31.7.13

Las siete vidas de Bernie Gunther

¿Dónde no ha estado el policía, a ratos detective, Bernie Gunther?, ¿En qué guerra no ha combatido? He aquí un caso notable de personaje literario sobre quien el apelativo de “curtido en mil batallas” no resulta exagerado

Portada de la trilogía de Berlín, publicada por RBA./elpais.com/elemental
Para no ir muy lejos, alguien se ha tomado la molestia en Wikipedia de elaborar una biografía suya, porque han sido tantas sus andanzas en momentos importantes de la historia reciente, que conviene establecer un orden para no perderse definitivamente. Las conclusiones, a modo de currículo, serían las siguientes: se sitúa su nacimiento en 1896 (finales del siglo XIX), hecho que le permite combatir siendo muy joven en el frente turco durante la Primera Guerra Mundial, donde recibe la cruz de Hierro, para luego tener tiempo de ser policía en tiempos revueltos durante la Alemania de postguerra, asistir a la llegada de los nazis, dejar la policía un rato, trabajar como detective de un hotel berlinés (es decir, ser un espectador crítico de la llegada de los nazis al poder) y entrar de lleno en la Segunda Guerra Mundial con todas sus consecuencias.
Y, ya en esos años terribles, Bernie es reclutado para trabajar con la policía del Régimen (1939) con todo lo que ello significa: estar presente en algunas de las operaciones de limpieza ejecutadas por sus colegas en el este europeo. Bernie es un testigo privilegiado del horror nazi, de cómo se las gastan algunos altos personajes, tipo Goering, Himmler y el general SS Reinhard Heydrich, para quien tiene que colaborar a la hora de resolver un asesinato (Praga Mortal, RBA, traducción de Alberto Coscarelli Guaschino). Tiene tiempo para trabajar en homicidios, para hacer labores en la Oficina de Crímenes de Guerra (curioso departamento que realmente existió en Berlín) y para hacer labores como oficial de inteligencia en el frente ruso.
No obstante, la guerra se le queda corta. Vive una postguerra como detective, incluso en misiones de espionaje, y tiene que refugiarse con falsa identidad (Carlos Hausner) en lugares tan interesantes como Argentina y Cuba en los años cincuenta. Pocos casos habrá en la literatura actual de personajes con un currículo tan intenso. A todas estas guerras, a todos estos conflictos sobrevive. Como un gato.
¿Qué tipo de personaje es este investigador que lleva una existencia literaria tan intensa? Bernie Gunther, al parecer de numerosos críticos, es un hombre que recuerda al detective Marlowe. Es suficientemente cínico como para parecerse a él. Así lo parece tras leer alguna frase como ésta: “Este es mi gran problema. Funciono con monedas: empiezo a pensar cuando me ofrecen dinero. Empiezo a pensar mucho cuando me ofrecen mucho dinero”.
Solo una persona de cinismo en alto grado podría sobrevivir en unas condiciones tan adversas, odiar a los nazis pero saludar brazo en alto al mismo tiempo. Esa es la doble vida de este personaje.
No es frecuente situar a un detective en medio de un escenario tan complicado y tan señalado como, fundamentalmente, el relacionado con la Alemania nazi. Mucho menos aspirar a que alguien pueda imponer cierto tipo de justicia (aunque sea la suya propia) dentro de un sistema tan autoritario y discrecional. Las tramas son convencionales y los personajes son individuos perdidos en un mundo que parece abocado a un final violento. Gunther aplica su justicia, y ahí trata de ganarse la complicidad del lector. Y no le importa apretar el gatillo si es necesario.
La llegada de este personaje tuvo éxito desde el primer momento. El autor escocés Philip Kerr (Edimburgo, 1956), un escritor prolífico que ha hecho también incursiones en la novela infantil, creó una trilogía entre 1989 y 1991 que se llamó Berlín negro, con Violetas de marzo, Pálido criminal y Réquiem alemán. Las novelas estaban ambientadas en el Berlín cercano al estallido de la guerra, las dos primeras, y el de postguerra, la última. La trilogía tuvo éxito. Un personaje en unos escenarios tan característicos siguió dando vueltas en la cabeza de su autor y, así, a partir de 2006, fueron cayendo el resto de novelas (Unos por otros, 2006; Una llama misteriosa, 2008; Si los muertos no resucitan, 2009; Gris de campaña, 2010; Praga mortal, 2011 y A man without breath, 2013, todavía no editada en España).
Kerr ha superado con éxito la dificultad de elaborar unas novelas que, de momento, exigen una cuidada ambientación. No ha sido excesivamente criticado por ello, lo cual quiere decir que el trabajo previo ha sido competente. Y ha creado un personaje único en un escenario único: a pesar de esa doble originalidad, el aire negro es inconfundible en cada una de estas novelas, un aire inequívocamente anglosajón por otra parte. Tanto es así que se permite algo más que un guiño a las novelas de Agatha Christie en Praga Mortal.
“Solo hay una cosa que me irrite más que la compañía de una mujer fea por la noche y es la compañía de la misma mujer por la mañana”. Eso es capaz de decir Berhard (Bernie) Gunther. Recuerda a Marlowe, pero nadie se lo va a reprochar.
Pueden leer aquí la serie completa de Los detectives de nuestra vida. Y aquí Marlowe , MontalbanoArcher

26.7.13

Archer: duro, triste, apasionante y real como la vida

Archer, como su creador, como la vida, evolucionó a lo largo de casi treinta años en un caso no único pero sí excepcional en la historia del género. No sabemos exactamente qué pasó con él, pero sí lo que vivimos a lo largo de esas 18 novelas en las que un hombre solitario, honesto, muy brillante y perspicaz, decidido, algo melancólico y enemigo nato de la injusticia nos lleva de la mano por toda una época y por casos que muestran lo peor de las cloacas del ser humano

