28.7.10

El sombrero de Lennox

Craig Russell, el creador del detective Jan Fabel, ha ideado un nuevo investigador, perspicaz y atormentado por su experiencia bélica. La acción de su nueva novela transcurre en la posguerra en Glasgow, donde "la lluvia nunca lavaba la ciudad"

Imagen tomada en Glasgow (Escocia) en 1946.- ANTHONY STEWART / NATIONAL GEOGRAPHIC SOCIETY / CORBIS.foto.fuente:elpais.com

Llueve en Glasgow, como no podía ser de otra manera. Bajo el cielo inmisericorde, Craig Russell (Fife, Escocia 1956) asegura que hemos sido afortunados con el tiempo: "Es un Glasgow de novela negra". Celta, dura, proletaria, guasona. Esta es la ciudad de Lennox (Roca Editorial), un ex soldado e investigador privado en la Escocia de los años cincuenta.

Lennox es el tipo de detective que agarra la página por las solapas: ingenioso, de buen vestir y puñetazo fácil. Está en la cuerda floja de la ley y atormentado por sus experiencias bélicas. Su corazón de oro late cuando menos se lo espera. El personaje fue modelado según la generación del padre de Russell, la que no salía de casa sin sombrero y cuyos trajes a medida ocultaban cicatrices de la Segunda Guerra Mundial.

Russell vive en Perthshire con su mujer y sus dos hijos adolescentes, a algunos kilómetros de la brumosa Glasgow. "Conozco la ciudad bastante bien. Aquí es fácil entablar una conversación. Es como un pueblo. Y gasta un sentido del humor muy negro".

La Glasgow de hoy, con edificios de piedra impoluta, cafés y galerías de arte, muestra un carácter más apaciguado que la de los años de posguerra. "Parece pura invención, pero durante años se respiraba humo verdoso", explica el novelista. "Tan espeso era que los conductores tenían que seguir al tranvía para llegar a casa. Miles de personas murieron de enfermedades respiratorias". La entonces segunda ciudad del Imperio británico era una urbe con unos bajos fondos tan oscuros como su aspecto. "Había niños que pensaban que el color natural de la piedra era el negro", describe en Lennox. "La lluvia, fuerte y frecuente, nunca lavaba la ciudad, sino que le pasaba un trapo con aceite".

Pese a que el aire está limpio y apenas quedan resquicios de la industria pesada, todavía se encuentran rincones que transportan hasta la Gran Bretaña de los cincuenta. Bajo el paraguas, Russell señala un piso frente a la estación central de tren. En la primera planta de un edificio de piedra rojiza, unos visillos tras los que se adivinan archivadores y una planta sedienta. "En ese piso imagino la oficina de Lennox". En el pub The Horse Shoe (en Lennox, bautizado The Horse Head), impregnado de olor a la típica empanada de cerdo, los parroquianos beben con tanta seriedad y dedicación como si trabajaran en la fábrica.

Frente a una pinta de la cerveza Bellhaven Best, Russell parece un escocés típico. Hasta que la atención se fija en su obra. En su primer libro, Muerte en Hamburgo, el autor viajó hasta la Alemania contemporánea. Fue la presentación de Jan Fabel, un sesudo oficial de policía cuyo complejo de culpa le lleva a especializarse en la resolución de horripilantes crímenes. La saga Fabel, con cuatro títulos publicados en nuestro país (además, de Muerte en Hamburgo, Cuento de muerte, Resurrección y El señor del carnaval, todos en Roca Editorial), ha obtenido un éxito rotundo en Alemania. Su adaptación a la pequeña pantalla confirma que el autor ha diseccionado con pericia los recovecos de la psique y la cultura germanas.

Explícitas y sangrientas, las descripciones de crímenes que elabora Russell piden cuentas al pasado: "Desde que tuve uso de razón, quise ser escritor. Mi entorno familiar era muy protector y crecí a la sombra de mi padre, que había luchado como voluntario en la Segunda Guerra Mundial, en Burma. Crecí con la idea de que si quería escribir, primero tenía que vivir experiencias. Aunque sabía que no sería policía en toda mi vida, me uní al cuerpo". Durante cuatro años fue parte de una patrulla de especialistas en sucesos violentos, homicidios, fallecimientos inesperados. "Por esta razón suelo describir primero una calle, una casa o una habitación en calma y, súbitamente, la reacción visceral que produce encontrarse con la muerte".

Nacido a mediados de la década de los cincuenta, el escritor se considera parte de una época que todavía podía oler la violencia absoluta. "Yo tenía unos quince años. Mi padre me llevaba en coche a ver a una novia, y por el camino vimos a alguien que había sido atropellado", recuerda concentrado. "Fuimos a ayudar y cuando volvimos a casa, mi padre anunció a mi madre que yo había visto mi primer hombre muerto. La manera en la que lo dijo fue como si hubiera pasado a pertenecer a un club. Me hizo pensar en todo lo que él debió haber presenciado. Su consejo fue que, cualquiera que fuera la causa, nunca debería enrolarme voluntario para luchar en la guerra".

El autor empezó a publicar ya en su cuarta década, cuando se dedicaba a la redacción por encargo. "El negocio iba bien. Tenía mucho trabajo y me era complicado ponerme a escribir ficción, pero supe que si no escribía un libro entonces, nunca lo haría. Tenía que justificar ante mí mismo y ante mi mujer que podía hacerlo. Le conté todos los temas que tenía en mente y ella sin dudar dijo que tenía que escribir sobre el comisario de policía en Alemania (Fabel). Como no tenía demasiado tiempo, terminé tres capítulos y un documento en donde alegaba por qué funcionaría. Fui tan arrogante que lo mandé a los mejores agentes de Gran Bretaña. Un par de días después ya tenía una oferta".

Russell completa dos libros al año, uno de la serie Lennox y otro de la de Fabel. Las coordenadas en las que se mueve cada grupo de libros son muy diferentes. Si Lennox recibe los efluvios clásicos de Raymond Chandler, Fabel está influenciado por la novela negra escandinava encabezada por el sueco Henning Mankell. Ambas coinciden en su capacidad de trascender el género gracias a la dimensión histórica, cultural y social que alcanzan. En el universo Lennox, de trifulcas callejeras, heridas curadas con whisky y casas de citas, existe una puerta trasera que nos lleva a tramas que cruzan las fronteras de Glasgow y de una aparentemente insular Gran Bretaña. En este caso, es el tráfico de armas y el germen del conflicto israelí-palestino: "En aquellos años tienen lugar sucesos que nos afectan en la actualidad. La década de los cincuenta me atrae tanto porque es cuando el mundo empieza a cambiar de una determinada manera".

En nuestra vieja Europa cansada, quebradiza y sin esperanza en el futuro, Russell aboga por una estructura federal unitaria. "Según mi punto de vista, muchos de los problemas europeos vienen del nacionalismo, el separatismo. Se alega que las estructuras políticas homogeneizarán las culturas. Yo considero que son las grandes corporaciones las que uniforman de manera salvaje. Hay que evitarlo. Una Europa federal y sin desigualdad social podría convertirse en líder de la causa humanitaria".

Russell es un británico poco convencional, que tiene sus lealtades al otro lado del Canal de la Mancha en lugar de al otro lado del Atlántico. Algo avergonzado, admite que es miembro de Mensa, una asociación que agrupa a personas de elevado cociente intelectual: "Quise explorar mi manera de percibir, por eso hice el test", explica reticente. "A pesar de sacar una puntuación muy alta, no pude encontrar en el mapa el lugar donde tenía lugar la prueba". De una manera o de otra, Russell siempre ha sido un outsider. "Habrá que preguntar a mi madre el porqué", bromea. Esta posición de distancia se repite en sus protagonistas. Lennox es mitad canadiense, mitad escocés. Jan Fabel, escocés y frisio. "Para mí es necesario narrar desde fuera".

En pleno boom de la novela negra, Russell todavía ve un género sin apuestas radicales. "Es bastante conservador", observa. "Existe una corriente en la que los procesos están tomando importancia. La serie televisiva The Wire (HBO) ha supuesto una gran influencia. Una de las razones por las que situé a Lennox en la década de los cincuenta es porque quería escaparme de los procedimientos: los métodos, las pruebas de ADN. Quería un detective que no pudiera pedir ayuda con el móvil, que trabajara solo". Las concesiones de Russell a la tecnología se reducen al averno en la tierra que puede desenterrarse en Internet: "Mientras investigaba (sobre canibalismo) para la novela de Fabel El Señor del Carnaval, encontré muy perturbador la manera en la que gente que normalmente se sentiría aislada, termina asociándose y justificando lo que hace o pretende hacer".

Russell, cordial, conversador y amante de la buena mesa, se siente como pez en el agua en la bonhomía del noir literario. "Los festivales de novela negra son muy agradables. Los escritores se llevan bien, beben juntos. En cambio, dicen que los autores de ficción general o de novela romántica se enzarzan en discusiones, se apuñalan por la espalda. Quizás tenga que ver con que nosotros dejamos nuestro lado oscuro en la página".

Pese a la camaradería, el escritor confiesa que dedica más tiempo a leer a Günter Grass, Heinrich Böll o tratados de historia que a sus compañeros. "Puedo sonar algo altivo, pero aunque claramente yo sea un autor del género negro nunca creo que esté escribiendo una novela de crímenes. Hablo de gente corriente que se ve envuelta en situaciones extraordinarias".

Lennox. Craig Russell. Traducción de Eduardo Hojman. Roca Editorial. Barcelona, 2010. 336 páginas. 19 euros. www.craigrussell.com

Stieg Larsson, primer autor en vender más de un millón de libros para Kindle

Los e- libros del top selecto en ventas.foto.fuente:elmundo.es

Larsson, fallecido en 2004, saltó poco después a la fama gracias al éxito póstumo de sus novelas 'Los hombres que no amaban a las mujeres', 'La chica que soñaba con una cerilla' y 'La reina en el palacio de las corrientes de aire'.

"Los libros de Larsson han cautivado a millones de lectores alrededor del mundo y han encendido un interés voraz por las vidas de sus protagonistas, Lisbeth Salander y Michael Blomkvist", explicó en un comunicado el vicepresidente de contenido Kindle de Amazon, Russ Grandinetti, al anunciar la noticia.

Amazon informó además de que ha decidido crear el 'Kindle Million Club', un selecto club al que pertenecerán a modo de galardón todos los autores cuyo conjunto de obras superen el millón de ejemplares vendidos en su tienda Kindle y del que Larsson ha sido nombrado primer miembro.

