18.12.12

La lucidez política de 'Un asunto tenebroso', de Balzac

Por encima de su trama llena de venganza y resentimientos de clase y maquinaciones políticas, la novela, según Puyol, no es en el fondo otra cosa que el adiós de la vieja nobleza en el umbral de la nueva sociedad “práctica y prosaica” que viene a reemplazarla

Portada Un asunto tenebroso de Honore Balzac./elpais.com
Decía Somerset Maugham que Balzac, como todos los grandes novelistas, era mucho mejor imaginando gente mala que gente buena. Balzac fue un gran conocedor de la gente, de la mala y de la buena, aunque tal vez convendría clasificar un poco ese conocimiento. El mismo novelista inglés incluía a médicos, tenderos, empleados y periodistas, entre otros, en esa franja que con tanta exactitud conocía el gran autor francés. En cambio, consideraba que era menos preciso en el dibujo de los obreros urbanos y trabajadores agrícolas. Eso lo afirmaba Somerset Maugham a  propósito de Papá Goriot. Esta pequeña introducción viene a cuento del libro al que creo no deberíamos escamotearle ninguna nueva oportunidad. Me refiero a Un asunto tenebroso, una de las primeras novelas policíacas de la historia del género, si no la primera, con permiso de Caleb William (1794), de William Godwin (el padre de Mary Shelley).
No es mi intención ahora hacer una digresión sobre la importancia de la novela policíaca, la de intriga y la negra. Pero sí lo es resucitar un libro que representa como cualquier otro de la extensa  obra de Honoré de Balzac, la magnitud literaria y la capacidad de profundización y desciframiento de la sociedad de su tiempo. Un asunto tenebroso se comenzó a publicar por entregas entre el 14 de enero y el 20 de febrero de 1841. Se publica en libro en 1843, el mismo año, por cierto, que Edgar Allan Poe publica Los crímenes de la calle Morgue. En esta novela habría que comentar dos cuestiones. Una en torno a su argumento y la otra referente al lugar temático que ocupa en la Comedia Humana. Para escribir esta novela, el autor se basó en un hecho real. Un asunto, realmente, tenebroso. Todo sucedió alrededor de 1800. Estamos en el año IX de la República napoleónica. Un abogado jacobino, comprometido no demasiado decididamente en la causa robespierrana durante el año del Terror, es secuestrado. Al poco tiempo, misteriosamente el abogado es liberado y tres de sus secuestradores son detenidos. Es el momento en que entra en escena Joseph Fouché, ministro entonces la policía (una especie de Ministerio del Interior) por nombramiento de Napoleón Bonaparte. Es evidente que Fouché, uno de los personajes más tenebrosos de la época, llenaría el sólo una novela, como lo hizo en varias biografía, entre ellas una relevante de Stefan Zweig. Tampoco vamos aquí hablar de Fouché, pero no viene mal recordar que este oscuro personaje era capaz de tejer complots y luego él mismo destaparlos con el siniestro propósito de desprestigiar a algún contrincante político o para sobrevivir él mismo. Por los mismos días del secuestro, Napoleón es objeto de un atentado. Fouché moviliza a sus policías y detienen a tres individuos (los mismos tres que habían participado en el secuestro del abogado) y, acusándolos del atentado, los hace fusilar. Este es, sucintamente, el verdadero asunto tenebroso. Sobre él, se esgrimieron varias teorías, entre las cuales figuraba la del propio Balzac.  Y así es como el escritor concibe Un asunto tenebroso.
 En esta novela de espionaje, de trama policíaca, destaca la visión política de Balzac, su lucidez para interpretar un hecho histórico (sin ser por ello una novela histórica). En uno de los estudios más penetrantes de la obra de Balzac, el ya fallecido escritor y estudioso de la literatura francesa Carlos Puyol defiende la tonalidad elegíaca de esta novela. Por encima de su trama llena de venganza y resentimientos de clase y maquinaciones políticas, la novela, según Puyol, no es en el fondo otra cosa que el adiós de la vieja nobleza en el umbral de la nueva sociedad “práctica y prosaica” que viene a reemplazarla.
Un asunto tenebroso forma parte  de “Escenas de la vida política” de la Comedia Humana y, evidentemente, se merece una segunda oportunidad. La novela es un Balzac puro. No importan sus intromisiones en el relato. Ni sus desaforadas por momentos digresiones sobre cualquier asunto. Importa su inteligencia analítica para abordar unos hechos históricos y políticos casi contemporáneos al relato. Asuntos tenebrosos tenemos hoy a montones. Fouché no nos faltan. Y ya no digamos complots políticos. Lo que nos falta probablemente son más Balzac. Así que aprovechemos éste.

Georges Simenon, el gato y el papagayo

Mal destino el de escritor de novela negra con sensación de agravio. Cuanto más éxito tenga, más sufrirá

Georges Simenon sufrirá por ser más reconocido como el creador del Comisario Maigret./elcultural.es
El novelista que crea un detective o un investigador policial, y tiene éxito, y se siente satisfecho y orgulloso, y no desea el reconocimiento por otra clase de novelas -aunque las escriba-, al fin de sus días contemplará con paz su trayectoria. Pero el novelista que haya triunfado con un investigador de leyenda, pero se canse o abomine de él porque considere que su creación le encorseta en los márgenes de la novela popular, y quiera demostrar que es un escritor de mayor ambición y presuntas calidades, y escriba otra clase de libros para hacerlo evidente, sufrirá.

Sufrirá porque la crítica y el público ya habrán dictado sentencia, ya lo habrán clasificado en el campo de la literatura comercial y de género, y nada podrá hacer - aunque de hecho lo haga con buen resultado literario- para modificar ese diagnóstico que ese escritor, claro, considera injusto y empobrecedor para él.

Ese fue el caso de no pocos novelistas del siglo XX y, por supuesto, el caso del belga Georges Simenon (1903-1989), un escritor superdotado que nunca pudo desprenderse de la gloria y del baldón de haber concebido al comisario Jules Maigret, a quien, pese a querer prescindir de él en un trance de hartazgo y crisis de identidad, dedicó 72 novelas y 31 relatos.

Acantilado está reditando buena parte de su obra, lo que incluye la publicación de una novela como El gato, que no tiene a Maigret como protagonista y que vio la luz en 1966, siendo poco después (1971) adaptada al cine por Pierre Granier-Defferre con Jean Gabin y Simone Signoret.

Si cualquier otro escritor europeo, no identificado con el cultivo de los géneros populares, hubiera sacado a la luz una novela como El gato, estaría considerado como uno de los grandes novelistas de su tiempo.

Porque El gato trata, para empezar, de una cuestión crucial, el infierno de la pareja, el deterioro del amor, el horror del día a día en un matrimonio de viejos. No es un destino inexorable, desde luego. Hay ancianos que envejecen con ternura y mutuo apoyo, cogidos de la mano, inseparables e imprescindibles el uno para el otro. Ojalá.

Pero es el caso pesadillesco de los setentones y parisinos Émile y Marguerite, casados en segundas nupcias hace apenas unos años, pero ya corroídos por un diabólico juego de silencios, reproches, espionajes, aburrimiento y odio. El retrato de estos dos personajes es terrible, con su respectiva añoranza del pasado, y el paisaje de su drama, el hogar claustrofóbico, demarcado y repartido, está descrito, en una atmósfera de suspense y terror, de modo magistral, tanto por las palabras empleadas en las descripciones del decorado como, sobre todo, por el conocimiento de lo psicológico, de lo interno, de los movimientos del alma y de la mente del uno y de la otra, aunque, a tal respecto, y sin perder veracidad en la casuística, Simenon carga las tintas sobre la mujer - un tipo de mujer existente- y no va tan al fondo sobre un tipo de hombre igualmente existente, sacando la patita de su misoginia.

Un gato y un papagayo -no revelaré la intriga- son el objeto y la metáfora del enfrentamiento entre Émile y Marguerite, ya en fase de odiarse a muerte, dependientes en su odio recíproco que no en su amor consumido y nunca antes boyante, aunque la historia, en su desenlace y sentido finales, identifica el odio con el amor en espeluznante y pesimista análisis.

El primer capítulo es una obra de arte. En él residen ya tanto el argumento como las ideas esenciales. Pero falta, naturalmente, asistir al desarrollo de la trama, a la evolución de la intriga que se plantea, al flujo inesperado o no de acontecimientos que constituye una novela.

En ese primer capítulo, cartas boca arriba y la partida sin jugar, escribe Simenon: “Tanto el uno como el otro tenían tiempo, todo el tiempo que les separaba del momento en que uno de los dos moriría. ¿Cómo saber quién sería el primero en irse al otro mundo? Seguro que también Marguerite pensaba en ello. Lo pensaban desde hacía varios años y varias veces al día. Se había convertido en su problema principal”.

La deseada muerte del otro. Cabe tomar iniciativas, y ahí reside la tensión del relato. Una historia como muchas, oculta en el anonimato y en una cotidianidad sórdida, sostenida en el tiempo sin noticias. O una de esas historias que acaba en las páginas negras de los periódicos. En esa disyuntiva, con episodios oscilantes, transcurre el desarrollo de la tensa y penetrante trama de esta magnífica y desoladora novela.

