12.12.11

Cornwell: "Nadie debe vivir en el miedo"

Cornwell traslada el marco de su nueva novela -que acaba de estrenarse en España como Premio RBA de Novela Negra- a la ciudad sureña de Savannah (Georgia) para someter a su heroína a la máxima presión
La escritora Patricia Cornwell. foto:Toni Albir. fuente:elpais.com

La entrada de Patricia Cornwell en la habitación de un hotel londinense se ajusta, de la cabeza a los pies, a la imagen que la reina del thriller forense viene proyectando a lo largo de dos décadas de éxito. Tan profesional como distante, la mirada fría de los ojos azules destaca en un físico delgado y fibroso, embutido en pantalones, botas y cinturón vaqueros. Como en todos sus desplazamientos, un guardaespaldas le ha escoltado hasta la entrevista de promoción de su último libro, Niebla roja, la entrega número 19 de la saga que protagoniza la doctora Kay Scarpetta. "Nunca me aburro de mi personaje", asegura una de las autoras más vendidas del género de intriga, "porque va cambiando a la par que nuestro mundo, y creo que la forma en que se enfrenta a diferentes situaciones es lo que atrapa al lector, por encima de la trama".

Cornwell traslada el marco de su nueva novela -que acaba de estrenarse en España como Premio RBA de Novela Negra- a la ciudad sureña de Savannah (Georgia) para someter a su heroína a la máxima presión. La patóloga forense afronta una cadena de asesinatos, en la que víctimas y verdugos son mujeres, lejos de los adelantos científicos y tecnológicos que le brinda su habitual laboratorio de Massachusetts. Si la saga de Scarpetta fue precursora de productos tan populares como la serie televisiva CSI, centrada en sofisticadas técnicas forenses para resolver casos criminales, la protagonista de Niebla roja deberá guiarse ahora principalmente por su intuición.

Las concomitancias entre la escritora y su criatura no solo se traducen en el pelo rubio, el color de los ojos o esa seguridad que nace de la convicción en la propia valía profesional. Ambas nacieron en Miami con solo dos años de diferencia (Cornwell, en 1956) y arrastran una biografía difícil que definió sus respectivas singladuras. El lento declive de un padre aquejado por la leucemia marca la infancia de Scarpetta, que acaba convirtiendo la muerte en materia de su oficio. En el caso de Patricia Cornwell, el abandono de su progenitor a temprana edad, la depresión de la madre y la niñez infeliz en otros hogares de acogida, que incluyó la declaración ante un gran jurado contra un guardia que había abusado de ella, forjaron todo un carácter. Ejerció de periodista de sucesos y de analista en la oficina del jefe médico forense de Virginia, para debutar con el primer caso de la patóloga, Postmortem, en 1990.

"Scarpetta es una médica forense que colabora con el estamento militar, y yo soy solo una escritora. Hay la suficiente distancia entre nosotras como para mantenerme interesada en ella, aunque sí tenemos los mismo valores sobre la naturaleza humana", concede. ¿Comparte la autora, cuya fascinación por las armas es bien conocida, el tajante rechazo de su personaje a la pena de muerte? "Es una forma inapropiada de castigar el crimen. Las ejecuciones no lo detienen, son incivilizadas y además el sistema condena a falsos culpables".

Antigua contribuyente del Partido Republicano y otrora amiga de la familia Bush, la evolución de Cornwell hacia postulados más progresistas en lo social ha ido pareja con su exposición a la luz pública como gay en años recientes. Hoy reniega de la agenda conservadora sobre las opciones sexuales o el control de la natalidad, porque "nadie debería imponer a la gente cómo debe ser", y confirma su apoyo al presidente Barack Obama. Cuando ya contaba con millones de seguidores, sacó del armario a uno de los personajes fijos de la saga, la sobrina de la forense (Lucy), sin importarle el impacto que ello pudiera tener. "Ni ella ni nadie debe vivir en el miedo", apostilla la autora, casada desde 2005 con una neuropsicóloga tras el matrimonio fallido con un antiguo profesor suyo.

Cornwell aclara que esa Lucy bisexual, aficionada como ella a los helicópteros, las motos de alta cilindrada y los deportes de riesgo, no ejerce de su alter ego, sino más bien al contrario. "Aprendí a volar y a bucear para que ella pudiera hacerlo en mis novelas. Quiero escribir con autenticidad", subraya una novelista que planea minuciosamente la idea general de sus libros, pero luego se deja "llevar sobre la marcha porque funciona mejor para el suspense". Hasta las últimas páginas, ni ella misma sabe cuál va a ser el desenlace. El éxito comercial de la doctora Scarpetta va a trasladarse a la gran pantalla con los rasgos de la actriz Angelina Jolie, una elección sorprendente (para empezar ambas se llevan 20 años) que, según Cornwell, "aportará una nueva dimensión al personaje". Hollywood ha llamado finalmente a la puerta de una autora que publica un título cada año, es presencia habitual en la televisión como experta en temas forenses y se sienta en el consejo directivo de varios hospitales psiquiátricos. Aunque famosa y muy rica, Cornwell nunca da el éxito por sentado: "Incluso si eres una autora superventas, siempre te sientes insegura y sufres con el nuevo libro".

10.12.11

Espadas italianas

Los detectives de Andrea Camilleri y Carlo Lucarelli se unen en una novela
Andrea Camilleri y Carlo Lucarelli. Escriben a cuatro manos: Por la boca muere el pez. foto.fuente:elmundo.es

Una partida de ajedrez que concluye en tablas. Duelo de ingenios sin ganador final. Un divertimento brillante escrito a cuatro manos. Andrea Camilleri y Carlo Lucarelli, dos de los grandes de la novela negra italiana, se citaron en 2005 en un estudio de televisión para participar en un documental y de aquella cita nació 'Por la boca muere el pez', un relato protagonizado por Salvo Montalbano y Grazia Negro, que vio la luz en 2010 y acaba de llegar a las librerías españolas de la mano de Ediciones Papel de liar.

Pero ¿cómo conseguir que estos dos grandes detectives trabajaran juntos en un mismo caso sin tener que sentarse sus padres putativos ante la misma máquina de escribir?

Camilleri se saco un libro de la manga. 'Murder off Miami (A murder mistery)' de Dennis Wheatly, una obra de 1936 que narra la resolución de un caso mediante cartas, fotos diversas, informes forenses, documentos policiales... No tendría nada de extraño el método literario elegido si no fuera porque aquí los escribanos serían dos y ninguno sabría de antemano lo que iba a escribir el otro hasta que lo recibiera por correo. Y así capítulo a capítulo, sin saber uno lo que va a escribir en el siguiente que le toque hasta que no le llegue lo que ha escrito su rival y ponerse otra vez delante del folio en blanco para continuar el juego.

Duelo de dagas florentinas. Lucarelli/Negro atacó primero; Camilleri/Montalbano replicó como un caballero. Y así hasta el final. Talento y sentido del humor a raudales. Y este es el caso que los une: encuentran un hombre muerto en Bolonia con un solo zapato, que además no es de su número, y una bolsa de plástico embutida en su cabeza mientras tres peces rojos, de nombre Betta Splendens, yacen a su vera; el caso recae en la inspectora Negro que pide ayuda a su colega Montalbano cuando le dicen que el muerto es siciliano y se da cuenta de que le están empezando a tocar los ovarios por la investigación; las primeras averiguaciones llevan a Salvo a ver la mano de los servicios secretos italianos detrás de todo, lo que justifica que a Grazia le hayan prohibido continuar con el caso y que él le eche todas las manos posibles sin que lo sepan ni sus jefes ni sus subordinados.

A partir de entonces, intercambio de correspondencia, también de canolis de requesón rellenos de misteriosas notas, tortelinis hechos a mano siguiendo la más añeja tradición boloñesa y casatinas que no desmerecen nada de los canolis. Toca sumar: más asesinados y algún que otro suicidado se vienen a unir al ya mencionado; algunos ataques de celos, cabreos monumentales de las respectivas jefaturas, muchos interrogantes, algunas respuestas, una exterminadora de lunar inquietante y sobrenombre esclarecedor y hasta un intento de eliminación de la inspectora boloñesa.

Y, por supuesto, peces, muchos más peces hasta el desenlace final, en terreno neutral 'of course', donde por fin se reúnen Grazia y Salvo para llegar y darse cuenta de que no solo los peces mueren por la boca. Todo esto sin olvidarnos de los universos de Montalbano y Negro donde Livia, Ingrid, Fazio, Mimí y Catarella, por una parte; y Simone, Balbo y la hermana, cuñado y sobrina de esta, por la otra, realizan fugaces apariciones que se convierten en estelares, especialmente en el viaje sin retorno del ínclito Catarella, que al final es rescatado con el auxilio de la policía ferroviaria.

Antológico desenlace el que le espera al sorprendido lector, suma de la audacia de sus mentores, del sableado fino de sus descendientes literarios y del gusto por el humor vitriólico y ácido de Montalbano para hacer, al final, lo que él cree que hay que hacerse pero sin que parezca que se ha hecho.

La trama viajó a lomos de correos porque en estas páginas la vida y la historia se tutean. Carta a carta creció la novelita. Así durante los cinco años que fue lo que tardaron Camilleri y Lucarelli en acabar el juego sin haber podido acabar con el contrario. Cinco años intentado poner de rodillas al remitente sin conseguirlo. Puso el primer sello Lucarelli y acusó recibo Camilleri... y así fue creciendo, retándose mutuamente, entre el desconocimiento del contrario y la inteligencia de los dos, esta historia con final acorde a la estocada mortal de tamaños espadachines.