Gracias a ese millón de copias vendidas, las tres obras que componen la saga 'Millennium', que ya ha sido llevada al cine en Suecia y cuya adaptación en Hollywood se espera próximamente, se encuentran además entre los diez primeros puestos de los títulos digitales más vendidos por Amazon.

La mayor tienda minorista del mundo en Internet vende libros digitales a través de la conocida como Kindle Store, que ofrece obras para sus conocidos lectores de ciberlibros, los Kindle, pero que también pueden ser leídas en varios dispositivos de Apple, como el iPhone, el iPad o el iPod Touch, y en ordenadores personales, entre otros.

Esta misma semana la trilogía de Larsson ocupa los tres primeros puestos de libros digitales más vendidos en esa tienda.

Ese éxito en el mundo digital se suma a los ya conseguidos en todo el mundo por las obras de Larsson, que componen una suerte de novela negra aderezada con denuncia social y que están protagonizadas por un conocido periodista (Blomkvist) y una 'hacker' llena de sorpresas (Salander).

Desde la publicación en Suecia hace cuatro años de la primera de las obras, 'Män som hatar kvinnor' ('Los hombres que no amaban a las mujeres', en español), los libros de Larsson se han convertido en un fenómeno internacional que han llevado al autor a lo más alto de las listas de ventas en muchos países.

27.7.10

Los crímenes de la señorita Highsmith

Editorial Norma lanza seis novelas de la maestra del suspenso Patricia Highsmith. Una escritora descomunal que supo hacer literatura con las bajas pasiones, con una maestría que envidiarían los libretistas de CSI. Ahora bien, su personalidad era aún más perversa que sus argumentos...

Llega a las librerías las novelas de Patricia Highsmith, la creadora de Tom Ripley.foto.fuente:revista Arcadia.com

Patricia Highsmith no es Agatha Christie ni sir Arthur Conan Doyle, ni siquiera es Alfred Hitchcock. Ella revela al asesino en las primeras páginas de sus libros. Descubrir el misterio –quién mató a quién, qué arma utilizó, cuándo y dónde lo hizo– no significa nada, lo verdaderamente importante está en otra parte, tal vez, en esa brumosa voz que se esparce entre líneas y le susurra al lector: hey, el criminal podrías ser tú. Por eso, si a alguien se parece Patricia Highsmith, más que a los escritores de misterio, terror o detectivesca, es a Dostoievski. En últimas, ambos son maestros del suspenso. Pero de otra clase de suspenso. De ese que no se nutre de datos ni de cifras sino de motivos. En donde el detective nunca descubre nada porque el único que puede mirar en lo profundo de su ser es el protagonista. Un suspenso que, como toda la literatura que ha tocado el cielo, hace de su materia –en este caso el crimen– un arte. Y también entretiene.

En las más de 30 novelas y cuentos de Highsmith eso es evidente. Tanto que su más reciente biógrafa, Joan Schenkar –que en diciembre pasado publicó The Talented Miss Highsmith: The Secret Life and Serious Art of Patricia Highsmith– está convencida de que si no se hubiera convertido en escritora, habría sido asesina. "Tenía la mente de un genio criminal", dice Schenkar. Y no solo la mente, sino también las manos –grandes como de carnicero y prontas a estrangular– los ojos acechantes y, sobre todo, determinación, ausencia de moral y una conciencia absoluta de que, cuando se ha decidido cometer un crimen, no hay vuelta atrás. Tom Ripley, su personaje más querido y protagonista en cinco de sus novelas, siguió ese camino.

Highsmith aprendió a convivir con sus demonios. Lesbiana, conocía a la perfección los bares gay de la Nueva York de los cuarenta y cincuenta –clandestinos y rechazados en ese entonces– y se paseaba por allí en busca de amantes. Prefería las parejas. Solía inmiscuirse en relaciones heterosexuales estables, aunque nunca se interesó por ninguna en especial. Su segunda novela, El precio de la sal –de temática abiertamente homosexual–, fue publicada en 1953 bajo el seudónimo de Claire Morgan. Al fin y al cabo, para la época, la homosexualidad era considerada una enfermedad. La misma Patricia se despreciaba por ello y por no ser parte de la clase social alta neoyorquina.

Llegó a salir con tres mujeres a la vez. Fue alcohólica. Fumadora. Racista. Solitaria. Secreta. Obsesionada con su madre, con la seguridad, con el paso del tiempo, con las listas, con los impuestos y con la comida.

De niña, Patsy Plangman (ese era su verdadero apellido) planeó asesinar a su padrastro de quien, no obstante, tomó el Highsmith. Lo odiaba por tener que vivir con él en un diminuto apartamento de ladrillos rojos de Greenwich Village en Nueva York. Patsy había nacido en Fort Worth, Texas, un 19 de enero –el mismo día que Edgar Allan Poe un siglo antes– y allí volvería, contra su voluntad a los 12 años, a la casa de su abuela materna, Willie Mae Stewart. "Aprendí a vivir con un odio cruel y asesino desde muy pronto. Y aprendí también a sofocar mis emociones más positivas", diría Highsmith.

Que nadie se alarme. Los niños también pueden matar. Así ocurre en 'La tortuga de agua dulce', un cuento suyo en el que un niño, atormentado por su madre, la asesina tras haberla visto hervir una tortuga para preparar estofado. Una década después, Highsmith, con 52 años, haría una lista que llamó 'Little Crimes for Little Tots: Things Around the House Which Small Children Can Do' que incluía perturbadoras escenas al estilo de: los niños pueden poner cuerdas en la parte alta de las escaleras para que algún adulto se caiga o llenar el frasco de la harina con veneno para ratas.

No fue la única lista que hizo. Al parecer, Highsmith sufrió de un desorden archivístico que la llevó a rotular, planear y clasificar todos los aspectos de su vida. Escribió más de 8.000 páginas de diarios y cuadernos, entre los que se encuentra una lista bastante peculiar, conformada por sus amantes a las que, tras un examen riguroso, aprobaba o desechaba según el deseo momentáneo. También hizo cálculos. ¿Cuántos golpes se necesitan para matar a un niño de ocho años?, y ¿cuántos para matar a uno mayor? Nunca soportó los gritos de los niños. "No entiendo a la gente que es aficionada a armar ruido; por consiguiente, me da miedo, y, como me da miedo, la odio", escribió. Aun así, jamás hirió a nadie: soltaba sus dardos escondida en un rincón.

En los años cuarenta, cuando la joven Pat volvió de Texas a Nueva York –una ciudad que conocía y que la sofocó al punto de instalarse para siempre en Europa– sus cuentos aparecieron en Harper's Bazar mientras ella trabajaba en una editorial de cómics donde el constante peligro de los superhéroes, las persecuciones y las identidades secretas de cualquier Linterna Verde nutrieron su imaginación.

Por esa época inició un amorío con su máquina de escribir Olympia de la que saldrían verdaderos golpes al lector como su primera novela, Extraños en un tren. Sobre el argumento dijo Highsmith: "(...) dos personas acuerdan asesinar a sus amigos mutuos, lo que les permitirá una coartada perfecta". Pero hay mucho más. Está, por ejemplo, Charles Anthony Bruno, un tipo macabro, obsesivo y sin rastro de moral cuya actitud recuerda a alguien que está en el trabajo y quiere llegar a su casa rápido para ver algo en la televisión o alimentar a los peces o hacer cualquier cosa urgente. Bruno quiere llegar rápido para matar.

"Los primeros seis años de mi carrera no fueron precisamente afortunados –anotó Highsmith–, luego ocurrieron unas cuantas cosas que hicieron que la suerte me sonriera". Una de ellas fue la llamada del aclamado Alfred Hitchcock para llevar al cine Extraños en un tren. Highsmith recibió 6.800 dólares. "Cambió mi novela –confesó a su asistente personal– pero siempre le estaré agradecida porque gracias a él pude seguir escribiendo y viviendo de escribir". Esa sería la primera de una larga lista de novelas y cuentos suyos que fueron convertidos en películas. La última: Mr. Ripley el regreso realizada en el 2005.

Con seguridad Highsmith se afectaba cuando veía a sus protagonistas salir mal librados en el cine. Y es que todos ellos –desquiciados y manipuladores como eran– siempre resultaban invictos en sus libros. En El talento de Mr. Ripley, Tom Ripley comete dos asesinatos, cambia de identidad, huye, roba y falsifica firmas. Al final se va a Grecia. Está exhausto y necesita unas buenas vacaciones en el Mediterráneo después de tanto ajetreo. Como Tom, Patricia viajó y tuvo obsesiones.

Caracoles y Gauloise

Patricia Highsmith tenía cientos de caracoles. Los coleccionaba y cuando estaba aburrida sacaba dos o tres de su cartera y los miraba perderse. No es difícil creer que le gustaran más que las personas, tanto, que llegó a escribir un cuento sobre ellos: 'El observador de caracoles', donde cita al naturalista Henry Fabré para anunciar que ninguna especie del reino animal manifiesta tal grado de sensualidad durante el apareamiento como los caracoles. La gente, en cambio, entorpecía su creatividad y por eso la rehuía.

O tal vez por miedo. De hecho, esta planificadora de crímenes perfectos y coartadas inimaginables, nunca dejó de pensar en su seguridad. Según Schenkar, su casa en la villa francesa de Moncourt estaba rodeada por un muro de concreto grueso. Adentro, un cuarto no muy grande, con una cama y una estantería con pañuelos y frascos de Vic Vaporub. En ángulo recto con la cama, un escritorio lleno de papeles y cartas. Cerveza y cigarrillos Gauloise humeando por el suelo. En medio de todo, la solitaria Patricia con sus caracoles.

¿Por qué Otto Penzel, uno de los editores de Highsmith, dijo que era un ser humano horrible? Probablemente porque así fue. Patricia nunca fue correcta ni mucho menos cortés. Tan solo inquietante y transgresora. Desde su juventud, se sintió incómoda con la población negra y ese racismo degeneró en un antisemitismo que la llevó, ya en sus últimos años, a inventar 40 identidades falsas con las que mandó cartas a políticos y periodistas estadounidenses para criticar el estado de Israel y la influencia judía en el mundo. Curioso. Muchas de sus amantes fueron judías.

En realidad, nunca estuvo demasiado feliz respecto a nada. Odiaba también la comida. Schenkar cuenta que su única dieta en décadas fueron el alcohol y los cigarrillos. "La diferencia entre la joven y seductora Pat de sus tempranas fotografías y la vieja escritora de 53 años sentada tecleando es chocante", dice en su biografía. Para Highsmith, el problema de Estados Unidos –por esos días pendiente del Watergate de Nixon– era gástrico. Un ataque de ácido estomacal que los hacía vomitar. Ella misma solía vomitar.