4.12.12

El escritor que huyó de la guerra

Nacido y criado en medio del fuego cruzado de varias guerras civiles, Horacio Castellanos Moya es uno de los escritores más poderosos en lengua española hoy. Periodista, amenazado de muerte por culpa de uno de sus primeros libros, exiliado más de una vez, escritor errante, habló sobre escritura, violencia, guerras y el proceso de paz  colombiano

El escritor Horacio Castellanos Moya, es autor de Baile con serpientes, una cruda novela negra./revistaarcadia.com
Las novelas de Horacio Castellanos Moya tienen un indescifrable ingrediente adictivo, un poder magnético. Sus diálogos secos y precisos, sus monólogos vociferantes, sus melancólicos y muchas veces desastrados personajes, la violencia que está siempre ahí, forman una de las obras literarias más apasionantes de la literatura en español. Tras vivir en ciudades tan disímiles como México, Tokio y Frankfurt, Castellanos Moya es hace ya varios años profesor visitante en la Universidad de Pittsburgh.
Como periodista, usted cubrió la guerra civil en su país. Y volvió a El Salvador a fundar una revista tras uno de sus exilios. ¿Se ha mantenido intacta su fe en la función del periodismo en los procesos democráticos?
Tengo más de ocho años de no ejercer el periodismo y cada vez leo menos periódicos y con menos entusiasmo. No tengo televisión en casa. Lo que le diga, pues, será sesgado. Me parece que, en ciertas circunstancias, el periodismo puede tener una función muy positiva en los procesos democráticos, sobre todo en sociedades polarizadas, carentes de posiciones intermedias, que están emergiendo de intensos conflictos armados... Pero el problema es que, al final de cuentas, los medios responden a los intereses de sus dueños, y si los dueños responden a los intereses de las grandes corporaciones, y de los políticos pagados por estas, pues el medio se convierte en un instrumento para defender esos intereses. En los tiempos que corren, caracterizados por la gran concentración de capital en pocas manos a nivel planetario, el periodismo cumple un rol subsidiario, ha dejado de ser ese cuarto poder que se creía y a veces juega, lamentablemente, el papel de perro de presa. Por supuesto que siempre habrá excepciones y que también es cierto que gracias a Internet han surgido nuevas opciones.
En su obra reciente usted se ha referido mucho a su propia familia. ¿Nos podría hablar un poco de las filiaciones políticas de su familia? ¿De la memoria que guarda del conflicto en su infancia?
Esa es una historia larga y, como usted dice, me ha servido de materia prima para escribir varias novelas, en las que por supuesto las situaciones se distorsionan y se exageran. Yo soy, al igual que Augusto Monterroso, nieto de abogado y de coronel; en mi caso uno hondureño y otro salvadoreño, ambos muy conservadores: mi abuelo materno fue durante ocho años el fiscal general del dictador hondureño Tiburcio Carías y luego presidente del Partido Nacional; mi abuelo paterno fue gobernador de su provincia durante la dictadura del general Maximiliano Hernández Martínez –aunque hubo una rama de mi familia paterna que fue comunista, incluso mi primo hermano era secretario general del Partido cuando murió de una amibiasis en Moscú. ¿Mi memoria de los conflictos en mi infancia? Está desperdigada en varias de mis novelas: golpes de Estado, atentados y la guerra entre El Salvador y Honduras en 1969. Aunque a estas alturas, para serle sincero, ya no estoy seguro si ciertos hechos sucedieron o me los he inventado.
¿Por qué se exilió?
Por sentido común y porque no tengo vocación de héroe.
En un ensayo autobiográfico, usted se refiere a un poeta que resulta ser usted mismo. Al final se ve cómo la política se cuela inevitablemente en una vida cuya vocación es la literatura. ¿Es imposible escapar de la política para un verdadero escritor?
En mi caso era imposible: salí de la adolescencia mientras comenzaba una guerra civil, que es la política llevada hasta el delirio. No había forma de escapar; nadie escoge sus circunstancias históricas. Pero estoy seguro de que para la mayoría de escritores en otro espacio y otro tiempo sí es posible escapar de la política. Y qué bueno. La política puede ser una peste para el escritor.
Su marca de agua es una desencantada y sostenida diatriba literaria. Y en ella, una aparente desilusión tanto con la derecha como con la izquierda. Pero hay muchos escritores que participan activamente en política. García Márquez apoyó a Pastrana, Vargas Llosa a Piñera, Elena Poniatowska a López Obrador. ¿Qué opina de la cercanía de tantos escritores e intelectuales latinoamericanos al poder político?
Ningún acto de esa naturaleza es gratuito. Supongo que lo hacen movidos por un interés y que obtendrán réditos. Ya lo decía Jacques Chirac sobre la relación entre De Gaulle y Malraux: “En todas las civilizaciones, los cabecillas tienen bufones. Eso los relaja...”.
¿Ha pensado en volver a vivir al Salvador?
A veces regreso por cortos períodos para ver a mi familia y a mis amigos. Planes de volver, a instalarme, no tengo.
Su obra se ha comparado (por su propia voluntad, si se quiere) con la Thomas Bernhard. ¿Sería justo decir que el odio es un motor efectivo para usted a la hora de escribir? O si este sustantivo es equivocado, ¿cuál sería la palabra justa en su caso?
No sé si la palabra “odio” sea precisa en el caso de Bernhard. Ciertamente este forma parte de una tradición austriaca de escritores vociferantes: su principal antecesor era Karl Kraus, de quien heredó el recurso de la sátira, la insaciabilidad en el ataque y un tipo de “sustancia homicida”, tal como la llamaba Canetti. En mi caso, me siento más cerca de la definición de Cioran: dijo que escribía por rencor, para ajustar cuentas consigo mismo y con el mundo. Me identifico mucho con esta idea.
En su obra parece subyacer la idea de que la violencia es nuestros países es un mal endémico. No hay esperanza de que desaparezca. Solo se transforma. ¿Ha perdido usted la esperanza en la idea de un futuro sin violencia?
La violencia desaparecerá cuando desaparezca el ser humano. No hay ser humano sin violencia. Lo que se denomina el proceso civilizatorio busca controlar socialmente esa violencia, reencauzarla, pero no puede hacerla desaparecer del corazón del hombre. Y tampoco hay que hacerse ilusiones en cuanto a la irreversibilidad de los estadios avanzados de civilización: pueblos muy ilustrados han caído de la noche a la mañana en la barbarie. Los ejemplos sobran.
Mucha de la literatura que se publica hoy en América Latina parece haberle dado la espalda a la discusión sobre la violencia política. ¿Cree que hay un cansancio, una sensación de derrota ante las posibilidades de la literatura como herramienta para arrojar luz sobre el origen de los conflictos del continente?
Cada generación es fruto de sus circunstancias históricas, tenga conciencia de ellas o no. Yo pertenezco a la última generación de escritores latinoamericanos que creció bajo la idea de la utopía revolucionaria. Esa idea desapareció, en verdad la barrió del mapa la contrarrevolución de Ronald Reagan. A las nuevas generaciones no les interesa la política porque su modelo es el escritor estadounidense a quien, en vez de la política, lo que le preocupa es el mercado. El modelo que ahora impera es el éxito y la celebridad. Ya vendrán otros tiempos.
A diferencia de lo que sucedió en la Europa del siglo XX, en nuestros países la violencia es sufrida mayoritariamente por gente pobre, sin educación. Eso hace casi imposible la llamada literatura del testigo, como la de Améry o Levi. ¿Qué retos impone esta realidad en usted como escritor?
No estoy seguro de que su afirmación sea completamente cierta. Al menos en Uruguay hay escritores que padecieron cárceles y torturas y que ahora escriben sobre ello. Pero claro, los nazis dejaron vivos a Améry y Levi, mientras que los militares argentinos no se permitieron esa pifia con Rodolfo Walsh y Haroldo Conti. ¿En cuanto a los retos que esa realidad me impone? Yo rehúyo de cualquier cosa que se le quiera imponer a mi imaginación, a la libertad de crear, a la libertad de destruir esa realidad para escribir otra, probablemente más horrible y verdadera.
En algunas novelas, usted incorpora personajes históricos, dictadores con nombre propio. ¿Encuentra hoy más poderosa la literatura de no ficción?
Yo escribo de novelas de ficción y los personajes en mis obras son de ficción, no reales ni históricos. Las ocasiones en que he mencionado por nombre propio a alguna personalidad histórica lo he hecho con el mismo sentido con que menciono una marca de autos: son parte del paisaje, del espíritu de la época, ayudan a explicar pensamientos y acciones de mis protagonistas, pero nunca han sido mis protagonistas.
¿Ha seguido el incipiente proceso de paz colombiano en la prensa? ¿Basado en su experiencia, cree que tiene posibilidades de llegar a buen puerto?
Toda negociación depende de la correlación de fuerzas militares y políticas. Por lo que he leído en los periódicos me parece que en Colombia lo que se negocia es la capitulación de una guerrilla arrinconada y con pocas opciones. En tal situación, dependerá en buena medida de la audacia y de la generosidad del gobierno encontrar una forma digna para que esa guerrilla se desmovilice e incorpore a la vida civil. Colombia ganará mucho si deja atrás esa morbosa pasión, común a varias naciones latinoamericanas, de estarse matando a sí misma.
Se podría pensar que muchas guerras parecen no tener fin porque la gente no olvida sus muertos, y la sed de venganza no acaba. Es decir, que la memoria a veces puede ser peligrosa, o que el olvido no siempre es malo. ¿Puede convertirse la memoria en un arma de doble filo? Si la función de la literatura es la de fijar la memoria...
No me gusta hablar de “la función” de la literatura; lleva a muchos malos entendidos. La literatura da una visión de la época que no da la historia ni la política. La especificidad de la literatura es meterse en el ser humano, bucear en sus partes escondidas y en la forma en que percibe y actúa ante el mundo de afuera, ante los hechos. En tal sentido la literatura siempre será subjetiva. Puede contribuir a fijar una memoria de los hechos, pero desde la lateralidad, desde la paradoja y la incertidumbre.
¿Qué utilidad le ve usted a las comisiones de la verdad en estos países?
Depende de la situación política en la que surjan, de la negociación de la que hayan sido fruto. En todas ellas, sin embargo, hay una función fundamental: reivindicar a las víctimas, reconocerlas, darles existencia, de tal forma que los sobrevivientes puedan experimentar una forma civilizada del luto.
¿Cree usted que los conceptos de izquierda y derecha siguen vigentes? ¿Tiene todavía Marx algo que decirnos a los latinoamericanos?
La idea de izquierda y derecha viene de la Revolución francesa; Marx usaba los conceptos de proletariado y burguesía. Todos esos términos son viejos, no representan lo que antes representaban, del mismo modo que nacionales y liberales, bolcheviques y mencheviques y tantas otras denominaciones. Lo que no cambiará, sin embargo, es la tendencia del ser humano a entender el mundo a partir de opuestos. Y ese rasgo seguirá presente en la política, no importa qué conceptos se utilicen para denominar a las dos fuerzas opuestas y enfrentadas: tecnócratas versus populistas, anversos versus reversos, etcétera.
En Colombia, la mayoría de los escritores que leemos son jóvenes blancos, urbanos, de clase media o alta. ¿Cómo cree usted que ese hecho repercute en la literatura que estamos leyendo?
Le faltó decir jóvenes, blancos y “guapos” (o guapas, si son chicas). Es la época del marketing: de lo que se trata es de complacer el ojo del comprador, con una imagen atractiva, y así convencerlo de que luego lea el libro que endulzará sus oídos. ¿Qué editor quiere a un viejo prieto, trompudo y malencarado en la solapa de su libro? Aún quedan algunos, por suerte... Ahora bien, con respecto a su pregunta, un buen escritor siempre tratará de ir más allá, de arriesgarse en otras latitudes y profundidades, y buscará romper los factores condicionantes de edad, raza y extracción social que puedan constreñir su aventura creativa, su obra. Si los escritores colombianos a los que usted se refiere no logran ir más allá, entonces están en problemas. Yo he leído a algunos que sí lo logran.
García Márquez dijo que la literatura solo tiene dos temas: el amor y la muerte. ¿Esta de acuerdo?
¿Alguien escribe aún del amor?
Muchas grandes novelas (su propia obra) han tenido como idea central la imposibilidad de escapar al destino. ¿Es la literatura para usted entonces la antítesis de la política, cuya promesa es exactamente esa, la de que es posible cambiar el destino?
La idea del destino, al menos la que heredamos de los griegos, está en el origen de la tragedia, que consiste precisamente en no asumir ese destino y querer cambiarlo. La religión y la política nos venden, una en el más allá y la otra en el más acá, la promesa de cambiar el destino; ambas viven de ofrecer lo que podría ser, la felicidad que vendrá. La literatura, en cambio, refleja lo  que el hombre es, lo que se ve de él y lo que no se ve, su claridad y su oscuridad... Y sí, me parece que mis libros abrevan mucho en la tragedia y que, por lo mismo, enfrentan a los personajes con su destino.
¿Qué está escribiendo ahora?
Nada. Terminé recientemente una novela, titulada El sueño del retorno, que será publicada el próximo año. Veremos qué es lo que sigue.