5.12.11

La hechicera de novelas de misterio

La autora se encerró con un ordenador en Normandía para escribir en tan solo 21 días El ejército furioso, el nuevo enigma del comisario Adamsberg
Fred Vargas, entre las tumbas del cementerio de Montparnasse. foto:Daniel Morzinski. fuente:elpais.com

Dicen que es una mujer difícil a la que no le gusta hablar de su trabajo. Pero la sensación dura solo un momento. Basta citar el nombre de Cesare Battisti y Fred Vargas se convierte en un torrente. Lleva años apoyando la causa de este exmilitante de la extrema izquierda italiana, que se fugó a Francia y luego a Brasil y que hace unos meses se libró de ser extraditado a Italia gracias al expresidente Lula da Silva.

Durante media hora, esta novelista de arrollador éxito mundial -seis millones de libros vendidos en 20 idiomas- cuenta cómo renunció a su vida y su rutina familiar para defender a Battisti, sus continuos viajes a Brasil, sus gestiones con abogados y políticos, su enfado con los medios que a su juicio tomaron partido contra el exterrorista, condenado en rebeldía por cuatro asesinatos en los años de plomo que siempre negó haber cometido.

Una vez zanjado el asunto -"ahora Battisti está mejor, se va a mudar a Río y publicará su libro en febrero"-, Vargas, de 54 años, sonrisa dulce y cara de niña, está lista para hablar de su último libro, El ejército furioso (Siruela), un nuevo caso que sitúa a su comisario, el ecologista y desgarbado Adamsberg, en medio de una leyenda medieval que amenaza a los habitantes de Ordebec, un pueblo ficticio situado en Calvados (Normandía), la zona donde la autora vivió de niña.

Es el último enigma urdido por Vargas, una arqueóloga especializada en zoología que se llama en realidad Frédérique Audoin-Rouzeau. El seudónimo se lo copió a su hermana gemela, Jo, que lo tomó de María Vargas (La condesa descalza) y que además de pintora es la correctora de sus novelas. "Tenemos una relación especial, como todos los gemelos. Nuestra identidad no está completa sin la otra. Juntas formamos un ocho. Yo corrijo sus cuadros, ella mis libros. Jo conoce mejor la música de mis diálogos que yo misma. Sabe lo que funciona y lo que no. Y hasta que ella no cambia las disonancias, la novela no está terminada".

La acción de El ejército furioso arranca en un París muy caluroso, con un crimen insólito -un anciano asfixia a su mujer con migas de pan- y una imagen: una paloma con las patas atadas por un alambre. Adamsberg resuelve el primer crimen en cinco minutos, pero enseguida se ve metido en una vorágine de superstición, altas finanzas y asesinatos en serie: cadáveres vivientes vuelven de la Edad Media, y los viejos fantasmas infantiles determinan el presente.

"Oí hablar de la armada furiosa en los libros y me gustó el sonido", explica Vargas. "Pero, como siempre, la novela empezó con una imagen. En este caso vi a una anciana tumbada en un camino, cruzada como un tronco de árbol. Me puse a escribir sin saber quién era. 'Mierda, ¿quién es? Ah, una condesa. No, es imposible porque es pobre como una rata...'. Ese hilo me sirvió para relacionar la aristocracia del lugar con los financieros, y me fue llevando... Al empezar tampoco sabía quién era el asesino. El 80% de las cosas que suceden en mis libros son imprevistas. No tengo mucha imaginación, pero una palabra me lleva a una imagen, y esa imagen a otras palabras... Las imágenes van pasando ante mí mientras escribo, como en el cine. Y es siempre un lío controlarlas. Por eso tengo que escribir muy deprisa, porque me da miedo olvidar las cosas que veo...".

Como por arte de magia, esa insensata mezcla de apariciones, mitos, realidad y espectros va haciéndose tangible ante el lector, a medida que lo atrapa. Ayudan unos diálogos magníficos, unos personajes dibujados con chispazos de genio, la relación entre la historia central y los enigmas colaterales... Hasta que, de repente, lo increíble se torna creíble, impepinable... Y todo encaja.

¿Cómo se las arregla para cerrar todas las historias al final? "¡Sufro lo mío! A mitad me suelo parar y me hago un mapa que me ayuda a orientarme. De pronto recupero a un personaje de un libro anterior, o escribo a un amigo pidiendo ayuda... Lo que más me cuesta es encontrar los móviles del asesino, eso es lo más difícil. Racionalizo poco, si lo hiciera no me pondría a hacer una historia de muertos vivientes. Y soy incapaz de programar un guion, porque de pronto me viene algo real que se mete en la intriga a la fuerza. El palomo con las patas atadas, por ejemplo, lo vi realmente un día desde un café mientras hablaba con una periodista. Me afectó mucho ese sadismo absoluto, tan gratuito. Ella lo recogió y lo curó en casa. Luego lo soltó, y un día volvió y tocó en su ventana con el pico...".

Estamos al lado del cementerio de Montparnasse. Las ventanas de la casa de Fred Vargas dan sobre las tumbas. La luz de París agoniza, y el fotógrafo Daniel Mordzinski sugiere dar un paseo entre los muertos. La foto parece estar hecha en Normandía. Son los misterios de Fred Vargas, que tiene cara de hada pero escribe como una hechicera. Como las anteriores, esta novela fue terminada en 21 días. Ni uno más ni uno menos, asegura: "Me fui a Normandía con una mesa y un ordenador. Y todo el tiempo escribí con la misma intensidad. No es escritura automática, para que el arte parezca verdad y no un folletón hay que trabajar mucho. Cuando acabé, 21 días justos después, lloré de lo mala que era. Los diálogos eran horribles y había salido larguísima. Por suerte, Jo me ayudó a cortar y a corregir la melodía".

25 años de carrera

- En 25 años de escritura, Fred Vargas ha publicado ensayos, obras científicas y, sobre todo, novelas. Los juegos del amor y de la muerte (1986) fue su ópera prima.

- En 1991 debutaba el comisario Adamsberg (El hombre de los círculos azules, Siruela), protagonista de 10 novelas de Vargas, siendo la última El ejército furioso.

- Su novela Huye rápido, vete lejos (Siruela) fue llevada al cine por Régis Wargnier en 2007.

- Sus obras han sido traducidas a 20 idiomas y han vendido más de seis millones de ejemplares

1.12.11

La generación Zeta de la nueva novela negra mexicana

Una nueva generación de escritores irrumpe con fuerza con irónicas ficciones sociales influenciadas por el cine y el cómic
Grupo de escritores en torno a los 40 años con las ideas muy claras. Sciammarella.fuente:elpais.com

Seis matones asaltan un laboratorio, dejan 12 muertos y se llevan dos toneladas de seudoefedrina; un detective es contratado para proteger a Johnny Weissmuller en el festival de cine de Los Ángeles; un exconvicto, Elvis Infante, tiene el don de capturar demonios y hay quien le paga por sus servicios... Así arrancan algunas de las novelas de una nueva generación de jóvenes escritores mexicanos decididos a romper con los padres de la literatura de su país. Se sienten mucho más cerca del terror de Stephen King, el humor de los hermanos Cohen y la tenebrosidad de Frank Miller que de Juan Rulfo, Octavio Paz o Carlos Fuentes.

Es una generación aún sin nombre, tal vez generación Z, pese a la maldición que pesa sobre esta letra por el cartel narcotraficante, o generación Riteline por el medicamento que se les da a los niños hiperactivos, pero forman un grupo de escritores en torno a los 40 años con las ideas muy claras.

Bernardo Fernández Bef (Ciudad de México, 1972), flamante ganador del Premio Grijalbo de Novela con Hielo negro, define algunas de sus características comunes: "Compartimos un gusto por los subgéneros, la novela policiaca, la de terror, el thriller, la ciencia-ficción... Sentimos cercanía con los autores anglosajones, integramos referentes mediáticos en nuestras novelas como el cine, la televisión y el cómic y tenemos una vocación narrativa que busca la amenidad y la diversión".

Francisco G. Haghenbeck (Ciudad de México, 1965), autor de El diablo me obligó (Suma de Letras), subraya su reivindicación de la novela. "Miras las novedades y todo son ensayos políticos o libros de autoayuda. La ficción es un animal en peligro de extinción". Alberto Chimal, con Los esclavos (Almadía), e Iris García Cuevas, con 36 toneladas (Ediciones B), son otros miembros del grupo. "Queremos que la novela sea divertida, original y que enseñe algo", añade Haghenbeck. "Nosotros hacemos realismo mágico sucio".

Si bien han roto con las vacas sagradas de la literatura mexicana y se rebelan contra el poder de las élites intelectuales, cuentan con dos hermanos mayores -Élmer Mendoza y Paco Ignacio Taibo II- y reivindican la ironía del malogrado Jorge Ibargüengoitia.

Escriben novela negra con vocación social e inevitablemente no puede faltar el trasfondo de la violencia que azota México en los últimos años. Pero es una novela cargada de humor porque, como dice Haghenbeck, "es la forma de hacer frente a una realidad tan dura como la que tenemos, algo que pareció congelárseles a los novelistas suecos que están tan de moda".

