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8.2.10

La compañera de Larsson desmiente que él no escribiera 'Millenium'

LA OTRA NOVELA NEGRA

"No necesitaba ningún tipo de ayuda para escribir", dice Eva Gabrielsson, pareja del fallecido escritor durante 32 años

Eva Gabrielsson, fotografiada en Estocolmo el año pasado
Eva Gabrielsson, fotografiada en Estocolmo el año pasado / Alexander Busnyek-fOTO;fUENTE:La Vanguardia.es


"En una entrevista con el diario italiano La Stampa publicada hoy, Gabrielsson desmintió al colega de Larsson Kurdo Baksi y al que fuera su jefe durante años en la agencia de noticias sueca TT, Anders Hellberg, que han levantado gran polémica en Suecia al asegurar que otra persona escribió los libros. Gabrielsson afirmó que Baksi "hizo carrera" gracias a Larsson y que incluso firmó muchos artículos que en realidad eran obra del responsable de Millenium. Asimismo, señaló que Baksi tiene "envidia" del "gran éxito que logró en Suecia un libro que Stieg (Larsson) escribió junto a Anna Lena Lodenius" titulado El extremismo de la derecha.

Al preguntársele si colaboró en los éxitos firmados por Larsson, Gabrielsson comentó que ella es arquitecta y que "durante un cierto periodo de tiempo coleccionó informes y estudios sobre los barrios y los edificios de Estocolmo" de los que el escritor se sirvió para ambientar sus novelas. "No necesitaba ningún tipo de ayuda para escribir. Cuando se sentaba ante el ordenador, tenía las ideas muy claras y escribía muy rápido, mientras que yo soy muy lenta", afirmó.

Sobre la relación de Larsson con su familia, Gabrielsson aseguró que en ese ámbito el escritor siempre fue considerado "un intruso". Gabrielsson explicó que, desde pequeño, sus padres dejaron a Stieg al cuidado de sus abuelos y que, a los nueve años, cuando éstos fallecieron, volvió a vivir con sus progenitores. "El único afecto que recibía era el de su madre, que también murió pronto", agregó la también escritora, que mantiene un duro litigio con el padre y el hermano de Larsson por la herencia de éste.

Larsson murió en 2004, antes de la publicación del primer libro de su trilogía, Los hombres que no amaban a las mujeres, sin haber escrito un testamento ni haberse casado con Eva Gabrielsson, su compañera durante más de tres décadas, que no ha recibido ningún ingreso por el éxito de los libros y las películas de Millenium. La ausencia de testamento dejó a Erland y a Joakim Larsson como herederos, aunque Gabrielsson ha señalado todo el tiempo que su compañero consideraba los manuscritos de sus libros como el plan de pensiones de ambos."

2.2.10

Princesas de hielo y sangre

BCNEGRA

'Si Dostoievski publicara ahora en Suecia,
dirían que escribe 'thrillers''

La escritora seuca Asa Larsson participa en la edición 2010 de BCNegra  A. Moreno

La escritora seuca Asa Larsson participa en la edición 2010 de BCNegra A. Moreno

"Asa Larsson se acuerda de una antigua entrevista televisiva a Kerstin Ekman, una de las suecas pioneras en esto del negro y criminal. Recuerda, sobre todo, una de las preguntas que le hicieron a la que ahora está considerada como una de las grandes y la reproduce con un cierto retintín en la voz, en la cara y en la pose: "¿Cómo una chica tan mona como tú puede escribir sobre crímenes tan atroces?". Como la memoria es algo muy selectivo, se hace evidente que a Asa Larsson (Uppsala, Suecia, 1966), una mujer menuda y vivaracha, de melena rubia y ojos con chispa, muchos deben haberle preguntado lo mismo. Pero, aunque le duela, debería entenderlo porque en las dos primeras entregas publicadas en España de las aventuras de su heroína, Rebecka Martinsson -Aurora boreal y Sangre derramada (Seix Barral)-, Larsson asesina -eso sí, sobre el papel- a unos cuantos curas y a otros tantos perros.

"Me estoy quitando. En el último libro que he escrito, el cuarto de la serie, ya no mato a ningún perro", bromea Larsson -nada que ver con Stieg, el de Millennium-, una de las últimas revelaciones del crimen nórdico, una de las estrellas del BCNegra -que ayer abrió sus puertas-; una mujer que hecha mano de su pasado para reinventarlo en sus libros. Lo de la religión no es baladí: Asa la sufrió. Explica que sus abuelos, tanto los de la rama materna como los de la paterna, eran ultrareligiosos -laestadianistas, para más señas, seguidores de una de las corrientes más conservadoras de la Iglesia Luterana-; y que ella, en la tardía adolescencia y la primera juventud- también tuvo sus escarceos, aunque se quitó. "Así, que sí, que en las referencias a la religión hay algo personal", admite.

Pero no sólo en eso, porque el cura asesinado es Mildred, una mujer. Y, aunque casada con un hombre, mantiene una relación extramatrimonial con otra mujer. Como la madre de Asa, que dejó a su marido por una mujer con la que convivió cerca de dos décadas.

Y para redondear los tintes autobiográficos, otro detalle: la acción de sus novelas transcurre en Kiruna, un pueblo en el remoto norte sueco, donde la propia Asa Larsson creció.

Hasta aquí las coincidencias. Pero Asa Larsson no es igual que su heroína, aunque ambas estudiaran Derecho y hayan practicado la abogacía. «¿Qué pensaría Rebecka si se encontrara conmigo? Yo no le gustaría», admite Asa, «pensaría que soy demasiado charlatana, que tengo demasiado afán por gustar a los demás. Ella es una persona mucho más íntegra que yo», añade la escritora que ha creado a una heroína con ciertas similitudes a la Lisbeth Salander de Millennium, aunque nadie pueda acusarla de plagio porque la concibió antes. Rebecka Martinsson -juego con Martin Beck, el detective de la gran pareja del negro nórdico: Per Wahlöö y Maj Sjöwall- es una mujer dura, aunque herida, una mujer que, en cierta manera, ha perdido su camino y ha quedado excluida de su grupo. Y es un mal que corren otros de los personajes que aparecen en los libros de Asa. «Todos tenemos problemas con las relaciones, con dar y recibir cariño, pero es cierto que en el Norte de Suecia se acentúa esa cultura del no saber expresar las emociones».

¿Más rasgos característicos del negro nórdico? Asa no sabe. ¿Por qué gusta tanto en climas mediterráneos? Asa no contesta. ¿Es cierto, como dijo el mexicano Jorge Moch, que los nórdicos inventan la violencia porque en su país no existe? Asa recibe la afirmación con una risotada tan estentórea como le permite su pequeña figura. «¿Cómo que no hay violencia?», rechaza entre jajás, «os invito a que vengáis a comprobarlo», añade. Y, última pregunta, ¿por qué se escribe tanta novela negra en los países nórdicos? «No puedo dar respuesta», empieza pero, poco a poco, la da: «Si Dostoievski publicara ahora Crimen y castigo en Suecia, muchos dirían que se trata de novela negra, de thriller», apunta. Y a buen entendedor pocas palabras bastan. Pero Asa da razones. Y ahí es donde entra en juego Kerstin Ekman, la chica mona que escribía negro y que, ahora, forma parte de la Academia Sueca de las Artes y las Letras.

«La novela negra ya no es un gueto. Así que escriben thrillers autores de nivel», apunta y explica que Ekman, ya consagrada, volvió al negro, «porque es un lugar al que ahora se puede volver y, al regresar, en cierta manera, se dignifica el género. Es cierto que no todos los que escriben thrillers son buenos autores, pero tampoco son buenos todos los que escriben poesía», concluye."

1.2.10

Lisbeth Salander, el arma secreta de Larsson

Biografía no autorizada de la protagonista de la trilogía Millennium. Esta hacker inteligentísima, vengativa, bisexual y absolutamente fascinante se transformó en una de las grandes heroínas de ficción del siglo XXI y es la verdadera razón detrás del éxito de un policial que lleva vendidos más de quince millones de ejemplares. Sus secretos, por qué encarna la época, y la película que se estrena esta semana


La actriz Noomi Rapace como Lisbeth Salander. Foto; fUENTE: adnCultura

Por Leonardo Tarifeño

A los 13 años, la primera gran heroína de este milenio llenó un cartón de leche con nafta y prendió fuego el coche de su padre (con su padre adentro). Exámenes psiquiátricos posteriores dictaminaron que se trataba de una joven "antisocial, violenta y trastornada"; años después, pericias policiales demostrarían que, antes de cumplir la mayoría de edad, la niña incendiaria se había prostituido en los barrios bajos de Estocolmo. Cualquiera que la conozca un poco puede decir que es vengativa, anoréxica, independiente, bisexual, inflexible y muy discreta. Cualquiera que la conozca mejor podría decir que tiene nueve tatuajes (entre ellos, uno de un dragón que desciende del omóplato hasta la cintura), cinco piercings (dos, exclusivos para quien la desnude) y una fascinación por los números que parece esconder su profunda desconfianza hacia el género humano. Con estas cicatrices en su historia y su corazón, ha cautivado a más de 15 millones de personas en todo el mundo, impuso una moda global entre las chicas de su generación y sedujo hasta al siempre serio Mario Vargas Llosa, quien la piropeó con un entusiasmo de los que no abundan. "¡Bienvenida a la inmortalidad de la ficción, Lisbeth Salander!", concluyó el novelista peruano en el artículo "Lisbeth Salander debe vivir", y con su elogio dejó claro que la protagonista de la serie Millennium , del sueco Stieg Larsson, ya entró al parnaso de los grandes personajes de la literatura actual. Y no sólo eso: su rabia, rebeldía e individualismo rampante dialogan con la época hasta encarnarla de un modo inestable pero cierto, que explica y justifica el monumental éxito de los cuatro kilos y 2267 páginas de una trilogía policial brillantísima, cuya primera versión cinematográfica, Los hombres que no amaban a las mujeres , de Niels Arden Oplev, se estrena por estos días en Buenos Aires.

