11.9.09

La trilogía Millenium. Un misterio para leer

Naomi Rapace, personifica a Lisbeth Salander


Por Sandra Duque Cely
Ante la tumba de Larsson se ha formado una cruenta disputa entre dos bandos: los acérrimos fans de Millenium y algunos puristas de la literatura, quienes le adjudican a un misterio paranormal el impresionante éxito de ventas de la trilogía compuesta por Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire.
Éste, como todos los grandes enigmas, es engañosamente sencillo: la trilogía de Larsson marcó el inicio de un nuevo capítulo en la historiografía de la novela negra, esa que Paco Ignacio Taibo II definió como aquella que "investiga algo más que quién mató o cometió el delito e investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad".
De la misma forma en que Quentin Tarantino crea en Kill Bill el personaje de La novia, interpretado por Uma Thurman, para poner en la palestra el prototipo de una anti heroína nunca antes vista en las películas de acción; Larsson recrea el personaje más anti heróico y entrañable de la novela negra: Lisbeth Salander. Una investigadora dueña de una moral muy particular, hacker superdotada, completamente fuera de las convenciones sociales, capaz de asumir su conducta sexual y de decidir sobre su vida sin lloriqueos ni dependencias, que a fin de cuentas, resume en sí misma esa condición disfuncional que caracteriza nuestra época.
La elaboración de la ficción en Millenium se sustenta en el manejo de su estructura: tres novelas sumamente ágiles cuyo hilo contuctor son los incidentes protagonizados por Lisbeth Salander y Mikael Blomvkist, donde la principal ventaja para el lector es que pueden ser leídas independientemente y alterando su orden de aparición sin perderse de la trama.
Cada una inicia con un texto preliminar, en apariencia desligado del resto de la historia, que en realidad dará el contexto del relato: en la primera, el descubrimiento del asesino se hará a partir de la interpretación de pasajes bíblicos; la segunda historia se desarrollará en torno al teorema de Fermat, que estuvo sacando de quicio a los matemáticos durante cuatroscientos años y, finalmente, la última novela de la trilogía tendrá como motivo la participación histórica de las mujeres en diversas contiendas bélicas.
Si Conan Doyle legó a la literatura el investigador más profundamente analítico de la historia, Larsson se apuntó no menos con el método Salander, cifrado en las posibilidades de intrusión en los actuales sistemas informativos.
No puede negarse que Larsson y su trilogía Millenium han generado una suerte de excitación colectiva, capaz de contagiarse con la misma velocidad del aH1N1, pero tampoco que nadie va a devorar más de 2.000 páginas por simple presión mediática.
Leer a Larsson es identificarnos con una porción de nuestro mundo y, tal como diría el brillante Luis Bardamu: "Si algún sentido tiene escribir algo, escribir cualquier cosa, es el de rastrear por afinidades y encuentros, en un mundo pleno de desencuentros. Un encuentro, por pequeño que sea, será siempre una alegría".
fuente: eltiempo.com