Bef señala una doble aproximación hacia la violencia del crimen organizado. "Por una parte hay que evitar el oportunismo y por otra, en la medida que eres capaz de nombrar aquello que temes, puede servir para ayudar a entendernos dentro de unos años". El autor de Hielo negro, que al igual que Haghenbeck tiene por primera vocación el cómic y presenta estos días en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara la novela gráfica La calavera de cristal, considera que México está en un callejón sin salida. "La guerra frontal contra el narcotráfico ha sumergido al país en un mar de sangre. Creo en la despenalización de las drogas, pero es demasiado buen negocio para que se quiera arreglar".

Tampoco es muy optimista en el plano político ante las próximas elecciones presidenciales en las que parte como favorito el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México durante 70 años. "Vamos a convertirnos en el único país que salimos pacíficamente de una dictadura para volver a ella 12 años después".

Entretanto, los niños hiperactivos de la nueva novela mexicana reivindican la ficción en esa ciudad infinita que es el DF, y que por una vez en la literatura escrita en español los molinos puedan ser verdaderos gigantes.

Toda la cobertura de la FIL de Guadalajara en el blog Papeles Perdidos

23.11.11

Los modales del criminal

Hoy todos los asesinos son en serie, como si trabajasen en una cadena de montaje
Fernando Savater, es autor de La filosofia de Amador. foto:archivo. fuente:elpais.com

Borges supuso que el relato policial pertenece al género fantástico, no al realista, pero proviene de la inteligencia y no de la mera imaginación. No es realista porque acepta que los crímenes sean descubiertos por artes de observación y razonamiento en lugar de por delaciones o confesiones, como pasa efectivamente en el mundo cotidiano. El detective de esas historias es como una especie de milagroso jugador de ajedrez que adivina todos los pasos que han llevado al adversario -el asesino- a realizar su funesto movimiento de piezas y lo contrarresta: jaque mate. Su clarividencia nos deja sorprendidos y algo mosqueados, como el truco de un prestidigitador. Pero también proporciona un placer mental que tiene algo de adictivo.

El mejor protagonista de una hazaña intelectual no es sin embargo el sabueso espectacularmente infalible sino el averiguador modesto y gris, cuya sabiduría nadie sospecha y cuya personalidad es menospreciada, como el cura Brown de Chesterton o el desastrado inmigrante Colombo. No es posible ni deseable apagar el resplandor de Sherlock Holmes, desde luego, pero a veces hasta sus admiradores lo consideran algo irritante y un punto risible. E. C. Bentley, gran amigo de Chesterton (al que este dedicó nada menos que El hombre que fue Jueves) escribió El último caso de Trent para cuestionar el uso puro de la inteligencia en el género inteligente por antonomasia. El propio Chesterton, desde luego, pero también Agatha Christie o Dorothy L. Sayers consideraron esta novela -no conozco traducción al español- como la mejor entre las mejores porque cuestiona racionalmente la pasión de razonar.

Para Borges, esta vocación inteligente del cuento policial favorece una implícita vertiente metafísica, que él desarrolló en La muerte y la brújula. Después de todo, también la filosofía es la investigación de un asesinato que va inexorablemente a cometerse por parte de la víctima emplazada: ¿quién me matará, el tiempo, la naturaleza, Dios... o será finalmente un suicidio? Sin embargo, la evolución del género ha ido difuminando su carácter de charada intelectual para trasladarlo a un campo mucho menos abstracto y poco propicio a lo especulativo: la sociología.

Todo comenzó con la llamada novela negra a la americana, iniciada por Edgar Wallace y que culmina en Dashiell Hammet o Raymond Chandler. A fin de cuentas, no son tanto relatos detectivescos como clásicos de aventuras, en los que las fieras y piratas de antaño han sido sustituidos por gánsters en la jungla del asfalto. Emboscadas, disparos y músculos desplazan paulatinamente el sosiego del mero razonamiento. Lo que intriga no son los mecanismos del delito y la identidad de su autor, sino las condiciones sociales que lo provocan. La vieja incertidumbre se disipa, porque ahora sabemos que mate quien mate, el culpable siempre es idéntico: el capitalismo. El último añadido al género es la tendencia turística: las nuevas novelas criminales pueden carecer de originalidad pero no de paisajes y transcurren en escenarios variadísimos, desde la India a Sudáfrica pasando por Israel y con trasbordo en los países nórdicos. También practican el turismo cronológico y ya conocemos detectives contemporáneos de Nerón, de Pascal y de Darwin. He leído una intriga aclarada por Newton y otra por el mismísimo Dante Alighieri...

Lamento decir que los modales de los criminales y sobre todo su capacidad de intrigarnos ganan poco con tanto ajetreo. Pero lo que perdemos en calidad lo ganamos en cantidad. Agatha Christie logró mantenernos interesados doscientas páginas con el asesinato de Rogelio Ackroyd, pero hoy se necesita por lo menos la ejecución de una familia al completo en cada capítulo para no caer en la sosería. Todos los asesinos son en serie, como si trabajasen en una cadena de montaje. La nueva fórmula tiene ocasionalmente logros muy entretenidos, con Fred Vargas, Patricia Cornwell o Preston & Child. Pero los viejos aficionados seguimos añorando la engañosa serenidad del cottage, la mano furtiva que deja caer el arsénico en la taza de té y el desafío mental de aquellos autores que, como el diablo denunciado por Macbeth, sabían engañarnos diciendo palabras verdaderas...

22.11.11

Verdon: “Soy lo suficientemente viejo, hago sólo las cosas que me divierten”

A los 70 años, retratando a un detective neoyorquino, acaba de crear un bestseller del género policial estadounidense. Aquí explica cómo aprendió a escribir novelas y a construir sus propios personajes de misterio

John Verdon recomienda leer, El sabueso de los Baskerville para aprender a escribir novelas de misterio. foto.fuente: Revista Ñ

Por su pinta, por su voz y por sus buenos modales, John Verdon bien podría pasar por un actor de Mad Men. No es casual. Su vida laboral transcurrió en agencias de publicidad den Manhattan. Ahora tiene 70 años, pero luce una década menos. Hace unos quince años, más o menos, se jubiló y se fue a vivir al campo del estado de Nueva York con su esposa. Allí, para comenzar a hacer cosas que realmente disfrutaba, se puso a construir muebles. Y estuvo en eso por unos diez años. Amobló su casa nueva con sus propias manos. Luego su esposa le dijo, más o menos, "Che John, a vos que te gustan tanto las novelas de misterio, ¿Por qué no intentas escribir uno?" Le hizo caso y ahora es una de las nuevas estrellas del género policial-thriller. Sus dos libros ya están en las librerías de argentinas. Y son buenas. Muy buenas.

El protagonista de ambas novelas — Sé lo que estás pensando y No abras los ojos (Roca editorial)— es un ex detective de homicidios de la policía de Nueva York, un tal Dave Gurney. Si entran a la página de Amazon para ver los comentarios de los lectores verán que Gurney ya ha generado una especie de adicción. La gente quiere más. Pero por ahora Verdon tiene un contrato por sólo dos libros más.

Una de las claves de su éxito es que ha disfrutado de escribir. No quiere caer en fórmulas o sentir que escribir es una tarea. Un asiduo lector del género de policiales y misterios, conoce todos los trucos y clichés, y los maneja (y evita) con maestría. El problema es que este Dave Gurney no solo ha atrapado la imaginación de los lectores amazónicos, sino también a los críticos más duros. Suponemos que falta poco para que Hollywood con un Brad Pitt o DiCaprio lleve a Gurney a la mega fama. Y allí va ser difícil no segur con las entregas. Pero por ahora Verdon es un jubilado de perfil bajo que esta disfrutando de un inesperado éxito: un hobby convertido en bestseller.

Hablamos con él en la penumbra del bar de un hotel boutique de la calle Posadas, mientras que afuera la primavera bonaerense cedía a un calor prematuro de alto verano. Tomamos agua.

¿Cómo se le ocurrió escribir esta novela?
Cuando trabajaba en la industria de la publicidad escribía un poco y siempre tenía la idea que me gustaría escribir ficción. Entonces, cuando me jubilé trabajé fabricando muebles por un rato —hice todos los muebles para nuestra casa— pero en un momento mi esposa me empujó un poco, diciéndome que podría escribir una novela, y lo hice. Pero no creía que se iba a publicar…

¿En serio? ¿Si me hago el cínico y le digo que no le creo?
Cuando comencé a escribir tenía 65 años y no había publicado una palabra en mi vida. Hubiera estado satisfecho con que a mi esposa le gustara. Mientras trabajaba en publicidad escribía unos cuantos cuentos que, de vez en cuando, mandaba al New Yorker. Porque era el New Yorker o nada. Pero lo único que hice es coleccionar cartas de rechazo.

¿Cómo explica su escritura entonces? ¿Cómo aprendió a escribir una novela?
Creo que viene de leer novelas de misterios. Porque me meto mucho en ellas. Leo muy lento, pero me meto mucho en la lectura. Y creo que con las novelas de misterio hay algo en su estructura que funciona bien con mi mente. Tienen algo que me resulta muy natural. Entonces, leyendo treinta o cuarenta o cincuenta de ellas, me ilumine y por fin me di cuenta qué estaban haciendo los escritores. Llegué a comprender cómo estaban estructurando estos libros. Y no me pareció tan descabellado intentar escribir una. Mi esposa le dio su bendición: dijo, "esto está bien." Su apoyo me dio la fortaleza como para intentar, probar si se podía publicar.