Al tiempo Patricia escribió. Continuó con la saga Ripley. Lanzó antologías desconcertantes como Pequeños cuentos misóginos y Once, novelas como El diario de Edith, La celda de cristal y A merced del viento y un ensayo sobre la escritura que llamó Suspense.

Murió en 1995 –hace justo 15 años– en Locarno Suiza. Estaba enferma. Su entierro fue solitario. Ningún amante. Pocas lágrimas. Sus últimos días los pasó en un hospital acompañada por su contador (Highsmith pagaba impuestos rigurosamente en Estados Unidos y en Suiza). Tuvo, en efecto, una mente criminal. No fue una buena chica, como las que abundaban en los años cincuenta. De esas que iban al salón de belleza y esperaban a que sus maridos regresaran de la guerra. Fue, más bien de otro tipo. De las que telefonea en medio de la noche, con un par de tragos en la cabeza, y pregunta: "¿Alguna vez has tenido ganas de matar a alguien?".

26.7.10

Agujero Noir

¿Enciclopedia biográfica? ¿Testimonio de una obsesión? ¿Ficción de fan? ¿Cuentos encapsulados? ¿Capítulos de una novela que atraviesa la historia del cine noir entre los '40 y los '80? Todo eso y algo más es Sospechosos, el libro del venerado crítico David Thomson incluido con justicia en la colección Roja y Negra de Mondadori

Bajo los anteojos oscuros, Barbara Stanwyck, una de las grandes damas fatales del cine clasico, junto a Fred Mcmurray en pacto de sangre, de Billy Wlder.Foto;fuente:pagina12.com.ar

A continuación, el prólogo con que Rodrigo Fresán presenta este volumen difícil de clasificar pero infinitamente fácil de disfrutar: un paseo por lo mejor del cine noir en busca de la resolución de un crimen.

Por Rodrigo Fresán

Todo el mundo es un soñador y todo el mundo es una estrella
Y todo el mundo está en las películas,
no importa quién eres.

Desearía que mi vida fuera un show de película de Hollywood sin fin
Un mundo de fantasía de villanos y héroes de celuloide
Porque los héroes de celuloide nunca sienten dolor
Y los héroes de celuloide nunca mueren de verdad.

Ray Davies
"Celluloid Heroes"


UNO

El crítico y ensayista cinematográfico David Thomson (Londres, 1941, actual colaborador en The New York Times o en Salon.com entre muchos otros medios) es, por lo menos, autor de tres libros imprescindibles.

El primero de los libros indispensables que firmó Thomson es The New Biographical Dictionary of Film, publicado por primera vez en 1975 y revisado y aumentado varias veces desde entonces.

Un clásico indiscutible.

El tomo de casi 1000 páginas que le hizo decir a J. G. Ballard que Thomson era "el más grande de los escritores sobre cine", a Guillermo Cabrera Infante que se trataba del "mejor trabajo jamás escrito en inglés sobre el cine", a Hanif Kureishi que era algo "maravillosamente personal", a John Updike que le parecía "inteligente y obstinado" y a Peter Bogdanovich, "un texto invalorable para estudiosos, fans y entusiastas serios. Los comentarios de Thomson son fuertes y duros pero siempre informados y nunca triviales y, haciendo excepción de lo que dice acerca de John Ford, de mí y de uno o dos directores más, se me hace muy difícil rebatir sus opiniones".

Y ahí está la clave del asunto: porque el diccionario armado por Thomson no es un diccionario al uso. Los diccionarios deben ser, se supone, objetivos, aspirar a una universalidad libre de posibles polémicas, y no teñir sus definiciones con cuestiones personales. El diccionario de Thomson, en cambio, es todo lo contrario. The New Biographical Dictionary of Film es lo que, en inglés, se conoce como opinionated 1. Así que en él –porque es suyo– Thomson no deja de opinar, desmenuzar, desmitificar y, a menudo, aniquilar a varios hasta entonces intocables monstruos sagrados. Actores, directores, guionistas, productores, compositores de soundtracks pasan por el filtro de Thomson y son aniquilados o reivindicados en entradas de variable longitud que se leen como perfectas miniaturas, como esclarecedores cortometrajes, como capítulos sueltos de un gran script.

El segundo de los libros indispensables de Thomson es Have You Seen...?, fue publicado en 2008, lleva como subtítulo A Personal Introduction to 1000 Films (y más abajo se advierte que "incluye obras maestras, rarezas, placeres culposos y clásicos con apenas unos pocos desastres"), podría llamarse Thomson ataca de nuevo y funciona a la perfección como companion, como gemelo distinto pero complementario, de The New Biographical Dictionary of Film. Greil Marcus dijo de él que "hay un escepticismo en Have You Seen...? que produce en el lector una gran confianza, la sensación de ver a un escritor contemplando todas las películas al mismo tiempo, lo que permite a Thomson referirse a un simple gesto o emitir un juicio acerca de todo un país. No es sólo un nuevo tipo de libro de cine; es una nueva forma de conversación". Y en él –a film por página– Thomson (en riguroso orden alfabético, desde Abbott and Costello Meet Frankenstein hasta Zabriskie Point 2) recorre, rescata, destruye y canoniza su cinemateca privada. Al igual que su Dictionary, se lo puede consultar haciendo uso del índice pero todavía mejor es leerlo como la autobiografía compartida de una vida sentada y en la oscuridad donde este hombre se da el lujo de despreciar a 2001: A Space Odyssey ("Creo ahora, como creí entonces, que no es más que una suntuosa farsa y una elaborada defensa del vacío y del desgano por usar la auténtica imaginación") o a Butch Cassidy and the Sundance Kid ("la película que les dio a Newman y a Redford el apoyo suficente para dejar de pensar y comenzar a posar") y de ascender a la categoría de clásico a The Moderns de Alan Rudolph 3.

El primero de los libros lleva en la portada un fotograma de To Have and Have Not; el segundo, uno de The Godfather.

Uno y otro son dos espectáculos –el deseo realizado de ese "show de película de Hollywood sin fin" al que le cantan The Kinks– que no se acaban nunca y que está bien que así sea.

Uno y otro empiezan justo en el momento en que uno entra en ellos.

Siempre.

DOS

El tercer libro imprescindible de David Thomson no sé muy bien lo que es, pero sí sé, con absoluta seguridad, que es una obra maestra y que se titula Sospechosos.

Rubia y noir: Gloria grahame rendida a los pies de glenn Ford en la oscurisima los sobornados (the big heat), de fritz lang.

TRES

Y cuando digo que no sé muy bien lo que es Sospechosos, en realidad quiero decir que Sospechosos es muchas cosas y todas y cada uno de ellas son cosas formidables.

A saber:

a) Sospechosos es una suerte de enciclopedia sobre el cine noir a la vez que un sentido huracán fanfiction y amoroso valentine al género al que homenajea pero también –como en los mejores homenajes– reinventa desmontándolo para volverlo a montar.

b) Sospechosos es un director's cut.

c) Sospechosos es un writer's cut.

d) Sospechosos es un writer's cut y un director's cut que acaba transformándose en, sí, un critic's cut.

e) Sospechosos es un artefacto metaficcional y posmodernista con guiños cómplices tanto a Vidas paralelas de Plutarco, Vidas imaginarias de Marcel Schwob y a Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges, como a los procedimientos de collage mashup en las obras de John Barth, Robert Coover, Stanley Elkin, Thomas Pynchon & Co. Con todo esto quiero decir que Sospechosos está muy bien escrito.

f) Sospechosos es algo así como una versión del IChing que se puede leer y disfrutar abriéndolo por cualquier página. Y entonces, sí, ser inspirados y esclarecidos.

g) Sospechosos es una versión ácida y lisérgica del juego Trivia Pursuit.

h) Sospechosos es –según el escritor Leonard Michaels– algo "comparable en brillantez a lo que hicieron mitólogos modernos como Borges, Calvino y García Márquez, donde el conocimiento profundo y la pura fabulación se nos ofrecen como un juego exuberante e infinito".

i) Sospechosos es una máquina de hacer y de deshacer memoria.

j) Sospechosos –según el escritor y también cinéfilo Philip Lopate– es "una fértil meditación sobre las trayectorias de los personajes".

k) Sospechosos es el sueño húmedo y en llamas de un cinéfilo 4.

l) Sospechosos es el paraíso de los maníacos referenciales del celuloide o el infernal plano para el parque temático privado que Howard Hughes o William Randolph Hearst o, mejor, Charles Foster Kane jamás llegaron a construirse para, después, encerrarse allí adentro y arrojar la llave por la ventana más alta de sus salas privadas de cine.

m) Sospechosos es una larguísima canción/álbum de Bob Dylan a estrenar en el mismo cine donde nunca ha bajado de cartel su "Brownsville Girl" (y a no olvidar nunca que Dylan es un fan confeso del cine criminal de la edad de oro y hasta propietario de un cine en su ciudad natal).

robert mitchum y jane greer a punta de pistola en traidora y mortal (Out of the past), la pelicula de jacques tourneur considerada como paradigma del cine negro norteamericano.

n) Sospechosos –según la escritora Diane Johnson– es "un maravilloso y perspicaz análisis del carácter norteamericano y su cultura" y descubro que el programa automático/ordenador/alfabético de mi Mac no admite la existencia de la letra ñ.

o) Sospechosos es la respuesta perfecta a la pregunta ¿Qué película te llevarías a una isla desierta?

p) Sospechosos es la respuesta perfecta a la pregunta ¿Qué libro te gustaría que se llevara al cine? (Sospecho que la tecnología para hacerlo ya existe, pero no creo que exista bufete de abogados capaz de desenredar la madeja legal a la hora de redactar y firmar contratos 5. Una vez solucionadas estas cuestiones, por favor, dirigida por Quentin Tarantino con adaptación de James Ellroy & Denis Johnson.

q) Sospechosos es una gran guía de dvd a revisar o a ver por primera vez.

r) Sospechosos –según el director de cine Philip Kaufman– es algo que "en principio parece inocente y muy entretenido. Pero, como solía afirmar Nelson Algren, cualquier tipo debe ser inocente de algo. Y para cuando comprendes de lo que es inocente David Thomson ya es demasiado tarde".

s) Sospechosos es un despacho/mensaje en una botella (o en una lata de película) enviado desde un dimensión alternativa a la que se fueron a vivir Vladimir Nabokov y Philip K. Dick y Stanley Kubrick y Roberto Bolaño y Guillermo Cabrera Infante. Sospechosos es uno de los libros más graciosos y divertidos jamás escritos.

t) Sospechosos es un riquísimo banco de datos del que podrían salir muchísimas películas tanto más inteligentes que aquellas con las que nos castiga Hollywood por estos días.

u) Sospechosos es un catálogo de prequels y de sequels.

v) Sospechosos es un libro de relatos.

w) Sospechosos es una novela.

x) Sospechosos (lo comprendemos recién al llegar a las últimas páginas, a las escenas finales, cuando se nos revela el primer plano de un narrador que, como la enloquecida Norman Desmond al final de Sunset Boulevard, finalmente parece decirnos "Muy bien, Mr. DeMille, estoy lista para mi primer plano") es una de las historias más tristes y desoladoras jamás narradas y filmadas...

