16.7.13

Los detectives de nuestra vida

Duros y sensibles; hombres y mujeres; amantes de la violencia, algunos; buscadores, eternos, de la redención, todos; con un sentido más o menos recto de la justicia; cazadores del bien o, simplemente, castigadores del mal; guapos y gordos, listas y simplonas, atletas y diabéticos; chulos despreciables, chulos adorables... todos, geniales, a todos los amamos, son nuestros detectives

Los detectives en el mapa.Ilustración de Fernando Vicente/elpais.com
Elemental participa en Tentaciones de verano con una serie sobre los detectives de nuestra vida, esos personajes que han marcado nuestras obras preferidas y, por qué no decirlo, nuestras existencias. Varios periodistas de EL PAÍS amantes de la ficción criminal describirán lo que les apasiona de cada uno de esos investigadores. Cada martes y jueves hasta finales de agosto. Por las razones que sean. Cada uno, las suyas.
Un aviso: no es una lista canónica, está configurada por los gustos y apetencias de los que la hacemos. Habrá sobrerepresentaciones y ausencias. Habrá aciertos, claro.
Una petición: dejen en la sección de comentarios de este post su detective preferido. Este humilde bloguero se compromete a rescatar el que más votos reciba que no haya sido seleccionado por ninguno de los colaboradores.
“El detective ha de ser todo un hombre. Es el héroe; lo es todo. Debe ser un hombre completo y un hombre común y al mismo tiempo un hombre fuera de lo común. Tiene que ser un hombre de honor, por instinto, porque no puede evitarlo, sin dudarlo ni un instante y desde luego sin decirlo.  Tiene que ser el mejor hombre de este mundo y suficientemente bueno para cualquier mundo”. La descripción que da Raymond Chandler del detective en The Simple Art of Murder ha quedado ciertamente desfasada, aunque es deliciosa y define a la perfección al detective hard boiled, ese personaje surgido de los oscuros años treinta en EE UU y que da vida a un género.
El creador de Philip Marlowe, al que rendiremos homenaje en esta serie, es junto con Dasshiel Hammett y sus criaturas Sam Spade y el Agente de la Continental y Ross MacDonald con su Lew Archer (uno de mis adorados y elegidos) quienes sentaron las bases de un estereotipo. Pero la vida, y la novela negra, han dado muchas vueltas desde los primeros maestros.
Por un lado están quienes, de una u otra manera, se sienten herederos. La lista es amplia. Citaremos algunos que estarán incluidos en esta serie: el maravilloso, solitario, duro y bueno de Harry Bosch, esa creación inigualable del inigualable Michael Connelly (al que ya hemos rendido pleitesía en el blog); el malencarado, tozudo y sentido Bernie Gunther (misma horma que Marlowe pero llevado a la perfección por Philip Kerr a la Alemania nazi) y, por último, el que quizás ha reunido mejor algo de todos ellos: John Rebus, esa brutal creación de Ian Rankin.
Pero, decíamos, el mundo ha cambiado mucho y las fronteras literarias de lo negro y criminal se han extendido. En la década de los sesenta y setenta, un matrimonio sueco, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, cambiaron las normas del género para siempre y sentaron las bases del boom nórdico. A su creación, ese gran profesional llamado Martin Beck, y a algunos de sus hijos literarios, bastardos o no, dedicaremos parte de este espacio. Sudáfrica (sí, Sudáfrica), Israel o Grecia tendrán también su lugar. Podríamos haber incluido, por ejemplo, México (mi querido Edgar El Zurdo Mendieta) o la Sicilia de Montalbano pero ya avisábamos: no cabe todo, no es una lista canónica.
Las mujeres y otros oficios ajenos al detectivesco tienen en Temperance Brennan, todo carácter y perspicacia, uno de los mejores referentes. La forense creada por Kathy Reichs también tendrá su artículo. Habrá otros que no, insisto. Invito a mis queridos lectores a proponer en la sección de comentarios de este post.
Dice Ian Rankin en su prefacio a la excelente, aunque ahora un poco desfasada, Rough Guide to Crime Fiction: “A la gente le gusta la ficción criminal porque está fascinada por las zonas grises de la realidad; esos lugares donde las reglas de la sociedad dejan de servir. Se preguntan qué habrían hecho en situaciones similares. Aprenden cómo reaccionar ante el miedo a lo desconocido. Y, finalmente, tienen la sensación de que de alguna manera se ha visto que había que hacer justicia”.  Eso se consigue gracias a estos personajes geniales a los que ahora rendimos homenaje. Lean y disfruten.