¿Y cómo lo hizo? ¿Escribía todos los días? ¿Se ponía metas? ¿Escribía en la computadora?
Escribo sobre fichas. Hace muchos años leí un libro sobre escribir guiones y recuerdo que la persona que escribió el libro había sugerido que era útil hacer bocetos de escenas… Encontré que eso era una forma muy útil para pensar una novela. De pensarla en términos de pequeñas escenas. Entonces esencialmente escribo sobre fichas. A veces si se me ocurre una idea para una conversación escribo sobre un bloque. La última versión, por supuesto, la paso a la computadora.

¿Y lo pasa usted mismo desde las fichas?
Oh, sí.

¿Y juega con las fichas, modificando el orden?
Sí. Ese es el valor y la belleza de escribir así: las puedes ir rearmando. Pero también pienso en la novela en términos de una estructura de tres actos. Entonces algo que escribí pensando que estaba en el Acto 1 puede pasarse al Acto 3 y tal. Son muy flexibles las fichas. Así lo armo.

¿En este tipo de libro la trama es lo fundamental?
Es importante pero, no se. Es como si creciera por su cuenta. La trama para la primera novela comenzó con la idea de alguien con un pasado oscuro pero con un presente muy brillante y exitoso. Este es el personaje de Mark Mellery. Y comienza a recibir estas cartas inquietantes que describen eventos en su pasado. Y entonces pienso: ¿A quién buscaría por ayuda? Y allí entra el personaje de Dave Gurney. Emerge desde la pregunta: ¿qué tipo de persona ayudaría a otra persona que tuviera todos estos miedos? Bueno, tal vez un tipo muy lógico. Entonces, bien: Dave Gurney es un tipo muy lógico. Entonces, ¿con quién estaría casado?

Y en todo esto, en algún momento, recuerdo haber leído que la clave para cualquier cosa que escribes es el conflicto. OK. Entonces, quiero que Gurney sea muy distinto a Mellery. Hago a Madeleine muy distinto que Dave Gurney; entonces ella es muy espontánea e intuitiva… Así emergen los personajes: siempre estoy buscando un contrapunto. La trama crece de cosas simples, como, a ver: Mellery recibe estas cartas extrañas y amenazantes. Bueno, ¿Por qué las recibiría? ¿Qué tipo de persona le mandaría estas cartas y por qué? La trama crece al hacerse este tipo de preguntas sobre los personajes.

¡Escuchándolo parece muy entretenido!
Oh, sí lo es. Ya soy lo suficientemente viejo, hago sólo las cosas que me divierten.

18.11.11

Para sacar del silencio a León Trotsky

En El hombre que amaba a los perros, el escritor Leonardo Padura busca desenterrar facetas ocultas del ideólogo soviético. Desde La Habana explica cómo lo consiguió
La novela El hombre que amaba a los perros, sobre León Trotsky y su verdugo, Ramón Mercader, fue publicada primero en España y luego llegó a la isla, en donde en principio sólo se publicaron 4.000 ejemplares.foto.fuente: elespectador.com

A Trotsky, como personaje histórico, me llevó el silencio. En la Cuba de los años setenta, cuando yo estudiaba Letras en la Universidad de La Habana (1975-80), Trotsky no existía, oficialmente hablando.

"La política estalinista de hacerlo desaparecer también se aplicó en Cuba, en todos los sentidos, y cuando se hablaba de trotskismo era para calificar la más anticomunista de las actitudes o filosofías. Pero la verdad es más amplia que la voluntad de silenciarla.

"Cuando leí Rebelión en la granja, de Orwell (autor que ni entonces ni ahora ha sido publicado en Cuba), y alguien me dijo que uno de los cerdos, el presunto traidor, estaba inspirado en Trotsky, sentí curiosidad. Luego, con la lectura de Tres tristes tigres, de Cabrera Infante (tampoco publicada en Cuba) la curiosidad se convirtió en necesidad de conocer.

"Esa sensación fue creciendo, de manera muy aleatoria, hasta que en 1989 fui por primera vez a México y le pedí a un amigo que me llevara a Coyoacán, pues quería visitar la casa donde Trotsky, aquel traidor y renegado, había sido ajusticiado (no asesinado) por sus crímenes contra el proletariado y su partido... Y sentí una extraña conmoción al entrar en aquel sitio, polvoriento y medio abandonado, donde se había producido una tragedia. Esto ocurrió un mes antes de que cayera el Muro de Berlín, y para entonces yo había leído ya a Deutscher y tenía mis propias opiniones, aunque todavía muy elementales.

"En ese conocimiento difuso, parcial, trabajado, cayó un día una noticia que me conmovió: alguien me dijo que Ramón Mercader, el comunista español que, con la identidad de Jacques Mornard, había asesinado a Trotsky, había vivido varios años en Cuba (1974-78), y que acá había muerto. La revelación de que aquel hombre sin rostro había estado cerca de mí, convivido conmigo, en mi ciudad, empezó a generar algo diferente a lo que había sentido hasta entonces: generó una emoción, y por ahí debe haber empezado a gestarse, sin yo saberlo, el deseo que años después concretaría: escribir una novela sobre estos personajes y sus circunstancias".

Así responde el escritor Leonardo Padura, desde La Habana, sentado en un computador al que por fin ha logrado acceder, con un internet intermitente, a la primera pregunta de la entrevista que desde hace unas semanas le había solicitado El Espectador una vez que su novela, El hombre que amaba a los perros, publicada por Tusquets, primero en España, luego en la isla, ganó el Premio de la Crítica en Cuba.

Así, con una narración pausada y entrañable, habla el escritor sobre eso que lo llevó a toparse con el tema de Trotsky, y así continúa en su entrevista escrita recordando cómo vivió esa transformación de ver al político ruso como "el maldito, que no tenía historia" a tener otra percepción de él.

¿Con qué personaje se va encontrando en su búsqueda?

Conseguir en Cuba textos de Trotsky o sobre él era algo muy difícil, pues sólo existían los panfletos publicados en Moscú que lo calificaban de renegado y traidor. Pero luego de leer la gran trilogía de Isaac Deutscher fueron cayendo en mis manos diversos textos, como, por ejemplo, el llamamiento a los intelectuales del año 1938, que redactaron Trotsky y Breton y firmaron Breton y Diego Rivera. Sin saber que el autor de casi todas las ideas que allí se manejaban era Trotsky, quedé deslumbrado con el documento, tan iconoclasta y defensor de la libertad del creador. Saber que era obra de Trotsky significó una revelación. Pero fue, en cualquier caso, un acercamiento difícil, no meditado al principio y, al final, muy intenso y profundo para poder conocer la verdadera vida, obra, acciones de ese personaje central de la historia del siglo XX.

¿Cuáles cree que fueron las razones primordiales para que Trotsky quedara con esa imagen durante todo el siglo XX?

Una sobre todo: Stalin. O, mejor dicho, la necesidad de Stalin de crear un enemigo interno para hacer sus limpiezas políticas y afianzarse en el poder. Trotsky fue para Stalin, hacia el interior de la URSS, lo que Hitler y el fascismo hacia el exterior... aunque con más virulencia en el caso de Trotsky, pues con Hitler hasta colaboró e, incluso, pactó. Pero la satanización y desaparición histórica de Trotsky fue un proceso ejecutado con toda intensidad y profundidad, y luego traspasado a toda la política e ideología comunista, hasta el día de hoy.

¿Qué rasgos de Trotsky que lo sorprendieran encontró?

Lo más sorprendente fue su gigantesca egolatría, su vanidad, su autosuficiencia. Esos rasgos eran tan marcados que, incluso, superaban su inteligencia, perspicacia, capacidad de conocer y sintetizar la historia o de entender el espíritu humano. Y la demostración es que son los primeros rasgos y no los segundos los que deciden su relación con Stalin y la lucha por el poder, que le costó no sólo la derrota y la maldición, el exilio y la persecución, sino su vida y la de familiares, amigos, partidarios... y tal vez un destino mejor a la utopía igualitaria.

Háblenos del amor de Trotsky por los perros, característica que, de hecho, da nombre al libro.

Ese es un rasgo de humanidad que no podía dejar de utilizar. Porque un hombre tan absolutamente político, tan fanáticamente político, rara vez muestra esas cualidades vulgares y humanas. La relación con los perros, el affaire con Frida Kahlo, y sus vanidades son todos elementos que escapan de lo político y entran en lo humano y, por lo tanto, son esenciales para un novelista, aunque puedan ser despreciables para un historiador.

La novela no sólo se centra en el exilio de Trotsky en México, sino que también se aventura en la vida de Ramón Mercader.

Ramón es, todavía hoy, un gran misterio, un hombre sin biografía, lleno de huecos y oscuridades... y por tanto, muy atractivo para hacer literatura sobre él, pues deja grandes espacios para la fabulación, la especulación, la imaginación, que son armas importantes para el novelista. En esencia, Ramón fue un comunista típico de su momento (los años treinta), consciente, obediente, seguro de que trabajaba por el futuro mejor. Y en esa perspectiva ideológica, en medio de un período tan convulso, actuó en consecuencia. Ramón asesinó a Trotsky porque debía hacerlo, porque el partido y la historia se lo exigían. Y si después tuvo dudas (las tuvo) ya su acción era irreversible.

Ante la publicación del libro en Cuba, usted supuso que se iba a abrir una gran polémica. ¿Fue así?

La historia del fracaso de la utopía comunista del siglo XX es también parte de nuestra historia, y el personaje cubano, Iván, es una metáfora de cómo los cubanos vivieron en carne propia todo ese proceso terrible y doloroso. Pero, afortunadamente, el libro se publicó sin que se le cambiara una palabra.

¿Cómo estructuró la novela?