28.11.12

Mendoza: "La narcoliteratura no es oportunista"

El autor de Nombre de perro defiende el compromiso social del género y arremete contra la guerra de Calderón

Elmer Mendoza, vuelve con el Zurdo Mendieta / Saúl Ruiz/ elpais.com
El Zurdo Mendieta ha vuelto. El detective tiene esta vez que resolver el caso de una mujer que busca venganza por la muerte de su amante y para ello deberá sumergirse en la guerra contra el narco, esa tragedia diaria de la realidad mexicana en los últimos seis años que como dice su creador, el escritor Élmer Mendoza (Culiacán, 1949), solo ha servido para “crear enconos inconcebibles y exacerbar la violencia de las bandas”. Mendoza presentó el domingo por la noche en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara su última novela, Nombre de perro (Tusquets), llamado a ser otro hito de la narcoliteratura, un género del que es padre por derecho propio.
Travieso, de hablar suave y actitud inocente, Mendoza rechaza que la narcoliteratura se esté convirtiendo en un género para oportunistas. Al contrario, para el autor de Balas de plata y La prueba del ácido, se trata de novelas que restituyen la verdad en toda su complejidad social. “Es una estética de la violencia que se está dando en el cine y la música pero también en la ópera, la danza, las artes plásticas y el teatro. Es todo un movimiento, no es oportunismo. Es como descubrir una veta de metales: habrá quien saque las mejores pepitas y quienes solo rasquen. Me gusta la palabra narcoliteratura porque los que estamos comprometidos con este registro estético de novela social tenemos las pelotas para escribir sobre ello porque crecimos allí y sabemos de qué hablamos”.
Acaba el sexenio del presidente Felipe Calderón con su reguero de más 60.000 muertos asociados al combate contra el crimen organizado. El próximo sábado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) volverá al poder de la mano de Enrique Peña Nieto. El novelista no perdona los llamados “daños colaterales” de la etapa que termina: “Comparto la indignación de los 50 millones de mexicanos sometidos a la angustia de ver al Ejército en sus calles. En mi ciudad jamás había estallado una bomba y más de 60 policías fueron asesinados. La guerra contra el narco creó terror y una atmósfera de desconfianza. Dicen que la van ganando, pero la guerra no afectó a las actividades principales de las bandas. Todos tenemos la esperanza de que se acabe esta guerra, por eso voté al PRI, porque queremos recorrer las calles sin ir mirándonos la espalda”.
Hombre del norte, de la frontera, Mendoza se explaya contra la guerra de Calderón. “Alteró mi mundo, se rompieron los códigos. En el norte estábamos acostumbrados a los traficantes. Los sicarios son siempre indeseables, siempre están fuera de sí. Los narcos quieren que se les note, que las chicas guapas se fijen en ellos, quieren convertirse en héroes. El sicario siempre mira de abajo arriba, no tiene esa opción”. Y también contra la lacerante desigualdad de México: “Tenemos casi 60 millones de pobres. La pobreza es la mayor derrota de un país. Nuestros jóvenes no tienen sueños. Cuando pregunto a mis alumnos donde quieren estar dentro de 50 años no lo saben, no tienen proyecto de vida”.
Élmer Mendoza iba para ingeniero y empezó a publicar tarde, a los 50 años, pero desde los 28 supo que sería escritor y empezó a estudiar Literatura en la UNAM. “Siempre fui un acomplejado para arriba”, dice riéndose de sí mismo. “Era feo, pero era el único de mis amigos que se atrevía a hablarle a la chica que nos gustaba y si me ponía a entrenar para atleta pensaba en ir a los Juegos Olímpicos. Si no fuera escritor, me hubiera gustado ser científico y ganar el premio Nobel”. Cuando empezó a escribir no pensaba dedicarse a la violencia. Su primer proyecto literario tenía que ver con la guerrilla, pero su ilusión era y es crear una novela de ciencia ficción. “He hecho siete intentos y he fracasado, pero la tengo que hacer”.
¿Tiene ya la trama? “Sería una novela de anticipación del futuro. Ocurre en Culiacán dentro de cien años. No hay comida ni agua y miles de autos se acumulan en el centro de la ciudad. Hay acaparadores de alimentos, controladores de la escasez y un proyecto científico para reducir la talla de la gente…, pero no me sale”, concluye entre bromas.
Edgar el zurdo Mendieta vuelve con una nueva historia, con su picaresca, su sarcasmo y su habla popular, pero sobre todo vuelve el estilo de Elmer Mendoza. “Un autor no depende de las tramas pero sí de un estilo, y cuando agarras uno no puedes dejarlo. Yo creo que lo conseguí”.