El categórico knock out de Larsson a los peores clichés de la industria del libro ha sido tan brutal y sorprendente que, mientras unos leen las novelas ( Los hombres que no amaban a las mujeres , La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina , La reina en el palacio de las corrientes de aire ), otros dedican idéntico fervor a buscar las misteriosas razones detrás del repentino interés del público masivo, habitual consumidor de best sellers, por tres tomazos de literatura policial oscura y compleja, escritos con altura y rigor, que exhiben a un autor muy hábil en la creación de tramas y subtramas y especialmente crítico con la sociedad de su país. Fallecido días después de terminar el manuscrito del tercer volumen de la serie (el plan original incluía diez), Stieg Larsson no está disponible para presentar los libros y firmar autógrafos, ni mucho menos para aparecer en la televisión y opinar sobre la vida, el sexo, el gobierno y todo lo demás. Y cuando estuvo disponible, no recorrió los medios y el mundo para promocionar sus esfuerzos literarios (que por entonces ni siquiera existían), sino para alertar sobre el peligro xenófobo, su mayor preocupación como periodista y fundador del proyecto "Stop the racism" y de la revista Expo . Con más de 15 millones de ejemplares vendidos en todo el mundo (90 mil sólo en la Argentina), derechos de traducción comprados por 41 países y más de 6 millones de espectadores europeos que vieron la película de Oplev, Millennium representa un fenómeno basado en un best seller, pero ni el fenómeno ni el best seller son comunes y corrientes. O, acaso, ¿qué otro superventas de este calibre es capaz de llegar a las librerías y sostenerse sin el apoyo mediático de su autor? Y sobre todo, ¿qué best seller puede sobrevivir a un personaje como Lisbeth Salander, auténtica bestia pop en las antípodas de Harry Potter, del sabihondo Robert Langdon ( El código Da Vinci ) o del vampiro cursi Edward Cullen ( Crepúsculo , Luna nueva )? Como todo buen escritor, lo que de veras parecía interesarle a Larsson era construir una palabra a contracorriente de los mandatos de la época y renovar la literatura. Sobre lo primero, su historial como periodista combativo reaparece con singular brillo en los temas y atmósferas de Millennium , que incluyen la violencia de género, el pisoteo contemporáneo a los derechos de la mujer, el tráfico de drogas y de personas, la corrupción de las clases altas y el malandrismo financiero. Y acerca de lo segundo, confió su originalidad posible al contrapunto entre los personajes de Mikael Blomkvist (periodista que, como Larsson, dirige una revista mensual de denuncia política) y Lisbeth Salander. Al menos así lo sugiere en una carta dirigida a Eva, su editora en Norstedts, fechada el 30 de abril de 2004. Allí, escribe:

En muchos aspectos he querido ir a contracorriente respecto al planteamiento habitual de las novelas policíacas. Y para hacerlo he usado expedientes que en general están prohibidos. La presentación de Mikael Blomkvist, por ejemplo, sucede sólo a través de la investigación personal que realiza Lisbeth Salander. He pretendido crear protagonistas que se distinguiesen radicalmente de los personajes usuales de las novelas policíacas. Por eso, Mikael Blomkvist no tiene ni una úlcera, ni problemas de alcoholismo, ni una angustia existencial. No escucha ópera, ni tiene un hobby extraño como coleccionar maquetas de avión o algo similar. En general no tiene problemas y su característica principal es que se comporta como el estereotipo de una "puta", cosa que él mismo reconoce. También he invertido los papeles sexuales conscientemente: en muchos aspectos, Blomkvist representa la parte "femenina", mientras que Lisbeth Salander tiene un modo de actuar, y ciertas cualidades, que son estereotipos "masculinos".

En Larsson, la crítica social y la apuesta literaria se condensan en Lisbeth Salander, ejemplo y metáfora de un tipo de subversión cultural en la que el anarquismo adopta herramientas tecnológicas y reformula los eternos recelos a la ley. Lisbeth es una inadaptada, como a su manera también lo es Philip Marlowe, pero el tiempo que el detective creado por Raymond Chandler utiliza para decir frases ingeniosas o golpear a los malhechores Lisbeth lo emplea para desaparecer. Como la mujer actual, Salander es y puede ser víctima de abusos; pero si el tutor que administra su dinero la extorsiona para recibir favores sexuales de su parte, ella es capaz de vengarse y tatuarle "Soy un sádico cerdo, un hijo de puta y un violador" en el vientre, justo por encima de sus genitales. A años luz de la pasividad que se le atribuye al estereotipo femenino, la heroína de Larsson hace y piensa lo que muchos ni siquiera se permiten imaginar (tras recibir el menosprecio de un agente inmobiliario, se pregunta cómo sería explotar un cóctel molotov contra su oficina), y en ese descaro monumental e ilícito habría que buscar buena parte de la identificación que genera. Como Marlowe, su principal arma es la inflexibilidad, el cumplimiento a rajatabla de un código personal; al revés de los héroes de la novela negra clásica, no sólo se salta la ley para hacer justicia, sino que su justicia particular incluye el robo y el sadismo. Larsson pretendía que sus libros dijeran lo que en Suecia se calla. A través de Lisbeth Salander encontró una voz que retumba en todo el mundo, porque el silencio al que le apunta vibra a escala global.

Una de las críticas más duras a Millennium vino de la escritora estadounidense Donna Leon, autora de La otra cara de la verdad y de un buen número de thrillers protagonizados por el comisario Guido Brunetti. Según ella, "Larsson es patológicamente malo" porque "su actitud es un agravio al amor humano y a las relaciones humanas. Todos los contactos sexuales son violentos o fuera de límites, no hay pasión en el libro, tan sólo pasión por violencia o por venganza". A favor de Larsson habría que decir que su trilogía, como es habitual en la mejor literatura, señala e ilumina las zonas oscuras de la sociedad, y en ellas hay poco espacio para las sutilezas o los sentimentalismos. De hecho, lo que Millennium propone es una nueva ética para tiempos difíciles, y Lisbeth es un personaje-manual que no en vano padece todo tipo de vejaciones, la mayoría de ellas puestas en práctica por el Estado de Derecho. El psicólogo que la declara esquizofrénica y asesina en potencia, sin tener en cuenta que se crió en un hogar gobernado por un padre golpeador, recibe un sueldo del Estado; y el abogado que controla sus cuentas bancarias y aprovecha su poder para violarla, también. Si la interpretación biográfica es útil, valdría la pena recordar que, según ha dicho Eva Gabrielsson (la mujer que acompañó a Larsson durante 32 años, actualmente en litigio con la familia del escritor por el control de la herencia), un adolescente Stieg presenció la violación de una chica por parte de unos amigos suyos, durante un campamento escolar. "Días más tarde se la cruzó por la calle y se acercó a pedirle perdón por no haberlo evitado -dijo en una entrevista para El País - pero ella lo rechazó. Siempre se sintió culpable. Le marcó, y quizás por eso...". Quizás por eso su mundo literario gira alrededor de la violencia sexual, justo allí donde de nada sirve pedir perdón.

Lisbeth Salander surge de ese mundo, pero también de múltiples fuentes de inspiración personales y culturales. El retrato hablado de la chica indica que mide poco menos de un metro y medio, pesa 42 kilos, fuma (no tanto como el propio Larsson, workaholic que acababa con cuatro paquetes diarios de Marlboro light ), nunca abandona su PowerBook, anda en Kawasaki, bebe (no es alcohólica), guarda un martillo en su cartera, se va a la cama con hombres o mujeres que hablan poco, y reúne a varias tribus urbanas en alma y piel: ropa goth , descuido grunge , talante punk y costumbres tecno . Nació el 30 de abril de 1978 bajo el signo de Tauro, que rige la fuerza, la posesión y el instinto de conservación. Lo primero que hizo con el dinero robado a las cuentas de una corporación corrupta fue viajar al Caribe y hacerse las tetas. Su idea de la sociedad podría resumirse en una frase que repite en Los hombres que no amaban a las mujeres : "No hay inocentes, sólo hay distintos grados de responsabilidad". Fue una pésima estudiante y todo indica que padecería el síndrome de Asperger, una forma de autismo que afecta la interacción social, la expresión oral y el desarrollo cognitivo. Tiene una hermana gemela, Camilla, que no se le parece en nada, y casi 2 mil fans en Facebook. Y su nombre arroja 1.370.000 resultados en Google, un millón más que Juan Rulfo y 300 mil más que Mario Vargas Llosa. Según el propio Larsson, el principal modelo de Lisbeth es Pippi Calzaslargas, el personaje de Astrid Lindgren (Blomkvist toma su apellido de otro personaje de la escritora) que combina rebeldía con independencia y espíritu de contradicción. En una de las últimas entrevistas concedidas, y ciertamente la primera en la que habla de su trabajo literario, el ahora célebre periodista y narrador sueco explicaba para Svensk Bokhandel el origen de la serie y de su personaje:

Empecé a escribir en el año 2001. Escribía libros por diversión. Era algo que tenía en mente desde los años 90. Kenneth A., de TT (la principal agencia de noticias sueca) y yo estábamos sentados con los brazos cruzados cuando comencé a escribir un texto sobre los viejos Hernández y Fernández, de Tintín . Fue muy divertido, y estuvimos discutiendo acerca de cómo escribir sobre ellos ahora que con 45 años se encontraban frente a su último misterio. De ahí es de dónde surgió la idea, pero al final acabó siendo otra cosa.