"Quizás lo que resultó ser más difícil fue montar la historia, darle a la estructura una función dramática muy importante, pues el clímax de los acontecimientos que contaba era conocido por todos (el asesinato de Trotsky) y, sin embargo, yo necesitaba que el lector, con independencia de ese conocimiento previo, leyera el libro arrastrado por los acontecimientos. Ahí el montaje era un elemento esencial, así como el tempo narrativo, el juego con las velocidades de la narración, que debía contribuir a generar o sostener el interés del lector.

"Respecto al tono tendría que hablar mucho, pero sólo diré algo. Toda la línea de Trotsky fue escrita, al principio, en primera persona. Pero, cuando me di cuenta de que jamás iba a poder pasearme con soltura y verosimilitud por el pensamiento de un hombre con sus características, cultura, origen, deseché esas 200 páginas y lo reescribí todo en el tono más distante, objetivo, que tiene en la versión definitiva", asegura el escritor Leonardo Padura.

15.11.11

Un detective perdido en México

Después del éxito que supuso su novela negra Balas de plata, el mexicano Élmer Mendoza retoma a su detective El zurdo Mendieta para una trama donde, de acuerdo con la realidad más actual y candente de su país, sobran violencia y asesinatos de mujeres
Élmer Mendoza, creador de el zurdo Mendieta, detective que prosigue con La prueba del ácido, una saga, donde el tema narco está a borbotones, en el México actual. foto:archivo.fuente:pagina12.com.ar

Hay en el Alexa una bailarina brasileña hermosísima que ha desquiciado de placer y sobre todo deseo a unos cuantos tipos de Culiacán y alrededores, a saber: los mismos dueños del cabaret, un sicario bastante brutal, un grupo de empresarios, un español viajero que se hace llamar Miguel de Cervantes, un boxeador en decadencia, un aspirante a la gobernación, un prestamista y vendedor de autos. Eso irá sabiéndose con el correr de las páginas de esta novela, que inicia con ella, Mayra Cabral de Melo, o Roxana, yendo obligada un domingo por la noche hacia un descampado en el que su asesino le disparará y le cortará un pezón. E irá sabiéndose por la pesquisa de Edgar El zurdo Mendieta, el detective policía de la Ministerial del Estado, que apenas descubre el cuerpo siente cómo acude a su memoria lo que la chica le fue diciendo a él, hace poco, en alguna tarde inolvidable. Este es el segundo libro que protagoniza Mendieta; con el primero, Balas de plata, Élmer Mendoza ganó el Premio Tusquets de Novela.

El zurdo tiene unos códigos de lealtades que no rompe –que no necesariamente tienen que ver con la ley–, es lúcido y rápido de boca cuando hace falta, y mastica algunas cuestiones existenciales que pasan a segundo plano con el trajinar del oficio e intenta tratar con su terapeuta, a quien procura ubicar, sin suerte, a lo largo de esta historia. La prueba del ácido transcurre en el México convulsionadísimo de estos días, con un presidente que "le está declarando la guerra al narco", enfrentamientos sangrientos entre cárteles, corrupción generalizada, tráfico de armas, poderíos despampanantes y muertos, muchos muertos (la Comisión Nacional de Derechos Humanos contabilizó 50.000 desde que Felipe Calderón militarizó la cuestión). Mendoza, que nació en Culiacán en 1949, que publica desde hace más de treinta años y que ya anticipó la continuidad de esta saga, consigue una prosa de gran vertiginosidad, con párrafos en los que entrevera acciones y sucesos, estímulos a los sentidos, pensamientos y voces, sin detenerse a especificar la mayoría de las veces quién dijo qué o cuándo dejó de hablar, una agilidad que exige un lector atento y entrega una escritura que desborda una oralidad violenta y humorística, irónica y filosa, riquísima.

La prueba del ácido. Élmer Mendoza Tusquets 248 páginas

El asesinato de Mayra se encadena con otros: el de la chica con la que comparte oficio y departamento, el de otra mujer que estuvo casada con un empresario y tomó clases de baile con ella, un sicario jovencito que frecuenta el Alexa, un enviado del FBI que está por negociar una venta de armas con el gobierno. Muchos de los personajes de la novela anterior persisten aquí: los compañeros del departamento de policía, el capo del cártel del Pacífico Sur y su hija, un hermano guerrillero del que está distanciado y la mujer que le acomoda las cosas en la casa. En la narración El zurdo desconoce la autoría de los crímenes, pero Mendoza deja ver al lector, en algunos casos, quiénes son los asesinos: eficaz para diversificar perspectivas.

Con cada ejecución siguen apareciendo en escena personajes, intereses, pactos y traiciones. Las líneas de incertidumbres se superponen, acaso abrumen: parece adecuado para retratar un estado de cosas en México hoy. Y aunque todo termine cerrando, impresiona como que a Mendoza le interesa menos la precisión de relojería del policial que narrar y escenificar, siguiendo a Mendieta, los engranajes de poder y muerte pero también los rincones donde late la sensibilidad humana.

"No tenemos por qué invertir tiempo y recursos en eso", oye El zurdo una y otra vez de boca de su jefe, que teme que la pesquisa salpique a algunos amigos poderosos. Por ahí anda el señor B, el propio padre del presidente de los Estados Unidos, que se allega en helicóptero hasta el campo de un hacendado para cazar patos. Y por ahí también se reúnen los capos de tres carteles de droga. A nuestro detective, sin embargo, lo desvelan a la par otros asuntos más del fondo de su alma, como creerse "un idiota sin amor", que vive solo a los 43 años, o procurar acercarse a su hermano y a un hijo que no crió, o, sobre todo, encontrar de una vez al asesino de aquella chica hermosa que una tarde le dijo "oye, no creo que seas poli, tienes el encanto de los hombres de bien que los hace ver ridículos, hasta ahora eres la única persona que ha oído hablar de Joao Ubaldo Ribeiro, aunque no lo haya leído".

8.11.11

Un policial negro con humo de marihuana

En ese estado protagoniza Vicio propio , la última novela de Thomas Pynchon



Thomas Pynchon. Escritor estadounidense. Vicio propio su última novela. foto:internet. ilustración:elcultural.es.fuente: Revista Ñ

Zumban las balas, dice el poema de Borges, y es dudoso que Doc Sportello, de profesión detective, asienta ante la frase. Casi seguro se tomará un tiempo para pensarla, y en el medio se olvidará por completo de pensar y de todo. Luego abrirá la heladera, y encontrará el teléfono o un mapa catastral de Los Angeles. Al final, sin haber decidido si zumban o que, encenderá un cigarrillo de marihuana y meditará el asunto sin mayor énfasis.

En ese estado protagoniza Vicio propio , la última novela de Thomas Pynchon. Que comienza a la manera casi clásica del policial: el investigador es convocado por una rubia para un asunto que se presenta sencillo y se adivina tremendo. Para subrayar el estereotipo: la rubia es una ex novia, y Sportello es un corazón tierno, no un cínico de Nueva York. Además cuenta con el encono manifiesto de la policía hacia su persona y mantiene un romance indestructible con las sustancias ilegales. No es casual que su agencia se llame LSD; obviamente el acrónimo de "Localización, Seguimiento, Detección". Tampoco es raro que el caso que le toca en suerte involucre a: un magnate de la especulación inmobiliaria que parece a punto de abandonar las huestes del capitalismo y donar su fortuna; agentes del FBI que urden falsas manifestaciones anti sistema y otras cosas peores; traficantes de heroína; bandas de motoqueros neonazis, rockers en decadencia; varias organizaciones de fines misteriosos. Todo en una trama que los reúne y luego los separa, en Los Angeles a fines de los sesenta. Con los crímenes del Charles Manson envenenando el ambiente, con Nixon y Vietnam señalizando la pesadumbre.

Sportello conecta y desconecta de esa realidad ambiente, y la novela en su conjunto tiene ese ritmo. Los personajes se internan en un laberinto cuyos senderos de golpe se esfuman y vuelven a armarse de otra manera. Que augura un escenario peor. Nadie se altera: ajustan un poco la brújula y hacia allí van. Porque en Gordita Beach, donde la historia transcurre, queda algún aire libre que respirar. El fantasma de la Guerra Fría se desvanece bajo las olas. Un caos bienhechor es la regla. Sobreviven gráciles brotes de anarquía, y la paranoia es un lujo que uno puede darse y no una necesidad para sobrevivir. El espejo de Alicia se cruza a menudo, y no hay tanta diferencia de un lado al otro.

Y si la hay, es difícil percibirla. La hierba colombiana, o de donde sea, ayuda fervorosamente en esa tarea. Y también promueve una nebulosa solvente que desvía con éxito la evidencia de la verdad y enrarece una noción capital en toda la obra de Pynchon: la conspiración, sobre todo las generadas por el gobierno. Las hay, varias y superpuestas, pero la mente psicodélica de Sportello, quien debería ser capaz de identificarlas, es impropia para esa tarea. Un poco le cansa andar descifrando esos signos que exigen una lucidez a la que no le encuentra la gracia.

Lo cual constituye la gran sorpresa de Vicio propio como parte del corpus de Pynchon. Es una eximia y desopilante parodia del policial clásico, y a la vez parece ser una parodia del propio Pynchon. Como si hubiera decidido descansar un poco de él mismo, abandonando el género popular que más aprovechara, el espionaje, tirando del policial para hacer el canto de cisne de un tiempo y una geografía donde se detectan las huestes de la felicidad. O sus cenizas cálidas.