27.11.12

Casa de las Américas dedica su Semana de Autor a Padura


Casa de las Américas de La Habana dedica este año su Semana de Autor, que tendrá lugar de martes a viernes, a Leonardo Padura, el primer escritor cubano en recibir este reconocimiento

Leonardo Padura Fuentes tiene una obra literaria enmarcada en la exploración negra y criminal de la sociedad cubana./lainformacion.com
El ensayista, narrador, periodista, crítico y guionista de cine nacido en 1955 afirmó al portal "La Ventana", de "Casa de las Américas" que "es un honor y un privilegio" la invitación de la "Semana de Autor".
Aunque dijo sentirse "orgulloso" y además "sorprendido", consideró que "muchos otros autores cubanos, radicados dentro y fuera de la isla, merecerían esta atención".
Por primera vez desde el año 2000, cuando la institución cultural habanera creó este espacio, el invitado es un escritor cubano.
En las jornadas dedicadas a la narrativa de Padura se repasará hasta el próximo viernes detalles de su saga de novela "negra" que tienen como hilo conductor al personaje del policía Mario Conde.
Padura escribió su primera novela, "Fiebre de caballos", en 1983-1984, y con ella nació Conde, el protagonista de la tetralogía "Cuatro estaciones" integrada por "Pasado perfecto", "Vientos de cuaresma", "Máscaras" y "Paisaje de otoño".
Después el detective reapareció en "Adiós Hemingway", "La neblina del ayer" y "La cola de la serpiente" con gran éxito internacional. Estas obras fueron traducidas a varios idiomas y ganadoras de premios como el Café Gijón 1995 y los Hammett de 1997, 1998 y 2005.
Según ha declarado el escritor, Conde refleja las "vicisitudes materiales y espirituales" que ha tenido que vivir su generación: "no es que sea mi alter ego, pero sí ha sido la manera que yo he tenido de interpretar y reflejar la realidad cubana".
El programa de la "Semana de Autor" también se detendrá en analizar el papel del escritor como detective, y en la relación entre "La novela de mi vida" (2005) y "Espejo de paciencia" (1608), de Silvestre de Balboa, considerada la primera obra poética cubana.
Además hará un aparte para resaltar la labor periodística que ha pugnado con la escritura de libros en el ejercicio de Padura y se referirá a las complejidades de la historia que trató en "El hombre que amaba a los perros" (2009), su más reciente título.
Padura ha señalado que en ese libro publicado por Tusquets refleja una realidad "documentada y real" de León Trotski, que contextualiza su pensamiento y trata de dramatizar los años en que fue marginado y perseguido, hasta que fue asesinado en 1940 por Ramón Mercader, en México, por orden del presidente soviético José Stalin (1922-1952).
Esta obra le ha valido en 2011 los premios "Prix Initiales" (Francia), el de la Crítica del Instituto Cubano del Libro y el de la revista "Carbet del Caribe".
Su trabajo para el cine también estará presente en esta cita, donde se proyectará el resultado de la escritura del guión para el largometraje "Siete días en La Habana" (2011), codirigida por siete destacados realizadores, entre ellos el actor puertorriqueño Benicio del Toro.
Ahora se espera que en alguna de sus intervenciones en estos días de homenaje, Padura se refiera a su nueva entrega, de la cual ha adelantado en una entrevista al portal informativo de la Casa, que la historia pasará por el Miami de los judíos cubanos, por la Amsterdam del pintor Rembrandt, y por la Cuba de los años 30, los años 50 y la actual.
De esa nueva obra literaria ha revelado que es un proyecto "tan ambicioso" como el anterior y que contiene "conflictos filosóficos", y va a ser una "antinovela policial, pero a la vez muy policial. Una novela sobre la libertad".

23.11.12

Martín: "La novela negra es como un exorcismo"

El escritor publica Cabaret Pompeya, un monumental fresco histórico y policíaco en la Barcelona pistoleril de los años 20

 Andreu Martín, durante la entrevista./ José Ramón Ladra./abc.es
Aquel 12 de septiembre de 1920 Inocencio Feced llegó al Cabaret Pompeya, uno de los más conocidos y populares del Paralelo barcelonés, al filo de la medianoche. Como cualquier otro obrero de los que solían acudir a este music-hall. Pero no pensaba en divertirse. Despacio, discreto pero decidido, sacó la bomba de su tabardo y la colocó en una silla, la tapó con su gorra y desapareció del lugar.
El artefacto no falló: seis muertos y dieciocho heridos. Con la matanza, el Sindicato Libre (brazo armado de la patronal) quería vengar la muerte de dos de sus miembros en un enfrentamiento con pistoleros anarquistas del Sindicato Único.
Andreu Martín: «La novela negra es como un exorcismo»
Portada dela novela
 
Andreu Martín, uno de los grandes de nuestra narrativa negra, también ha cruzado los umbrales del legendario Cabaret Pompeya, que da título a su nueva novela, editada por Siruela. Desde ese cabaret, Andreu ha urdido una monumental historia (con prólogo y epílogo alrededor de la muerte de Franco) que nace en aquellos años del pistolerismo y las bombas en la Ciudad Condal, asesinatos de líderes sindicales como el Noi del Sucre, atraviesa la Guerra Civil (centrándose en el enfrentamiento de 1937 entre anarquistas y trotskistas del POUM frente al gobierno republicano y sus adláteres y los comunistas) y prosigue a través de la posguerra.
Un fresco histórico y literario de gran calado, aunque en muchas de su páginas no pierda el aire de género negro que tan bien maneja el escritor. "Cuando terminé de escribir esta novela –explica Martín– lo primero que me dije fue, mira, ya no hace falta que escribas nada más, para mí es como si todo lo escrito anteriormente me hubiera servido para aprender a escribir de verdad y hacer este libro tan personal. Porque realmente, el hilo del que he tirado es la propia vida de mi padre, algo que me ha llevado a purgar mis culpas con él y con su generación que sufrió tanto".

En el nombre del padre

Un padre "que llevaba pistola, como él me contó sin darle mayor importancia", que pasó por el campo de concentración de Miranda de Ebro tras la guerra ("solo me contaba lo divertido") uno de esos personajes que las nuevas generaciones, incluso la del propio novelista, deberían conocer, casi un siglo después de que las calles de Barcelona se cubrieran de sangre, aunque las noches, casi se vivieran a la parisina. "Entonces –prosigue el escritor–, los mejores espectáculos pasaban del Montmartre parisino al Paralelo. Barcelona era una ciudad que durante la I Guerra Mundial se había enriquecido mucho comercialmente, pero además, al estar cerca de la frontera y pertenecer a un país neutral, se había convertido en un foco que atraía a gente de lo más dispar: jugadores, vividores de todo tipo y sobre todo muchísimos espías, sin duda tenía una vida muy especial. Incluso, en los locales del Paralelo se encontraban a menudo los patronos y los obreros para ver a las mismas cupletistas, los mismos desnudos y los mismos espectáculos porno, aunque entonces se llamaban sicalípticos. Por eso, la bomba que colocaron en el Pompeya tuvo gran significación, como dice el historiadoe Lluís Permanyer fue como "la bomba del Liceo de los pobres".
No cabe duda que siempre lo ha sido y lo sigue siendo, la novela negra suele tener un contenido social, incluso a veces político, que casi ningún otro estilo proporciona. "Es inevitable –reflexiona Andreu Martín–. Las palabras políciaco y político tienen la misma raíz, ambas relacionadas con la ciudad, y la novela negra aborda esa realidad desde lo más inmediato, lo que toca más a la gente. El thriller juega con los miedos de todos nosotros y en ellos ocurre todo lo que no queremos que nos pasara nunca ni de lejos a nosotros mismos, es como un exorcismo. Aunque en el caso de esta obra, creo que casi me ha nacido una novela más histórica que policíaca".
Este Cabaret Pompeya abre sus puertas de nuevo. Entre sus mejores números, este de la Barcelona pistoleril y trasnochadora de los años 20. Si fueron o no felices es buena parte de lo que se cuenta en estas páginas.

Mankell recuperará una novela corta del inspector Wallander

La historia, publicada solo en Holanda, será publicada de momento en Alemania

Henning Mankell, el año 2010 tras ser deportado por Israel./reuters./elperiodico.com
Según el diario alemán Stuttgarter Zeitung, el escritor sueco Henning Mankell tiene una buena noticia para sus seguidores: en el último trimestre del 2013 se publicará en Alemania una nueva novela protagonizada por el inspector Kurt Wallander, publicada hasta ahora únicamente en Holanda.
Aunque la editorial muniquesa Hanser ha confirmado la noticia, ni el editor sueco de Mankell ni el español (Tusquets) han decidido si publicarán 'La tumba', una historia corta de 90 páginas escrita hace 20 años y que la editorial holandesa del escritor de novela negra distribuyó en el año 2004 como regalo a los compradores de otras obras.
El escritor sueco cerró definitivamente las andanzas del inspector  Kurt Wallander en el 2009, con una novela, 'El hombre inquieto', cuyo desenlace cerraba claramente cualquier posibilidad de mantener al personaje en activo.
Desde entonces, Mankell ha comentado en varias ocasiones que estaba escribiendo sobre la figura de su suegro, el director de cine Ingmar Bergman.