En lugar de eso tomé a Pippi Calzaslargas. Pensé: "¿qué aspecto tendría actualmente? ¿qué tipo de adulta sería? ¿Cómo la calificarían? ¿Una sociópata? ¿Una autista? Tiene una visión de la sociedad distinta de la de los demás. O, visto de otro modo, no observa la sociedad del mismo modo que el resto de la gente. La convertí en Lisbeth Salander, de 25 años, una chica que se siente como una extraterrestre entre la gente. No conoce a nadie ni tiene capacidades sociales en absoluto.

Como Alessandro Baricco sugiere en Los bárbaros , la pantalla (de la compu, del teléfono, de la tele) como prótesis tecnológica ha generado un tipo de joven que, puesto a elegir, prefiere vivir dentro del mundo cibernético a tomarse la insufrible molestia de convivir con los demás. Son chicos que se sienten como extraterrestres entre la gente. La alianza actual entre ciencia y globalización permite crear una geografía propia, a la carta, donde el barrio ya no pasa por las calles cercanas a la casa ni el vecino es, necesariamente, aquel que vive en el departamento de al lado. Ese futuro en realidad es el presente, y uno de los modelos vitales del presente es el hacker o pirata informático, el héroe que entra y sale de computadoras ajenas sin que nadie se dé cuenta y, en ese movimiento, crea sus propias reglas. Los amigos de un hacker son otros hackers , aquellos que entienden de solidaridad, nicknames y programas encriptados; su horizonte es la acción y su adn, el individualismo. Quien vive y crece y trabaja dentro de una pantalla no se siente obligado a refinar modales offline, ni a entender o aceptar las elementales normas de la vida social. Es el refugio perfecto para quien prendió fuego al coche de su padre con su padre adentro, la red anónima y veloz donde una relación afectiva se termina con sólo apretar delete . Esa discreción del hacker es la que Lisbeth Salander quiere para su vida. Hay una perversa relación entre las maravillas que Lisbeth hace dentro de una computadora y las palizas y abusos que recibe fuera de ella.

Quizás por algo de esto es que un amigo de Larsson, el también periodista Mikael Ekman, ha sugerido que el novelista se basó en alguien real para dibujar el perfil de Salander. Y es que Lisbeth hay una sola, pero tambien muchas: algo de ella late en los nuevos paradigmas intelectuales de la femineidad no heterosexual (de Lydia Lunch a Virginie Despentes) y mucho de su carácter en los miles de jóvenes actuales que han encontrado en la tecnología un valor -cultural, político- alternativo a la fascinación del consumismo y el poder del dinero. Lisbeth no se une a Mikael por prestigio, ni siquiera por amor; lo único que la lleva a ayudarlo en Los hombres que no amaban a las mujeres es el mismo sentido de la solidaridad que encuentra entre sus amigos hackers . Malherida para siempre por el odio que su padre descargó contra su madre, Salander es incapaz de olvidar un agravio. Pero como demuestra en su relación con Blomkvist, tampoco le falla la memoria cuando alguien se anima a hacer algo por ella.

Los hombres que no amaban a las mujeres es una larga oda a las mujeres que, como Lisbeth Salander, son difíciles de amar, escrita por alguien que logró algo todavía más difícil: amar a la misma mujer durante toda su vida. Larsson conoció a Eva Gabrielsson en una marcha contra la guerra de Vietnam, y desde entonces ella se convirtió en la única persona dispuesta a enfrentar las amenazas de muerte que rodeaban al militante Stieg. Algo de Salander debería de haber en Gabrielsson, y el rencor y la inflexibilidad con el que la viuda de hecho trata a los legales (tal vez no legítimos) herederos del escritor indican que el buen Larsson tenía material literario de sobra en la arquitecta que nunca se quejó de los raros horarios nocturnos de las aventuras de Lisbeth y Mikael. El padre y el hermano de Stieg ya le ofrecieron una parte de las millonarias ganancias obtenidas por Millennium , pero ella no da el brazo a torcer. Como Salander, no la mueve el dinero. Lo que quiere son los derechos literarios de la trilogía y a cambio amenaza con editar el cuarto e inconcluso volumen de la serie, ambientado en el submundo mexicano de Ciudad Juárez y sus "feminicidios". Mientras tanto, para el segundo semestre de este año anuncia un libro suyo, centrado en lo que vivió tras la muerte de su pareja y acerca de "unos hombres que también odian a las mujeres".

Gabrielsson, el universo de los hackers y Pippi Calzaslargas son los vértices del triángulo que crean a Lisbeth Salander, pero otro triángulo podrían formarlo el cómic, la serie B y las fantasías sexuales masculinas, las mismas que llevan al abogado Nils Erik Bjurman a maniatar a esa muñeca punk y someterla con la fuerza que constituye lo peor de los hombres. Para sobrevivir a esa violencia se necesita un nuevo código moral, y Lisbeth también nace de esa filosofía en ciernes. A Lara Croft la impulsa el pasado familiar, a las paródicas chicas de Quentin Tarantino las mueven la codicia o la venganza; en Lisbeth Salander el reloj es el de la supervivencia a la apatía políticamente correcta, una época en la que el poder utiliza el bienestar como anestesia infalible contra cualquier tipo de insurrección. Como se subraya sobre todo en La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina , no hay nada más inútil que una ley que nadie está dispuesto a hacer cumplir (en el caso de esa novela, la durísima ley contra el tráfico de mujeres no sirve en un país que compra grandes cantidades de prostitutas rusas y centroeuropeas); el ciudadano común se conforma con la sanción de la ley, los medios distribuyen la información que el Estado propone, y mientras tanto la realidad se burla de la máscaras narcóticas que adopta su propia imagen. Ante esa hipocresía, la ética de Salander sugiere que lo más importante es el silencio (ni siquiera dice nada en los tests psicológicos), el antisentimentalismo y tomar todo lo que viene bien, sin mirar de quien. Las leyes que formula el Estado no las respetan ni los propios gobernantes; por esa razón, entre otras, hay que crear unas propias. La principal dice que siempre se debe estar en movimiento, inalcanzable, oculto bajo un nickname , dentro de una computadora o arriba de una moto.

Según Graeme Atkinson, editor europeo de la revista inglesa Searchlight , el conocimiento de la derecha europea que poseía su corrresponsal Stieg Larsson era "enciclopédico". Ese arsenal de datos, chanchullos y trapitos al sol les dan credibilidad a las historias de las novelas, sugieren que la verdad está allí y no en las noticias, y les garantizan un paisaje de acción y verosimilitud a los quijotescos Blomkvist y Salander. En cuanto a los personajes, entre Larsson y Blomkvist hay un juego de espejos evidente, pero en el caso de Salander el retrato hablado no termina de mostrar quién es, ni por qué le abrió las puertas del éxito a su autor. En Millennium , Lisbeth escribe a plague_xyz666@hotmail.com, la dirección electrónica de un amigo suyo, el hacker Plague, cuando necesita información. Ante la necesidad de datos e historias que dibujen una imagen más certera, envié el siguiente texto en inglés y castellano a ese mismo e-mail, plague_xyz666@hotmail.com:

Hola, mi nombre es Leonardo Tarifeño y soy periodista del diario argentino LA NACION (si eres el hacker que imagino, esto ya lo sabrás). Debo escribir sobre Lisbeth Salander y, como eres uno de sus mejores amigos, me pareció importante contactarte. Para ti, ¿quién es realmente Lisbeth Salander?

Saludos,

L.

Segundos después, recibí la respuesta: el servidor de yahoo decía que ese e-mail no existía. Pensé en abandonar el juego, luego advertí que, si yo fuera un hacker amigo de Lisbeth Salander, no tendría mi dirección electrónica al alcance de cualquiera. Volví a probar, esta vez a las direcciones plaguexyz666@hotmail.com, plaguexyz666@live.com (live es un hotmail actualizado), plague.xyz666@hotmail.com y plague-xyz666@hotmail.com. Minutos después, cuando revisé mi bandeja de entrada, vi que no había ninguna respuesta automática como la que ya había recibido. Y del remitente plaguexyz666@live.com había un mensaje sin abrir. El texto decía (dice):

We ALL are Lisbeth Salander

P.

Y entonces entendí cuál es el milagro de Stieg Larsson.