...y volver a empezar porque no nos alcanzan las letras. Así que, mejor, conformarnos con lo del principio con la convicción de no poder definirlo del todo pero con la certeza de que

z) Sospechosos es una obra maestra 6.

Y vayamos entrando, que la función va a comenzar.

CUATRO

Pero todavía quedan unos minutos, así que aprovechemos para hablar un poco más antes de que haya que guardar silencio mientras se ve y se lee.

Supongamos que en la butaca de al lado está sentado David Thomson y que nosotros le preguntamos cómo fue que se le ocurrió la idea para Sospechosos. Entonces –como lo hizo en una entrevista– Thomson nos respondería: "Alguien me pidió que hiciera un diccionario de personajes de películas. Lo que me pareció una tarea imposible de asumir y abarcar. También pensé que muchos géneros no se relacionan bien entre sí. Así que decidí limitarme al noir. Hice una lista y me puse a pensar en ellos y se me ocurrió que muchos podrían haberse conocido más allá de lo que habíamos visto en sus respectivas películas. En otras palabras, una gran red –una novela– comenzó a atraparlos y a contenerlos y a relacionarlos unos con otros7. Esto fue sucediendo de a poco y llevó un largo tiempo. Pero me interesaba combinar ambas especies: la enciclopedia y la novela. Y yo tenía esta imagen de una biblioteca donde cada uno de los personajes se iba poniendo de pie y resumía su existencia para el lector. Pienso que una de las facetas más interesantes de Sospechosos es la manera en la que el mismo formato de una enciclopedia se presta a la intertextualidad. Pensé entonces que la estética del noir se apreciaba mejor como una suma de todas sus partes y que, además, representaba una apreciación nueva de la historia moderna porque todo podía llegar a ser noir: una cierta forma de ficción, sí, pero también la cuna de la paranoia absoluta y de la sospecha constante que definen a nuestro tiempo. El noir era una opción de leerlo y de comprenderlo todo 8. Y el título de mi libro era un sujeto a la vez que un adjetivo: de un modo u otro, todos somos sospechosos de algo o para alguien, y es más que probable que hayamos cometido algún 'crimen' que preferimos no recordar... Así que me puse a ver todas esas películas para descubrir pequeños detalles aparentemente casuales o poco importantes y a llenar los vacíos de las tramas sin que eso significara traicionar las esencias de los personajes".

CINCO

Así, contrariamente a lo que pueda pensarse en principio, Sospechosos es mucho más que la versión serie negra de la portada de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. De acuerdo, se explora el género desde 1940 a 1980, están todos los que tienen que estar 9; pero lo que aquí acaba imponiéndose más allá del ingenio de la ecuación es el genio del resultado. El logro indiscutible de Sospechosos es que –luego de tanto entretenimiento y alcanzado el monólogo/confesión del último sospechoso– nos regala una rara emoción: la exaltación de quien ama a las películas pero, también, el inesperado sentimiento de haber sido irradiados y abducidos por el agujero negro y noir de tantas horas en la oscuridad y de, por fin, luminosos e iluminados, sentirnos parte de ella.

En Sospechosos, David Thomson reúne muchísimos más "usual suspects" que el capitán Louis Renault en Casablanca, pero lo verdaderamente admirable e inesperado es que, de algún modo, entre todos ellos, también, como en alguna de esas ficciones en las que la pantalla absorbe a los espectadores –como extras, como cameos, como sorpresivos y sorprendidos figurantes en una película merecedora de todos los Oscar de aquí a la eternidad– también estamos todos nosotros.

la tantas veces diabolica gene tierney hipnotizando desde el cuadro al detective mcpherson (dana andrews) en laura, de otto preminger

SEIS

Y, claro, inevitable, alguna vez le preguntaron a David Thomson sobre una posible segunda parte o actualización de Sospechosos. A quiénes pondría y todo eso.

Thomson respondió: "De hacerlo –aunque no creo que lo haga– invitaría a las películas y a los directores que más me hacen pensar acerca de las vidas de sus personajes más allá de lo que enseñan en un par de horas. David Lynch o Paul Thomas Anderson, por ejemplo. El modo en que sus criaturas llevan existencias aparentemente normales que no son más que las fachadas de vidas secretas. Magnolia me parece un riquísimo yacimiento en este sentido y los personajes de Anderson siempre sufren pasados misteriosos de los que intentan huir a toda costa. De ahí que el noir sea algo tan eternamente moderno, porque de lo que habla una y otra vez, finalmente, es de la fantasía universal de querer ser otro, de volver a empezar, de desaparecer aquí y aparecer en otra parte".

Y, a continuación, Thomson agregó: "Cuando acepté hacer Have You Seen...? lo cierto es que no me gustaba la idea de encarar algo que se parecería tanto a un sumario de mi carrera, a un resumen de lo visto y pensado y escrito. Así que lo fui postergando, porque me incomodaba la sensación de estar acercándome a ese punto. Pero me regocijó descubrir, cuando me puse a ello, lo mucho que me divertía escribirlo y lo bien que me la estaba pasando. Se sabe que nadie quiere escribir su último libro. Pero se llega a una edad –yo no la he alcanzado pero ya puedo verla más o menos cerca– cuando comienzas a preguntarte si el que estás escribiendo será tu libro de despedida. Lo cierto es que estoy cada vez más convencido de que los libros que me quedan no serán sobre cine, porque he tenido la oportunidad de decir casi todo lo que me interesaba decir sobre el tema. Sería tonto afirmar que me queda algo importante por revelar luego de haber producido dos volúmenes de más de medio millón de palabras cada uno. Así que me parece que me voy aproximando al The End en lo que al tema se refiere".

Por suerte para nosotros, antes de llegar a ese lugar final y a este principio de convencimiento, Thomson escribió y dirigió Sospechosos.

Ahora, otra vez –en blanco y negro y en rojo y noir y en colores– la luz se apaga para que las luces se enciendan.

Música.

Títulos.

Sombras.

Aquí –el cuello alzado de la gabardina y el vestido ajustado, la cabellera fatal y el rostro velado, las sonrisas torcidas y las cejas enarcadas, los nobles deseos y las malas acciones, los cuerpos ardientes y los cerebros fríos, las frases inolvidables y las escenas perfectas, los corazones destrozados y las traiciones indestructibles, los puñales por la espalda y los revólveres a quemarropa, los cigarrillos siempre encendidos y la lluvia que los apaga, los primeros planos cerrados y los encuadres abiertos– vienen y vuelven ellos y ellas.

Todos juntos ahora.


1 Actitud que, por supuesto, le ganó a Thomson numerosos lectores indignados, enemigos eternos y rivales en el oficio que cuestionan y desprecian todos y cada uno de sus veinte libros hasta la fecha. Está claro que no es mi caso (hasta le perdono a Thomson lo que afirma de 2001 un poco más abajo) y me permito recomendar, entre los que leí, su exhaustiva biografía de David O. Selznick (Showman), su aproximación muy personal al mundo de Orson Welles (Rosebud), su poco ortodoxo pero muy interesante intento de contarlo todo (The Whole Equation: The History of Hollywood), su exploración geográfica de un territorio de mapa cambiante (In Nevada: The Land, The People, God, and Chance), su periplo extraterrestre para atrapar a un monstruo (The Alien Quartet) y su obsesión casi patológica con la ex Mrs. Cruise (Nicole Kidman). No he leído aún su reciente memoir juvenil (Try To Tell The Story) o su reciente libro sobre la Psycho de Alfred Hitchcock, pero, seguro, ya entraré a algún cine donde las pasen, y me sentaré a leerlos.

2 Advertencia: por razones de universalidad y respeto, referiré los títulos originales de películas mencionadas a lo largo de este prólogo.

3 Y, por si a alguien le interesa, en el año 2002, la revista especializada inglesa Sight and Sound le solicitó a Thomson la lista de sus 10 películas favoritas de todas las nacionalidades y todos los tiempos y aquí están en orden de preferencia: Blue Velvet de David Lynch (1986), Céline and Julie vont en bateau de Jacques Rivette (Céline y Julie en barco, 1974), Citizen Kane de Orson Welles (1941), Il Conformista de Bernardo Bertolucci (1970), His Girl Friday de Howard Hawks (Ayuno de amor, 1940), Un condamné à mort s'est échappé de Robert Bresson (Un condenado a muerte se escapa, 1956), Pierrot Le Fou de Jean-Luc Godard (Pierrot el loco, 1965), La règle du jeu de Jean Renoir (La regla del juego, 1939), Ese oscuro objeto del deseo de Luis Buñuel (1977) y Ugetsu Monogatari de Kenji Mizoguchi (1953).

4 Y me da mucha felicidad imaginarme las alegrías que este libro deparará a un elenco que incluye nombres como los de Juan Marsé, José Pablo Feinmann, Paco Camarasa, Julio Crespo, Javier Marías, Juan Ignacio Boido, Alberto Fuguet, Alan Pauls, Jordi Costa, Diego Curubeto, Maruja Torres, Guillermo Saccomanno, Enrique Vila Matas, Marcelo Figueras, Carlos Boyero y Guillermo Piro, por citar tan solo apenas un puñado entre sus muchos posibles espectadores ideales. (Nota: Sospechosos es uno de esos libros para regalar a los amigos para así poder hablar sobre Sospechosos con ellos.)

5 Lo más parecido a Suspects que se ha intentado en la gran pantalla es, supongo, la encomiable comedia Dead Men Don't Wear Plaid (Cliente muerto no paga, 1982) de Carl Reiner y coescrita y protagonizada por Steve Martin con la ayuda de gente como Humphrey Bogart, Bette Davis, James Cagney y siguen las firmas sobre el cemento por siempre fresco de Hollywood Boulevard.

6 Y escribo esto y recuerdo y voy hasta mi biblioteca y ahí está otro libro de David Thomson en el que –en 1990, cinco años después de Sospechosos– repitió metodología pero cambió de género y paisaje. En Silver Light, Thomson hace por el western lo que aquí hizo con el noir; por lo que me veo felizmente obligado a corregir lo del principio:

"UNO El crítico y ensayista cinematográfico David Thomson (Londres, 1941; actual colaborador en The New York Times o en Salon.com entre muchos otros medios) es, por lo menos, autor de cuatro libros imprescindibles".