Paul Newman, presto su cuerpo, mirada, voz y ojos para corporizar a Lew Archer./elpais.com
Ross Macdonald (seudónimo de Keneth Millar, California, EE UU, 1915- 1983) terminó abruptamente con las aventuras de Lew Archer en 1976 con El martillo azul (RBA, traducción de Aníbal Fernández). La vida fue cruel con el maestro de la novela negra de posguerra y un Alzheimer devastador le dejó sin capacidad para escribir y borró de su memoria sus creaciones.
Archer, como su creador, como la vida, evolucionó a lo largo de casi treinta años en un caso no único pero sí excepcional en la historia del género. No sabemos exactamente qué pasó con él, pero sí lo que vivimos a lo largo de esas 18 novelas en las que un hombre solitario, honesto, muy brillante y perspicaz, decidido, algo melancólico y enemigo nato de la injusticia nos lleva de la mano por toda una época y por casos que muestran lo peor de las cloacas del ser humano. Consciente o no de lo que le ocurría, Macdonald incluye en esa crepuscular y bella última novela pistas que podrían hacer pensar que el otrora atractivo y brillante Archer termina sus días presa del Alzheimer. Esta es su historia y mi homenaje.
Pueden leer aquí la serie completa de Los detectives de nuestra vida. Y aquí Marlowe y Montalbano.
Vaya por delante una aseveración: Lew (por Lew Wallace, autor de Ben Hur) Archer (en principio por el socio de Sam Spade que muere al inicio de El Halcón Maltés, extremo que Macdonald reconoció y luego negó en varias ocasiones) es mucho más que el detective que completa la trilogía iniciada por Marlowe y el propio Spade. Con este personaje, Macdonald se aleja de los homenajes más o menos fallidos a Chandler y Hammett, explora otras vías, construye un detective que crece como un personaje que bebe del hard boiled pero que lo supera y abre otras vías.
Cuando le conocemos, Archer tiene 39 años y ha estado en la guerra, donde ha servido en Inteligencia. Antes de ir al campo de batalla fue 10 años policía en Long Beach, donde llegó a sargento y ha trabajado para el fiscal. Pero no gustaba a sus jefes: es demasiado honesto, está demasiado empeñado en la verdad, es demasiado difícil disuadirle para que se conforme con lo que conviene. Antes de todo esto ha sido un joven problemático que coqueteó con la delincuencia.
Archer es ambicioso, como su generación, mide 1,80 y pesaba 85 kilos, ojos azules, pelo moreno, bien musculado, atractivo. Podemos decir que el hecho de que fuera Paul Newman quien protagonizase las adaptaciones al cine no es ningún dislate (hay varias versiones sobre por qué el detective se llama Harper y no Archer. La más reconocida es que Newman tenía predilección por los personajes que empezaran por H y lo pidió él mismo).
Le gusta vestir bien y no le importa gastar dinero en trajes caros. Lleva sombrero, hasta que se pasa de moda, porque Archer, madura, envejece, se adapta a la época. Ama los coches y es muy perseverante en esto. Tiene un descapotable azul. Cuando se lo roban y destrozan se compra otro descapotable azul. Luego le ocurre lo mismo con otro verde. Fue fiel a los descapotables y, sobre todo, a los Ford.  Su despacho es discreto y pequeño y los dos lugares en los que habita a lo largo de su vida, también. No necesita mucho porque su verdadera pasión es su trabajo. Fuma y lo deja junto a millones de estadounidenses cuando, a mediados de los sesenta, la industria se ve obligada a reconocer que mata. Bebe, y le gusta, pero prefiere no emborracharse y le da un poco a todo: whisky, bourbon, cócteles (el Gibson, con cebolla, para comer) y cerveza.
En general, nuestro detective trabaja solo y está más o menos solo en la vida. Tiene algunos compañeros de profesión (como el matrimonio Arnie y Phyllis Walters de Nevada) a los que recurre si es necesario, pero le gusta ir a su aire. También está algo solo en la vida. El periodista Morris Cramm y algunos agentes y guionistas  de Hollywood, mundo del que se aleja progresivamente porque lo detesta cada vez más, son las pocas relaciones amistosas de un hombre melancólico que encuentra refugio y conversación en las telefonistas de su servicio de contestador, a las que llama por su nombre y con las que mantiene una amistad más fiel que con cualquier otro mortal.
Las mujeres y L. A.
¿Y las mujeres? Ay, las mujeres. Archer no supera la separación y divorcio de Sue, mujer que de una u otra manera está presente a lo largo de toda su vida. Sue le deja por lo de siempre: se preocupa demasiado por los demás y demasiado poco por ella. “Ojalá supiera quién eres”, le dice en una ocasión. La huella que deja se ve en algunos recuerdos y, sobre todo, en la tendencia de Archer a buscar relaciones más o menos interesantes pero destinadas al fracaso. 
Archer vive en California, lugar que ama. En sus novelas se puede sentir como en pocas la fuerza de ese océano, la presencia abrumadora de las carreteras, de esos impresionantes nudos de autopistas cuyo murmullo se oye desde su casa “lejano pero íntimo , como el murmullo de la sangre en mis venas” (La mirada del adiós); se percibe la presencia de la brisa, de la noche, de la tristeza del cielo azul. Como dice Sue Grafton, “Macdonald nos descubrió una California que no sabíamos que existía”. Y eso que se inventa los nombres de muchas localidades. Da igual, toda California y en especial Los Ángeles, ciudad de detectives por excelencia, ese “laberinto construido por un niño inspirado” encuentran en Macdonald su mejor retratista.
Archer es un personaje lleno de fuerza pero triste, sin familia pero que se pasa la vida investigando las miserias y la bazofia que sale cuando se escarba un poco en las relaciones familiares de la clase media y media alta de la zona. Cuando se le contrata y empieza a descubrir la verdad siempre alguien quiere deshacerse de él. Pero es muy difícil que deje un caso. Nuestro querido personaje recurre a la violencia sólo en última instancia e incluso el 38 que lleva en sus inicios va desapareciendo a lo largo de los años. Con el tiempo se vuelve más reflexivo y psicológico, pero demuestra desde el principio que el hard boiled había dejado de ser territorio exclusivo del alcohólico violento y cínico.
Siempre que leo algo de Lew Archer, en sus novelas o en la extraordinaria recopilación de relatos dirigida por Rodrigo Fresán y publicada bajo el título de Expediente Archer por Roja y Negra me le imagino con el rostro reflexivo, con el semblante que define en mi novela preferida de toda la serie, La mirada del adiós, cuando dice tras una pelea: “Ambos tenían una extraña mirada en sus rostros, como si los dos estuvieran al borde de la muerte. Como si realmente desearan matarse y dejarse matar. Yo conocía esa mirada de despedida, la mirada del adiós”.
La vida puede ser dura y cruel. No sabemos qué pasó con Archer pero sí que Macdonald dejó pistas. Dice Archer en esa joya que es El martillo azul: “Sentí por un momento que se estaba repitiendo una vieja historia, que todos habíamos estado allí antes. No recordaba exactamente de qué historia se trataba ni cómo terminaba, pero sentía que de algún modo la conclusión dependía de mí”. Sabemos, eso sí, que le queremos y que seguimos disfrutando de un hombre que cuando le preguntaban de qué lado estaba contestaba: “Del de la justicia. Y, cuando no se puede, con el más débil”. Amén.

25.7.13

"Pronto! Montalbano sono"

Montalbano es tierno: cuando hace la vista gorda ante unos basureros que han cogido algo que no debían del escenario de un crimen para venderlo porque no tienen dinero para costear el tratamiento para un hijo enfermo; y cuando echa una mano, destruyendo pruebas, a una rubia nórdica con todas las papeletas para ser inculpada por un asesinato que no ha cometido. En fin, no es el único caso en la historia de la novela negra de un inspector con un lado sensible, pero este es particularmente entrañable

Luca Zingaretti en el papel de Salvo Montalbano./elpais.com
Una comisaría en un pueblo junto al mar al sur de Sicilia. Un pequeño equipo de policías dedicados a resolver delitos comunes: atracos a supermercados, inmigrantes desaparecidos, ancianos a los que se ha perdido el rastro... Todo más o menos normal en la vida de un pequeño municipio a orillas del Mediterráneo, excepto porque, además, hay asesinatos, muchos asesinatos y de muchos tipos: de un tiro, en un coche, en una playa... El jefe de todo esto, el comisario que dirige las investigaciones, es un hombre que, cuando le conocemos, ronda los 50 años, que piensa mientras pasea, buen conocedor de la naturaleza humana y, gracias a ello, con una especial sensibilidad para enfrentarse al crimen. Su nombre: Salvo Montalbano.
Una treintena de libros, la mayoría novelas pero también recopilaciones de relatos cortos, permiten conocerle mejor. Al comisario y a su particular y prolífico autor. La historia de Andrea Camilleri es una novela en sí misma. Nacido en 1925 en Porto Empedocle, a pocos kilómetros de donde luego desarrolla la acción de sus historias policiacas, vivió el auge del fascismo y la II Guerra Mundial mientras andaba por escuelas de Letras cultivando su afición por la poesía, la narrativa y su militancia comunista. Fue escenógrafo, director teatral, publicó artículos en revistas políticas, se presentó a oposiciones para convertirse en funcionario de la Radio Televisión Italiana, la RAI, pero no consiguió el puesto por su afiliación al Partido Comunista, aunque consiguió que le llamaran para trabajos ocasionales. Fue así como se convirtió en productor y coguionista de series de televisión de éxito: una que adaptaba las novelas de Simenon sobre el inspector Maigret y otra sobre las aventuras de "Ezzy" Sheridan, un teniente de la policía de San Francisco muy parecido a Colombo. Con 53 años volvió a probar suerte con la literatura pero El curso de las cosas fue un fracaso. Siguió intentándolo hasta que a los 67 años se convirtió en escritor de éxito. Dos años después, su Remington alumbró a Montalbano. Hoy Camilleri tiene 88 años, sigue publicando y supervisó la adaptación que la RAI, ¡qué cosas!, hizo de sus novelas sobre los casos del comisario. Seguro que el autor reconoce en Luca Zingaretti, el actor principal de la serie, al policía que imaginó: un tipo normal pero con un especial e irresistible atractivo.
Hay mucho de esa vida de Camilleri en Montalbano: de paciencia, de perseverancia... De Italia en general y de Sicilia en Particular. El comisario se entiende a la perfección con sus vecinos. Sabe cómo piensan, qué les mueve, qué suelen esconder. Es respetuoso en sus visitas a domicilio durante las investigaciones. Da igual que esté interrogando a un sospechoso o a un simple testigo. No suele ser violento. ¡Ni siquiera acostumbra a llevar pistola! "pues le molesta el peso del arma que, además, le deformaba los pantalones y las chaquetas", le describe Camilleri en el primer libro, La forma del agua (Salamandra, traducción de María Antonia Menini Pagès). Con su pequeño coche se mueve, solo la mayor parte de las veces, por los caminos de tierra de la isla, entre olivos y auténticos pedregales. Es escrupuloso con la ley, pero sobre todo combate las injusticias. Un policía muy humano, con debilidades y pasiones humanas, al que es fácil imaginar lagrimeando frente a unos cannoli y encontrar en la Trattoria de Enzo o la Osteria de San Calogero disfrutando con placer de una pasta con erizos o de unos salmonetes de esos que le deja preparados su invisible asistenta Adelina.
Mujeres, paisaje, Sicilia
Y hablando de pasiones, además de la gastronomía, las mujeres. El ligón de las novelas es su compañero Mimi Augello, un italiano de manual, pero no se debe olvidar -realmente es algo que siempre está presente- que Salvù es mediterráneo. Tiene una novia, Livia, que convenientemente vive en el otro extremo del país, a la que lo mismo echa de menos que de más. Guarda bien las ausencias y tiene remordimientos cuando ella le reprocha lo poco que cuida la relación, pero no puede evitar coquetear. Y a lo largo de sus aventuras se va cruzando con una sucesión de tremendas y espectaculares mujeres que caen irremediablemente a sus pies seducidas por sus educados modales, su aparente timidez, su inteligencia, su divertido sentido del humor y su habilidad para salir del paso de situaciones, ¡glups!, inesperadas. Y desde luego, por su ternura. Sí, Montalbano es tierno: cuando hace la vista gorda ante unos basureros que han cogido algo que no debían del escenario de un crimen para venderlo porque no tienen dinero para costear el tratamiento para un hijo enfermo; y cuando echa una mano, destruyendo pruebas, a una rubia nórdica con todas las papeletas para ser inculpada por un asesinato que no ha cometido. En fin, no es el único caso en la historia de la novela negra de un inspector con un lado sensible, pero este es particularmente entrañable.
No busquen en estas historias sicilianas referencias a la Mafia. Está ahí y de vez en cuando se cuela alguna escena en la que aparecen las famiglie. Cuando ocurre, puede ser para que los padrinos mafiosi le pidan ayuda y siempre se muestran respetuosos con el comisario. Su prestigio es reconocido en toda la isla. Pero la Cosa Nostra no es el negocio de Montalbano, no tiene medios para combatirla, no es competencia de su unidad. Para que no haya dudas, y en palabras de Camilleri, "no quiero novelarla [a la Mafia] porque si lo hiciera acabaría ennobleciéndola".
Por lo demás, el paisaje habitual de Sicilia, el que se imagina o el que se conoce, está ahí, en cada párrafo. Los nombres de las localidades están cambiados, pero existen en la provincia de Ragusa. Vigàta, donde está la comisaría, es Donnalucata. El Questore, el jefe de Policía de la zona, tiene su oficina en un palacio de Scicli, unos kilómetros al interior. Las playas, los monasterios, las ruinas, los acantilados de los que cuelgan pueblos de tejados rojos, las mansiones escondidas al fondo de grandes jardines con palmeras encerradas entre muros muy altos... Hasta Marinella, donde vive Montalbano, se puede buscar en el mapa y se encuentra como Punta Secca. Allí, en un extremo, junto al faro, está la casa que, según la serie de televisión, tiene la magnífica terraza en la que el comisario se relaja frente al Mar de África, desayuna muchas mañanas e invita a copas de vino a muchas mujeres durante la cena. Buena noticia para los fans: en realidad es un pequeño hostal en el que se puede reservar habitación doble por un precio máximo de 140 euros la noche.
Es Montalbano, el comisario más querido por los italianos, un hombre de refinadas lecturas, investigador inconformista, buen conocedor de su gente y aficionado a la natación, la gastronomía y la lectura. A veces cínico, cuando se encuentra con males crónicos de la vida italiana como la burocracia o la corrupción, y siempre entregado a su trabajo. Una buena compañía en estos tiempos de sol y calor abrasador. ¿Qué tal pasar las vacaciones con un siciliano? 