© LA NACION

20.1.10

La viuda de Stieg Larsson recuerda que dejó una cuarta obra sin finalizar e insinua que ella sabe el final

"Me ofrecí para acabar el libro, pero la familia lo rechazó cuando supo que tendría que obtener los derechos a los beneficios que generen las otras tres obras", explica
Eva Grabielsson, viuda de Stieg Larsson. Foto Archivo. fUENTE: La Vanguardia. es

"Para conocer todas las maneras de discriminar a las mujeres quizás deberíamos mirar en una enciclopedia", denunció hoy Eva Gabrielsson, la viuda del escritor Stieg Larsson, autor de la trilogía 'Milennium', sobre el problema de la discriminación y violencia contra la mujer.
abrielsson está en Madrid para recoger el Premio a los Valores Humanos del Club Internacional de Prensa y de la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera (ACPE) junto a la periodista sudanesa Lubna Hussain, que se quedó conocida internacionalmente tras ser detenida y recibir 40 latigazos por vestir pantalones en su país. "Son dos mujeres que han demostrado que son fuertes y que saben enfrentarse a la realidad", afirmó Carmen Enriques, presidenta del Club Internacional de Prensa.

La viuda de uno de los escritores más celebrados de los últimos años (fallecido de un ataque del corazón poco antes de que sus libros se publicasen) recordó la lucha de Larsson para alertar sobre la violencia contra la mujer, plasmada en sus novelas 'Los hombres que no amaban a las mujeres', 'La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y ´'La reina en el palacio de las corrientes de aire'. "La ficción sí es una manera sencilla de contar la verdad. Te identificas con ella, no es como mirar un trabajo académico o una enciclopedia. Pero no es la única. Los periodistas también deben hacerla", sentenció Gabrielsson.

Rumores y beneficios
La viuda de Larsson demostró cierto cansancio respecto a los diversos rumores que envuelven la obra de su marido y, sin entrar en detalles, declaró que "hay mucha mentira" y que en breve va a publicar un libro "para librar todas las especulaciones".

También recordó que Larsson dejó una cuarta obra sin finalizar, con 200 páginas, y dio a entender que sabe cómo el autor quería que la historia terminase. "Me ofrecí para acabar el libro, pero la familia rechazó la idea cuando se enteró que para eso yo tendría que obtener los derechos a los beneficios que generen las otras tres obras", explicó.

La relación entre Gabrielsson y la familia del escritor se rompió cuando el padre y el hermano de Larsson, protegidos por la ley sueca, se quedaron con todos los derechos, mientras que Gabrielsson, compañera del autor por tres décadas, no puede acceder a los beneficios por no haberse casado oficialmente. "Me enteré por la prensa estadounidense en noviembre que su familia pretende llegar a una solución conmigo sobre los derechos para el cine, pero hasta el momento no me han comunicado nada. Ahora ésta es una cuestión entre nuestros abogados. Dejé en sus manos para evitar más rumorología", detalló.

Asimismo, Gabrielsson reveló que todo lo que sabe de beneficios y recaudación de la obra y las películas se debe a la prensa. "Vi en la televisión que la trilogía ya vendió 22 millones de libros en 42 países, recaudando 30 millones de euros, sin contabilizar los derechos para el cine y los libros de bolsillo", matizó, añadiendo que "Hollywood no quiere polémica" y que "Estados Unidos es un país moralista, que no desea envolverse".

Respecto a "mal ejemplo" que puede suponer el comportamiento de una las protagonistas, Lisbeth Salander (que tiene problemas con la anorexia, es violenta y vengativa) Gabrielsson piensa que "no se puede pensar que todo es sólo negro o blanco, sino también gris". "Los buenos no son perfectos y los malos no son siempre monstruos. Nelson Mandela era un terrorista antes del Apartheid", declaró.

Cerca de 43.000 mujeres detenidas
Por su parte, Lubna Hussain declaró que premios internacionales como el que vino a recoger a España "ayudan a llamar a la atención" para la discriminación y violencia contra las mujeres en Sudán.

"En el último año, sólo en Jartum, cerca de 43.000 mujeres han sido detenidas por llevar pantalones", reveló la periodista, que, después de haber cumplido su pena, sólo consiguió exiliarse del país al salir de Sudán vestida con una burka, para que no la reconocieran, puesto que no tenía permiso para viajar al exterior.

Hussain destacó que todavía hay mucha censura y control de los medios de comunicación ("diariamente los censores visitan a las redacciones"), y que no se sintió "sola", pues, al ser detenida, cerca de 2.000 personas fueron protestar en el día de su juicio.

"Yo no pudo llorar en el momento, pero ahora lloro por cerca de un millón de mujeres que sufren con eso", reveló Hussain, quien también trabaja para Naciones Unidas y contó con un abogado de la organización."Lubna, sin perder el humor, envió una 'invitación' a sus amigos y colegas para que asistieran a su castigo, como si fuera una invitación de boda o bautismo. Creo que Larsson se sentiría muy orgulloso de compartir un premio con ella".

13.12.09

La 'viuda' de Larsson dice "no"

Eva Gabrielsson, pareja del autor sueco, rechaza una oferta oficial y millonaria de la familia para compartir la herencia. El legado sigue en manos del padre y del hermano.

Eva Gabrielsson, viuda de Stieg Larsson, que reclama todos los derechos de autor.
El barullo formado por la herencia de Stieg Larsson parece no tener fin. Los herederos han ofrecido a Eva Gabrielsson, la que fue pareja del escritor durante 32 años, 20 millones de coronas (1,92 millones de euros) y una tercera parte de los derechos de autor, incluyendo los beneficios de las novelas adaptadas al cine. Pero Gabrielsson rechazó el jueves la oferta, después de cinco años de disputa, asegurando que no tiene interés por el dinero y que lo único que quiere es manejar en solitario el legado del malogrado autor de la trilogía Millennium.
Las partes han estado más cerca que nunca de acabar con un enfrentamiento que surgió tras la muerte del escritor sueco en noviembre de 2004, apenas unos meses antes de que salieran a la venta los libros. La herencia cayó en manos de su hermano Joakim y su padre Erland. Gabrielsson, con la que llevaba viviendo desde que se marchó de casa a los 18 años, no vio ni un euro. Ahora, tras años de descalificaciones y acusaciones mutuas, los Larsson intentaban acabar con este drama que está a la altura de la repercusión mundial que ha tenido la obra de ficción del periodista. Gabrielsson, tras pensárselo durante un mes, ha dicho que no.

La mujer, que a lo largo de 2010 publicará un libro contando el calvario que ha vivido desde la repentina muerte de Larsson, esperó hasta las seis de la tarde del jueves, día en el que finalizaba el ofrecimiento, para rechazarlo. Su entorno asegura que ella no quiere nada de las ganancias de los libros (20 millones de copias vendidas sólo en Europa), pero sí tener el control absoluto de cómo se gestiona la obra del autor.

A su entender, como ha dicho a este periódico en varias ocasiones, no se está respetando la memoria de Larsson, con el que nunca se casó por miedo a que la ultraderecha tuviera acceso a los datos personales del escritor, siempre combativo con los xenófobos. Para Gabrielsson, tanto Joakim como Erland tenían que haber renunciado a la herencia ("Stieg no tenía apenas contacto con ellos desde que se fue de casa") y dejarle a ella, quien mejor lo conocía, manejar lo que dejó escrito Larsson antes de morir.

Para desenredar el entuerto, cansados ya de ser retratados como los malos de la película, los Larsson propusieron el 2 de noviembre este último acuerdo, a través de un artículo publicado en el periódico sueco Svenska Dagbladet. "Queremos que Eva tenga una vida confortable y que viva holgadamente", explica Joakim Larsson por teléfono desde Umeå, al norte de Suecia. "Estoy triste, pensé que ella iba a aceptar. La oferta es muy buena: una cantidad de dinero considerable y formar parte de la empresa con mi padre y conmigo. Todos saldríamos beneficiados. Nosotros queremos acabar con este drama de una vez", añade.

La abogada de Gabrielsson, Sara Pers-Krause, dijo entonces, después de ver publicado el artículo, que su clienta no tenía la intención de resolver el problema a través de los medios de comunicación. Los Larsson formalizaron después la propuesta con los abogados, pero meses después todo ha quedado en nada.

La vida de los Larsson, a pesar de la gran fortuna que han acumulado últimamente, es sencilla y austera. Joakim, el hermano, vive en un chalé adosado a las afueras de la ciudad de Umeå, cerca del Círculo Polar Ártico. Trabajó hasta verano como oficinista. El padre, Erland, reside en un barrio de jubilados junto a la pareja que tiene tras la muerte de la madre de Stieg, en 1992, y sigue usando su viejo coche. "No necesito el dinero. No me gustan los lujos", dice Erland. "Pero no voy a consentir que ella se quede con los derechos y que nosotros no podamos opinar de nada. Ni pensarlo".

La posibilidad de un acuerdo ha llenado páginas de la prensa sueca, impactada por el enorme éxito mundial que han tenido las novelas de Stieg Larsson y el barullo generado con su inesperada muerte. Una y otra parte han especulado ahora con acabar de la mejor manera el año, aunque todo se ha ido al traste. El jueves, los amigos de Gabrielsson, ante el silencio de ella, pensaban que al día siguiente, viernes, anunciaría un sí definitivo. Creían que sencillamente estaba esperando a que pasase la resaca de los premios Nobel.

La obra de Stieg Larsson, traducida a más de 30 idiomas, ha causado un gran revuelo en el mundo literario. Él se quedó sin conocer su propio éxito y apenas queda el recuerdo de verle paseando, camino de la editorial, con los manuscritos bajo el brazo, vestido con unos pantalones vaqueros gastados y una chaqueta de pana.