Con todo, la novela no es un cometa que orbita solitario en la obra del autor. Está emparentada, en más de un punto, con Vineland , estelarizada por un grupo de hippies y surfers despistados de los sesenta que se refugian en los bosques de California. Entre ellos, varios habitantes de Gordita Beach. De algún modo, Vicio propio es la prehistoria de Vineland , y en ambas novelas gobiernan presidentes republicanos; Nixon y Reagan, dos de los peores. En Vineland la figura de Reagan tutela la trama; en Vicio propio Nixon es un mal obvio, aunque difuso. Los personajes están al margen de la política y no llegan a captar claramente sus figuras amenazantes. Son usuarios del placer menguante, si bien intuyen el inexorable avance del gobierno federal, ese tópico americano que desquicia por igual (y por distintas razones) a los anarquistas y a la derecha extrema. Esa es la ola que viene, el imperio de la represión bajo la máscara de la ley, que será un hecho furioso en Vineland .

Sportello, como casi todos los detectives de ficción, añora los años idos. Las películas de John Garfield, su modelo, los días de Philip Marlowe y Sam Spade. Está seguro de que Sherlock Holmes era un investigador real que vivía en Baker Street y no un personaje. Esa candidez, hecha de distracción, ansia de libertad y romanticismo inconsciente, baña toda la novela, por lejos la más divertida y optimista que Pynchon haya escrito. ¿También la mejor? No, aunque tampoco importa tanto. Unos escalones más arriba están La subasta del lote 49 , V , El arco iris de gravedad . Seguramente para siempre. Con ese trabajo hecho, un trabajo que lo sitúa a gran distancia de la mayoría de los escritores vivos, Pynchon puede explorar otros estilos narrativos, cumplir sus vicios. Su destreza verbal sigue intacta, lo mismo que su imaginación para incendiar cada escena. Sportello, de a ratos, recuerda a Lebowsky, el personaje de los Hermanos Cohen, y el ritmo vertiginoso de muchas páginas a varias novelas de Chester Himes. Es un Pynchon más ligero, cierto, y acaso más feliz.

Vicio propio parece ser un homenaje, a su memoria y su juventud. Se lee con la dicha y la ternura que generan los homenajes inteligentes, los que no tienen rastros de nostalgia.

Pynchon básico

Nueva York, 1937

Siempre se especuló que Salinger era Thomas Pynchon. Así pasó también con William Gaddis, hasta que éste tuvo que negarlo públicamente. Lo cierto es que no se sabe mucho de Pynchon, sólo que estudió ingeniería y literatura en la Universidad de Cornell, donde, al parecer, fue alumno de Nabokov. Lo demás es parte de su leyenda: que redactó folletos técnicos para la compañía Boeing y que envió a un cómico a recibir el National Book Award. Que no sea un personaje público lleva a que sus críticos sólo puedan hablar de su obra: "Vineland", "La subasta del lote 49", "El arco iris de gravedad", "V", "Mason & Dixon", "Contraluz", el libro de relatos, "Un lento aprendizaje" y su última novela "Vicio propio".

Vicio propio
Thomas Pynchon
Tusquets
424 páginas
$ 84

4.11.11

Charlie Parker, más allá del mal

"Parker se siente atraído por el mal. Hay algo de mal en él" dice Connolly

Portada Más allá del espejo. Tusquets

John Connolly, creador del detective y expolicía Charlie Parker. foto:Iván Giménez. fuente:papelesperdidos

"Una y otra vez escribo sobre niños que se enfrentan a los problemas del mundo adulto, de adultos que se ven obligados a proteger a los niños del carácter depredador de los mayores, o adultos que se enfrentan a entidades empeñadas en hacerles daño". John Connolly describe así su trabajo en Nocturnes, libro de relatos al que pertenece la novela breve Más allá del espejo (de la que ofrecemos aquí un adelanto además, algunos de los relatos de terror incluidos en la edición en inglés), y de paso condensa en pocas palabras la esencia, obsesiones, fascinaciones y líneas maestras de una literatura que mezcla el terror y lo sobrenatural con lo policíaco, sin olvidarse de un particularísimo sentido del humor.

Autor de una extensa serie de novelas protagonizadas por el detective y ex policía Charlie Parker, cuya décima entrega se estrena en breve en el mercado anglosajón y que en España está editada íntegramente por Tusquets, Connolly se siente cómodo en los límites entre lo real y lo fantástico, entre personajes, el propio Parker o sus amigos Angel y Louis, ladrón retirado el primero, asesino a sueldo o no el segundo, con una moral muy lejos de ser convencional.

En Más allá del espejo, el escritor irlandés da algunas de las claves para comprender el universo creado alrededor de Parker, de cuyas novelas Tusquets ha vendido 180.000 copias. Situada cronológicamente entre El Camino Blanco y El ángel negro, cuarta y quinta obras de la serie, en ella se explica qué pasa con su amada Rachel durante el embarazo del que nacerá su hija Sam pero, sobre todo, se presenta a El Coleccionista, personaje genial e inquietante, tipo extraño de vengador pordiosero, desagradable y peligroso que comparte en su cruzada algunos de sus métodos con el propio Parker.

"El aspecto del Coleccionista, ese pelo grasiento combinado con la ropa sucia, era un elemento de distracción, un ardid para engañar a los incautos. Sus movimientos eran lentos y precisos porque él así lo deseaba", presenta Connolly al sujeto andrajoso y peligroso, al que los fans del detective recuerdan por su papel inquietante, desagradable y fundamental en Los atormentados y en otras novelas más adelante.

Crímenes horribles cometidos en el pasado contra varios niños por un tal John Grady en una casa horrenda y llena de espejos y la fotografía de una niña que podría estar en peligro completan un panorama del que no sería elegante adelantar más pero en el que, por supuesto, Parker se ve inmerso de lleno. En esta pequeña novela Charlie Parker trata de reconstruir su vida, devastada tras el brutal asesinato de su mujer y su hija relatado en Todo lo que muere, primera novela de la serie, y que convierte al detective en un hombre distinto, marcado para siempre por ese terrible suceso, empático con el sufrimiento ajeno y con una misión en mente: acabar con el mal aunque sea a costa de caer en él. Ese carácter forjado en la caza del asesino de su familia le aleja de la vida tranquila que en ciertos momentos se vislumbra en Más allá del espejo y que se diluye en cada encuentro con Rachel. "Parker se siente atraído por el mal. Hay algo de mal en él", ha asegurado Connolly en varias ocasiones para explicar las derivas de su personaje. A su manera.

A pesar de que a veces pasa de puntillas por el caso, el aficionado echará en falta otras cien páginas más, para centrarse en elementos de la vida de Parker y en personajes esenciales para entender toda la serie en su conjunto, el regreso del mejor Connolly, de esa prosa vivaz y con imágenes tan poderosas, es siempre una excelente noticia.

3.11.11

Salvo Negro & Grazia Montalbano

Andrea Camilleri y Carlo Lucarelli intercambiaron sus relatos por carta
Portada Por la boca muere el pez. Papel de liar.

Carlo Lucarelli a Lucca Comics & Games 2008

Andrea Camilleri, en una imagen de archivo.fotos.fuente:elmundo.es

Una partida de ajedrez que concluye en tablas. Duelo de ingenios sin ganador final. Un divertimento brillante escrito a dos manos. Andrea Camilleri y Carlo Lucarelli, dos de los grandes de la novela negra italiana, se citaron en 2005 en un estudio de televisión para participar en un documental y de aquella cita nació 'Por la boca muere el pez', un relato protagonizado por Salvo Montalbano y Grazia Negro, que vio la luz en 2010 y acaba de llegar a las librerías españolas de la mano de Ediciones Papel de liar.

Pero ¿cómo conseguir que estos dos grandes detectives trabajaran juntos en un mismo caso sin tener que sentarse sus padres putativos ante la misma máquina de escribir?

Camilleri se sacó un libro de la manga. 'Murder Off Miami' ('A Murder Mistery') de Dennis Wheatly, una obra de 1936 que narra la resolución de un caso mediante cartas, fotos diversas, informes forenses, documentos policiales... No tendría nada de extraño el método literario elegido sino fuera porque aquí los escribanos serían dos y ninguno sabría de antemano lo que iba a escribir el otro hasta que lo recibiera por correo. Y así capítulo a capítulo, sin saber uno lo que va a escribir en el siguiente que le toque hasta que no le llegue lo que ha escrito su rival y ponerse otra vez delante del folio en blanco para continuar el juego.

Talento y sentido del humor a raudales

Duelo de dagas florentinas. Lucarelli/Negro atacó primero; Camilleri/Montalbano replicó como un caballero. Y así hasta el final. Talento y sentido del humor a raudales. Y este es el caso que los une: encuentran un hombre muerto en Bolonia con un solo zapato, que además no es de su número, y una bolsa de plástico embutida en su cabeza mientras tres peces rojos, de nombre Betta Splendens, yacen a su vera; el caso recae en la inspectora Negro que pide ayuda a su colega Montalbano cuando le dicen que el muerto es siciliano y se da cuenta de que le están empezando a tocar los ovarios por la investigación; las primeras averiguaciones llevan a Salvo a ver la mano de los servicios secretos italianos detrás de todo, lo que justifica que a Grazia le hayan prohibido continuar con el caso y que él le eche todas las manos posibles sin que lo sepan ni sus jefes ni sus subordinados.