7 Un mínimo ejemplo del Método Thomson: en Sospechosos se nos informa de que Julian Kay (Richard Gere en American Gigolo, de 1980) es hijo de Joe Gillis y Norma Desmond (William Holden y Gloria Swanson en Sunset Boulevard, de 1950) quien supo ser, durante los años '20, amante de Noah Cross (John Huston en Chinatown, 1974). Y todo encaja –Thomson consigue que encaje– para que así sea. Una y otra y otra vez.

8 De ahí que Thomson –con inteligencia– considere a El gran Gatsby, al James Dean de Rebel Without a Cause, a Lolita y al Jack Nicholson de The Shining como inequívocos especímenes noir.

9 Consultar la filmografía/bibliografía al final del libro si no se puede aguantar la ansiedad, pero lo mejor es ir encontrando a los personajes/actores de a poco, sorprendiéndose con cada capítulo hasta alcanzar la revelación final.

19.7.10

La nueva 'femme fatale' de la novela gráfica

Coqueteo, alcohol, cigarrillos y un mundo de apariencias fabrican un cóctel explosivo en Asquerosamente rica, una novela gráfica arquetípica del género negro, un relato "de crimen y sexo, y de cómo uno se relaciona con el otro", en palabras de su dibujante, el valenciano Víctor Santos

La lujosa protagonista de Asquerosamente rica.foto:Efe.fuente:elmundos.es

El cómic, primera publicación de la serie Panini Noir, cuenta la historia de un perdedor, Richard Junkin -"Junk para los amigos"-, un antiguo jugador de fútbol americano con una carrera truncada por una lesión, que ha acabado por convertirse en un patético vendedor de coches de Nueva Jersey.

Las cosas se complican para Junk cuando el jefe del concesionario le encomienda una nueva tarea: ser el guardaespaldas de su hija Vicky, una sensual joven cuyo "territorio de caza" son las noches desenfadadas del Nueva York de la década de los 60. Pero más que el acompañante de Vicky, Junk acabará transformándose en su "perrito faldero", o lo que es peor, en la persona encargada "del trabajo sucio".

Escrita por el conocido guionista de cómics estadounidense Brian Azzarello, autor de la serie '100 balas', 'Asquerosamente rica' es una historia producto de la amistad surgida entre el escritor y el dibujante tras coincidir ambos hace unos seis años en el Salón del Cómic de Avilés.

En aquella ocasión, cuenta Santos en una entrevista con Efe, Azzarello quedó entusiasmado con la incipiente obra del joven dibujante valenciano -autor sobre todo de serie negra y fantástica-, al punto de que se marchó "con ganas" de trabajar con el dibujante.

Dos años después volvieron a coincidir en Barcelona, pero esta vez Azzarello traía una propuesta concreta para Santos: "una historia de género negro puro y duro, en esa línea de blanco y negro que a él [Azzarello] le gusta mucho", confiesa el dibujante. "Hablamos de hacer un tipo de historia muy clásica, con la clásica 'femme fatale', que es una figura que nos gusta mucho, y con personajes arquetípicos", agrega.

Un cómic lleno de influencias

Surgió así 'Asquerosamente rica', una novela gráfica que bebe de las fuentes de los autores clásicos del género negro: Raymond Chandler, Dashiell Hammett, James M. Cain y, en particular, de Jim Thompson, un escritor con muchos "puntos en común", afirma Santos, con Azzarello. "Él juega mucho con el tema del perdedor, sus personajes suelen ser gente que tiene algo del pasado que arrastran y que les ha jodido la vida", afirma Santos.

En 'Asquerosamente rica', aclara el dibujante, la historia está muy contenida, "pero cuando la violencia estalla, estalla de forma muy potente".

El cine es otro de los puntos de referencia de la historia. Películas como 'Ocean's Eleven', 'El cartero siempre llama dos veces' o 'L.A Confidential' marcan la línea estética de la historieta. Con un trazo realista pero con el toque 'cartoon' que lo caracteriza, Santos explica que se preocupó por "definir espacialmente" el escenario en el que los personajes se mueven e interactúan para que el lector pudiera situarse.

Sobre si el cómic tendrá continuidad, Santos señala que "hay muchas posibilidades". Lo que sí es seguro es que ambos tienen la intención de continuar colaborando juntos, pero "siempre en género negro", acota el dibujante.

16.7.10

El último detective privado

Un curso de verano recuerda a Vázquez Montalbán y al personaje de Carvalho como cronistas de la Transición de España

Manuel Vázquez Montalbán en 1992.-foto:JOAN SÁNCHEZ.fuente:elpais.com

Decir Pepe Carvalho es decir Manuel Vázquez Montalbán. El detective tiene tantas similitudes con su creador que ayer era difícil adivinar de quién hablaban en cada momento los ponentes de la mesa redonda del curso Recordando a Pepe Carvalho: cómo se crea un personaje en la novela negra. Los escritores Lorenzo Silva y Domingo Villar, el librero Francisco Camarasa, la periodista Rosa Mora y Ana Gavín, directora de relaciones editoriales de Planeta, fueron los encargados de reflexionar sobre el mítico detective en los cursos de verano de El Escorial.

"Carvalho es una mezcla de Harry el Sucio y la madre Teresa de Calcuta", sentencia Domingo Villar, escritor de novela policiaca que ve en el personaje de Vázquez Montalbán un modelo de "piedad". Carvalho es irónico y sarcástico, es un hombre que va de la Barcelona burguesa a los bajos fondos. El personaje bebe del Vázquez Montalbán nacido de una familia humilde en el barrio del Raval, con un padre preso por ser republicano al que no conoció hasta los cinco años. El detective refleja la vida de su autor y es un cronista de primera mano del cambio de la dictadura franquista a la democracia.

Vázquez Montalbán describe sin explicar lo que Carvalho vive, da por hecho que el lector sabe de lo que habla, para no perder agilidad. "Quizá en el futuro habrá que poner anotaciones a pie de página", opina Lorenzo Silva, quien considera que, a diferencia de Alejandro Dumas, que "se apoya en informes y papeles para recrear la Francia de Luis XIII, Vázquez Montalbán mira a su alrededor en la Transición y capta los destellos, como un poeta que rescata imágenes".

Para Rosa Mora, el tipo de vida que llevaba Vázquez Montalbán y su forma de escribir, que él mismo definía como "a ráfagas", es lo que hizo llegar tan alto al personaje de Pepe Carvalho. "Creo que con él dignificó la novela policiaca", afirma.

Lo que diferencia al detective Carvalho, cuyas aventuras transcurren a lo largo de 25 libros, de los otros personajes de la novela policiaca actual, es la autonomía de su profesión. "Carvalho es el último detective privado", explica Rosa Mora, y pone de ejemplo los personajes creados por los dos escritores que la acompañan. El detective de la Policía Nacional Leo Caldas, creación de Domingo Villar, y la pareja de guardias civiles compuesta por el brigada Bevilacqua y la cabo Chamorro, salida de la imaginación de Lorenzo Silva, muestran cómo la novela se adapta a la realidad, y como el detective privado ya no puede competir con los medios de la policía o la Guardia Civil. "Saben hasta en el chat que te metes y a quién envías mensajes, ¿cómo va a competir con eso alguien que hace guardia ante una puerta a ver quién sale?", se cuestiona Silva, que, al igual que Villar, ha aprendido de Vázquez Montalbán y de su manera de narrar. "No sabía cómo agradecérselo y, cuando murió en 2000, le envié a su viuda, Anna Sallés, mis libros para que los leyera", comenta Villar emocionado.

15.7.10

Tres forenses literarios para una disección de la novela negra

Laura Esquivel, Santiago Gamboa y Petros Markaris conversan en Gijón en torno al imparable boom de un género que se niegan a considerar menor

De izquierda a derecha, Santiago Gamboa, Laura Esquivel y Petros Markaris, fotografiados en el recinto de la Semana Negra de Gijón.-foto:MARINA TAIBO 3.fuente:elpais.com

En medio de la Semana Negra, tres realidades distintas pero un mismo fenómeno literario. La mexicana Laura Esquivel, el colombiano Santiago Gamboa y el griego Petros Markaris no se conocían en persona antes de visitar Gijón -tampoco sus mundos literarios guardan entre sí concomitancias claras- pero eso no impidió que se sentaran delante de un café para debatir la situación actual de la novela negra en España. En un diálogo a tres bandas, los tres autores mantuvieron un cruce de argumentos en el que primó la reivindicación del género policiaco como cauce para la reflexión social, económica y política.

"Ningún escritor de novela negra de hoy en día se consideraría un autor menor a otros". Para el escritor colombiano Santiago Gamboa, la gran conquista de la novela policiaca a nivel mundial consiste en que no se establezca ninguna diferenciación de géneros: "Si a Graham Greene nunca le dieron el premio Nobel es porque hace 20 años la novela negra no había conseguido el estatus que hoy tiene", comenta Gamboa.

Por su parte, Petros Markaris considera que el desarrollo económico que se vivió en Europa con la caída de los Gobiernos socialistas supuso un auge en la literatura: "Los lectores encuentran en la novela negra la única vía para leer una crítica social y política de la situación actual en Grecia, al centrar la temática no solo en las vivencias de los personajes sino también en una reflexión en los cambios estructurales de la sociedad".

Como no podía ser de otro modo, la radicalización de la violencia en México es también un fenómeno que se refleja en el mundo literario. Laura Esquivel justifica las historias que el género negro cuenta como una especie de venganza del propio lector: "Ante la impunidad generalizada de los grandes criminales, que no son otros que los de cuello blanco que permiten esa situaciones", explica, "el lector siente que a través de los argumentos y las historias que lee se realiza una especie de castigo y justicia".

Santiago Gamboa profundiza y va más allá cuando considera que la clave del éxito de la novela negra es la curiosidad: "El enigma es la clave. La anomalía en las situaciones que se desarrollan en los argumentos produce un tipo de placer de lectura diferente al que produce la pura estética. Las novelas que tienen un enigma y que con su solución satisfacen al lector, hace que estas historias sean mucho más populares que las de otros géneros".

Petros Markaris se siente comprometido con la situación en la que se ve inmerso su país, Grecia. En la charla explica que prepara un libro donde "el personaje principal escribe sobre la crisis y durante la crisis", argumento que para el escritor colombiano Santiago Gamboa es "la conjunción perfecta" para retratar el momento actual. La realidad, para el autor de Necrópolis, se degrada: "Siento que sí hay mal que 100 años dure. Como autor, me afecta que hace 10 años hubiera más elementos positivos donde fijar la mirada y que las coordenadas humanas y los pactos sociales hayan desaparecido por la pérdida de valores y la violencia".