23.7.13

Hace 125 años nacía Raymond Chandler, el maestro de la novela negra

El novelista estadounidense, creador del personaje Philip Marlowe, prototipo de detective, padeció depresiones y alcoholismo que opacaron sus grandes logros: varias de sus obras, muchas llevadas al cine, siguen considerándose clásicos

Raymond Chandler, creador de Philip Marlowe, el duro y cínico detective, prototipo de investigador criminal.
Aunque llevaba una vida difícil, el maestro de la novela negra Raymond Chandler no tuvo problemas en alcanzar el éxito, ya sea como estudiante, como vicepresidente de una petrolera después y, finalmente, como escritor consagrado mundialmente por sus novelas policiales y guiones de cine. 
Su colega Ian Fleming alguna vez dijo que de la pluma de Chandler brotaron algunos de los diálogos mejor escritos de todos los tiempos. Pero Chandler, de cuyo nacimiento se cumplen hoy 125 años, padeció depresiones y alcoholismo y fueron pocas las oportunidades en que realmente pudo disfrutar sus logros, aunque siguió escribiendo hasta la muerte.
Su padre, un ingeniero civil estadounidense alcohólico y maltratador, abandonó a su familia y se divorció de su mujer, que vivía con sus tíos maternos, y ella llevó a su hijo a Inglaterra para que recibiese una sólida formación literaria. Ayudado por un próspero abogado cuáquero irlandés que era también tío de su madre, estudió en el Dulwich College de Londres (1900-1905) a clásicos y modernos; era una escuela pública donde se habían formado también escritores como P. G. Wodehouse y C. S. Forester. Después viajó a Francia y Alemania (1905-1907) y se nacionalizó británico en 1907. Tras un breve trabajo en el Almirantazgo que abandonó a causa de no simpatizar con la conducta militar, trabajó como reportero para el London Daily Express y para la Bristol Western Gazette (1908-12). Publicó 27 poemas y su primer relato The Rose Leaf Romance antes de regresar a los Estados Unidos en 1912 con dinero prestado por su tío irlandés. Visitó a su madre y sus otros tíos y se instaló en San Francisco, donde aprendió contabilidad por correspondencia, y luego en Los Ángeles, con su madre, en 1913. Participó en la Primera Guerra Mundial como soldado de los Gordon Highlander de Canadá en las trincheras del frente francés y estaba preparándose como piloto de guerra de la RAF cuando la guerra terminó y regresó a California, donde viviría ya el resto de su vida, trabajando como empleado de banca. Al morir su madre en 1924, se casó con Pearl Cecily Bowen (Cissy Pascal), dieciocho años mayor que él, una mujer con la que ya había entablado relaciones, no aprobadas por su madre, cuando estaba casada, y una vez divorciada y celebrado el matrimonio, este duró casi treinta años, hasta el fallecimiento de ella en 1954, aunque no tuvo hijos. En 1932, Chandler había logrado ser nombrado vicepresidente del Dabney Oil Syndicate en Signal Hill (California), pero perdió este lucrativo trabajo a causa de su alcoholismo, su ausentismo y sus numerosas aventuras con las secretarias. En 1933, a los 45 años y en medio de la Gran Depresión, se dedicó por entero a escribir en pulps, populares revistas de ficción criminal impresas en papel barato.
Su prosa no carece de cualidades estéticas: su estilo supera el impresionismo de Hammet y es característicamente irónico y frecuente en rasgos de ingenio cáustico, sobre todo, en los diálogos. Gracias a él la novela negra ganó una dignidad literaria desconocida hasta entonces. Su primer cuento fue Blackmailers Don't Shoot, para la revista Black Mask, un pulp dedicado a los relatos de acción; desde entonces no abandonó el género.
Intentó imitar a Dashiell Hammett, pero su estilo es muy diferente; Hammett es seco e impresionista, y Chandler irónico y cínico. Creó ya por entonces al detective privado Philip Marlowe. Entre 1933 y 1939, produjo 19 relatos.
De Hammett toma la denuncia de la sociedad americana de la época, donde el dinero y la búsqueda del poder son los motores verdaderos de las relaciones humanas, con sus consecuentes secuelas de crímenes, marginación e injusticia. Reflexionó sobre el arte de la novela policiaca en su ensayo El simple arte de matar (1950).
A los 51 años aparece su primera novela, El sueño eterno (1939), donde Marlowe se mueve por la cara oscura del soleado Los Ángeles y ayuda a evitar el infarto de un millonario al rescatar a su hija de un chantaje; se considera, sin embargo, que su mejor novela es El largo adiós de (1953), en la cual descubre al asesino de la hija de un millonario, de un escritor y de un amigo suyo. En 1943 se le propuso trabajar en Hollywood adaptando el guion de Double Indemnity (Perdición), sobre la novela de James Cain, dirigida por Billy Wilder. Tras la muerte de su esposa en 1954, el escritor sufrió fuertes depresiones, aumentó su alcoholismo e intentó suicidarse en dos ocasiones. En cambio, su último deseo se cumplió, aunque no fue hasta hace dos años: los restos de su esposa, que durante casi 60 años estuvieron en un mausoleo, fueron llevados junto a los del escritor en su tumba de Mount Hope. En la lápida puede leerse una cita de El sueño eterno: "Los muertos son más pesados que los corazones rotos".
El Noir Infestival, que se celebra cada diciembre en el municipio italiano de Courmayeur, otorga desde 1991 un premio Raymond Chandler de novela negra en su honor.1
/D.P.A/Revista Ñ/ Wikipedia

22.7.13

Espías: no hay traición sin dilema, ni aventura sin amor

El caso Snowden devuelve a los espías a primera plana. Repasamos de la mano del autor Joseph Kanon las esencias de un género apasionante. Ficción y ensayo se han encargado de las glorias, amores y miserias de un mundo de sombras