Un mes antes de que Stieg sufriese el ataque al corazón, el jubilado Lasse Bergström, antiguo jefe de la editorial Norstedst, estuvo varios días enfrascado en el manuscrito de Larsson. Los colegas de Bergström confiaban aún en su olfato de viejo cazatalentos y le hacían llegar a casa los borradores de algunos escritores primerizos. Fue leer la última palabra de la pila de papeles, y Bergström se acercó de inmediato al ordenador para escribir su opinión sobre lo que acababa de devorar: "He pasado tres días en cama con Stieg Larsson III, y sólo me he levantado para preparar la comida y ver el fútbol en la tele. [...] En otras palabras, Stieg Larsson, con su casi increíble capacidad de sostener una gran narración dramática en el género de novelas de intriga, lo ha hecho otra vez, y mucho mejor que la media".

Kurdo Baksi, amigo íntimo de Larsson, siente mucho que la historia de la herencia no haya tocado su fin: "Era bueno para Eva, era bueno para todos. Me cuesta entender por qué dice que no. El conflicto dura ya cinco años y cada vez se hace más grande. Es una pena". Baksi está convencido de que si él lograse sentar a Joakim, Erland y Eva en una misma mesa, sin abogados de por medio, se podría llegar a un acuerdo. Entonces, el alma de Stieg Larsson descansaría para siempre.

fuente: elpais.com

9.11.09

La viuda de Stieg Larsson prepara su venganza

Eva Gabrielsson, viuda de Stieg Larsson / ABC
Han pasado varios años desde que Stieg Larsson, autor de la trilogía «Millennium», cayó repentinamente sobre el frío asfalto y murió de un ataque al corazón. Un tiempo durante el que su obra ha generado, y genera, beneficios archimillonarios. Pero esa fortuna es la manzana de la discordia entre la familia del ya famoso escritor y Eva Gabrielsson, su pareja durante más de 30 años. Ayer el padre y hermano del autor anunciaron en el «Svenska Dagbladet», algo así como el ABC sueco, que ofrecían a esta mujer 2 millones de euros del patrimonio acumulado y del que queda por llegar.
Esa propuesta pública ha sido la gota que ha colmado el vaso de la desesperación y el tormento de la señora Gabrielsson que hoy informa que va a publicar un libro con todos los detalles sobre esta guerra por el dinero, las actuaciones de Erland y Joakim Larsson y los últimos días de su compañero y socio Stieg Larsson. Nadie duda que Eva Gabrielsson podrá demostrar con sus textos, además de la mezquindad de la familia Larsson, que estuvo involucrada en el mayor «bestseller» de los últimos tiempos y que fue verdaderamente su arquitecta. Por otro lado, la cacareada oferta de los dos millones de euros parece un farol ya que nunca se produjo: «ni mi abogado ni yo hemos tenido noticias sobre esa oferta». Eva Gabrielsson opina que la salida mediática de ayer fue una jugada de estos individuos para lavar su imagen, conscientes de que «con su maldad y avaricia, están dando muy mala publicidad a los libros de Larsson».


2.11.09

La familia de Stieg Larsson ofrece 2 millones de euros a la compañera del escritor

El objetivo es acabar con la disputa por la herencia del periodista que las dos partes protagonizan
Copenhague. (EFE).- El padre y el hermano del escritor sueco Stieg Larsson, autor de la trilogía Millenium, ofrecen a la compañera de éste 20 millones de coronas suecas (algo menos de 2 millones de euros) para zanjar la disputa por la herencia del fallecido autor.
Eva Gabrielsson, fotografiada en Estocolmo el año pasado / Alexander Busnyek

Erland y Joakim Larsson, padre y hermano del escritor, lanzaron la propuesta en una entrevista que publica el periódico sueco Svenska Dagbladet con el propósito de acabar con el enfrentamiento que las dos partes han protagonizado en los últimos cinco años. Larsson murió en 2004, antes de la publicación del primer libro de la trilogía, Los hombres que odian a las mujeres, sin haber escrito un testamento ni haberse casado con Eva Gabrielsson, su compañera durante 30 años y que no ha recibido ningún ingreso por el éxito de los libros y de las películas de Millenium.

"Han pasado casi cinco años desde que Stieg murió, hemos esperado para contactar con Eva. Pero no soportaríamos otros cinco años más, ahora tenemos que seguir hacia adelante. Siempre hemos querido llegar a un acuerdo, pero ella ha rechazado hablar con nosotros en todos estos años", afirma Erland Larsson en el diario.

El padre de Stieg Larsson recalcó que no hay ninguna exigencia a Gabrielsson en la oferta, "sólo debe llamar y darnos las gracias, bueno y el número de cuenta". "Ella era una parte de la vida de Stieg. Tiene que vivir una vida segura y buena con todo esto", afirma Joakim Larsson, quien añade que la familia del escritor siempre ha sido "buena" con Gabrielsson y que si hubiera hablado con ellos, "todo habría sido más fácil".

La familia admite que pretende evitar un litigio en los juzgados, que podría durar años y ser muy costoso, de ahí que su abogado tenga previsto contactar hoy al de Gabrielsson para presentarle la oferta. Los herederos de Larsson rechazaron contar a Svenska Dagbladet a cuánto ascienden hasta ahora los ingresos procedentes de Millenium, aunque el diario los sitúa en 130 millones de coronas suecas (menos de 13 millones de euros), contando sólo los libros.

La ausencia de testamento dejó a Erland y Joakim Larsson como herederos, aunque Gabrielsson ha señalado todo el tiempo que su compañero consideraba los manuscritos de sus libros como el plan de pensiones de ambos. Gabrielsson también ha afirmado que Stieg no se quiso casar con ella para protegerla de eventuales represalias de grupos neonazis suecos, que el investigó a fondo en su revista Expo.

La "viuda" también ha afirmado con anterioridad que la familia de Stieg "nunca" fue parte de la vida de la pareja y les ha acusado de ni siquiera ir a su entierro, algo que tanto el padre como el hermano niegan. "Entonces pienso, demonios, tampoco estuvimos en el entierro de mi esposa: dejamos el ataúd en la capilla y nos fuimos al funeral", señaló Erland Larsson.

El progenitor de los Larsson asegura que fue su familia la que descubrió "a edad temprana" el talento de Stieg, que le regaló una máquina de escribir y que le animó a seguir por ese camino."Papá le daba la lata. Él escribía muchos libros especializados, muy buenos y sobre temas muy importantes como la extrema derecha y la violencia contra las mujeres, pero que sólo vendían unos pocos miles de ejemplares. Y papá le decía: ¡escribe algo comercial!", resalta en la entrevista el hermano del autor de Millenium.

Erland Larsson asegura que la famosa trilogía fue escrita parcialmente en la casa de verano familiar en la provincia de Västerbotten, al norte de Suecia, y que leyó la primera versión."Me envió el manuscrito. Le dije que el primer libro tenía mucho sexo, pero él me contestó que el sexo vende. Del segundo libro le dije que no podía acabar de ese modo", afirma Erland Larsson.

4.10.09

Tras los pasos de Stieg Larsson

Noomi Rapace es Lisbeth Salander


Por Gabriela Navarra Enviada especial gnavarra@lanacion.com.ar

Murió a los 50 años sin ver publicadas sus obras. Ahora es el escritor sueco más exitoso, con 15 millones de ejemplares vendidos de su trilogía Millennium. LNR visitó, en Estocolmo, los escenarios de las obras de Stieg Larsson y descubrió que su legado es una nueva novela: la lucha por los derechos artísticos y por una herencia de unos 70 millones de euros

Los claroscuros de la noche dibujan figuras fantasmales en las esquinas de Södermalm, la isla más grande de Estocolmo, barrio de obreros en la época de oro del capitalismo, ahora lo más "in" de la bohemia artística e intelectual de la capital sueca. Con paso decidido, pero sin apuro, el periodista Mikael Blomkvist recorre los 500 metros que separan la redacción de Millennium -en la céntrica Gotagatän, sobre las oficinas de Greenpeace- de su ático en Bellmansgatan 1, desde donde dispone de una de las mejores vistas del lago Mälaren. Alguien persigue a Mikael Blomkvist, editor en jefe de una revista que investiga los negocios más sucios de la clase dominante y el alto empresariado de Suecia: estafas, asesinatos, manejo de información secreta, tráfico de drogas, prostitución. Alguien muy poderoso persigue a Mikael Blomkvist. Pero él no parece dispuesto a darse por vencido. Y mucho menos, a tener miedo.


Había una vez un periodista sueco llamado Stieg Larsson que decidió darse un gusto siempre pospuesto: escribir novelas policiales. Este periodista -nacido y criado en una ciudad del norte de su país, Skellefteå, donde los inviernos duran una eterna noche de seis meses de oscuridad y frío- agregó horas a su trabajo como editor en jefe en la revista Expo, de reconocida raigambre antifascista y antirracista, y escribió de un tirón -que duró entre dos y tres años- los tres primeros libros de la Trilogía Millennium, que en 2000 páginas relata de un modo a veces no tan fácil de distinguir entre ficción y realidad los aspectos más oscuros del aparentemente perfecto modelo nórdico. Como hilo conductor de la trama, Larsson -un confeso trotskista, rebelde y libertario- elige historias centradas en la subordinación y la violencia (real y simbólica) contra la mujer.