A partir de entonces, intercambio de correspondencia, también de canolis de requesón rellenos de misteriosas notas, tortelinis hechos a mano siguiendo la más añeja tradición boloñesa y casatinas que no desmerecen nada de los canolis. Toca sumar: más asesinados y algún que otro suicidado se vienen a unir al ya mencionado; algunos ataques de celos, cabreos monumentales de las respectivas jefaturas, muchos interrogantes, algunas respuestas, una exterminadora de lunar inquietante y sobrenombre esclarecedor y hasta un intento de eliminación de la inspectora boloñesa.

Y, por supuesto, peces, muchos más peces hasta el desenlace final, en terreno neutral 'of course', donde por fin se reúnen Grazia y Salvo para llegar y darse cuenta de que no solo los peces mueren por la boca. Todo esto sin olvidarnos de los universos de Montalbano y Negro donde Livia, Ingrid, Fazio, Mimí y Catarella, por una parte; y Simone, Balbo y la hermana, cuñado y sobrina de esta, por la otra, realizan fugaces apariciones que se convierten en estelares, especialmente en el viaje sin retorno del ínclito Catarella, que al final es rescatado con el auxilio de la policía ferroviaria.

Antológico desenlace el que le espera al sorprendido lector, suma de la audacia de sus mentores, del sableado fino de sus descendientes literarios y del gusto por el humor vitriólico y ácido de Montalbano para hacer, al final, lo que él cree que hay que hacerse pero sin que parezca que se ha hecho.

La trama viajó a lomos de correos porque en estas páginas la vida y la historia se tutean. Carta a carta creció la novelita. Así durante los cinco años que fue lo que tardaron Camilleri y Lucarelli en acabar el juego sin haber podido acabar con el contrario. Cinco años intentado poner de rodillas al remitente sin conseguirlo. Puso el primer sello Lucarelli y acusó recibo Camilleri... y así fue creciendo, retándose mutuamente, entre el desconocimiento del contrario y la inteligencia de los dos, esta historia con final acorde a la estocada mortal de tamaños espadachines.

1.11.11

La 'sicaresca' colombiana

El narcotráfico ha sido tema de novelas, reportajes y efímeros testimonios periodísticos. Muchos reportajes y biografías de terribles capos del narcotráfico alcanzaron grandes cifras de venta, pero apenas se inscriben en el más morboso entretenimiento de los colombianos: la violentología
El más tenebroso y eficaz símbolo mortal del sicario: el cañón de su revólver. foto:archivo.fuente:eltiempo.com

Cuando se empezaron a escribir y publicar novelas "sobre" el narcotráfico, alguien acuñó un término ingenioso de intenciones despectivas: sicaresca. Habían aparecido dos novelas pioneras: La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo (1993), y Rosario Tijeras (1999), de Jorge Franco.

Pero el éxito no es algo que satisfaga a los críticos literarios. Les satisface más el señalamiento del fracaso. Sin embargo, ambos libros alcanzaron el éxito y la perdurable dignidad de novelas que construyeron personajes emblemáticos de una realidad que todavía hoy excita la imaginación de muchos escritores.

La última de esas novelas, sin la carga sicarial de las mencionadas, es El ruido de las cosas al caer (2011), de Juan Gabriel Vásquez. Entre la novela de Vallejo y esta ha pasado el tiempo suficiente para suponer que el tema podría haberse agotado. Pero no es así. El narcotráfico y sus efectos sociales han sido tanto o más traumáticos que la violencia bipartidista de los años 40 y 50. La crueldad que se dejó de practicar en el sectarismo político se perfeccionó en los nuevos negocios del crimen.

Como la violencia bipartidista, el narcotráfico ha sido tema de novelas, reportajes y efímeros testimonios periodísticos. Muchos reportajes y biografías de terribles capos del narcotráfico alcanzaron grandes cifras de venta, pero apenas se inscriben en el más morboso entretenimiento de los colombianos: la violentología.

En los últimos años, el mercado televisivo se animó con obras como Sin tetas no hay paraíso, de Gustavo Bolívar, y El cartel de los sapos, de Andrés López, libros concebidos para ser éxitos de la televisión. Sería un error creer que, a pesar de haber tenido decenas de miles de lectores, un número insignificante comparado con el de sus espectadores, las obras de Bolívar y López hacen parte de la literatura.

Ciertos críticos sospechan que el narcotráfico es un evento pasajero, un sucio episodio criminal que sólo cabe en el periodismo. Yo creo, por el contrario, que un fenómeno de degradación social con casi medio siglo de existencia tiene la importancia que tuvo el gansterismo en la literatura de Estados Unidos, de donde han salido grandes obras literarias y filmes.

No hay temas prestigiosos ni temas deleznables. Menos aún cuando expresan nuevamente la búsqueda inescrupulosa de poder y riqueza. La destrucción de los principios morales de una sociedad no es menos escandalosa que la pérdida de legitimidad del Estado, pervertido por el dinero y el chantaje de las armas.

¿Cómo se sitúa la literatura en este conflicto? Este fue uno de los temas debatidos en el Hay Festival de Xalapa, capital del Estado de Veracruz. México lleva unos pocos años mirando hacia Colombia. No sé si con razón se habla de "colombianización" de ese hermoso e inquietante país, tan cercano al alma popular colombiana.

El crimen y la política, como acá, tienen allá su siniestra "cita de negocios" a los ojos de todo el mundo, pero de un "todo el mundo" que se hace el ciego, el sordo y el mudo. Política y delito no son una excepción sino la regla oculta que ayuda a medir el alcance ilegal de la economía de mercado.

Lo que no ha tenido validez literaria es la expresión brutal y exterior de esa violencia, el regodeo en la crueldad y la truculenta explosión de las acciones criminales, los ríos de sangre y la pavimentación de las calles con cadáveres. La literatura tiene el desafío de explorar la condición humana en la altanería destructiva de los criminales y en la trágica indefensión de las victimas. En esto, Colombia y México empezamos a parecernos.

Vuelve "Agosto" de Rubem Fonseca

Agosto, que se publicó originalmente en 1990, es una obra pionera, curiosa mezcla de novela negra y novela histórica


Portada Agosto de Rubem Fonseca, en edición española de RBA.foto:editorial RBA.fuente:20minutos.es
Rubem Fonseca, autor brasileño, problematiza en su obra todo el espectro del lado oscuro del ser humano. foto:archivo.

Vi ayer en La Casa del Libro que RBA acaba de publicar Agosto, una de las grandes novelas de Rubem Fonseca. Era casi inencontrable en castellano, como tantas otras obras del escritor brasileño. A Fonseca se le ha publicado poco y mal en España, y así una gran masa de lectores se han perdido hasta ahora a uno de los grandes escritores contemporáneos. Hace muchísimos años, en los ochenta, yo me encontré su El caso Morel en una librería de viejo. Lo compré probablemente seducido por el arranque del libro, no conocía de nada al autor. Me lo leí de un tirón esa misma noche, embebido en la lectura, y desde entonces soy fonsequista acérrimo. Aquí os he hablado muchas otras veces de este autor.
Agosto, que se publicó originalmente en 1990, es una obra pionera, curiosa mezcla de novela negra y novela histórica. La trama transcurre en los últimos días de vida y de presidencia de Getulio Vargas, en agosto de 1954, cuando Brasil vivió uno de los periodos más convulsos de su historia. Es espléndida. Os la recomiendo con fervor.

Márkaris: "Es imposible no estar furioso con Europa"

"Estoy indignado y furioso contra el sistema político griego y lleno de rabia. Es imposible no estar enfurecido con Europa", afirma el escritor griego
Petros Márkaris, en el barcelonés barrio del Raval. foto: Marcel Lí Sáenz.fuente:elpais.com

Petros Márkaris (aunque nacido en Estambul en 1937). Queda patente en Con el agua al cuello (Tusquets), quizá su novela negra más política. A sus páginas, llenas de su inconfundible estilo de maestro de la novela negra europea, ha trasladado la rabia que embarga a sus compatriotas ante las noticias económicas. Y lo ha hecho sin perder un ápice de su característico humor.

En esta nueva entrega, la crisis se ceba en el comisario Kostas Jaritos, su inolvidable personaje. Le han rebajado el sueldo, como a todos sus colegas funcionarios, y además debe pagar los plazos del Seat Ibiza con el que ha sustituido su viejo Mirafiori. Adrianí, su esposa, que hace milagros con la cesta de la compra, dice en la ficción: "Nos hundimos sin remedio". "Es así", explica el escritor en la realidad. "Los griegos han perdido el control de su sistema político, están secuestrados por un sistema al que no se pueden enfrentar y no pueden cambiar. Están en estado de choque y en la más absoluta desesperación. El camino que tienen que recorrer es larguísimo, un camino pavimentado con 30 años de terribles mentiras. Y lo que más me indigna es que aún ahora nos dicen mentiras o medias verdades".

El punto de partida es inconfundiblemente Márkaris; Jaritos se enfrenta a un caso muy complicado. Primero decapitan con una espada a un banquero jubilado; luego a otro aún en activo y que es especialista en hedge funds; después, a un alto cargo de una agencia internacional de calificación, y por último a un empresario que persigue y acosa a morosos. "Hice una investigación antes de seleccionar a estos personajes. Todos representan este sistema financiero enfermo. Los cuatro son habitantes últimamente de las pesadillas de los griegos".

Para mayor preocupación de Jaritos, Atenas aparece empapelada con carteles en los que se recomienda no pagar lo que se debe a los bancos. No será la única preocupante acción del guerrillero antibancos, que vuelve a atacar, esta vez con una inundación de pegatinas con mensajes subversivos: "Los bancos han recibido 25.000 millones más. Ese dinero sale de vuestros impuestos. ¡No volváis a pagar de vuestros bolsillos!".