Fotograma de El tercer hombre (1949), de izquierda a derecha los actores Joseph Cotten y Orson Welles./elpais.com
El espionaje y los espías vuelven a la primera plana de la actualidad. El caso de Edward Snowden, el joven analista que filtró la existencia de un programa masivo de espionaje por Internet orquestado por la inquietante y omnipresente NSA de EE UU, y su posterior periplo internacional han despertado de nuevo el interés por el asunto. La literatura, lecturas perfectas para este verano, y la historia se han encargado de acercarnos a un mundo lleno de sombras, de errores clamorosos y de éxitos nunca exhibidos por razones obvias. Joseph Kanon (Pensilvania 1946), que acaba de publicar en España Estambul (RBA, traducción de Antonio Iriarte) uno de los autores de novelas de espionaje más aclamados en la actualidad, reflexiona sobre el género y nos descubre algunos de los dilemas y pasiones de este mundo trepidante y al mismo tiempo oscuro. 
Todo espía sabe que está, siempre, ante una diatriba ineliduble: todo acto, toda traición, toda heroicidad, tiene sus consecuencias. Que se lo pregunten a Snowden, varado en el aeropuerto de Moscú y a expensas de Vladimir Putin después de dejar en evidencia a las principales democracias de Occidente. “Hay una pregunta esencial”, nos cuenta Kanon, “y es qué hacer cuando no hay manera de hacer las cosas bien”. El protagonista de Estambul, Leon, que tiene que proteger, para cumplir órdenes, por deber y por patriotismo, a un criminal de guerra nazi, se enfrenta a ese dilema: “¿Dónde se dibujan las fronteras de nuestra moral personal? ¿Cómo calibramos la culpa? Estas eran cuestiones muy pertinentes en 1945 y creo que siguen siéndolo”, asegura Kanon. “Lo que no nos permite casi nunca la vida es no tomar una decisión. Y a un espía menos. La gran pregunta es dónde está la línea roja de nuestra moral”, concluye. 

"Sí se puede escribir una historia de espías sin el amor por medio. Pero ¿Quién querría hacerlo? ¿Para qué?"
Joseph Kanon
La monumental The Company, de Richard Littell (Brooklyn, EE UU, 1935), con esa paranoia alrededor de los infiltrados y ese juego perfecto de engaños y lealtades rotas es uno de los mejores retratos psicológicos de esos dilemas ineludibles, tan presentes en cada Calderero, sastre, soldado espía, por rendir homenaje a la obra de John Le Carre (Poole, Inglaterra, 1931), una de las cumbres de la literatura de espías con su serie de Smiley y Karla. Kanon, Le Carre y todos los autores del género reconocen dos maestros: Graham Greene y Eric Ambler, uno de los autores más infravalorados de literatura del siglo XX. Su Máscara de Dimitros (otra vez Estambul) es un libro esencial y Epitafio para un espía y, sobre todo Journey into fear son obras fundacionales del género tal y como lo conocemos. Una virtud sobre todas las demás: saca al protagonista del ámbito duro y derechista de sus predecesores y crea personajes con inquietudes morales y sociales, hombres pequeños enfrentados al mal y a grandes maquinarias de poder y corrupción creadas por sus enemigos y, ay, por su propio bando. 
Ahora, muchas veces la ficción supera, afortunadamente, a la realidad, porque el espía normal y corriente es gris y aburrido. Kanon avisa: “La ficción de espías tienen a centrar su atención en los agentes de campo porque su trabajo es tenso y a menudo excitante, pero la inmensa mayoría de la gente trabajando en esto lo hacen desde un escritorio, manejando y analizando inteligencia. Eso no quiere decir que sea un trabajo inocente, el espionaje es el espionaje, pero raramente implica el tipo de traición personal que suele darse sobre el terreno.”.
Por supuesto, en demasiadas ocasiones se pasa por encima de estas consideraciones morales. No, quizás, los sufridos agentes de campo, pero sí sus jefes. Tim Weiner, en su Legado de cenizas, (Debate) construye un relato perfecto sobre ese monstruo de corrupción y perversión de la democracia que ha sido siempre la CIA. Victor Ostrovsky, antiguo agente del Mossad, describe en By the way of deception las barbaridades cometidas por los servicios secretos israelíes. En España, Eric Frattini ha escrito algunas obras reseñables sobre los servicios secretos vaticanos (sobre todo La Santa Alianza, Espasa) y las artimañas y maldades de la CIA y sus aliados. Sin olvidar los ensayos de Gordon Thomas sobre el Mossad o las torturas psicológicas de la CIA. La lista es inmensa. 
¿Es el amor inevitable en cualquier historia de espías? “Sí se puede escribir una historia de espías sin el amor por medio. Pero ¿Quién querría hacerlo? ¿Para qué?”, contesta Kanon. “Al final, todas las buenas historias se basan en el personaje porque recordamos los personajes, no las tramas, y en ninguna parte se ve mejor ese carácter del personaje que en los momentos de intimidad” añade. El amor y la vida de los espías comparten muchos aspectos. “La vida es confusa, complicada y a menudo contradictoria, exactamente las mismas cualidades que uno encuentra en una relación amorosa entre adultos”, asegura el autor de El buen alemán. “En las novelas de espías, las historias de amor pueden cumplir con una misión: reflejar la duplicidad y las consecuencias de la traición en la historia general. Escribir sobre sexo es muy difícil- siempre se corre el riesgo de ser excesivo- pero está en el centro de nuestras vidas. ¿Cómo no vamos a escribir sobre ello?”, concluye.
El ‘caso Snowden’, por la necesidad intrínseca de dar publicidad a la filtración para que tenga efecto, es, como antes con Wikileaks, un caso atípico que introduce nuevas variables respecto al espionaje tradicional. Kanon subraya: en un mundo con tanta presencia de las redes sociales y tan poco espacio para la privacidad, “si se tiene la tecnología necesaria va a ser inevitable recabar esos datos” y advierte: “los aspectos casi de farsa del caso nos están desviando del asunto fundamental y de lo que más me llama la atención: la indiferencia generalizada del público”. 
En esta nueva trama de intriga internacional y vodevil que se ha convertido el caso Snowden sólo falta un elemento: la historia de amor. O quizás es la última revelación que se tiene reservada el bueno de Edward.

19.7.13

Novelas criminales

La novela negra tiene muchas virtudes, quizás una por encima de las demás: mezcla bien, no siempre pero más a menudo que la media, lectura de evasión y calidad. Por eso en Elemental no queríamos dejar pasar la ocasión de recomendar algunos libros de ficción criminal para disfrutar en la playa, en la gran ciudad, en el trabajo, en el avión o donde sea