Pero poco después de entregar el último libro de la trilogía sucedió algo que nadie esperaba: el periodista (fumador de dos atados diarios y adicto al café) sufrió un infarto. Y se murió. Era un día lluvioso y gris de noviembre de 2004. El 15 de agosto ha
bía cumplido 50 años.
Sus libros se publicaron igual. Y se convirtieron en un éxito jamás soñado por la historia editorial sueca: 15 millones de ejemplares distribuidos en 41 países (en la Argentina, editado por Planeta, 45.000 en menos de un año y siempre ubicado entre los cinco primeros puestos de los rankings) y tres películas vendidas a 27 países (entre ellos, el nuestro).
Vaya paradoja, al morir, el hombre que defendía a las mujeres dejó a su compañera de toda la vida sin una corona ni derecho alguno sobre su obra y -además- enfrentada a dos hombres: la ley, en Suecia, está basada en el derecho germánico medieval, que privilegia la sangre por encima de todo. Como Eva Gabrielsson y Stieg Larsson nunca se casaron ni tuvieron hijos, cada céntimo de Millennium y todos los derechos artísticos fueron heredados por Erland y Joakim Larsson, padre y hermano del periodista. Eva no tiene siquiera el derecho de reclamar frente a la Corte.
El legado de Stieg Larsson parece una nueva novela: están en juego los derechos sobre su obra y una cifra que nadie quiere precisar pero que podría alcanzar los 70 millones de euros.




Un hombre único
Eva Gabrielsson llega puntualísima a la cita en la plaza de Slussen, la primera estación de metro en Södermalm. No ha sido difícil reconocerla entre la gente: su cabello rubio a los hombros, anteojos, un abrigo liviano y un cigarrillo encendido. Después de los saludos de rigor, explica que de nuestro país conoce algunos buenos vinos y la desaparición de la estudiante sueco-argentina Dagmar Hagelin, de 17 años, en 1977, mientras pronuncia no sin dificultad el nombre y apellido de su captor, Alfredo Astiz.

Caminamos algunas cuadras hasta la terraza de Mosebacke, el exclusivo barrio donde se muda la protagonista de la Trilogía, Lisbeth Salander.

"No, no nací en Estocolmo. Vine aquí en 1977, con Stieg, a estudiar arquitectura. Nos habíamos conocido en 1972, en Umea. Stieg nos reclutó a mí y a mi hermana Asa para un grupo opositor a la Guerra del Vietnam. Teníamos un gran enojo contra la injusticia."

Eva dice que no fue "amor a primera vista" y que el primer beso -apasionadísimo, como siempre sería su relación- vino recién un año después.

-Se fue dando gradualmente -recuerda-. La atracción era muy fuerte; nos parecíamos mucho. Gente muy intelectual, que no aceptaba mentiras, que quería hacer cosas... Finalmente había encontrado a alguien que hacía posible que me diera cuenta de lo que yo quería hacer. Yo supe que ese hombre cambiaría mi vida y él supo lo mismo de mí. Entonces no fue un romance: fue mucho más. A menudo la gente se convierte en una pareja romántica; entonces, funciona por unos años; nada más. Pero nosotros siempre encontrábamos cosas nuevas; nunca nos sentíamos estancados. Teníamos profesiones distintas, y eso hacía muy interesante el intercambio. Yo había pensado en ser periodista, como mi padre, pero luego decidí que no.

-¿Por qué no tuvieron hijos?

-Mis padres se divorciaron cuando era muy pequeña y fue algo horrible. Uno nunca sabe qué pasará en la vida, y yo buscaba fortalecerme en el terreno laboral. Cuando estuve más ubicada, no pude quedar embarazada. Y después la industria de la construcción se vino a pique.

-¿Y por qué nunca se casaron?

-Porque en Suecia todos los registros de datos de los ciudadanos son públicos. Stieg había escrito sobre la extrema derecha desde los años 90 y en Europa estaban muy interesados en saber quién diablos era este periodista. Los grupos de derecha son marginales, pero poderosos. Tienen sus listas de enemigos y atentan contra ellos. La cuenta de la electricidad y del teléfono estaban a mi nombre, y él no estaba casado con nadie. De ese modo no lo perseguirían ni me perseguirían a mí.

-Dicen que si hubiera dejado un testamento usted podría haberlo heredado...

-¿Un testamento? ¡Si no teníamos nada! Sólo nuestro departamento, de 56 metros cuadrados y que después de cuatro años de enfrentamientos con su padre y hermano está a mi nombre.

Eva da una pitada larga a su cigarrillo. "Soy una buena pagadora de impuestos", dice secamente, como para no dejar lugar a ninguna pregunta, y mira los anillos de su anular izquierdo: una alianza de oro común y otra más grande, con un diseño. "Era de Stieg", dice, triste.

-¿Stieg estaba enfermo?

-No que él supiera. O yo. En su familia materna es común morir jóvenes: la madre murió a los 56 años. Había tenido cáncer de mama, pero murió de un derrame cerebral. El día en que Stieg murió había tenido que subir los siete pisos de Expo por escalera; no funcionaba el ascensor. Creo que eso, más el estrés, lo aceleró. Pero no iba a llegar a viejo. Estaba escrito en sus genes.

Un amigo kurdo
Stieg Larsson lo hace aparecer con su nombre y apellido en el tercer libro. La relación que unía a Larsson con el periodista y escritor kurdo Kurdo Baksi, refugiado en Suecia desde su adolescencia (llegó a los 14 y tiene 44), parece ser muy cercana y estrecha, y de eso dará cuenta el libro que Baksi publicará, a principios del próximo año, por el mismo sello que editó a su malogrado amigo. "Se titulará Mi amigo Stieg", dice orgulloso Kurdo en su simpático español, que afirma haber aprendido cuando vivió en Cuba -también asegura haber estado en Buenos Aires, aunque nunca contará ni cuándo ni para qué.

Kurdo y Larsson se conocieron a principios de la década del 90, cuando un delincuente racista, "el Hombre del Láser", asesinaba gente de cabello oscuro por las calles de Estocolmo con una pistola láser. "Como representante de los inmigrantes convoqué a reuniones y hasta a un paro, para expresar nuestra preocupación -recuerda Kurdo-. Stieg fue uno de los que propusieron que también adhirieran todos los suecos, rubios o no... (se ríe)."

En 1995, la bancarrota amenazó a Expo. Entonces Kurdo, que editaba la revista Blanco y Negro, sobre temas de inmigración y minorías, incluyó Expo dentro de su propia revista. Y la salvó del derrumbe, dice.

"Stieg siempre quiso escribir, pero trabajó desde 1978 hasta 1999 en la agencia T y T como dibujante y gráfico, el mismo trabajo que hizo su papá, Erland -recuerda-. No pudo ingresar en la facultad de periodismo porque no tenía las calificaciones y creyó que entrando en una agencia como gráfico tendría la posibilidad de escribir: fueron 23 artículos en 21 años. Los tengo en mi poder. Después pidió el retiro voluntario y desde el año 2000 se concentró en Expo y en sus novelas. Nunca tuvo demasiado dinero: hasta dejó de fumar cigarrillos de marca para comprar tabaco y hacérselos él mismo."

Kurdo dice que a fines de este año va a casarse. "Lo decidí después de ver lo que le pasó a Stieg -asegura-. Toda la vida medié entre la gente, pero nunca me tocó que una parte no quisiera venir a la mesa de discusión -explica-. La mujer de Stieg quiere todo. Es muy difícil. Los periodistas me dicen «ayuda a esa mujer, ayúdala». Pero ¿cómo voy a ayudarla si no quiere hablar?"

Una coescritora
"Kurdo no es malo; tan sólo un oportunista. Necesita dinero y utiliza la historia de Stieg para lograrlo", afirma Eva Gabrielsson. "Puede que, para él, Stieg fuera su mejor amigo, pero no era lo que Stieg sentía por él. Sus verdaderos amigos no salieron a promocionarse."

-Algunos dicen que en la computadora que usted tiene (y que en realidad es propiedad de Expo, la revista donde Stieg trabajaba) está el cuarto libro de la saga...

-No puedo responder. Protección de fuentes.

-¿Pero algo de eso formará parte del libro que usted piensa publicar?

-Tampoco puedo responder. Mi libro está terminado y relata todos estos años sin Stieg.

Otra vez, Eva Gabrielsson se refugia en el ritual del cigarrillo. Después de apagarlo con firmeza, toma la colilla y la guarda en el atado. Curiosa fumadora, preocupada por el medio ambiente. Y vuelve a navegar en sus pensamientos.

-Stieg y yo teníamos planes. Muchos planes. El iba a escribir diez libros. Los primeros tres serían económicamente para nosotros. El cuarto, para Expo; el quinto, para grupos de defensa de mujeres abusadas y maltratadas. Y también queríamos construir nuestro cottage en Sandham (N. de la R: una isla distante hora y media de navegación de Estocolmo, y donde transcurre parte de la historia de Millennium). Ya están los planos, yo misma los diseñé. Una casa totalmente ecológica. No dejo de soñarla...

Eva dice que Stieg tenía una voz melodiosa y firme y ojos color miel, que era bromista y nada tímido: "Caía muy bien a las mujeres, pero nada que ver con su personaje".