Laura Esquivel se plantea un reto como escritora en el proceso creativo actual: "¿Cómo hacer para mostrar y recordar esa memoria colectiva y no reafirmar los valores negativos? Mi lucha se centra en reactivar el gen de la memoria a través de una palabra, de un sonido, y recordar a la sociedad que en el transcurso de la Humanidad hemos vivido de otra manera: hemos tenido otra manera de compartir, de integrarnos con el medio ambiente".

El boom de la novela negra en España empezó a hacerse realidad en 2009: las ventas duplicaron sus cifras en el primer cuatrimestre en relación al año anterior, con casi dos millones de ejemplares vendidos en España, según Nielsen. Pero la Semana Negra quiere ser el encuentro de una realidad literaria "alejada de modas y superventas" y una alternativa "más poliédrica que nunca", según su director Paco Ignacio Taibo II.

La autora de Como agua para chocolate augura un futuro "muy interesante" para el género negro dentro de los autores mexicanos. Petros Markaris confía en la hornada de al menos "10 escritores jóvenes" que están aprovechando la moda de la novela negra en su país con propuestas muy interesantes. En cuanto a Santiago Gamboa, augura un futuro "muy grande" para el género en Colombia, "una sociedad que necesita versiones frescas de la realidad social", ya que, para él, desde siempre ha habido grandes clásicos que sin estar bajo la etiqueta de lo negro han retratado historias con tintes oscuros: "Un ejemplo claro es Edipo, donde el propio personaje es autor del crimen y detective".

13.7.10

El amor a lo oscuro y a la reflexión social de Martin Cruz Smith

El autor de Gorky Park vuelve a la Semana Negra de Gijón 20 años después

Martin Cruz Smith, ayer en Gijón. foto:PACO PAREDES.fuente:elpais.com

A las musas es imposible controlarlas. Martin Cruz Smith (Reading, Pensilvania, 1942) así lo cree, pero asegura que su escritura, "cargada de reflexión social", como la describió ayer Paco Ignacio Taibo II, director de la Semana Negra de Gijón, ha evolucionado a un lado más oscuro: "La experiencia a lo largo de los años hace que mis historias, sin pretenderlo, sean más oscuras y afiladas". El escritor llevaba dos décadas sin pisar Asturias.

Ayer, Cruz Smith tenía ganas de hablar de política, de sus orígenes y de las figuras que han inspirado sus más de 20 novelas, principalmente de género negro y westerns. Con un gran sentido democrático y progresista en sus declaraciones, Cruz Smith se alegra de que Barack Obama llegara al poder, porque John McCain y Sarah Palin "podrían pertenecer al Know Nothing", un movimiento de mediados del siglo XIX surgido del temor de los estadounidenses a los inmigrantes irlandeses. Por eso, el escritor se muestra contrario a la Ley de Inmigración de Arizona: "Los europeos conquistaron el continente americano a los nativos en su totalidad. Ahora la historia les devuelve la jugada y quieren criminalizar a aquellos que vienen a Estados Unidos en busca de trabajo; esos blancos reclaman un país que ya no es suyo, que no existe". Si alguien puede hablar de multiculturalidad es el autor de Gorky Park (Grijalbo). Su padre, John Smith, tocaba el saxo. Músico de jazz, conoció en la exposición de Nueva York de 1939 a una india de la tribu Pueblo, de Nuevo México, "con una belleza como la de Ava Gadner". El saxofonista tuvo un flechazo: "Mis padres formaron la perfecta conjunción entre el be-bop y la reina de la belleza".

Las últimas noticias de intercambios de espías rusos y estadounidenses devuelven a la actualidad a su personaje más conocido, el detective ruso Arkady Renko, el protagonista de Gorky Park, que decide suicidarse en La Habana en la cuarta entrega de la saga de siete libros ambientados en la época de la Guerra Fría. En Havana bay, el soviético decide insuflar aire en sus venas y acabar con su vida: "Conozco muy bien a mis personajes, y cuanto más años pasan, más depresivos se vuelven". La trama lo lleva a mantener al protagonista vivo: "Introduzco la idea en esta obra de que lo difícil es esperar a que la vida pase".

El autor confiesa que vive cargado de más de doce ideas que le rondan la cabeza continuamente y que de situaciones dispares han salido sus mejores obras: "Un día de compras con mi esposa y mis hijas, para no aburrirme, decidí leer algunas revistas. En las últimas páginas encontré una fotografía de unas mujeres de la época victoriana, de clase baja, vestidas con pantalones. Esa imagen, junto a la de mi familia empujando el carrito de la compra hizo la conexión en mi cabeza, y dio lugar a lo que más tarde sería La rosa, mi libro sobre un grupo de mujeres mineras en Wigan". Un guiño y recuerdo de uno de sus libros favoritos, The road to Wigan Pier, inédito en España, un estudio sociológico que realizó George Orwell de la clase trabajadora del norte de Inglaterra antes de la Segunda Guerra Mundial.

Más influencias: considera a Batman un héroe de guerra y califica de magistral al momento en que el actor Richard Widmark arroja a una anciana paralítica por las escaleras en El beso de la muerte (1947): "Hay tanta cultura de donde beber que mis influencias no se quedan en un apartado de la literatura, son permeables".

12.7.10

La Primera Dama

Hasta el momento, las biografías sobre Agatha Christie, incluyendo su autobiografía, se habían concentrado en las facetas más misteriosas y ambiguas de su vida, y también en la forma como se había fraguado uno de los más rutilantes éxitos en el mundo de la novela detectivesca

Agatha Christie, La Primera dama del misterio.foto.fuente:pagina12.com.ar

Cambiando un poco el ángulo, Agatha Christie. Los cuadernos secretos (Suma) de John Curran, pone el acento en sus numerosos libros a partir del descubrimiento de los apuntes que la autora escribía en cuadernos caseros a lo largo de los años, sin intención de que fueran publicados. Un verdadero viaje a la cocina de Diez negritos, Muerte en el Nilo, El espejo se rajó de parte a parte y otros tantos enigmas que perduran para nuevas generaciones de lectores dispuestos a dejarse seducir por el eterno misterio de quién fue el asesino.

Alicia Plante

Es fácil imaginar al irlandés John Curran, un apasionado experto en la obra de Agatha Christie, cuando aquel día de noviembre de 2005 descubrió el tesoro insospechado que lo impulsó a preparar este libro: una caja con 73 cuadernos escolares y libretas comunes conteniendo anotaciones manuscritas de Agatha Christie, en ciertos momentos consignando una intención o una trama en desarrollo, en otros como en diálogo consigo misma. Y Curran fue abriéndolos uno a uno, numerados al azar por alguien que no había sido ella, alguien que no tomó conciencia de la trascendencia del material y lo relegó a una caja que a su vez fue a dar a un rincón de la habitación donde se conservaban documentos, así como ejemplares de todos los títulos en sus diferentes ediciones y traducciones, publicadas en más de cien países y vendidas en cifras billonarias, jamás superadas por nadie.

Había sido recién en 2004, veintiocho años después de la muerte de Christie, que su nieto, Mathew Prichard, hizo accesibles a los investigadores la documentación y los objetos personales de su abuela, hasta entonces celosamente guardados bajo siete llaves por Rosalind, la hija de la escritora. Prichard también levantó el cerco de misterio que volvía inaccesible la residencia de la familia, Greenway House, una bella y amplia mansión que Christie había adquirido en Devon. Invitado especialmente por Prichard a hospedarse en la casa y revisar libremente la documentación, Curran descubrió la caja, los cuadernos y el corazón de su amada Agatha Christie.

Pero antes de avanzar en sus cotejos entre anotaciones y obras publicadas, Curran nos ofrece un interesante estudio de las claves del éxito de Christie. Primero, dice, en todas y cada una de sus obras está presente una legibilidad extraordinaria que permite que jamás decaiga el interés del lector. Destaca luego la escrupulosidad con que Christie compuso sus historias, el equilibrio que lograba entre fantasía y factibilidad. En casi todas sus tramas, subraya, instala el crimen en una situación que limita el número de sospechosos (una casa de campo, un tren, un barco, una isla), lo cual, además de acotar los alcances de la investigación, estimula y activa los mecanismos deductivos del lector. Simultáneamente, la autora jamás lo defrauda: cada historia es un ejemplo de juego limpio.

Los cuadernos secretos de Agatha Christie. John Curran Suma 568 páginas

Por mi parte, considero que su infalible respeto de estas premisas lleva al público amante del género de misterio a meterse de cabeza, desde la primera página de una historia suya, en el siempre renovado duelo autor/ lector. Así, cuando cerremos el libro, será sabiendo quién ganó, quién fue más hábil, si el autor para ocultar e inducir legítimamente a error, o el error para no dejarse despistar y descubrir la verdad por su cuenta, antes de que el autor se la revelara. El libro de Curran muestra numerosos ejemplos de la malicia de Christie en el manejo de esta pulseada. Por ejemplo, en la página 24, encontramos esta cita suya: "...Si le damos un aire de misterio, los lectores pensarán que ya han dado en el clavo... Las mujeres de avanzada edad siempre funcionan bien como sospechosas; o en la 457 a El misterio de Pale Horse, uno de los títulos más potentes de sus últimos quince años según Curran, donde agrega: "...como sucede en muchos de sus títulos, lo que uno cree ver no es exactamente lo que hay; o en la 415, en relación con Los Trabajos de Hércules, otro comentario suyo: "Una vez más, Christie juega con nuestros errores de apreciación y percepción".

Cabe suponer que detrás de ese duelo, cuyo sustrato evidente es la lucha entre dos extremos representados por el criminal y el investigador, está la eterna oposición bien/mal, vida/muerte. No es extraño, entonces, que el lector se apasione con un juego que compromete aspectos tan básicos de su psiquismo.

