22.7.15

Seis cosas por las que amar la Semana Negra

Los libros y los locos por los libros están por todas partes

Lorena Nosti (lesionada) y Paco Ignacio Taibo II./ Daniel Mordzinski./elpais.com

La 28ª edición Semana Negra de Gijón, esa fiesta, ese milagro cultural, ha terminado. Atrás quedan decenas de actos y presentaciones, cientos de risas y buenos momentos, miles de intercambios, interacciones, enseñanzas. Ya saben, Carlos Zanón se llevó el Hammett por Yo fui Johnny Thunders (RBA), no puede ser más merecido, y que anduvimos por allí compartiendo la vida y la literatura con amigos, haciendo fotos y aprendiendo con Daniel Mordzinski (para muestra, la que ilustra este artículo) y buscando a Patricia Highsmith.
Pero hoy quería traerles unos motivos, sentimentales algunos, casi empíricos otros, por los que lo que ocurre en Gijón cada julio es único.
Un lugar único donde se venera a los grandes. Julián Ibáñez, Claude Mesplede o Paco Ignacio Taibo II son algunos de los maestros que uno se puede encontrar en la Semana Negra. Y digo encontrar, porque así es. Se puede hablar con ellos, se puede tomar algo con ellos. Eso no pasa en cualquier sitio. No.
La feria de los milagros. Quienes hayan estado por Gijón ya saben a qué me refiero. En un lugar post industrial, algo surrealista y rodeado de atracciones, arena, bares y feriantes, la Semana Negra se celebra en un lugar único. Lo mejor: he visto actos que empiezan casi vacíos, la gente va llegando, pasan por allí, se quedan y escuchan y al final algunos hasta se compran el libro que se presenta. Lo prometo. Milagros en Gijón.
La comuna y la noche. Se lo dice alguien no muy partidario de socializar: lo que ocurre en la Semana Negra es digno de estudio. Escritores, profesores, artistas, periodistas y lectores cenan y alternan, salen y cervecean juntos. La camaradería de las noches de Don Manuel, donde igual se habla de libros que se canta un tango o una escritora argentina explica que significa antimola y por qué le marcó Verano Azul es algo digno de estudio.
La literatura, ese veneno. Los libros y los locos por los libros están por todas partes. Hay actos, decenas si no cientos de actos, pero también discusiones, escritores con los que se puede hablar, que se dejan entrevista en cualquier lugar, firmas… Una fiesta literaria alejada de todo boato.
Clases magistrales. Este bloguero tuvo la oportunidad de trabajar de nuevo con Daniel Mordzinski, de quien no para de aprender, o escuchar a Paco Ignacio Taibo II cómo le contaba la historia surrealista que vivió con James Crumley en EE UU, donde a punto estuvieron de ser apaleados por unos fans irredentos y cerveceros. Víctor del Árbol, Alexis Ravelo, Carlos Zanón, Claude Mesplède, Marcelo Luján, Carlos Salem y otros muchos me enseñaron cosas estos días. Laura Muñoz sigue empeñada en regalarme fotos y momentos. 
Los escritores. Sí, esos señores que hacen libros y que en Gijón están más cercanos que nunca. Los hay de todos los niveles, colores, gustos y nacionalidades. Y hacen que el festival tenga sentido. Son accesibles, se dejan entrevistar, comparten sus pasiones, te convierten a su credo.

Gracias a todos. Vive le noir!