Eva agrega que tanto Stieg como ella fueron criados por sus abuelos. "Mis padres se divorciaron cuando yo era muy chica. Los padres de Stieg eran jóvenes y no podían ocuparse de él, aunque enseguida tuvieron otro hijo; entonces, él se fue a vivir con sus abuelos maternos hasta los 9 años -recuerda-. El abuelo Severino era un militante trotskista torturado en un campo de concentración nazi. Cuando murió Severino, Stieg se fue a vivir con su padre, su madre y su hermano, pero no tenía nada en común con ellos. Es muy difícil tratarlos. ¿Qué quiero? La plena posibilidad de manejar el legado literario y un porcentaje de los derechos de su obra. Esto significa evitar que los editores y la familia vendan todo sólo por dinero, que es lo que están haciendo, incluidas las películas, algo que Stieg no quería hacer, al menos no de una manera tan inmediata y no con esta compañía, sino con gente más capacitada y que cuidara realmente el producto. Pero nadie pone freno a esto: los personajes ya se vendieron para continuar la historia."

El departamento que Eva y Stieg ocupaban en la isla de Reimersholmer, a 15 minutos del centro de Estocolmo, es inaccesible para los desconocidos, incluida la prensa. "Estrictas razones de seguridad -vuelve a explicar Eva, mientras acepta la cita en el puente que une la pequeña isla con Södermalm-. Vinimos a vivir aquí porque la isla tiene una sola salida y, ante algún atentado, era posible cerrar ese puente (algo que le habría dado a Larsson la idea para su primera novela).

Buena parte de la historia se desarrolla en Estocolmo, en lugares reales. "Stieg no tuvo tiempo para investigar -dice Eva-. Y usó parte de la investigación que yo estaba haciendo sobre la ciudad. Además, discutíamos siempre los contenidos de sus historias; yo estaba familiarizada con todos sus textos."

Nordstedts, la elegida
Stieg Larsson y Eva Gedin no se conocían hasta que él, aconsejado por un amigo en común, fue a verla con los manuscritos de los dos primeros tomos de Millennium a las elegantes oficinas de la editorial Nordstedts en el centro de Estocolmo.

Gedin, de 46 años, está a cargo del departamento de Ficción de la casa, y confiesa que el negocio editorial le corre por las venas, ya que es sobrina de un editor muy conocido en Suecia e hija de una traductora también muy vinculada al mundo editorial. "La obra de Larsson, desde el inicio, fue algo poco común -explica-. Es muy raro que un escritor novel venga con los manuscritos de dos libros y también es raro que en una semana se decida editarlo, sabiendo que aún faltaba concluir un tercero. Pero así fue con él. De golpe nos encontramos con un autor muy maduro, con buenos argumentos y buena narrativa. Y una persona de muy buen carácter."

Desde que Stieg fue a Nordstedts por primera vez hasta su muerte pasaron 9 meses. "Cuando murió fue un shock tremendo -recuerda-. Y también un caso muy difícil como negocio. ¿Cómo vender un libro póstumo de un autor desconocido?"

El primer libro fue publicado en agosto de 2005. Y los dos siguientes siempre en agosto, de 2006 y de 2007, respectivamente, porque es buen mes para editar libros en Europa según las sagradas reglas del marketing. Eva Gedin no quiere hablar de ganancias, pero el fenómeno Larsson, dice, es único en la literatura sueca.

-¿Cuál es su posición respecto de la herencia y los derechos de Larsson?

-La ley es mala; la relación que tenían Eva Gabrielsson y Stieg era igual a un matrimonio. Pero la ley es clara y yo soy la editora; no puedo quebrarla: sus herederos son el padre y el hermano.

-¿Larsson firmó contrato para las películas?

-No, para los tres libros. Pero desde muy temprano discutió los planes sobre las películas, porque Nordstedts vende derechos de libros, de films y de obras de teatro. De hecho, tuvo una reunión con los productores. De todos modos, sus herederos son el padre y el hermano, y con ellos hemos firmado esos contratos.

-¿Conoce a Eva Gabrielsson?

-Claro. Y traté de integrarla; le he enviado originales. Pero ella se rehusó a mantener trato que no fuera a través de sus abogados. Comprendo su situación, es terrible.

-¿Existe un cuarto libro?

-No sé, nunca lo vi. Pero si existiera, los derechos les pertenecerían al padre y al hermano.

Encuentro en Estocolmo
La cita con el padre de Stieg, Erland Larsson, en el lobby de uno de los más lujosos hoteles de Estocolmo. Erland, de 74 años, llegó esta mañana de Umea, la ciudad a 1200 km al norte de la capital sueca donde vive junto Gun Aberg, la mujer que lo acompaña desde 1993, después de enviudar de la madre de Stieg, Vivian, una activa sindicalista que militaba para la socialdemocracia sueca.

Erland Larsson cuenta que Stieg nació cuando él y Vivian tenían sólo 19 años y, como eran tan jóvenes y les faltaba casa y buen trabajo, el primogénito quedó al cuidado de sus abuelos. "Pero nos veíamos todo lo a menudo que podíamos; varias veces al año", asegura Erland, que fue decorador de vidrieras y dibujante, como Stieg.

Cuando la familia se reunió nuevamente, ya en Umea, dice Erland que a Stieg le resultó muy fácil integrarse y que siempre fue muy buen alumno. "Cuando tenía 14 años le regalamos una máquina de escribir -recuerda-. Pero como hacía mucho ruido porque se quedaba escribiendo hasta bien tarde le rentamos un ático para que nos dejara dormir a nosotros... Tenía 17 cuando conoció a Eva. El padre de ella, Alvar, era alcohólico y la maltrataba. Eva vino a vivir con nosotros; lo descubrimos porque la cuenta de la comida era más grande... Yo traté de ayudar a su padre, que tenía problemas financieros, varias veces..."

El relato de Erland Larsson se hace ininteligible. Y comienza a hablar en sueco con Kurdo Baksi, que acompaña la charla. Quedamos fuera de una conversación que los mantendrá dialogando por unos 5 minutos. ¿Qué dirán? Imposible saberlo.

-¿Le parece justa la situación de Eva Gabrielsson?

-La ley es lo que es. Se puede discutir, pero es así. Todos los años, mi esposa y yo le pedíamos a Stieg que se casara. O que tuviera un hijo. Vamos a ver, si Eva tuviera la herencia, ¿sabe a quién iría cuando ella muriera? A su hermana. Porque Stieg no dejó ni siquiera un testamento. Yo no estoy casado con mi actual mujer: no quiero que cuando muera mi herencia pase a sus nietos. Mi otro hijo, Joakim, también quedó viudo y no está interesado en volver a casarse. Cuando nosotros no estemos, la herencia quedará dentro de la familia, para mis nietos, los hijos de Joakim: Matías y Therese.

Erland dice que él y Stieg se llevaban muy bien, pero que él siempre fue más moderado: "Stieg era demasiado zurdo", comenta, haciendo un gesto de exageración. Los libros que escribió su hijo, confiesa, le han gustado mucho, aunque "tienen demasiado sexo". Y que no hay más películas previstas: las tres que se han filmado.

-¿Ha pensado qué hará con tanto dinero? Porque es millonario...

-Es cierto, pero hay que aprender a serlo; no se crea que es fácil (risas). Dimos algunos millones de euros a Expo, la revista donde trabajaba Stieg; también, a una institución para discapacitados; me compré un auto... (piensa). No necesito ese dinero. Es sólo dinero.

-¿Entonces? ¿Estaría dispuesto a compartirlo con Eva Gabrielsson?

-Sí, y lo hemos dicho. Pero ella dice que no quiere ningún dinero.

-¿Qué quiere Eva?

-Los derechos sobre la obra.

-¿Y se los otorgará?

-No.

-¿Por qué?

-Eva parece tener algún problema mental. Su padre, su madre y su abuelo, todos terminaron en el manicomio. Ella no es una persona capacitada para esa tarea.