22.11.12

Connelly: "Sacrificamos la veracidad por la rapidez"

Michael Connelly publica La caja negra, premio RBA de novela negra

Connelly, en su casa, en la que tiene por vecina a Jill Kelley, implicada en el escándalo del director de la CIA, David Petraeus/Robert Azmitia./lavanguardia.com
Periodista de día, novelista de noche. Michael Connelly ejerció durante quince años como cronista de sucesos, en Florida y Los Ángeles. Fue finalista del premio Pulitzer pero ni siquiera eso le desvió de su vocación de novelista. Por las noches escribía novelas policiacas, inventando todo aquello que el rigor periodístico le impedía durante el día. Creó un personaje, Harry Bosch, que se ha convertido casi en un álter ego, con una veintena de novelas (y media docena sin él). Han crecido juntos y ahora Harry está cerca de la jubilación, lo que aterra a sus fans. Series de televisión y adaptaciones al cine han aupado a Connelly a los top de ventas: lleva más de 50 millones de libros. Pero sigue siendo un tipo sencillo y pausado; incluso después de ganar el premio RBA de novela negra por su última entrega, La caja negra, que le reportó un cheque de 125.000 euros. El libro sale hoy a la venta en España (en su país el 26), y lo hará en marzo en catalán, en La Magrana.

Usted es Michael Connelly. Nacido en Filadelfia en 1956, autor de 26 novelas y unos 50 millones de ejemplares vendidos. Tiene derecho a no declarar: ¿es cierto que está pensando en asesinar a Harry Bosch?
Je, je. No.

Literariamente...
No, no creo, aunque habrá un momento en que el policía no podrá seguir haciendo su trabajo. Pero siempre hay cosas que explorar acerca de Harry Bosch. Cuando lo retire y acabe su vida de detective espero escribir otras cosas, pero eso significa que a Harry Bosch aún le queda mucha vida. Tanto como a mí de escritor...

¿En cuantos libros?
No sé. Estoy sorprendido de que lleve una veintena. Quizás llegue a los 40.

¿Sucederá con Harry Bosch como con los periodistas, a quienes jubilan por edad y no por valía profesional, como usted denuncia en otra de sus novelas?
Eso es algo que exploro en mislibros, efectivamente, pero Harry es distinto, está acogido a un programa de prejubilación pero sigue trabajando.
En La Caja Negra hace un elogio de unos métodos de trabajo anárquicos y fuera de jerarquías y hasta de las leyes…
Sí, quiero que mis libros estén lo más próximos posible a la realidad. Me gusta enaltecer ese tipo de comportamiento y por eso Harry funciona así. Pero también me gusta crear drama, e ir en contra de la burocracia crea drama.
Pero en la policía de Los Angeles no habría funcionado…
Cierto. Hay una exageración en Harry, porque si hubiera actuado en la vida real como yo cuento libro tras libro lo habrían echado. Si hubiese sido un solo libro se lo habrían tolerado, pero no tras 18 libros.
Por contra, critica al Harry padre: workaholic, que alimenta de pizza a su hija... ¿es una manera de hacer algo más que una novela negra?
Sí, trato de concentrar esos rasgos en su carácter, lo enriquece.
No hay nada de sexo: ¿un recurso demasiado fácil?
Escribo lo que me apetece y no veo que pueda aportar popularidad o interés.
Quizás por las series de TV estamos acostumbrados a policías ultratecnificados, pero Harry es lo contrario. ¿Por qué?
Veo más interesente que llegue a conclusiones por sí mismo, que piense. La tecnología puede facilitar el trabajo, pero me interesa menos que la persona.
¿Podemos saber en qué trabaja ahora?
Escribo un nuevo libro de Harry Bosch, con su hija y mi otro personaje, Micky Haller. Ella se mete en ciertos problemas...
¿Pensó alguna vez en abordar otros géneros?
No... Me gusta este. Una vez pensé en escribir una novela sobre jazz, pero no avancé más.
Esta novela arranca en los disturbios de Los Ángeles de 1992, cuando la paliza al taxista Rodney King generó en graves altercados, con 54 muertos. La estadística de la policía de Los Ángeles de esta mañana \[12/XI\] señala 459 muertos en lo que va de año. ¿Es aquello repetible?
No estoy seguro. Esta es la cuestión que sobrevuela el libro,.. La paliza fue la chispa que prendió todo. Aunque la situación económica, clave entonces, es similar, hay circunstancias distintas: la relación entre la policía y la ciudadanía es mejor, y el nivel de venta de drogas en las calles, muy inferior. Quizás por ello la respuesta sería que no.
Con esos niveles de criminalidad, ¿existe un riesgo de “mexicanización”, de quiebra de los poderes públicos…?
Si lo dice por la densidad de población mexicana…
No, no. Por el riesgo de que el poder público se debilite en favor de la delincuencia...
No lo sé. En México mucha gente trata de salir de la pobreza, pero que todo eso se replicara en LA sería muy difícil. La sociedad americana reaccionaría.
¿Ve, ni que sea muy de lejos, alguna relación entre unos hechos, los de Rodney King, que tuvieron una chispa racial, y la reelección de Obama? ¿Pudo todo aquello tener alguna influencia en la conciencia nacional, en su evolución o maduración?
No creo. No sé qué respondería... Es difícil relacionarlo… Celebro que nuestro país evolucione hasta tener un presidente afroamericano. En aquellas revueltas la gente se sentía sin voz, pero no vincularía ambas cosas... y celebro que se eligiera un presidente afroamericano dieciséis años después.
Critica cómo la policía quiere parar la investigación del asesinato de una chica blanca, olvidando los de los negros, para que no se les acuse de racismo…
Más que una crítica racial es política y policial, porque si la policía se tiene que ver en esa posición, de obviar casos de blancos para evitar ser políticamente incorrectos, no vamos bien.
Hoy es en Estados Unidos el día de los veteranos, y sus protagonistas son veteranos de Vietnam, Kuwait e Iraq. Es como si esos episodios del pasado estuvieran siempre presentes en el día a día de su país, como si no quisieran olvidar.
No trato de hacer algo muy realista o denunciar a ningún cuerpo militar o policial. Yo creo un misterio alrededor de un asesinato.
A los 16 años vio cómo un hombre ocultaba un paquete sospechoso, en el que resultó que había una pistola.¿Cómo acabó?
Tenía sólo 16 y fui testigo, pero no pude aportar suficientes datos para que se aclarara. Cuando empecé a trabajar como periodista de sucesos pregunté, pero sin éxito.
¿Tuvo influencia ese episodio en su vocación como periodista de sucesos y como novelista?
Por supuesto. Fue mi primer contacto con la policía y empecé a leer sobre crímenes y a escribir.
¿Su paso por el periodismo fue un intermedio premeditado para llegar a la literatura?
Bueno, era una esperanza, una aspiración. Pero uno no sabe si le va salir bien o mal.
Después de 50 millones de libros, ¿cada nuevo libro es más fácil o más dificil, dadas las expectativas?
Yo me pongo a escribir y espero que funcione. A Harry lo conozco hace tiempo y lo más importante es que tenga cosas nuevas que decir.
¿Soporta, sufre o disfruta la popularidad?
Cuando uno escribe es para que todo el mundo le lea. Hay un ego que llenar.Y me hace sentir bien que vengan periodistas españoles a entrevistarme, por supuesto. Pero claro, lo que es conocido es mi nombre, no mi cara, así que soy medio anónimo.
Su web ofrece toda clase de productos: firmas personalizadas, app para smartphone, localizaciones de los escenarios de sus novelas, cine, TV, preguntas de trivial sobre Harry Bosch… ¿el escritor de hoy se plantea su trabajo en multicanal?
Tengo que mantener una comunidad de lectores cohesionada y por eso lo hacemos. Es algo que al principio ni se me pasaba por la cabeza. Tengo un equipo que lo hace. Yo escribo.
¿Tiene miedo al pirateo de sus libros en formato electrónico?
No mucho. Puede que haya algunos, pero el lector es fiel.
¿Sería el pirateo un delito para Harry Bosch?
Ah, no me lo he planteado. Creo que él tiene crímenes más sangrientos en su agenda.
La Caja Negra se centra en una periodista free-lance, tenaz, luchadora, a quien conocemos ya muerta… ¿es un homenaje al periodismo de calle, de denuncia?
Escribí algo sobre eso en otro libro, sobre la decadencia del periodismo en Estados Unidos. Pero sí, este personaje puede indicar una cierta decadencia del periodismo. Obviamente pensé que este personaje en el libro puede llevar a pensar que el periodismo está en decadencia.
¿La aceleración de la información actual perjudica a la veracidad, en su opinión?
Sí. Sacrificamos la veracidad por la rapidez. No se verifican las cosas con la misma rapidez. Y hoy cada uno puede ser un periodista, lanzar una noticia cuya certeza nadie comprueba. Con una conexión a internet, cualquiera se autodenomina “periodista”.
Pero no hay retorno.
No lo hay, no. La prueba han sido las elecciones, como se lanzaban mensajes sin saber si eran verdad.
¿Volvería al periodismo?
Sería duro. Y no sería competente en periodismo criminal por la velocidad a la que tienen que darse las informaciones. Ahora puedo entrar en la cabeza de todos mis personajes, y me he acostumbrado a eso, de manera que sería dificil volver…
¿Es el negro un género menor?
Es un género comercial, pero está bien que mucha gente lea y se lo pase bien. Y un libro es algo más que un objeto vendido.
¿Incluso usted?
Sí, yo sentí la llamada a escribir novela negra porque me gustaba leerlas, y de este modo me situo en ciudades, en la cabeza de personajes…
¿Lee novela negra?
Ahora menos, porque la escribo. Necesito variar. Leo más ensayo.
¿Escribir es un trabajo, con su rutina?
Si, escribo un par de horas a primera hora, llevo a mi hija al colegio, regreso y sigo escribiendo el resto del día
¿Qué le cuesta más: que los diálogos sean verosímiles, que la trama no se deshilache…?
Lo que más cuesta es empezar. Mis historias suelen tener unas cien mil palabras, y tener las primeras es lo más difícil. Mantener la tensión también es dificil, después de veintiseis libros.