Copiosa lista negra de novelas criminales./elpais.com/elemental

Dado el éxito que tuvo la invitación a la participación en el post en el que presentábamos la serie de Los detectives de nuestra vida, les invito a dejar en la sección de comentarios de este post sus recomendaciones, novedades o no, para este verano. Gracias por adelantado. Lean y disfruten. 
Ah, como siempre: esta lista es muy personal. No recomiendo nada que no haya leído pero tampoco lo he leído todo ni puedo recomendar todo lo que me ha gustado porque la lista sería excesiva. 
La verdad sobre el caso Harry Quebert (Joël Dicker, Alfaguara, traducción de Juan Carlos Durán). Obviaremos el debate sobre si se trata o no de una novela negra. Es, en cualquier caso, una obra superlativa escrita por un joven suizo que no llega a los 30 años y que juega a la perfección con los elementos del género, con la metaliteratura y con los lectores. Un libro de los que te deja pegado a la silla. Me encanta ese inicio de cada capitulo con recomendaciones del maestro al joven escritor sobre literatura y boxeo; constituyen casi una obra aparte. Y el retrato de las miserias de un pequeño pueblo de EE UU no deja indiferente. Más sobre la obra, en Babelia.
Perdida (Gilliam Flynn, Roja y Negra, traducción de Óscar Palmer). Es una de las obras de las que ya hemos hablado en este blog. Y de manera muy elogiosa. Queda poco más por decir. Flynn sabe lo que hace y combina a la perfección ese relato que roza a veces lo inverosímil con un buen retrato de la clase media de EE UU y mucho sarcasmo. 
La playa de los ahogados. (Domingo Villar, Siruela). Las historias de Leo Caldas son de lo mejor que hay en el panorama negrocriminal español. Lean esta o cualquier otra historia de Villar y lo comprobarán. Reales, sólidas, lejos de cualquier artificio, con grandes personajes secundarios y buenas tramas. Tenemos pendiente un homenaje aquí. 
El Círculo (Bernard Minier, Roca Editorial, traducción de Dollors Gallart) . Thriller francés del bueno, que no es decir poco. Nuestros vecinos cultivan el género de maravilla. Servaz, el protagonista, es un hombre atormentado y complejo y las tramas son muy trepidantes pero lejos de cualquier artificio. Desde luego, si hay un momento para leerlo es este. Entrevista con el autor para quien esté interesado.
Recuperando clásicos
Todo Marlowe. (Raymond Chandler, RBA). Chandler no creó a su detective Philip Marlowe hasta pasados los cincuenta años, pero le dio tiempo a dejarnos algunas maravillas, me quedo con El largo adiós, y un personaje cínico, inteligente y más influyente que cualquier otro detective en la historia del género. RBA ofrece en este volumen las siete novelas y los dos cuentos protagonizados por Marlowe y es una excelente ocasión de volver sobre sus pasos.A la espera de que RBA lance en otoño todos los cuentos de Hammett, vamos con esta delicia perfecta para verano. Más, escrito por Guillermo Altares ayer aquí
El expediente Archer (Roja y Negra, traducción de Ignacio Gómez Calvo). Excelente edición, con el brillante prólogo de Rodrigo Fresán y la introducción impecable e ilustrativa de Tom Nolan de todos los cuentos de Lew Archer, el detective creado por Ross MacDonald. Para fans irredentos y para quienes no hayan leído nada de este gran personaje, uno de los mejores de la novela negra clásica y uno de los pocos de los que vemos una evolución completa a lo largo de los años. Duro, solitario, el mejor seguidor de la tradición hard boiled
Los siete pecados capitales (Agatha Christie, RBA). Vale,  no todo el mundo es fan de la novela enigma, hay quienes creen que la señora Christie ha envejecido mal pero, para los que quieran probar, para los que crean que tiene vigencia, para los que busquen una lectura perfecta de verano, este volumen reúne siete historias que se corresponden con los siete famosos vicios del ser humano. Una forma genial de acercarse a esta dama del misterio. 
Preparando el otoño
Lo que viene a partir de septiembre en el mundo de lo negro y criminal es literalmente salvaje. Para los que sean como el que esto escribe y prefieran leer en orden, proponemos dos autores que publican en España en septiembre y que son de nuestros preferidos. 
La serie de Mario Conde (Leonardo Padura, Tusquets). El escritor cubano es el creador de uno de los personajes más deliciosos de la novela negra contemporánea. Reflexivo, honrado, gran lector, amante de la buena vida, de las mujeres guapas e inteligentes, de las comidas en casa de la madre de su amigo Carlos el Flaco, Conde es una maravilla que nos lleva por la Cuba comunista ahogada por la dictadura y el bloqueo. A finales de agosto llega Herejes, su nueva obra. 
La serie de Harry Hole (Jo Nesbo, RBA). Para mí, de calle, el mejor autor escandinavo. Harry Hole tiene todo lo que ha de tener un buen detective hard boiled: justo, solitario, desesperado, insolente, radical, fascinante. En septiembre llega El muñeco de nieve. Hasta ahora RBA ha publicado cuatro en España. Y son muy, muy buenos. 
Vicios del autor
No quiero abrumar. Así que dejo aquí enlaces a mis preferidos de siempre y de los que ya he hablado más veces pero que no voy a dejar de recomendar : James Crumley, desconocido, genial; James Lee Burke, un maestro; John Connolly, siempre, Charlie Parker; Ramiro Pinilla, un grande de las letras españolas metido a la novela negra; Joseph Kanon, rey de los espías... Ya saben, podría seguir. Les dejo que se vayan a leer. 

18.7.13

Philip Marlowe: sentimental, impertinente, cínico, adorable

Raymond Chandler (1888-1959) escribió siete novelas y dos cuentos protagonizados por Philip Marlowe

Bogart
Humphrey Bogart y Lauren Bacal en un fotograma de El sueño eterno./elpais.com

- No me gustan sus modales, señor Marlowe -dijo Kingsley con una voz que, por sí sola, habría podido partir una nuez de Brasil.
- No se preocupe por eso, no los vendo.
(La Dama del Lago)
Este diálogo resume la esencia de Philip Marlowe, el detective literario que, con perdón de Sherlock Holmes, ha tenido una mayor influencia y no solo en la ficción. Es impertinente, no tiene un sentido muy estricto de la jerarquía (el tipo con el que habla es alguien que está tratando de contratarle) y, detrás de una capa de cinismo y descreimiento, se esconde alguien con un profundo sentido de lo que está bien y lo que está mal. Marlowe tiene su propia moral, que no siempre encaja con la de la sociedad en la que vive, y está dispuesta a defenderla. En ese sentido es un personaje clásico de la ficción estadounidense, el héroe reluctante, que dice defender sus propios intereses pero que, al final, forzado por las circunstancias, defiende los de todos.
Así se define el propio Marlowe en el arranque de la primera novela en la que aparece, El sueño eterno (1939): "Tengo 33 años, fui a la universidad una temporada y todavía sé hablar inglés si alguien me lo pide, cosa que no sucede con mucha frecuencia en mi oficio. Trabajé en una ocasión como investigador para el señor Wilde, el fiscal del Distrito. Su investigador jefe, un individuo llamado Bernie Ohls, me llamó y me dijo que quería usted verme. Sigo soltero porque no me gustan las mujeres de los policías".
Y luego, claro, gran parte del éxito de Marlowe se basa en que, por encima de todo, es un sentimental. Aquí van dos muestras, la primera dedicada a una amante y la segunda a un amigo, tomadas de la que para muchos es la mejor novela de la saga, El largo adiós.
"Nos despedimos. Vi cómo el taxi se perdía de vista. Subí de nuevo, entré en el dormitorio, deshice la cama y volví a hacerla. Había un largo cabello oscuro en una de las almohadas y mí se me había puesto un trozo de plomo en la boca del estómago. Los franceses tiene una frase para eso. Los muy cabrones tienen una frase para todo y siempre aciertan. Decir adiós es morir un poco".

"Compraste una buena parte de mí, Terry. Con una sonrisa y una inclinación de cabeza y un gesto de la mano y unas cuantas copas en un bar tranquilo de cuando en cuando. Estuvo bien mientras duró. Hasta la vista, amigo. No voy a decirte adiós. Te lo dije cuando significaba algo. Te lo dije cuando era un saludo triste, solitario y definitivo".

Raymond Chandler (1888-1959) escribió siete novelas y dos cuentos protagonizados por Philip Marlowe. En castellano, tenemos una edición magnífica, de la Serie Negra de RBA, que los reúne en un solo volumen de casi 1.400 páginas. Recupera, además, estupendas versiones editadas anteriormente, entre los que destacan varios volúmenes vertidos por uno de los mejores traductores del inglés, José Luis López Muñoz, y uno por Carmen Criado.
Chandler bebió de la renovación de la novela negra que impulsó, entre otros, Dashiell Hammett. Además de que los detectives de los dos escritores, Sam Spade y Marlowe, fueron interpretados en el cine por Humphrey Bogart (y su rostro se ha quedado en ellos para siempre en nuestra imaginación colectiva), Hammett y Chandler comparten una mirada profundamente ética hacia la realidad; los dos se empeñan en mostrar los aspectos más oscuros de nuestra sociedad y la corrupción que esconden aquellos que parecen tan poderosos como intachables. En una columna reciente en este diario, David Trueba recurría a Chandler para hacer una metáfora sobre el hedor a corrupción en la España actual: "Raymond Chandler permanece en el tiempo como un escritor admirado por sus frases impresionistas dentro de libros de género. Sus ráfagas de literatura plástica presiden historias donde quizá quedan hilos de trama sin resolver, pero sobra atmósfera y talento. En una hermosa descripción de estado de ánimo, el narrador nos dice: “Encendí un cigarrillo que me supo como el pañuelo de un fontanero". A veces, en la España de hoy, uno tiene esa misma sequedad agria en la boca ante la decrepitud y la insolvencia de quienes están al mando de la nave”. Quizás por eso hay que volver a Marlowe, porque sabe revolver la porquería como nadie y porque ese detective, cínico y sentimental, es más necesario que nunca. Y, es casi una obviedad, porque nos encontramos todo el rato diálogos como este:
- Usted es Marlowe, ¿verdad?
- Sí, supongo que sí. –Consulté mi reloj de pulsera. Eran las seis y media de la mañana, que no es precisamente mi mejor momento.
- No se ponga impertinente conmigo, joven.
- Lo siento, señor Umney, pero no soy joven; soy viejo, estoy cansado y aún no he tomado una gota de café. ¿En qué puedo ayudarle?
(Playback)

16.7.13

Los detectives de nuestra vida

Duros y sensibles; hombres y mujeres; amantes de la violencia, algunos; buscadores, eternos, de la redención, todos; con un sentido más o menos recto de la justicia; cazadores del bien o, simplemente, castigadores del mal; guapos y gordos, listas y simplonas, atletas y diabéticos; chulos despreciables, chulos adorables... todos, geniales, a todos los amamos, son nuestros detectives