El característico y endiablado tráfico de Atenas se torna aún más infernal a causa de las manifestaciones, marchas y protestas. Todo sucede en el sofocante verano de 2010. Jaritos y su familia siguen la final del Mundial de fútbol y están apasionadamente a favor de España. "Ha nacido una especie de solidaridad entre los países del sur de Europa, entre los que más problemas tenemos", explica el escritor en Barcelona. "Turistas españoles viajan a Grecia y la gente les para en la calle para hablar de lo que está pasando. Por eso mi comisario compra un coche español. Los sufridores del sur deben unirse frente a los malvados centroeuropeos".

La mitad de la población griega vive (o vivía) de créditos, dice Márkaris en su novela. Créditos hipotecarios, para el consumo o para las vacaciones. "Es un sistema que funciona a base de dinero virtual, éramos ricos porque teníamos dinero virtual, pero ese dinero nunca existió y así hemos llegado a los servicios sociales colapsados y al borde de la bancarrota. Un día nos fuimos a dormir con un sueño y nos despertamos en una pesadilla". En Con el agua al cuello, Márkaris transmite el sufrimiento y el desconcierto de los griegos. Adrianí sufre una depresión porque presencia el suicidio de su vecino de enfrente. "El índice de suicidios en Grecia se ha incrementado un 25%, una cifra exorbitante para un país que apenas tenía suicidios".

Petros Márkaris recibirá el VII Premio Pepe Carvalho, durante la semana BCNegra, en Barcelona. "Estoy orgulloso y muy emocionado. No conocí a Manuel Vázquez Montalbán, pero he aprendido mucho de sus novelas. He aprendido, por ejemplo, a introducir la política en una novela negra". Con el agua al cuello es buena prueba de que Márkaris es un alumno aventajado.

Tratando la trata

Autora española de novelas muy exitosas, Ángela Vallvey aborda en su nuevo libro el candente tema de la esclavitud sexual
Ángela Vallvey, autora de El hombre de corazón negro. fotos.fuente:pagina12.com.ar

Esta última novela de Ángela Vallvey, la multipremiada escritora española, nos sumerge de entrada en un tema que hasta hace no tantos años producía asombro y espanto y que hoy, precisamente por la frecuencia con que vienen apareciendo narraciones de algún modo emparentadas con ésta, ya, al menos, no nos dejan paralizados de horror y en algunos casos hasta nos comprometen con alguna forma de acción. Hoy, la trata de personas es un problema del cual la gente en cualquier lugar del mundo occidental ha tomado conciencia, si bien es posible que no sea sólo porque va desapareciendo el asombro porque las personas –y los medios– discuten y analizan el asunto, quizá se deba también a que la envergadura de la cuestión, lejos de estar en vías de ser controlada por las organizaciones que defienden los derechos humanos, aumenta día a día.

El relato de Vallvey es entretenido, ligero, lleno de suspenso y de personajes que pueblan tanto las mafias de diversas latitudes –aunque ella se ocupe principalmente de la rusa y la española, cada una con sus características propias, por ejemplo en cuanto al uso de la violencia, más común en centros de trata como Estambul o el Emirato de Dubai– como a las fuerzas del orden y la ley que buscan desmantelarlas. En el centro de esta lucha por el dominio de la situación están naturalmente las víctimas, cuyo infortunio Vallvey describe en la generalidad de los casos con gran detalle y verismo, por momentos con descripciones casi insoportables de su sufrimiento y humillación.

El hombre del corazón negro. Ángela Vallvey. Destino 544 páginas

Como es sabido, actualmente hay dos destinos habituales para la trata de personas: la prostitución y el trabajo esclavo. En el caso del libro de Vallvey, las mujeres engañadas, sometidas y varias veces vendidas y cambiadas de mano hasta ser deportadas a su país de origen cuando la mala alimentación, el maltrato y el abuso las vuelve inútiles, las enferma o las mata, tienen como destino el encierro en burdeles y la explotación sexual de sus cuerpos. La autora baraja cifras, no se limita a entretener con un relato de suspenso más o menos horripilante: informa, denuncia, devela. Aun así, estamos ante una novela en la que caben temas secundarios como la discriminación racial, la diferencia de clases y hasta el romance.

En cuanto a la trama concreta, los personajes principales son varios y convergen o se apartan, se acercan, se miran a los ojos y se alejan como en una danza cortesana de salón. Por ejemplo una hermosa e ingenua niña de quince años proveniente de Moldavia, Polina, cuya cotización se ve incrementada enormemente por el hecho de ser virgen y que parece simbolizar a todas las demás jóvenes mujeres captadas por las mafias, aunque no por eso Vallvey nos ahorrará la descripción de los destinos de unas cuantas. Un par de amigas españolas entradas en años y en carnes que viven apaciblemente en Guadalajara en sus respectivas casas, demasiado cerca para su gusto de un grupo de rusos que exhiben actitudes sospechosas, y que se convertirán –una de ellas especialmente– en protagonista involuntaria del relato. Marcos, el hijo juez y solterón de la otra, que acaba de ser designado para investigar la presencia alarmante y cada día más evidente de las mafias del Este en el mundo de las empresas españolas. Sigrid Azadoras, una mujer policía frustrada, culposa y encantadora. Misha, el mafioso ruso que está en el eje del relato desde sus orgullosos comienzos de ladrón y asesino a sueldo; sus siniestros guardaespaldas, la mujer que usa sus intuiciones para protegerlo, así como los otros jefes mafiosos con los que Misha realiza transacciones, multimillonarios poderosos que pasean su impunidad por los centros mundiales de la corrupción, todos ellos siempre sujetos a la posible traición o venganza del otro.

El estilo de Vallvey no es de lo mejor que tiene su libro. Por momentos da la impresión de ser una traducción poco feliz, a pesar de lo cual la historia es atrapante y el tema, la denuncia y la información trasmitida por la autora a lo largo del relato, la vuelven una lectura algo más que interesante.

La próxima edición de la Semana Negra de Gijón está en peligro

El festival, uno de los mayores encuentros de literatura policial y negra del mundo hispanohablante. Podría no realizarse en 2012
Una fiesta literaria. Más de un millón de visitantes pasaron por la última edición de la Semana Negra. foto.fuente: Revista Ñ

De entrada, parece más una novela de Agatha Christie que una de Chandler: un rencor memorioso, un odio de clase que espera décadas para asestar su golpe mortal. Sólo que el asesino no es el mayordomo, sino los que tienen mayordomo. Desde que, hace un cuarto de siglo, comenzó a gestarse el festival literario de género más importante del mundo, la derecha de la ciudad asturiana de Gijón se conjuró para dar muerte a la Semana Negra.

Por Gijón desfilan desde los monstruos sagrados del género (como Dennis Lehane, autor de Mystic River ), hasta debutantes en Europa como el argentino Kike Ferrari, que presentó su primera novela editada en España, Que de lejos parecen moscas. Unos y otros se alojan en los mismos hoteles, comen en los mismos restaurantes concertados, y ningún invitado cobra caché. En esa horizontalidad está el secreto del éxito de la Semana Negra.

En el recinto se alternan casetas de librerías, con otras de ropa étnica o carritos al paso en los que saborear desde unos churros de antología hasta los célebres chorizos a la sidra, especialidad de la cocina asturiana. Todo presidido por una de las norias (vuelta al mundo) más grandes de Europa. Esta mezcla de kermesse y festival literario atrae a visitantes que no pisarían un encuentro cultural encorbatado.

Hace unos meses, la Feria del Libro de Madrid cerró balance con un descenso del 25 % con respecto a 2010. En la última Semana Negra, en julio, se vendieron 43. 000 libros, un 14 % más que en la anterior.

El reciente vuelco electoral en España se sintió especialmente en Asturias. El Foro Asturias, la nueva autoridad, una coalición a la derecha del Partido Popular, está decidida a destripar el festival con navajas presupuestarias, pese a que, por cada euro que aporta el municipio, recupera trece.

A estas alturas, mas de un lector se preguntará qué importancia tiene esto para la literatura argentina. Mucha más de lo que parece: cada año, autores argentinos presentan sus libros en Gijón, accediendo así al mercado español y europeo. Y tampoco se nos dan mal los premios de la Semana Negra.

Solo en los últimos seis años, el Dashiell Hammett a la mejor novela policial correspondió en cuatro ocasiones a escritores argentinos (Guillermo Orsi, Leonardo Oyola, Raúl Argemí y Ricardo Piglia), mientras otros cuatro se alzaron, en el mismo período, con el Silverio Cañada a la mejor primera novela policial (entre ellos Ernesto Mallo, y yo mismo).

Miguel Molfino, que este año fue finalista de uno de los galardones, cree que "esto es una fiesta popular y democrática de la literatura; y un modelo a imitar en otros países. En Argentina, el Festival Azabache de Mar Del Plata, va por ese camino y lo celebro".

Un argentino veterano del festival, Raúl Argemí, se muestra convencido de que "nos da la oportunidad mostrar lo que hacemos y llegar a otras lenguas sin dejar de ser nosotros mismos". Por mi parte, ya me declaré, como escritor, "nacido en la Semana Negra, y a mucha honra". Allí conocí a mi primera editora francesa, a mi traductora al alemán, y a una cantidad incontable de colegas. Ernesto Mallo lo dice claro: "La semana Negra ahora está en problemas, hay unos políticos que quieren borrar de un plumazo 25 años de historia, pero no lo van a conseguir".