21.11.12

Venezuela criminal

Un asesinato cada dos horas, narcomodelos, corrupción, autoritarismo...El país de Chávez es el paraíso del género negro

Una pareja pasa ante unos retratos de Simón Bolívar en Caracas. /Reuters.elmundo.es


"Hay quienes viven muchas vidas en una sola. Como reportero de sucesos, yo he vivido muchas muertes en una sola vida". En la vida real, María Isoliett Iglesias, y en la ficción, Fernando Castelmar, autor de la frase que da inicio a esta crónica. Ambos saben que Venezuela es el sueño negro de cualquier escritor. Territorio ideal para el renacimiento del género literario que mejor hurga en las miserias sociales.
El país sudamericano sufre una realidad tan salvaje que los grandes narradores clásicos serían felices con las historias extremas que tiñen de sangre sus periódicos. Los reporteros, en cambio, apenas pueden cubrirlas todas.
Dos ejemplos: la chiquilla sin nombre sólo tenía 13 años. La acuchillaron, descuartizaron y enterraron en pedazos. Sin escrúpulos, sin lamentos. ¿Su delito? Unas palabras de más tras presenciar un triple homicidio cerca de Caracas. Un pecado inocente, tan glosado en las páginas negras de la literatura universal. ¿Por qué matar cuando en Venezuela sólo se detiene al ocho por ciento de los homicidas?
El Caracazo, el gran referente ideológico del chavismo, es el embrión de un tipo de novela "que prescinde del enigma para centrarse en el contexto social de un país".
José Martínez ya había cumplido 18. Ni siquiera le dejaron hacer las maletas de su nueva vida. El mayor portento del fútbol sala nacional preparaba su viaje al sueño europeo, pero ocho balazos destrozaron su cuerpo de atleta. ¿Pecado? Dos años antes había mirado a la chica de otro.
Venezuela cerrará este año con 20.000 historias más o menos parecidas. Todas reales, todas sangrientas. En Venezuela se mata y se muere todos los días a ritmo de vértigo, con su propia 'Cosecha roja' y sin Dashiell Hammet. Asesinos sin rostro como los de Henning Mankell. Policías tan corruptos que los californianos de James Ellroy parecerían chicos traviesos. Vecinos iracundos queriendo tomarse la justicia por su mano, deseando transformarse en el nuevo y colectivo sheriff Nick Corey, inventado por Jim Thompson para sus 1.280 almas.
"La situación actual está pidiendo a gritos novelistas y cronistas de género negro que narren sobre la violencia, las cárceles, los pranes (líderes de la prisión). Tal vez estemos asistiendo al nacimiento de una nueva novela negra venezolana". Eloi Yagüe sabe muy bien qué dice y qué escribe. Este periodista, autor de 'Las alfombras gastadas del Gran Hotel Venezuela' y 'Cuando amas debes partir', ha sido durante la última década el principal gurú del género. El país literario espera hora el lanzamiento de 'Amantes letales'.
Castelmar ("Estuve dormido 20 años, pero desperté el 27 de febrero de 1989. El día que el país comenzó a cambiar") presenció en directo la insurrección popular del 'Caracazo', el gran referente ideológico del chavismo y embrión de un tipo de novela "que prescinde del enigma para centrarse en el contexto social de un país", sostiene Yagüe, creador del personaje.
Iglesias sería la versión moderna de Castelmar. La periodista de Sucesos de 'El Universal' ha visto la muerte de cerca cientos de veces, pero no ha dejado de estremecerse. En estos días publica su primera novela, 'Me tiraste la hembra pa'l piso', que narra el secuestro de una miss en el país donde las 'narcomodelos' (novias de traficantes y malandros) ocupan las portadas. Su libro pertenece a Vértigo, colección de género negro que se estrenó con 'La segunda y sagrada familia', de Inés Muñoz, que narra la historia de un candidato presidencial infiel.
"En Venezuela, la realidad supera con creces la ficción. Así que duele menos la ficción", sostiene la joven periodista, que meses atrás sufrió amenazas tras detallar cómo los 'pranes', y no el Estado, gobiernan en las cárceles más peligrosas del mundo: más de 500 muertos por año.
Valentina Saa, Wilmer Poleo, José Pulido y Mireya Tabuas ultiman sus incursiones al género. Todos saben que son continuadores del comisario jefe de Homicidios Fermín Mármol León, quien en 1978 publicó 'Cuatro crímenes, cuatro poderes', el libro más vendido (700.000 ejemplares) en la historia del país. "Artur Uslar Pietri dijo que se trataba del libro peor escrito que había leído, pero el más interesante", rememora Yagüe con picardía.
Una obra de cuatro crónicas frente a las 30 que escribió Héctor Torres para 'Caracas muerde'. Así tituló su libro, un portentoso ejercicio de estilo de la crónica negra. Y es que su ciudad muerde todos los días: 3.218 homicidios de enero a octubre, un asesinado cada dos horas. "¿Quieres aprender a controlar el gesto, a tener un carácter flemático, respetuoso del prójimo? Pásate unos días aquí. Caracas es una escuela gratuita, cuya oficina del director está en Bello Monte [la morgue]. Y hay cola", escribe en 'Una afeitadora de dos hojillas'. Hace unas semanas, la Caracas del surrealismo mágico también asesinó al patólogo de la morgue.
Así es la cosecha roja y negra de la Venezuela de hoy, en cuyas cárceles se vive una guerra civil. Donde en los cerros (favelas) se sufre una guerra no declarada. Donde se secuestra, se mata y se roba sin tregua. Hasta la sonrisa se roba: Caracas se presenta en los folletos turísticos como la sucursal del cielo. El epílogo para la capital y el país donde la violencia es como la de Chester Himes, la de un ciego con una pistola, es de Héctor Torres: "En Caracas se estaría bien, después de todo. De no ser por el miedo".

19.11.12

Roberto Ampuero dice que sus libros reflejan su decepción con los socialismos reales

El escritor chileno ahondó hoy en su decepción con los socialismos reales que le tocó conocer, un desencanto que no empaña su admiración por el lado más humano del expresidente chileno Salvador Allende