Los detectives en el mapa.Ilustración de Fernando Vicente/elpais.com
Elemental participa en Tentaciones de verano con una serie sobre los detectives de nuestra vida, esos personajes que han marcado nuestras obras preferidas y, por qué no decirlo, nuestras existencias. Varios periodistas de EL PAÍS amantes de la ficción criminal describirán lo que les apasiona de cada uno de esos investigadores. Cada martes y jueves hasta finales de agosto. Por las razones que sean. Cada uno, las suyas.
Un aviso: no es una lista canónica, está configurada por los gustos y apetencias de los que la hacemos. Habrá sobrerepresentaciones y ausencias. Habrá aciertos, claro.
Una petición: dejen en la sección de comentarios de este post su detective preferido. Este humilde bloguero se compromete a rescatar el que más votos reciba que no haya sido seleccionado por ninguno de los colaboradores.
“El detective ha de ser todo un hombre. Es el héroe; lo es todo. Debe ser un hombre completo y un hombre común y al mismo tiempo un hombre fuera de lo común. Tiene que ser un hombre de honor, por instinto, porque no puede evitarlo, sin dudarlo ni un instante y desde luego sin decirlo.  Tiene que ser el mejor hombre de este mundo y suficientemente bueno para cualquier mundo”. La descripción que da Raymond Chandler del detective en The Simple Art of Murder ha quedado ciertamente desfasada, aunque es deliciosa y define a la perfección al detective hard boiled, ese personaje surgido de los oscuros años treinta en EE UU y que da vida a un género.
El creador de Philip Marlowe, al que rendiremos homenaje en esta serie, es junto con Dasshiel Hammett y sus criaturas Sam Spade y el Agente de la Continental y Ross MacDonald con su Lew Archer (uno de mis adorados y elegidos) quienes sentaron las bases de un estereotipo. Pero la vida, y la novela negra, han dado muchas vueltas desde los primeros maestros.
Por un lado están quienes, de una u otra manera, se sienten herederos. La lista es amplia. Citaremos algunos que estarán incluidos en esta serie: el maravilloso, solitario, duro y bueno de Harry Bosch, esa creación inigualable del inigualable Michael Connelly (al que ya hemos rendido pleitesía en el blog); el malencarado, tozudo y sentido Bernie Gunther (misma horma que Marlowe pero llevado a la perfección por Philip Kerr a la Alemania nazi) y, por último, el que quizás ha reunido mejor algo de todos ellos: John Rebus, esa brutal creación de Ian Rankin.
Pero, decíamos, el mundo ha cambiado mucho y las fronteras literarias de lo negro y criminal se han extendido. En la década de los sesenta y setenta, un matrimonio sueco, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, cambiaron las normas del género para siempre y sentaron las bases del boom nórdico. A su creación, ese gran profesional llamado Martin Beck, y a algunos de sus hijos literarios, bastardos o no, dedicaremos parte de este espacio. Sudáfrica (sí, Sudáfrica), Israel o Grecia tendrán también su lugar. Podríamos haber incluido, por ejemplo, México (mi querido Edgar El Zurdo Mendieta) o la Sicilia de Montalbano pero ya avisábamos: no cabe todo, no es una lista canónica.
Las mujeres y otros oficios ajenos al detectivesco tienen en Temperance Brennan, todo carácter y perspicacia, uno de los mejores referentes. La forense creada por Kathy Reichs también tendrá su artículo. Habrá otros que no, insisto. Invito a mis queridos lectores a proponer en la sección de comentarios de este post.
Dice Ian Rankin en su prefacio a la excelente, aunque ahora un poco desfasada, Rough Guide to Crime Fiction: “A la gente le gusta la ficción criminal porque está fascinada por las zonas grises de la realidad; esos lugares donde las reglas de la sociedad dejan de servir. Se preguntan qué habrían hecho en situaciones similares. Aprenden cómo reaccionar ante el miedo a lo desconocido. Y, finalmente, tienen la sensación de que de alguna manera se ha visto que había que hacer justicia”.  Eso se consigue gracias a estos personajes geniales a los que ahora rendimos homenaje. Lean y disfruten.

12.7.13

Saccomanno, premio Hammett de novela negra en Gijón

Semana Negra de Gijón

El jurado le concede el premio por unanimidad Cree que "constituye un fresco minucioso de la descomposición de la sociedad"

Saccomanno en Gijón mientras le retrata Félix de la Concha / Juan González./elpais.com
El escritor argentino Guillermo Saccomanno (1948, Buenos Aires) ha sido el ganador del Premio Dassiel Hammett que concede cada año la Semana Negra de Gijón por su obra Cámara Gesell  (Planeta Argentina). El jurado del premio Hammett compuesto por Carlos Salem,  Gregorio Casamayor, Miguel Barrero y Ignacio del Valle, ha concedido el galardón por unanimidad a la obra de Saccomanno ,"por entender que constituye un magno empeño narrativo y un fresco minucioso de la descomposición de la sociedad". El jurado destaca la alta calidad de las cinco obras finalistas.
Saccomanno, que ya fue Premio Biblioteca Breve en 2010 por su obra El Oficinista (Seix Barral) y el Rodolfo Walsh el año pasado, ha conseguido el galardón con una obra que tiene todos los elementos de la novela negra, aunque él mismo se declara algo ajeno a la tradición policiaca.  Desarrollada en una pequeña población de la costa marítima bonaerense. Villa Gesell, un balneario ubicado a 370 kilómetros al sudeste de Buenos Aires, es el sitio de residencia de Saccomanno y el escenario donde se desarrolla una trama de conspiración y traiciones.
El escritor argentino aseguraba a EL PAÍS en el tren que le llevó hasta la Semana Negra que no confiaba mucho en las etiquetas y que "en Argentina es muy difícil escribir una novela negra clásica, con un detective, porque todos los que pueden serlo han pertenecido de alguna manera a las fuerzas de la represión”.

11.7.13

William C. Gordon recupera el estilo de los sesenta para la novela policial

Semana Negra de Gijón

El escritor estadounidense William C. Gordon ha recuperado el estilo de los años sesenta en sus obras de literatura criminal, que ha presentado en la Semana Negra de Gijón

William C. Gordon junto a Paco Ignacio Taibo, que exhibe ejemplares de las novelas del estadounidense./lainformacion.com
Considerado por la crítica como el último superviviente del género en "estado puro" por conservar las claves iniciales de la novela negra, Gordon ha dicho que odia la tecnología para resolver las intrigas de los casos policiales.
En sus novelas, los investigadores no necesitan análisis de ADN, ni ordenadores, ni teléfonos móviles, solo se valen de la intuición, de una metodología precisa y de su inteligencia.
"Se trata de usar la cabeza, ir dando respuestas a los interrogantes paso a paso para ir resolviendo la intriga criminal y descubrir al asesino", ha expresado esta mañana en una rueda de prensa.
Nacido en Los Ángeles en 1937, el autor ha sido oficial del Ejército de los Estados Unidos, dueño de un bar y abogado, aunque fue su esposa, la escritora chilena Isabel Allende, quien le empujó a escribir novela negra.
Gordon ha creado el personaje de Samuel Hamilton, un reportero de sucesos que está presente en sus novelas: "Duelo en Chinatown", "El rey de los bajos fondos" y "El enano".
El escritor ha explicado que "precisamente el personaje protagonista es un reportero y no un detective privado o un policía para prescindir de todo elemento tecnológico en la investigación".
En la primera novela, Samuel Hamilton es un hombre arruinado, un borracho fracasado que necesita de la ayuda de los demás, pero en las otras dos se ve una evolución porque poco a poco su vida mejora, ha dicho.
Con "El enano" se ha inspirado en su padre, a quien considera "un enano emocional, sinvergüenza y mujeriego".
Gordon se ha manifestado a favor de la idea de Ernest Hemingway de que "toda novela es de algún modo autobiográfica".
El personaje de la bruja amante del enano, está inspirado en la asistente que tenía su padre y con la que mantenía una relación íntima.
El escritor ha dicho que quiso dar una imagen mala de esta mujer "por venganza, porque la odiaba", pero el resultado no fue el esperado porque los lectores sienten simpatía por ella.
También han participado hoy en la Semana Negra las autoras catalanas Susana Hernández y Carolina Solé, que han presentado sus últimos trabajos publicados, "Contra las cuerdas" y "Ojos de hielo", respectivamente.
"Contra las cuerdas" es la segunda parte "Curvas peligrosas", con la que Hernández inició una serie de relatos protagonizados por las subinspectoras Rebeca Santana y Miriam Vázquez.
Esta vez las investigadoras se enfrentan a un violador y asesino en serie, en una trama policial aderezada por conflictos emocionales.
"Ojos de hielo" es la primera novela de Carolina Solé, que ha aceptado el desafío intelectual de ambientar una trama negra fuera de lo urbano en un valle rural.
En 700 paginas, Solé no solo narra el crimen de un terrateniente sino también "la ambición desmesurada" de los personajes enfrentados.

