuatro años. Antes de las crisis, el festival llegó a disponer de 900.000 €. Sin embargo, por cada cuatro euros que recibían en aquella época de las instituciones, la organización se tiene que conformar ahora con tan solo un euro, de manera que la autofinanciación del evento llega al 80 %. “Estamos en una ubicación maravillosa que está bendecida por el sudor de la frente de la clase trabajadora que construía barcos aquí hasta hace poco tiempo”, comenta el director de contenidos del festival. “Pero no existen ni tomas de agua ni hay energía eléctrica... Es un festival con un gasto inicial muy grande y que se realiza con muy poco dinero”.
Este año optan al mismo Yo fui Johnny Thunders de Carlos Zanón, Todos los buenos soldados de David Torres, Fantasmas del desierto de Guillermo Orsi y Un millón de gotas de Víctor del Árbol. “La salud del género negro es muy buena”, explica De la Calle. “Hay un gran numero de autores nuevos probablemente porque los tiempos que nos han tocado vivir son duros y difíciles. Hay que recordar que la gran depresión fue el contexto en el que nació la novela negra americana, Hammet fue la respuesta a lo que estaba pasando”.