Curran avanzó en su intensa lectura de los cuadernos, y nos muestra cómo en breves frases crípticas, apenas recordatorios que seguramente a ella le disparaban mil imágenes, Christie traza las ideas para los tres o cuatro próximos misterios –algunos materializados recién décadas más tarde– que surgían incontenibles en medio del trabajo con un libro en curso. El experto percibió que aquellos cuadernos develaban retroactivamente el secreto del "cómo" en el trabajo de la escritora, lo cual lo convertía a él en el primer testigo de una creatividad en pleno funcionamiento. Aquello, concluyó, le permitiría comprender, imaginar y apreciar con mayor profundidad ese especial cuidado de Christie en la elaboración siempre verosímil de sus argumentos y la creación de sus personajes. Para alguien que se había dedicado al estudio académico de su obra, era asombroso tener acceso a un número importante de borradores, muchos de ellos los iniciales; otros, evidentemente, los últimos –lo cual sugería el extravío de numerosos cuadernos–; poder meterse en los pliegues ocultos de su inagotable y frondosa fantasía y compartir la inquietud de su férrea exigencia consigo misma; tener ante los ojos, como en una charla con ella, los laberintos de su pensamiento, reconocer escenarios de sus novelas en la propia casa, en aquel jardín, en el mirador sobre el río en el cual algún personaje había trepado al parapeto, se había reído y había paseado por donde él lo hacía ahora. Como si las hubiese necesitado para el mejor desarrollo de una trama, Christie también había consignado en los cuadernos los bocetos y mapas de aquellas imágenes mentales sobreimpuestas a su entorno doméstico, delicados diseños que más parecen apuntes para una escenografía.

Jeroglífico del Cuaderno 56 que encabeza la primera de las dos únicas páginas en las que aparece la obra de teatro más famosa de Agatha Christie: La ratonera

La huella dejada en su espíritu por los viajes en que acompañó al primer marido aparece asimismo en los argumentos de numerosas novelas ubicadas en el extranjero, cuyas notas revelan el ansia y la inquietud de una viajera nunca saciada.

De un modo que las obras terminadas no permiten sospechar, Curran se topó con la insatisfacción y la duda en Christie, sentimientos ante los cuales ella recurrió una vez más a sus cuadernos, consignando allí, de manera sólo aparentemente anárquica (abría un cuaderno, encontraba una página en blanco, y allí escribía lo que ocupaba su mente en el momento), las soluciones alternativas para la trama o el mecanismo problemático. Enumeradas meticulosamente e identificadas por medio de letras mayúsculas –cuyo ordenamiento a veces no seguía el alfabeto sino lo que su intuición ya la predisponía a decidir–, en cada caso el experto reconoció en inmediato cotejo mental y casi con el placer de un cómplice, la finalmente elegida. O, en cambio, descubrió que una escena del borrador había sido eliminada, o que al fin Poirot había reemplazado a Miss Marple o viceversa.

Estas anotaciones, que Christie jamás pensó en compartir con otros ojos, proporcionaron a Curran –y, a través de sus abundantes transcripciones, a nosotros– el paisaje ficcional contra el cual surgió y se desarrolló su obra entre 1929 y 1976, año de su muerte. Esta carrera suya, que abarcó cincuenta y cinco años, se dio a caballo de dos guerras mundiales y resultó en una producción prolija y sistemática de una novela por año, que remitía a Collins, su editor, cada Navidad. Aparte estaban los relatos breves y las obras de teatro que estrenó en el West End londinense a lo largo de veinte años, logrando en cada género el mismo enorme éxito comercial.

Merece una mención aparte el tema de su caligrafía, que curiosamente la edad volvió más clara. Era casi indescifrable, y lo logrado por Curran en esa tarea merecería ser equiparado con una de las investigaciones de Poirot.

En este inesperado regalo del destino Curran había entrado en contacto personal con la intimidad –literaria pero también doméstica y social– de la escritora a la que llevaba años estudiando. La decisión a tomar era ¿cómo organizar sus observaciones a fin de comunicarlas? Decidió no hacerlo por orden alfabético ni cronológico sino por tema, comenzando por uno que, a través de los años, fascinó a Christie, el de las canciones de cuna y los cuentos infantiles, "siempre tan trágicos y macabros, por eso encantan a los niños". A esta categoría, que abarca diez obras, pertenecen algunos de sus relatos más célebres, como Cinco cerditos y Diez negritos. Sigue la sección dedicada a los asesinatos en forma de juego, luego los crímenes realmente ocurridos y nunca resueltos, y lo que Curran llamó "asesinatos previa cita". Finalmente, siguen los casos ubicados en países extranjeros. Por supuesto, dadas las dimensiones del libro, Curran no se ocupa de la totalidad de las obras de Christie, pero confía en poder remediarlo mediante una posterior edición ampliada.

Mapa que muestra la escena del asesinato en Cinco cerditos con la casa del embarcadero.

Los dos relatos inéditos incluidos son excelentes. "La captura de Cerbero" nos sorprende con una historia que en 1940 la revista The Strand, su habitual editor de cuentos cortos, no se animó a publicar debido al retrato apenas disimulado de Hitler. La otra, "El incidente de la pelota del perro", es asimismo un alarde de ingenio. Fue escrita en 1933 pero no se publicó porque Christie decidió convertirla en una novela, El testigo mudo y nunca la ofreció a su editor.

En síntesis, Los cuadernos secretos es un libro de consulta para bibliófilos del género, y seguramente un placer para el lector que siempre amó a Dame Agatha.

9.7.10

Los "surdicos" empujan a los "nórdicos" en la Semana Negra de Gijón

La llegada de 150 escritores a Gijón en un tren especial procedente de Madrid ha marcado esta tarde el inicio de la Semana Negra, un festival literario y multicultural que este año se desarrollará con menos presupuesto y con los autores del cono sur empujando a los "nórdicos", tan de moda en los últimos tiempos
Taibo recibe en Madrid, a los "surdicos".foto.fuente:EFE

Los autores, que han sido recibidos a su llegada a Gijón por una manifestación de trabajadores de la empresa Chupa Chups, de funcionarios municipales contra el recorte salarial y de miembros de la Asamblea de Parados, participarán hasta el día 18 en el "único" festival literario del verano "sin escritores nórdicos ni vampiros enamorados", según ha anunciado su director, Paco Ignacio Taibo.

La organización del certamen ha pretendido "romper con la moda" de que todo evento vinculado a la literatura policiaca "que se precie" debe invitar a autores del norte de Europa y tener una estética de "vampiros sin sustancia", y este año ha dado prioridad a los autores sudamericanos.

El festival ha cumplido ya "sobradamente" con la literatura negra nórdica ya que sus autores más destacados han estado presentes en ediciones anteriores y ha destacado el "empuje" de los escritores del "cono sur", fundamentalmente argentinos, según ha explicado su director.

"Es como si los ecos de la crisis económica le hubieran mandado a la literatura un montón de talento que ahora está brotando", ha afirmado.

Dos argentinos, Guillermo Orsi y Carlos Salem; un mexicano, Eduardo Monteverde, y dos españoles, Carlos Bardem y Cristina Fallrás, son los finalistas que optan al premio Hamett que concede en el certamen la Sociedad de Escritores Policiacos a la mejor novela negra publicada en el último año.

Otro argentino, Javier Sinay, competirá con el mejicano Javier Valdés Cárdenas y con el español Mariano Sánchez Soler por el Rodolfo Walsh, que otorga la Semana Negra a la mejor novela de no ficción o basada en hechos reales.

El festival, que se celebra por segundo año consecutivo junto a la playa de El Arbeyal, en la zona oeste de la ciudad, ha visto este año recortado su presupuesto en un 7 por ciento.

De su "multiculturalidad" da idea que la organización ha programado un homenaje al bicentenario del nacimiento del compositor polaco Frederic Chopin.

Intentarán "parar el caos sonoro" del recinto de la playa del Arbeyal para que durante un par de minutos se haga el silencio y se pueda escuchar una polonesa.

Ese objetivo, reconoce Taibo, es "una logística muy difícil", porque a la estridencia de las atracciones de feria, los distintos estilos musicales que se alternan en los "chiringuitos" de la playa y el voceo de los vendedores ambulantes se suma el murmullo de la multitud que acude a un evento por el que pasan en torno a un millón de visitantes y en el que también se venden libros, 54.000 en 2009.

En el marco de la Semana Negra, se celebra el Encuentro Internacional de Fotoperiodismo, que en su decimocuarta edición enfocará el drama de los desplazados del mundo con la exposición "Y sin embargo se mueven", con trabajos de seis reporteros en once países de Iberoamérica, Europa, África y Asia.



En busca de Lisbeth

Tratar de encontrar a Lisbeth Salander por las calles y pequeñas plazas de Estocolmo es desesperante. Siempre crees que llegas tarde y que la heroína de la trilogía Millennium, de Stieg Larsson, acaba de abandonar el lugar protegida por su sigilo y su capucha negra. La frustración se supera finalmente, porque la búsqueda de una de las criaturas más increíbles creada por la literatura te mete de lleno en la obra de Larsson, a la vez que se descubre una de las ciudades más maravillosas del mundo

Noomi Rapace interpreta a Lisbeth Salander, una de las creaciones literarias de Stiegg Larsson más interesantes de los últimos años.foto.fuente:adn.es

Una isla destaca en Estocolmo sobre las otras 13: Södermalm, el epicentro de Millennium, el refugio de los personajes buenos, la selva urbana impenetrable en la que la hacker Lisbeth Salander se mueve como una sombra y donde se palpa el espíritu del desaparecido Stieg Larsson (1954-2004).

Albert Montagut

Cualquier recorrido por Södermalm acerca al visitante a la trilogía mágica que componen Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire, y que ahora Destino nos hace llegar en edición de bolsillo.

Un barrio especial

El tour oficial que ofrece el museo de la ciudad por el barrio de Södermalm ha atraído a unas 10.000 personas en el último año. La visita se puede hacer en castellano y tiene una duración de 90 minutos. En la web www.stadsmuseum.stockholm.se está toda la información relativa al circuito Millennium. El tour cuesta 120 coronas, unos 12 euros, y es perfecto para conocer de cerca este barrio repleto de cafés, bares, pequeños restaurantes y zona preferida como lugar de residencia de los intelectuales, jóvenes o los más bohemios habitantes de esta ciudad que ha adquirido el inglés como el segundo idioma no oficial y donde no se prohíbe el uso del burka.

Es inevitable que el tour introduzca elementos tanto del libro como de la película. Inicialmente éste es un detalle incómodo. Muchos consideran que los tres filmes no reflejan la calidad de la obra de Larsson, aunque su éxito taquillero en Europa ha activado un proyecto Millennium en Hollywood, un hecho que ha molestado en Suecia, donde la producción local de la trilogía no sólo ha gustado a la gran mayoría, sino que ha activado incluso una serie televisiva.

La mezcla entre los escenarios que aparecen en los libros y los filmes resulta efectivamente chocante, y sin embargo son complementarios e interesantes. Las películas suecas han sido producidas por Sören Staermose, y fueron dirigidas, en su primera entrega, por el danés Niels Arden Olsen, y por el sueco Daniel Alfredson. Millennium está protagonizada por Noomi Rapace, en el papel estelar de Lisbeth Salander, y por Michael Nyqvist, que interpreta al periodista Mikael Blomkvist.