Ampuero dice que sus libros reflejan su decepción con los socialismos reales./lainformación.com
Allende (1908-1973) fue una "reconocida figura por su valentía al suicidarse por defender sus convicciones", al margen de que su imagen pueda dividir todavía a los chilenos, dijo en una entrevista con Efe el también embajador de Chile en México.
Ampuero se encuentra en Miami para promocionar en la Feria Internacional de Libro de esta ciudad su última novela, "El último tango de Salvador Allende" (Mondadori), un relato que aborda en clave de ficción los últimos meses de la vida de Allende y explora el lado más "íntimo, doméstico y humano" del político socialista muerto durante el golpe de Estado que encabezó Augusto Pinochet el 11 de septiembre en 1973.
Ampuero, uno de los autores más reconocidos de la narrativa hispanoamericana actual, asume en "El último tango de Salvador Allende" el reto narrativo de revelar al hombre de "carne y hueso, creíble, verosímil", tras la lectura de entrevistas y numerosos ensayos sobre el expresidente chileno.
En ese sentido, el autor quiso alejarse del Allende político para recuperar el carácter más humano y cotidiano del presidente, un hombre que "llega a casa, se quita los zapatos, se tiende en el sofá y se sirve un whisky Chivas Regal", apuntó.
Ampuero construye esta novela, que lleva cuarenta semanas entre los libros más vendidos en Chile, a partir de la mezcla de ficción y realidad, una fórmula que le permite "explorar los espacios más privados de Allende y ver el mundo desde su perspectiva más doméstica".
Es, de hecho, la primera vez que Allende escapa de los sesudos análisis y ensayos políticos para convertirse en un personaje de novela.
La investigación histórica y documental que llevó a cabo Ampuero le posibilitó acceder a tres espacios privados y reveladores. Uno de ellos el Palacio de la Moneda, donde visitó las dos habitaciones (cerradas al público) que ocupó el político y que hoy "permanecen iguales, como si el tiempo se hubiera detenido" dentro de ellas.
Otro lugar que resultó inspirador para el escritor fue la residencia oficial de Allende en Santiago, de bellos jardines, hoy convertida en una residencia de ancianos. Y, finalmente, la finca "El Arrayán", donde vivía su secretaria personal y amante.
La "recuperación de esos tres espacios físicos" resultó de gran ayuda para la construcción de la novela y la recreación íntima de un Allende de carne y hueso, explicó.
Insistió en que su interés se centraba en "explorar al ser humano que tenía conciencia de que se acercaba el fin de su proyecto de Gobierno, que la muerte le acechaba" mientras se sumía en la "soledad" del poder. Al final, apuntó en ese sentido, Allende "era un solitario".
"Cuando se suicida está rodeado solamente de un par de escoltas y de varios médicos amigos. No hay ningún representante de los partidos que formaban la alianza que le llevó al poder", puso de relieve.
En su opinión, el éxito de la novela radica en que "no insiste en los análisis políticos de Allende, ni a favor ni en contra, solo busca lo humano, lo que es común a todos nosotros", la circunstancia de un hombre con "luces y sombras, sueños y temores".
Este intelectual dinámico, que fue militante comunista en su juventud, "bajo la influencia -puntualizó- de los discursos de Allende", se fue alejando de esa ideología tras su experiencia del exilio que le llevó a Alemania y Cuba.
Renunció a su filiación comunista en La Habana, hacia 1986, "porque no quería para mi país ni el régimen de Pinochet ni el socialismo real".
Hoy, Ampuero parte de postulados liberales y abraza una concepción de sociedad abierta que acentúa "la integración al mercado mundial y propone la actividad privada como eje para crear prosperidad" en los países de América Latina.
"Respeto y creo en la libertad comercial y el libre mercado, una de las mejores palancas para salir de la crisis en que nos encontramos actualmente", subrayó.

9.11.12

Mallo: "Lo que es malo para la humanidad es bueno para la literatura"

El argentino Ernesto Mallo publica Los hombres te han hecho mal. Es uno de los clásicos contemporáneos de la novela negra argentina.  Analiza el auge del género policiaco en el mundo


Prostitución y muertes en la nueva del comisario Lascano, de Ernesto Mallo./elpais.com
En el bajo del edificio que ocupa la Editorial Siruela, una ventana deja ver los pies y los zapatos de gente que avanza a toda prisa por la calle. Dentro, en un salón de actos vacío, la voz de Ernesto Mallo (La Plata, Argentina, 1948) rebota en las paredes decoradas con retratos de escritores. Está sentado en una pequeña e incómoda silla negra, ha colgado su chaqueta color marrón en el respaldo y matiza lo que dice con el movimiento de sus manos. No está en un interrogatorio policiaco como los que aparecen en sus novelas y, sin embargo, se limita a contestar con precisión lo que se le pregunta. Es su estilo. Así son sus libros.
Es que antes de ser novelista, Mallo escribía únicamente obras de teatro y guiones de cine. “Yo creo que todos los autores deberían hacer una incursión en la dramaturgia. Porque tiene límites muy precisos: tienes que contar la historia únicamente a través de acciones y diálogos. Sin olvidar la escenografía o el paisaje, claro. Pero si no te centras en eso, empiezas a opinar, a extenderte, a engordar el libro.”
Hace más de una década, cuando Argentina vivía una crisis económica feroz y el “corralito” limitó las expectativas de sus ciudadanos, Ernesto Mallo se cansó de buscar alguien que le produjera una película o una obra de teatro. Así que decidió escribir una novela y con ella fue finalista del Premio Clarín-Alfaguara. “Yo ya tenía cincuenta y pico, pero volqué en la prosa toda mi experiencia en cine y teatro y me fue bien.”
Asegura que hacer novelas negras no es tan difícil. “Porque Argentina, y Latinoamérica en general, nos da demasiado material para hacerlo. ¡Hay tantas cosas que suceden! El poder criminal es muy grande. Y encima, muchas veces, está coludido con el poder político. Yo siempre digo: lo que es malo para la humanidad es bueno para la literatura.”
Pero si los acontecimientos de los países latinoamericanos propician la escritura de novelas policiacas, ¿por qué ultimadamente triunfan los escritores nórdicos? “Por la originalidad. Porque la sangre se ve bien en la nieve. Y por esnobismo, creo yo. Y por novedosos: porque todo lo que pasa en Latinoamérica ya es muy común. En cambio, un homicidio en Suecia, ¡oh!”
Mallo leyó un día la noticia de que la trata de personas se había convertido en el segundo negocio ilícito más rentable del mundo y se convenció de que de ahí podría sacar una buena historia. Durante doce meses, realizó una investigación al respecto con la ayuda de ONG´s argentinas dedicadas a rescatar chicas que han sido obligadas a prostituirse mediante el secuestro o el engaño y, simultáneamente, escribió Los hombres te han hecho mal (Siruela, 2012). Son casi 200 páginas que cuentan cómo el jubilado comisario Lascano aprovecha toda su experiencia para encontrar a la nieta de una mujer millonaria. Pista tras pista, se introduce en el mundo de la trata de mujeres y en el escudo que protege el delito: políticos y criminales despiadados.
“Me contactaron con algunas chicas rescatadas, con policías y fiscales que están trabajando el tema y conversamos y tomé algunas notas, pocas, y me senté a escribir.” Dice que el tema lo eligió a él y no al revés, que siempre es así. “Encaro el tema y soy poseído por el tema. Ya no soy yo, sino esa posesión y por eso llega el momento en que escribo con facilidad. Si no ocurriera eso, tal vez no me dedicaría a nada y sólo contemplaría el mundo.”
Esta es la sexta quinta que escribe (“todas negras”) y se ufana de no leer ficción. “Porque no me atrapa. Hay un autor que estoy leyendo siempre, que es Shakespeare. Borges decía: “para novedades, los clásicos.” Los que escribimos ahora no sabemos qué pasará con nuestras novelas dentro de diez años. Pero aquellos que han escrito hace 500 años parece que te hablan de algo de hoy. Porque han tocado algo de lo humano y eso los hace imprescindibles, ¿no?”

8.11.12

Andreu Martín gana el Premi Crims de Tinta con la novela de una decapitación y la mafia china

Andreu Martín ha explicado sobre el premio Crims de Tinta: "Me propuse que un día lo ganaría y lo he ganado"

Andreu Martín gana el Premi Crims de Tinta./europapress
La novela negra de Andreu Martín 'Societat Negra' (RBA) ha ganado el V Premi Crims de Tinta ('Crímenes de Tinta') de la Conselleria de Interior con una historia sobre las pesquisas de un inspector entre bandas juveniles y triadas chinas --mafia china-- para resolver la decapitación de una mujer.
La novela parte del hallazgo de una cabeza seccionada en la calle Güell de Barcelona, encima de un Lexus, y poco después del resto del cuerpo debajo de un camión y atado a un coche aparcados, una investigación que llevará al veterano inspector Diego Cañas hasta las triadas chinas, pese a que las primeras investigaciones apuntan a grupos juveniles violentos o un ajuste de cuentas.
El conseller de Interior, Felip Puig, y el director editorial de RBA Libros, Joaquim Palau, han entregado al autor la distinción, dotada con 4.000 euros, este miércoles por la tarde en la sede de la Conselleria.
Andreu Martín ha explicado sobre el premio Crims de Tinta: "Me propuse que un día lo ganaría y lo he ganado".
Puig ha celebrado que la creatividad intelectual se instale en el ámbito de la seguridad y ha valorado que es "una buena señal de que los Mossos d'Esquadra se han vuelto un hecho normal dentro de la literatura de novela negra".
Según Puig, esto demuestra que el avance hacia que Catalunya tenga estructuras de Estado "no tiene marcha atrás".
Joaquim Palau ha destacado que 'Societat Negra' es "una novela excepcional" que saldrá en enero y que la editorial trabajará para que sea un éxito en el Día de Sant Jordi.