10.7.13

Mendoza: "La narcoliteratura es algo que está vivo"

Oriundo del norte de México, se ha convertido en un referente a la hora de narrar los terribles conflictos de su país, siempre con una prosa clara y potente

ÉLMER MENDOZA. En 1999 publicó Un asesino solitario, que lo instaló como uno de los narradores más importantes sobre el tema narco./revista Ñ
Élmer Mendoza ha sido señalado por la crítica y por muchos de sus colegas como el padre de la Narcoliteratura. Desde Un asesino solitario (1999), su primera novela, hasta la saga del Zurdo Mendieta, sus ficciones han vuelto una y otra vez al imaginario del narcotráfico, siempre impregnado de violencia (y amor), corrupción (y lealtad), cinismo (y honestidad). Se trata de un universo ambiguo, lleno de claroscuros, que se torna mucho más dramático cuando se mide con los varios miles de muertos reales que va cobrándose la “guerra” emprendida por el estado mexicano contra los cárteles de la droga.
En ese barro camina Mendoza. Sin embargo, no es ésa la mayor virtud de sus novelas. En ellas, el habla adquiere una materialidad contundente, impone una respiración, afecta al lector. Mucho más que una nutrida balacera. Los enigmas de la trama, la velocísima prosa, o el melancólico escepticismo del Zurdo Mendieta, por nombrar sólo algunas de sus fortalezas, se subordinan a la intensidad de un habla plagada de matices, ironías, contrapuntos. Una poética urbana. Un habla comprometida, y comprometedora.
Tras su paso fugaz por el Festival Azabache de Mar del Plata, y cuando Tusquets acaba de publicar Nombre de perro , tercera entrega de la saga de Mendieta, Mendoza aceptó responder por mail algunas preguntas.
“¿Será tarea del escritor traer más miedo a este mundo?”, se pregunta Rubem Fonseca en uno de los epígrafes de La prueba del ácido (la segunda novela de la saga Mendieta). ¿Cuál es su propia respuesta a esa pregunta? ¿Qué lugar ocupa el miedo en su escritura?
No es tarea; sin embargo no lo puede evitar. Un buen escritor genera emociones y sentimientos y por ahí aparece el miedo. Pensé en Fonseca, me pareció muy claro y lo dejó abierto: hay asuntos que no caben en respuestas definitivas. Creo que no incito al miedo; más bien hay una carga de temeridad; quizá trabajo para que mis libros tengan usa postura temeraria y que se contagie. Tampoco estoy tan seguro.
Generalmente lo consideran el máximo referente de la Narcoliteratura. ¿Qué valor atribuye a esa categoría?
En la medida que es una categoría que contiene un realismo inconveniente, que señala, no el folklor, sino las peligrosas debilidades de la sociedad contemporánea corrupta, tiene valor. Desde luego que las más de las veces el término se usa para descalificar; no obstante, posiblemente los lectores y algunos críticos, nos han llevado a un sitio elevado, y el carácter social de esta literatura gana terreno. Funciona como plataforma y si se lo permites se convierte en una limitante, porque los temas están vivos y todos los días muestran facetas, y este tema es demasiado activo.
“Ya no hay más que decir, el mundo ya no es digno de la palabra”, escribió Javier Sicilia tras el asesinato de su hijo por el narcotráfico en 2011. Su verso recuerda a la célebre consideración de Theodor Adorno sobre la imposibilidad de escribir poesía después de Auschwitz. ¿Cómo se posiciona la literatura frente a la violencia? ¿Cómo afecta esa tensión a su propio trabajo?
La literatura está más allá de la gente que la sufre o disfruta, y no pocas veces hay frases lindas; pero es un producto humano, y mientras haya alguien… Ahora hemos acomodado algunos factores y hablamos de una estética de la violencia; hemos conseguido escribir historias de temática dolorosa y provocar algunas emociones que contradicen las declaraciones de los príncipes del poder; usamos el lenguaje de la calle, el español estándar, algunos tecnicismos; adaptamos el ritmo narrativo a algún habla en particular, yo la del norte de México, y dimos la sorpresa. Lo agradable es que pronto fue más que narcoliteratura. No permito que la tensión de la violencia afecte mi trabajo: jamás podría concluir una novela. Como individuo me cuido y sigo los códigos para estar seguro; pero en mi obra son otras leyes las que valen.
En su paso reciente por el Festival Azabache habló sobre la “estética narco” ¿Cómo la caracterizaría, y de qué manera se nutre de ella su producción?
Hay mitos y leyendas nuevas. Algunas demasiado sangrientas. Hay expresiones con que se nombran. Nombrarlas provoca sentimientos encontrados. Hay una manera de nombrar la maldad que es prohibida. La estética de la violencia aporta las opciones: palabras, historias, nombres, que semánticamente generan ciertos sentimientos, generalmente ambiguos, que acercan o alejan al lector de la realidad de la que forma parte. Si un autor consigue el equilibrio entre lo que se conoce y lo que se propone como novedoso: está en el camino.
¿Diría que la suya es una escritura pesimista?
No sé. Espero que en primer lugar provoque un interés inconsciente que nazca de la emoción de leer, de seguir personajes que se parecen a alguien, que viven situaciones más o menos familiares. Si después hay reflexiones me gustaría que fueran optimistas, pero si son pesimistas significa que traigo la brújula alterada.
Nombre de perro parece la más sentimental de las historias de Mendieta; ¿habrá –pese a todo– lugar para el amor?
Es justo lo que me pregunto. Ya ves que conviene resolver algunos aspectos antes de teclear. Aunque el club de fan del Zurdo exige que tenga relaciones un poco más largas, perdería un instrumento narrativo de poderoso atractivo en la personalidad de mi detective. De momento, no sé qué tanto pueda soportar una intrusión tan obstinada.
Es notable la atención puesta sobre el estilo, y sobre registros regionales y sociales muy particulares, en sus novelas. ¿Cómo orienta su producción en ese nivel de escritura?
Corrijo mucho. Cada párrafo debe sonar y estar quieto de tal manera que pueda leerse. Quiero que mi lector experimente otras sensaciones, desde el rechazo irritado a la sonrisa complaciente. Cada párrafo es parte de una trama. Creo que los registros regionales expresados con precisión dan personalidad a un autor, y a veces es tan especial que se vuelve único: eso quiero. Quiero que la novela de aventuras sea una obra de arte sin otros calificativos. Quiero demostrar que después del boom, aún tenemos ideas por desarrollar.
¿Cómo valora el campo literario actual en México y el resto de América Latina?
Me gusta. Una vez más nos unimos, tenemos intereses comunes. Hay autores representativos en todas partes y lectores que los siguen. Deberíamos ayudar, al menos en narrativa, a que el trabajo de paraguayos, ecuatorianos, venezolanos, bolivianos y centroamericanos se conozca más.

Leonardo Padura anuncia que su obra será "menos negra y más social"

Semana Negra de Gijón

Se ha definido hoy como un autor "absolutamente cubano", cuya obra futura "será cada vez menos negra y más social", porque considera necesario "romper los límites" de los géneros literarios

Leonardo Padura anuncia que su obra será "menos negra y más social",/lainformacion.com
El escritor cubano con mayor reconocimiento internacional ha dicho que la novela negra iberoamericana se ha "diversificado" durante la última década y se "ha vuelto más libre" y en ese proceso "ha ganado".
Padura ha ofrecido hoy una rueda de prensa en la Semana Negra de Gijón, a la que acude con su novela "El hombre que amaba a los perros", de Editorial Tuskets, en la que aborda el asesinato de León Trotski.
Considerada por la crítica como su novela más lograda, el autor nacido en La Habana en 1955 ha reunido en 600 paginas el resultado de cinco años de investigación histórica del caso, que aún hoy, sesenta y tres años después, divide a la izquierda marxista.
Padura ha dejado entrever la tesis de que Joseph Stalin, a quien siempre se señaló como el hombre que ordenó quitar de en medio a su antiguo camarada, traicionó el socialismo y con ello la esperanza de alcanzar la utopía de la igualdad.
En la Semana Negra, ha hablado de la realidad, de Cuba y de España y ha dicho que la situación política, social y económica de ambos países le "duele".
Nacionalizado español por "cuestiones de trabajo", Padura se siente "absolutamente cubano" y sólo puede escribir literatura en su casa del barrio habanero de Mantilla, donde ha nacido.
Artículos de prensa y guiones de cine "los puedo escribir en cualquier lado, pero literatura solo lo puedo hacer en mi casa", ha dicho.
Padura ha reivindicado el sentimiento de "pertenencia" como un elemento fundamental de su vida como escritor.
Sobre la realidad cubana, ha afirmado que "se están produciendo cambios que, vistos desde fuera, pueden parecer pequeños", pero que "son importantes" en la isla.
En ese sentido, ha asegurado que "Cuba está evolucionando hacia una sociedad que será totalmente distinta a la de los años 90".
El autor se ha pronunciado a favor de que se produzcan cambios graduales, lentos, para evitar que "algunos sectores sociales queden muy desprotegidos, como ha ocurrido en los países del Este" de Europa, ha considerado.
También el escritor estadounidense de ciencia ficción Joe Haldeman ha presentado hoy en la Semana Negra su último libro, "La libertad interminable", la segunda parte de la novela "La guerra interminable", sobre la guerra de Vietnam.
Haldeman, que ha participado como soldado del ejército de Estados Unidos en el conflicto del sudeste asiático, narra en su ultimo trabajo la visión que tiene de la vida un veterano de guerra en los tiempos que corren.
Con una formación en física, astronomía y matemáticas, sus novelas se caracterizan por las abundantes referencias a distintos aspectos de la ciencia.
Haldeman ha dicho que escribe ciencia ficción porque la ha leído de niño y le ha influenciado. No obstante, ha considerado que los autores del género "han sido estrechos de miras porque han renunciado a hablar del mundo real".