Bellmansgatan, 1. Aquí vive Blomkvist en la novela y en la realidad, porque así se llama uno de los vecinos del edificio, recientemente restaurado. La imagen amarilla de la fachada que teníamos en mente desde hace meses se ha convertido, tras una restauración, en roja, en homenaje al color de la mayoría de las granjas del interior del país.

Desde una de las buhardillas se divisa la isla de la ciudad antigua Gamla Stan y la pasarela de hierro al estilo Eiffel a través de la que se llega al edificio es hoy uno de los lugares más fotografiados de Estocolmo. Bellmansgatan, 1 es un edificio del siglo XVIII, que sobrevivió al gran incendio que en 1759 arrasó la mayor parte de las casas del barrio montañoso de Monteliusvägen, desde el que se divisa todo Estocolmo y un lugar de visita obligatorio.

La ruta sigue a través del puente de Lunda (Lundabron). Ése es el camino más rápido para llegar al Mellqvist Kaffebar, en el número 78 de Hornsgatan, una de las dos arterias principales de Södermalm. La zona está repleta de edificios que se perciben como nuevos, y que fueron construidos en los años sesenta y setenta para albergar al boom demográfico que relanzó la población sueca. Ikea, la marca de muebles preferida por Salander, se creó en esa época, y precisamente para poder atender la necesidad de los inquilinos que ocuparon estos edificios y desde donde surgió una nueva Estocolmo y una nueva Suecia.

Café y Ruiz Zafón

En el Mellqvist es imprescindible una parada. Sobre las mesas hay muchos cafés y se observa a un joven con camisa rosa, americana vintage beige, bermudas verdes y zapatillas negras de Fred Perry con calcetines también negros con lunares blancos. Entre sus manos sostiene Vindens Skugga, la conocida La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón.

Hay muchos detalles de los libros de Larsson que se visualizan en Hornsgatan: una tienda de ropa donde se supone compra Salander y una tienda de electrónica donde suele acudir la hacker. Desde allí hasta el otro eje importante de Södermalm, Götgatan, uno pasa por otro de los escenarios del libro, la Bofill Bage, un edificio semicircular de viviendas cuyo espacio interior está ocupado por un jardín y una cadena de árboles perfectamente podados y cuya visita es imprescindible para quienes la arquitectura tiene algo de especial.

El edificio fue diseñado por el arquitecto español Ricardo Bofill y fue construido entre 1991 y 1992. El complejo, cuya media luna forma un diámetro de 180 metros, incluye otros cinco edificios de apartamentos más pequeños. Los expertos han dicho de esta construcción que sus líneas simples ligan con la arquitectura nórdica tradicional y destacan que, gracias al proyecto de Bofill, la técnica del concreto arquitectónico prefabricado fue introducida en Suecia por primera vez. El Bofill Bage es de parada obligada en la búsqueda de Salander.

Es obligatorio subir hasta la plaza Mosebacke, desde donde se puede disfrutar de una vista increíble de la ciudad vieja y del Báltico y donde está Fiskargatan, 9, el bloque de apartamentos de lujo donde Salander se refugia en un piso de 21 habitaciones y desde donde se divisa el incesante tráfico marítimo de Strömmen y Saltsjön. A diario, antes de subir a su casa, Salander suele comprar en el cercano 7 Eleven de Götgatan, y donde nuestra heroína no se olvida del champú, dentífrico, jabón, leche fermentada, huevos, queso, pan, bollos de canela congelados, café, bolsitas de té Lipton, pepinillos encurtidos, manzanas, una caja grande de las horribles Billys Pan Pizza y un cartón de Marlboro Light.

Por mucho que esperes en ese 7 Eleven de Götgatan, Salander, llamémosla ya Lisbeth, no aparece. Tampoco lo hace en el Kvarnen, la taberna de Tjärhovsgatan, 4, muy cerca del 7 Eleven. Allí, uno de los lugares preferidos de Larsson, Lisbeth intenta llamar la atención de Blomkvist en el primer libro besando a Miriam Wu, sin demasiado éxito.

El edificio donde está Millennium, en Götgatan, está ocupado por Greenpeace. Éste es otro de los lugares de imprescindible visita.

El impacto de Millennium en Estocolmo ha sido evidente. Hay que visitar la exposición que hay en el Museo de la Ciudad, en Slussen, y otros lugares que aparecen en la trilogía como la zona de Kungsholmen. Allí en Norr Mälastrand aún se puede ver a la agente Monica Figuerola haciendo footing.

El malo más malo

Quien no aparece por su casa es Nils Bjurman. En Upplandsgatan, en el barrio de Vasatsan, vive el violador y es donde este hombre que no amaba a las mujeres ataca a Lisbeth. El contraataque de nuestra heroína y el episodio del tatuaje en la barriga de Bjurman divide a los suecos. Algunos critican a Lisbeth por su acción; otros, la disculpan y se solidarizan con ella.

La visita a los escenarios de Millennium puede ser interminable. Lisbeth no aparece, pero, por lo menos, dicen que la fantástica Noomi Rapace regresará a finales de agosto a la ciudad. Su hijo tiene que volver al colegio. Algunos afortunados podrán verla y hasta hablar con ella.

Dicen que Noomi es sencilla y encantadora.

7.7.10

Editan en castellano la novela negra 'Sé lo que estás pensando', de John Verdon

Junto al lanzamiento de la obra, la editorial Roca ha creado el juego Enigma Manhattan, que premia al ganador y a un acompañante con un viaje a Nueva York

foto:archivo.fuente:lavanguardia.es

Roca Editorial ha editado la novela de género negro "Sé lo que estás pensando", de John Verdon, junto a una campaña de promoción online que sortea un viaje a Nueva York para conocer los escenarios de la trama.

La obra, una novela de intriga y suspense psicológico, ha servido de inspiración para crear el juego "Enigma Manhattan", que premia al ganador y a un acompañante con un viaje a Nueva York, uno de los escenarios de la novela.

Para la resolución del Enigma, es necesario leerse la obra, ya que la última pista para resolver el juego y poder acceder al sorteo del viaje, únicamente se encuentra en la novela.

Los organizadores nos dicen que viajar a Nueva York gratis "es tan fácil como resolver los siete enigmas que plantea el asesino", utilizando el Street View de Google.

La persona ganadora se dará a conocer el próximo 30 de septiembre. Para participar en "Enigma Manhattan" es imprescindible tener una cuenta en Facebook, ya que el juego se desarrolla por completo en esta red social.

6.7.10

El policial antiburgués

El auge mundial del policial nórdico acaba de sacar del olvido la original experiencia de una pareja de escritores suecos. Marido y mujer escribieron más de diez títulos juntos, centrados en una fuerte crítica social al Estado de bienestar

La pareja de escritores suecos.foto.fuente:pagina12.com.ar

"Usar la novela policial como un escalpelo abriendo el vientre de un ideológicamente pauperizado y moralmente debatible Estado de bienestar de tipo burgués."

Así es como el escritor sueco Per Wahloo solía resumir las intenciones detrás de la saga de diez libros que, entre 1965 y 1975, escribió junto a su mujer Maj Sjowall. Uno por año, todos de treinta capítulos, pautados previamente entre los dos, luego redactados consecutivamente por uno y otro, y finalmente revisados, corregidos y editados en conjunto. No debe haber muchos antecedentes de libros escritos a cuatro manos, y mucho menos por parte de una pareja de escritores, que aseguraban dedicarse a escribir sus novelas centradas en crímenes por las noches, luego de acostar a sus hijos.

Periodistas antes de dedicarse a los policiales, Wahloo y Sjowall investigaban escrupulosamente cada una de las tramas de sus historias, que en su momento alcanzaron una cierta fama que atravesó las fronteras suecas, llegando incluso a merecer una adaptación cinematográfica norteamericana, titulada Asesinato en masa (1973) y protagonizada por Walter Matthau. Pero terminaron cayendo en un irremediable olvido, del que los ha sacado el sorpresivo éxito mundial del policial nórdico, cuyos principales y más interesantes referentes –desde su coterráneo Henning Mankell hasta el islandés Arnaldur Indridason– han venido asegurando a quien quiera escucharlos que la obra de esta pareja de escritores supo ser su principal inspiración. Algo que se hace evidente al leer Roseanna, que a casi medio siglo de su publicación original sigue siendo un libro fascinante.

Roseanna. Maj Sjöwall y Per Wahlöö RBA 284 páginas

Con la santa trilogía de la novela negra como inspiración confesa –Hammett, Chandler y Ross McDonald–, con este primer volumen de su saga protagonizada por el inspector Martin Beck, Wahloo y Sjowall se propusieron –casi al mismo tiempo que Ed McBain– retratar el procedimiento policial con un naturismo por entonces inédito, y que hoy se ha hecho una costumbre hasta en las series de televisión. Tan bien lo hicieron que, leyéndola incluso desde un presente que Internet y los celulares han cambiado de manera contundente, Roseanna sigue siendo novela de género atrapante tanto por su humanidad como por la meticulosidad del retrato del trabajo policial. No hay héroes en sus páginas. Sus protagonistas son eficientes y entregados servidores públicos, superados –y angustiados– por la realidad que los rodea. La trama, centrada en el asesinato y violación de una turista norteamericana, exhibe una actitud particularmente comprensiva de los detectives ante el deseo femenino, sorprendentemente cercana a la que exhiben los protagonistas de las novelas de Stieg Larsson, casi medio siglo después. Y cada vez que el inspector Beck se resfría o sufre por su mala alimentación, es imposible no verlo como la versión original de Wallander, el personaje que hizo famoso a Mankell.

Cuarenta y cinco años atrás, luego de terminar la última novela de la saga, Per Wahloo falleció. Maj Sjowall no ha vuelto a escribir desde entonces, dedicándose a la traducción y, últimamente, a promocionar las reediciones de aquellos libros, que se han ido publicando en todo el mundo, como consecuencia del éxito del policial nórdico. Originalmente, la saga de Beck supo ser traducida al español por editoriales como Barral y Bruguera, pero esos libros son hoy inconseguibles. Y esta reedición de Roseanna que acaba de asomar en las librerías locales es en realidad una edición de bolsillo fechada en el 2007. "Creo que cualquiera que haya escrito sobre crímenes como reflejo de una realidad social ha sido inspirado, de una manera u otra, por Sjowall y Wahloo", confiesa el autor de Wallander desde el prólogo del primer volumen de una saga cuyos casos, según sus autores, formaban parte en realidad de un único crimen: el de la socialdemocracia sueca traicionando a la clase trabajadora. Pero cada una de esas novelas –particularmente las primeras, según apunta Mankell– siguen siendo, antes que nada, grandes novelas policiales. Sórdidas, mundanas, y terriblemente humanas.