7.11.12

Mendoza: "Lo más inteligente sería hacer una tregua"

El escritor mexicano  presenta en estos días su última novela Nombre de perro


Élmer Mendoza entrega otra vez a El Zurdo, su detective cínico y divertido./lainformacion.com
El escritor mexicano Élmer Mendoza dijo hoy que en su país "lo más inteligente sería una tregua" entre los grupos criminales y las autoridades con el propósito de frenar la ola de violencia que ha dejado cerca de 60.000 víctimas en los últimos seis años.
"La 'guerra' contra la delincuencia organizada yo pienso que no se debe llevar así. No es solamente una solución militar, y creo que uno de los puntos que deberían considerarse es hacer una tregua", explicó el novelista en una entrevista con Efe.
Mendoza (Culiacán, 1949) presenta estos días en México la novela "Nombre de perro" (Tusquets, 2012), que de nuevo protagoniza el detective Edgar "El Zurdo" Mendieta, quien se aliará con la ficticia jefa del cartel del Pacífico, Samantha Valdés.
En el libro la mujer, cuyo amante ha muerto durante una reunión con narcotraficantes rivales para pactar una tregua, pide para vengarle ayuda a "El Zurdo" Mendieta, quien terminará aliado con ella.
Mendoza destaca que en este tercer libro de la saga de su detective ha tratado de explorar a fondo la personalidad de un "Zurdo" que antes presentó como un duro.
"Alguien que no lo conozca se va a encontrar un detective sensible, quizás bastante sentimental, dubitativo, sobre todo frente a lo que es el asunto del amor, y en un momento dado a un ser humano esperanzado en que pudiera quizás tener una familia, un hijo, una mujer", apunta el también académico de la lengua mexicana.
En la ficción el escritor maneja la idea del pacto con los criminales, una posición que también defiende en la realidad acompañado de otras medidas como antídoto a la ola de violencia que hay en su país.
"Creo que la tregua es necesaria", insiste Mendoza, quien no le ve sentido a la gran cantidad de muertes producto de esta ola de violencia. "Si solamente se trata de matar, pues bueno, hay que justificarlo de otra manera", añade.
Originario de Sinaloa, uno de los estados de donde han salido algunos de los capos más importantes en los últimos años, y familiarizado con el mundo del narcotráfico, Mendoza piensa que la idea debe ser tomada en cuenta por el presidente electo, Enrique Peña Nieto, quien asumirá el cargo el 1 de diciembre próximo.
Un pacto para atajar la violencia permitiría "que los mexicanos recuperen la confianza en las instituciones y puedan trabajar, crear empresas, dar empleos, puedan ir de noche a cenar en sus ciudades, dejen de temerse unos a otros", comenta.
"Hay estados que perdimos completamente, como Tamaulipas, Michoacán, es (...) muy lamentable lo que ocurre allí", señala el escritor, quien cree que la gente dio su voto a Peña Nieto para que "resuelva esto, o al menos avance hacia una resolución de este problema, que es más fuerte" de lo que se puede percibir.
Sobre las elecciones presidenciales que hoy se celebran en EE.UU. y sus efectos en México, dijo que en lo personal prefiere a Barack Obama en la Casa Blanca, pero admite que no hizo mucho para detener el tráfico de armas en los últimos años.
"Al final de cuentas son norteamericanos (Mitt Romney y Obama) y se parecen muchísimo. La política exterior creo que no la dicta directamente el presidente, se mueve uno en función de otros factores y probablemente siga operando la antigua idea de que EE.UU. no tiene amigos, tiene intereses", señala.
Autor de "Balas de plata" y "La prueba del ácido", Mendoza confiesa que ya le ronda la cabeza cuál será el destino de "El Zurdo", si lo mantendrá vivo o acabará pronto con él.
"Le he preguntado a mis amigos (el chileno Ramón Díaz Eterovic, que tiene una veintena de novelas con el detective Heredia, o el español Arturo Pérez-Reverte), a los que tienen sagas, cómo se terminan y reconocen no saber, que no hay un indicio infalible de que 'esto se acabó' (...) Hay un momento en que se agotará, pero ahorita... (ahí está)", señala.
Lo que sí tiene claro es que el avezado y políticamente incorrecto detective, dotado además de un gran sentido del humor, estará presente en una cuarta novela que Mendoza tiene en mente.

31.10.12

Empapadico en Dyc

Raúl Núñez: dipsómano y depresivo, parroquiano del Paricio y escritor de aúpa

Raúl Núñez con Sinatra se volvió un clásico./elmundo.es
Hora de buscar en el baúl de los olvidos el rastro de otro grande. Sí, a otro puñetero titán de los que escribían a navajazos y a cuchilladas vivieron hasta su último día de vida, gota de aliento, racha de inspiración. La siguiente excepción a la regla de la estafa del estado del malestar. Y que no os vengan los de siempre con sus monsergas. Aquí, a los buenos, a los que realmente conocen ese malaventurado oficio que consiste en juntar letras, les ha tocado comerse los mocos por decreto mientras veían medrar a los mediocres papanatas del vecindario literario. ¡Esto es España, nenes! ¡No vayamos a confundir la piel de toro con la benemérita Suecia a estas alturas de la 'pachanga' nacional!
Su nombre era Núñez, Raúl Nuñez. Y os aseguro que quien lo conoció, nunca ha podido olvidar que, al contrario del pijo de Bond, Raúl Núñez no se tomaba los martinis agitados ni removidos, sino en copado balón con dimensiones de enorme pecera. A tumba abierta. Puesto que a tumba abierta vivió, bebió, fumó, amó, padeció. Bonaerense nacido en el 46 y crecido en dos décadas más que jodidas hasta que la mala vida le hizo recalar en el regazo del Chino barcelonés y allí que se quedó a vivir. O a malvivir. Escribiendo a salto de 'mahón' y enamorándose hasta el corvejón de toda 'pilingui' que se cruzaba en su errabundo caminar. Dipsómano, depresivo, donjuán. No le faltaban des, no.
Su mundo eran las 'lumis' de Ramblas abajo en los felices 70, muchos años antes de que la aldea global hiciese de 'Barna' ese inmenso solar pendiente de 'españolizar' que, según el ministro del ramo, Wert, es hoy por hoy. Un tipo infeliz y tocado por la gracia de la escritura al modo que fueron tocados los santos evangelistas, aunque siempre sentado en el otro extremo de ese ring repleto de putas, bares, pensiones, fantasmas y calcetines sucios.
Raúl Núñez era un poeta de etílicos versos pergeñados en servilletas de papel y diseminados por el serrín del suelo del garito. Un poeta de altura iluminada que inventó el realismo sucio mucho antes de que convirtiesen la etiqueta en marca de la casa. Un Bukowski con eñe, con bigote, con una prosa delirante que derrochó en novelas como 'Derrama whisky sobre tu amigo muerto' (Star Books, 1978) o 'Sinatra. Novela urbana', de la que nos toca ocuparnos en esta ocasión. Para que luego digáis que Marga Nelken, vuestra prima de riesgo, no os llega siempre con 'mierda' de la mejor clase.
Sinatra se parecía a Sinatra. Tenía 40 años. No era demasiado alto. Se había empezado a quedar clavo y llevaba el pelo muy corto. Había conseguido un trabajo de portero de noche en la pensión donde vivía. Le salía su habitación gratis y le quedaba un poco de dinero. Hacía un año que su mujer lo había dejado para irse con un negro. Tenía gracia. le parecía una broma. Siempre que pensaba en ello, un sonrisa torcida aparecía en su boca. La misma sonrisa torcida con la que se enfrentaba al mundo. Ahora no tenía mujer. Le costaba aceptarlo. Se sentía solo.
Sinatra solía pasar las noches escuchando la radio. Programas nocturnos dedicados a gente como él. Le gustaba la música. Una noche había telefoneado a la radio para pedir un disco de Sinatra. No había dicho nada de su parecido ni de su apodo. Lo complacieron, como suelen decir los locutores. Sinatra encendió un cigarrillo y escuchó. No sabía inglés, pero comprendió todo. Se acordó de su mujer. Y del negro. Y volvió a sonreír.
Así empieza la historia. Y hasta ahí, hasta ese 'Y volvió a sonreír', de momento, podemos leer. Pero que nadie se deje engañar por culpa de esta prosa de aparente sencillez. Os aseguro que se trata del portón de bienvenida de una de las novelas más aconsonantes que escritas en España en los felices 80 del pasado siglo. Una bomba de neutrones que hace estallar las neuronas, gracias a su preciso engranaje narrativo y a unos toques de esperpento, al lector más empedernido. Es más, si yo estuviese en vuestro lugar y aún no supiese de la existencia de este libro, saldría a la calle a darlo todo, a hacerlo todo, incluso la calle, con tal de hacerme con un ejemplar.
Novelaza negra, desternillante, dura, cruel, sensible y tierna a la vez. Raúl Núñez se dedica a contarnos la historia de un Sinatra de caras B sin dejarse llevar por amaneramientos o pretensiones fatuas. Cual 'Chinaski' resucitado el cuerpo de un 'argentiñol' dado a beberse hasta el agua de los floreros ('Sinatra' está dedicada al bar Paricio que lo vio calmar su sed). ¿Quién iba a decirnos que un tipo andaba levantando el castillo de naipes del realismo sucio a la española años antes de que Bukowski se leyese aquí?
No en vano esta alucinante (y alucinada) historia acabó convirtiéndose en un más que recomendable filme dirigido por Francesc Betriú y estrenado en 1988. ¿Queréis saber quién interpretaba al tal Sinatra en esta ocasión? Alfredo Landa. Sobran las demás credenciales. Eso sí, nada que ver con el 'Sinatra', otra película homónima, en que anda enfangado Scorsese. Que todavía hay clases y en España, aunque escasos y en situación de permanente olvido, también tenemos a nuestros clásicos. Como Raúl Núñez. Quedaos con este nombre. No os arrepentiréis.