8.7.13

Efervescencia cultural y mucha crisis en la Semana Negra de Gijón

Semana Negra de Gijón

Marj
El escritor griego Petros Markaris  (en la imagen, pillado en faena antes de la charla) se ha llevado la ovación de la tarde, y puede que del festival, durante su intervención en la Semana Negra de Gijón. El creador del comisario Jaritos ha cargado contra la clase política griega, el aburrido y fracasado bipartidismo y contra el auge de los neonazis. Y, avisa: el gran movimiento de protesta, el de los jóvenes, está por llegar. En Grecia y en España.

La carpa central de la Semana Negra estaba hasta los topes mucho antes de que apareciese el escritor griego, muy bien introducido por el librero Paco Camarasa y el periodista Victor Guerrero. Markaris es una de las estrellas del festival, pero hay y habrá mucho más. Se lo contamos.  
La Semana Negra no deja de ser un sitio peculiar. Un lugar en el que puedes 'atacar' a los autores invitados, a veces auténticos cracks como Markaris o Leonardo Padura, en plena calle, o en el tren negro, o donde sea. Un lugar en el que puedes ver a gente comprando libros al peso ("ese no, dónde vas, que tiene más de 200 páginas", decía una señora a las 18.13, a pleno sol, en el puesto de una de las librerías de referencia mientras su marido, inconsciente él, cogía un ejemplar de Lehane) al lado de la carpa en la que está a punto de comparecer Markaris. Como decíamos, es un sitio raro y genial.
Tan raro que el día anterior a su conferencia, pillamos al autor griego en la aburridísima, ¿no lo son todas?, recepción oficial y hablamos con él. En breve: en su próxima novela los jóvenes saltan a la palestra y toman la iniciativa de las protestas; Markaris cree que sus novelas gustan más en España que en otros países porque nos identificamos con los males griegos y cree que gustan en otros lugares, por ejemplo en Alemania, porque ven un mundo totalmente ajeno a sus problemas. 
Pero, como decíamos, hay más. Mucho más. Por ejemplo, me encontré al artista Felix de la Concha repasando sus notas cerca de la carpa central. El autor Alex de la Concha lleva un buen rato retratando a Ángel de la Calle mientras le entrevista y hablan de la literatura, la vida, el poder. Es un proyecto extraño el de la Concha, una idea que se inició en 2003 y que ya ha desarrollado con víctimas del Holocausto, en Turquía y con muchos escritores y artistas. Aquí está lo que va a hacer a lo largo de la cita
La foto
La efervescencia literaria y cultural que vive Gijón hasta el 14 de julio es espectacular. Este sábado, por ejemplo, nos hemos repartido entre dos representaciones simultáneas, una exposición y un mar magnífico de librerías. Y una ronda por el bar, claro, que la carpa central tiene una kilométrica barra patrocinada. El programa completo, para que nadie se pierda, aquí.
La exposición Los sentidos del crimen , por ejemplo, es un pequeño repaso a las motivaciones del criminal y otros aspectos de los, en realidad, sórdidos crímenes, a través de un buen material gráfico.
La foto
El festival no quiere perder, antes muertos, su carácter reivindicativo. Aunque ahora gobierne en Gijón el Foro. Como muestra, el número del día de A quemarropa, la apuesta informativa de la organización. Cito, textualmente:
La Semana Negra ha sufrido este año severos recortes en presupuesto y plantilla, pero el único de ellos que verán y que notarán nuestros visitantes es el de la cinta negra con el que, como cada año, los representantes políticos y los de la organización del festival dieron inicio ayer a esto que aspira a ser, en palabras de su fundador y director emérito, un festival donde las ancianitas progres se sientan como en casa y los adolescentes inteligentes se sientan fuera de ella".

 /bobila.blogspot.com, elpais.com

6.7.13

El tren negro de Gijón puede con la crisis

Semana Negra de Gijón

Escritores, viñetistas, artistas, fotógrafos y periodistas se dirigen a la ciudad asturiana, donde arranca la Semana Negra

 La consejera de Cultura del Principado de Asturias, Ana González (izquierda), el director de la Semana Negra de Gijón, José Luis Paraja (derecha); y el director de contenidos, Angel de la Calle (el segundo a la izquierda) a su llegada a Gijón. / Juan González/elpais.com
¿Qué es lo primero que ocurre en un tren en el que viajan escritores, artistas, viñetistas, guionistas de cómic, fotógrafos, periodistas y hasta músicos? Pues que se acaba la cerveza dos horas antes de llegar al destino. Eso es lo que ha pasado hoy en el Alvia Madrid- Gijón, un tren que ha visto cómo la calma rutinaria de viernes por la tarde era alterada por una masa festiva y charlatana que ha inundado los vagones 5 y 6 camino de la Semana Negra que se inicia hoy hasta el 14 de julio. Lo tradicional, ay la crisis, era un tren entero, el Tren negro, el que hacía el recorrido con parada en Mieres, comida y homenaje minero incluidos. Pero los rigores impuestos por el desastre que vive España y la reducción de la ayuda pública lo han dejado en dos vagones de un tren convencional. Con cafetería, eso sí.
La Semana Negra es un festival muy peculiar. Debe ser el único que empieza antes de la inauguración inicial y en un tren. En los dos vagones se suceden las conversaciones, cruces de ideas y hasta las presentaciones fuera de cartel de autores que luego tienen su sitio en el programa. Entre los invitados de honor al tren estaba Leonardo Padura, escritor cubano, creador de de esa pequeña maravilla titulada El hombre que amaba a los perros y padre literario de Mario Conde, ese detective que no quiere serlo y que termina de librero en una Habana maravillosa y cruel. Padura, nos cuenta Ángel de la Calle, responsable de la programación del festival, asistió como periodista a las dos primeras ediciones; a la tercera fue con un relato bajo el brazo para un concurso; ahora es una de las estrellas del certamen.
América tiene una presencia brutal en este festival. Hablamos con un clásico del festival, Guillermo Saccomanno, que viene desde un pequeño pueblo de argentina y que opta al Hammett que se falla la semana que viene por Cámara Gessel (Planeta Argentina, todavía no publicado en España) y Marcelo Luján, que en conversación con EL PAÍS avisan a los lectores: ya no se puede escribir al margen de lo que pasa a tu alrededor. Los dos escritores ponen patas arriba los cimientos del mundo editorial y trazan un mapa de las relaciones España - Argentina y de los límites de un género, el negro, cada vez más entrelazado con otros y que vive un tiempo de esplendor. Valgan un par de perlas de cada cosa: “El tema del mal atrae cada vez más”, asegura Luján. “La literatura está en manos de las grandes empresas multinacionales, que dividen para reinar y que venden igual libros que mayonesa”, lanza Saccomanno, fábrica humana de titulares.
El tren llega a un amplio valle y el tono del paisaje ya es inminentemente verde. Estamos en Asturias. El autor Alex de la Concha lleva un buen rato retratando a Ángel de la Calle mientras le entrevista y hablan de la literatura, la vida, el poder. Es un proyecto extraño el de la Concha, una idea que se inició en 2003 y que ya ha desarrollado con víctimas del Holocausto, en Turquía y con muchos escritores y artistas. Graba todo el proceso, la entrevista, la elaboración del cuadro. En este caso lo hace con público y admite preguntas. Cuenta que el retrato cambia con lo que dice el entrevistado, que no podría ser lo mismo sin la dispersión que le da el hecho de meterse en la conversación, en la entrevista con el modelo, sin esa liberación mental que le dan las palabras mientras pinta. También, que el retrato habría sido bien distinto sin el traqueteo del tren.
Los pasajeros alucinan y abren los ojos sorprendidos o tuercen el gesto molestos ante esta mezcla de palabras, ruidos, gente de pie, viajes continuos a la cafetería, bullicio. Alguien se ha arrancado con una guitarra a tocar y cantar, acompañado, temas clásicos: Verde, yo te quiero verde, El muerto vivo y más. Quizás, para olvidar el tema que ha ido de una conversación a otra: la crisis, los recortes, el descrédito de la clase política, la corrupción (tema central de la cita). A la llegada a Gijón, protestas, en este caso de los trabajadores de la empresa municipal EMULSA, que mantienen un conflicto con el Ayuntamiento, gobernado por el FORO, y el tradicional recibimiento con orquesta tocando temas reivindicativos. Para no olvidar, como decía alguien en el tren, que siempre hay buenos y malos. En la novela, y en la vida. A partir de mañana, espectáculo literario en Gijón.