18.2.14

Un terrible margen de error

Paco Camarasa, comisario de BCNegra y responsable de la librería Negra y Criminal de Barcelona, escribe sobre Margen de error, la segunda novela de Berna González- Harbour y la segunda aventura de la comisaria Ruiz tras Verano en rojo. La novela, se presenta en Madrid

Berna González- Harbour ./Claudio Álvarez./elpais.com

Vuelve la comisaria María Ruiz. Débil, renqueante, con un bazo que le pide a gritos que se tome un poco más de tiempo, un poco más de tranquilidad.  Pero a nuestra comisaria no le gusta estar en casa, necesita a los suyos, a su equipo y a sus casos. Más delgada, pero bienvenida por sus subordinados. Sin embargo, la tranquilidad dura poco en una comisaría de policía. Un hombre se ha suicidado. Claro como el agua. Uno más de una lista, ya demasiada larga, de una poderosa empresa en fase de reestructuración.
Berna González Harbour nos lo cuenta, pero no reflexiona sobre ello. En la mejor tradición de la “novela de procedimiento norteamericana”, poniendo al día a Ed MCBain, explicándonos el funcionamiento de la policía en un caso extremo y urgente. No hay tiempo para pensar, es tiempo de actuar; y actuar rápido. Demasiadas vidas en peligro.
Es una novela que habla del debate entre la obediencia y la lealtad, los límites del periodismo y del periodista, el buen hacer de las personas por encima de las instituciones y los cargos, las empresas y los empresarios.
Un hombre se ha suicidado, conserje en Petrol de France. Su madre no se lo cree, y lo explica meridianamente a la comisaria Ruiz y a su ayudante. Nadie que se acabe de comprar un fascinante Aston Martín, se suicida. La comisaria no es madre pero la cree.
Margen
También ha vuelto Javier Luna, ese periodista de raza, de los que ya no quedan; de los que utilizan y se dejan utilizar por las fuentes, pero que está siempre un paso por delante desbrozando el camino de la noticia, contando la realidad para tratar de encontrar la verdad. Tomás, nuestro informático, aburrido, discreto pero eficaz, amigo de sus amigos, también está presente. En todo momento, aunque esté desquiciadamente ausente en parte de la novela.
En esta segunda novela no hablaremos de la oscuridad y falta de transparencia de la Iglesia católica como hizo la autora en Verano en rojo.  Seguimos con la oscuridad y la falta de trasparencia de las nuevas iglesias que condicionan la vida, los deseos, los pecados y los castigos de los que trabajan en ellas. Las empresas mundializadas, donde no importan el escándalo que les rodee, aunque ese escándalo sean más de treinta suicidios: “Al Consejo le interesará más el informe sobre reducción de gastos fijos que le tengo preparada para la próxima junta. Hemos logrado una disminución del personal… Te aseguro que eso es todo lo que les importará”, afirma uno de los personajes. En los tiempos que corren (hacia atrás, claro) eso significa que despedirán a muchos para ser reemplazados por muchos pero que cobren mucho menos.
Una comisaria de verdad
María Ruiz es una policía que aún se cree lo que hace. Luna es un periodista que no puede permanecer quieto ante la llamada de una amiga, una juez, pidiéndole ayuda porque han secuestrado a su hija pequeña. Todo vale en el mundo de la empresa. Pero los que hoy son verdugos, mañana pueden ser víctimas. Y para las empresas globalizadoras de codicia, todos somos víctimas.
Berna Gonzalez-Harbour nos propone una novela de acción, cambiando en cada capítulo la diversidad de espacios y personajes que maneja y utiliza con una feme fatale como las buenas novelas clásicas y durante apenas unos días en tiempo real. No importa si no nos describe detalladamente los lugares, los paisajes y el paisanaje, como hace  el Michael Connelly de Echo Park o Nueve dragones. No necesita explicarnos la mirada derrotada de una pareja desahuciada, ni teorizar lo que significa el echar a un contenedor de basura un carnet de un club de golf.
Hace que termines la novela diciéndote, ”va un capítulo más y lo dejo para mañana”. Hay un mañana, claro, pero te has terminado la novela. En ese mañana es cuando piensas en lo mucho que sin decir, te ha dicho la autora. 
Si usted conoce a algún director de personal, algún ejecutivo agresivo ésta sería una novela perfecta para amargarles con su lectura. Una pequeña venganza. Pero me temo que los directores de personal no leen, sólo escriben expedientes de regulación de empleo, donde los nombres de las personas son simples números, simples estadísticas del tanto por ciento necesario.
En Margen de error la segunda novela de Berna González-Harbour, las personas tienen nombre. Son personas, no números. No les contaremos el final, pero ya estamos esperando la tercera novela de la comisaria María Ruiz, y de Javier Luna. Nos gusta que ganen los buenos. En la realidad no ganan, pero para eso se escriben novelas como ésta. Ah y que vuelva también Tomás, siempre hay … Margen de error.

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