Para saber más: http://www.visitsweden.com/sweden/Regions--Cities/Stockholm/Culture/The-Millenium-tour , http://www.stieglarsson.com

fuente:lanacion.com.ar


http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com

27.9.09

'Para Larsson la ideología estaba antes que la literatura'

Kurdo Baksi, mecenas de Stieg Larsson, habla del autor de 'Millenium'
Laura Jurado
Hace doce años que su vida se cruzó con la de Stieg Larsson en Suecia. La revista Expo les unió en una incansable investigación por el mundo oscuro que ocultaban las fachadas blancas de su país. Confiesa que su amigo firmó muchos artículos con su nombre y que él mismo no abrió las páginas de Los hombres que no amaban a las mujeres hasta un año después de la muerte de Larsson. Ahora, engullido por el éxito que el propio autor no pudo disfrutar en vida, el editor y periodista Kurdo Baksi se pasea como su "embajador a este lado del mundo" por los platós literarios para desvelar los entresijos de la trilogía Millenium. Un best seller que ayer logró abrirse un hueco en las Conversaciones de Formentor.
Pregunta.-Larsson no disfrutó del éxito de sus libros por apenas unos meses. Muchas veces ha dicho que no habría cambiado su forma de ser pero que sí se preparó para ser rico y famoso. ¿Millenium era su gran esperanza?
Respuesta.-Sus temas y sus formas no eran bienvenidos en los periódicos de su país y tampoco él era conocido. En los libros encontró un espacio más libre y los utilizó como una continuación de sus artículos.
"El retrato que crea de su país es una antifotografía, la imagen que los suecos no quieren aceptar"
P.-Aunque triunfara pese a Suecia
R.-Si los medios y el gobierno suecos le hubieran dado un mínimo de ayuda yo hoy no estaría aquí, pero nadie lo hizo. Suecia nunca ha luchado tanto contra un hombre como contra Larsson y eso sin planificarlo.
P.-Usted contaba en la entrevista con Emili Manzano que llegó a Suecia por motivos políticos y se encontró con un país abierto y hospitalario. ¿Cuándo descubrió ese otro lado del país que retrató su amigo?
R.-Tardé exactamente siete años y tres meses. Publiqué la revista 'Blanco y negro' y me obligó a ver ese otro lado. El asesinato del primer ministro Olof Palme en 1986 fue el principio del cambio. La violencia aumentó, especialmente contra los niños y las mujeres. Surgieron palabras nuevas como 'pedofilia' o 'antifeminismo' y los vecinos empezaron a tener miedo de sus propios vecinos. Ya no era el país que el resto del mundo imaginaba.
"Era un hombre con muchas ambiciones pero muy pocos recursos y eso le creaba cierta dependencia"
P.-Y mientras el país siguió manteniendo su impecable fachada.
R.-Suecia tenía tres famas: la democracia, el nivel económico y la igualdad de la mujer. Hizo de esto último un símbolo de las libertades cuando realmente no lo practicaban ni en su propio país donde la mujer ganaba un 18% menos que el hombre y no dejaban de crecer los delitos sexuales.
P.-¿Larsson acabó con el icono de la Suecia perfecta?
R.-El retrato que crea de su país es una antifotografía, la imagen que los suecos no quieren aceptar pero sí fuera. Ahora hay mucho enfado por su éxito pero también están los que renegaron de él y ahora cambian su versión de los hechos.
P.-Con los años y los kilos acabó por suavizarse políticamente. ¿Podría haber acabado él también tras esa fachada que retrataba?
R.-Creo que su cabeza seguía siendo trotskista pero quizá evolucionó públicamente para conseguir más ayuda. Era un hombre con muchas ambiciones pero muy pocos recursos y eso le creaba cierta dependencia.
P.-Félix de Azúa hablaba ayer sobre la "inmoralidad" de aprovechar elementos reales para construir la ficción. ¿Larsson quería hacer literatura o denuncia?
R.-Bueno, podría decirse que hay tres tipos de escritores: los que hacen pura literatura, que quieren parecerse a Dostoievski o a Zola; otros escriben por dinero y los terceros son idealistas. Para Larsson la ideología estaba antes que la literatura, por último siempre quedaba el dinero.
P.-¿España tiene alguna particularidad que explique el éxito de la trilogía?
R.-Sí, los libros han funcionado mucho mejor en sociedades más críticas con su sistema, menos conformistas políticamente. Y en el caso de España la rebeldía 'feminista' de Lisbeth Salander también ha servido.
P.-Sin embargo a usted le costó más de un año ponerse con el primer libro.
R.-La verdad es que sí. Mientras Larsson estaba vivo no creí en sus visiones sobre el éxito de sus novelas. El primer libro se publicó justo el día de mi cumpleaños. No dejaba de recibir llamadas y cartas de gente que me lo recomendaba pero entonces para mí pesaba más la pérdida de mi amigo y tuve que pasar una especie de proceso de duelo hasta que fui capaz de leerlos.
P.-¿Cómo habría vivido él el 'milleniumismo'?
R.-A su muerte han seguido dos novelas negras: la del éxito de su trilogía y la del conflicto por su herencia. En lo primero estoy seguro de que nunca imaginó el nivel al que llegarían sus libros y también que no habría dado tantas entrevistas. Le tenía miedo a la vida pública, a los grandes periódicos.
P.-¿Y de lo segundo?
R.-Me duele que una persona que tanto defendió a las mujeres haya dejado a la suya en una situación que ahora le supone tantos problemas. Nunca he visto un conflicto con su familia ni con Eva, su mujer, y creo que su herencia es algo con lo que no contaba en su vida, quizá por eso lo descuidó.
P.-¿Usted que piensa?
R.-Bueno, he trabajado en muchos conflictos y sé que quien quiere interceder es el que peor acaba, por eso yo no quiero posicionarme. Yo sólo quiero ser un embajador de Larsson y dar una imagen más real de él que incluya tanto lo bueno como lo malo.

11.9.09

La trilogía Millenium. Un misterio para leer

Naomi Rapace, personifica a Lisbeth Salander


Por Sandra Duque Cely
Ante la tumba de Larsson se ha formado una cruenta disputa entre dos bandos: los acérrimos fans de Millenium y algunos puristas de la literatura, quienes le adjudican a un misterio paranormal el impresionante éxito de ventas de la trilogía compuesta por Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire.
Éste, como todos los grandes enigmas, es engañosamente sencillo: la trilogía de Larsson marcó el inicio de un nuevo capítulo en la historiografía de la novela negra, esa que Paco Ignacio Taibo II definió como aquella que "investiga algo más que quién mató o cometió el delito e investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad".
De la misma forma en que Quentin Tarantino crea en Kill Bill el personaje de La novia, interpretado por Uma Thurman, para poner en la palestra el prototipo de una anti heroína nunca antes vista en las películas de acción; Larsson recrea el personaje más anti heróico y entrañable de la novela negra: Lisbeth Salander. Una investigadora dueña de una moral muy particular, hacker superdotada, completamente fuera de las convenciones sociales, capaz de asumir su conducta sexual y de decidir sobre su vida sin lloriqueos ni dependencias, que a fin de cuentas, resume en sí misma esa condición disfuncional que caracteriza nuestra época.
La elaboración de la ficción en Millenium se sustenta en el manejo de su estructura: tres novelas sumamente ágiles cuyo hilo contuctor son los incidentes protagonizados por Lisbeth Salander y Mikael Blomvkist, donde la principal ventaja para el lector es que pueden ser leídas independientemente y alterando su orden de aparición sin perderse de la trama.
Cada una inicia con un texto preliminar, en apariencia desligado del resto de la historia, que en realidad dará el contexto del relato: en la primera, el descubrimiento del asesino se hará a partir de la interpretación de pasajes bíblicos; la segunda historia se desarrollará en torno al teorema de Fermat, que estuvo sacando de quicio a los matemáticos durante cuatroscientos años y, finalmente, la última novela de la trilogía tendrá como motivo la participación histórica de las mujeres en diversas contiendas bélicas.
Si Conan Doyle legó a la literatura el investigador más profundamente analítico de la historia, Larsson se apuntó no menos con el método Salander, cifrado en las posibilidades de intrusión en los actuales sistemas informativos.
No puede negarse que Larsson y su trilogía Millenium han generado una suerte de excitación colectiva, capaz de contagiarse con la misma velocidad del aH1N1, pero tampoco que nadie va a devorar más de 2.000 páginas por simple presión mediática.
Leer a Larsson es identificarnos con una porción de nuestro mundo y, tal como diría el brillante Luis Bardamu: "Si algún sentido tiene escribir algo, escribir cualquier cosa, es el de rastrear por afinidades y encuentros, en un mundo pleno de desencuentros. Un encuentro, por pequeño que sea, será siempre una alegría".
fuente: eltiempo.com

2.8.09

Europa toma las riendas de la novela negra

Estados Unidos, cuna de la novela negra, como crítica social contra el sistema y espejo de los submundos ocultos, ha quedado en un segundo plano ante la efervescencia de este género que se vive hoy en Europa, con nuevos autores que se saltan los límites y han provocado un boom de ventas.
Las cifras están ahí. En España, por ejemplo, las ventas del primer trimestre de 2009 (millón y medio de ejemplares) han duplicado las del mismo período del año anterior.
Anik Lapointe, editora de RBA (sello que convoca el premio con mayor dotación en novela negra) declara: "Hoy es Europa la que marca la norma. Vive en plena efervescencia"; y para quien crea que se trata sólo de una moda, el director editorial de Destino, Emili Rosales, añade: 'Hay para rato'.
"Es el momento y le quedan muchos años por delante", afirma Lucía Luengo, encargada de la colección 'La Trama', de Ediciones B, mientras que Maite Cuadros, directora general de la editorial Maeba (que cuenta con la colección 'Mistery Plus'), corrobora que "hoy lo que se lleva es la novela negra europea".
España: Los mancilladores de la pureza literaria
En lo relativo a España, un optimista Francisco González Ledesma, pionero de la novela negra española, proclama "el nacimiento de una nueva literatura que va a marcar época y puede durar muchos años", debido a la gran cantidad de jóvenes autores que están surgiendo.
La opinión general de los editores y autores consultados por Efe es que el fenómeno llegó un poco más tarde a España, aunque, poco a poco ha ido creciendo y hoy se vive un momento muy favorable, con un mayor interés de público y editoriales.
"Es cuestión de tiempo el que aparezca una nueva generación", apunta Anik Laponte. El problema ha sido que en España la novela negra ha estado siempre estigmatizada como un género menor; algo que se mantuvo incluso en los años 80, cuando los pioneros Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma, Juan Madrid y algunos más encontraron "su propia voz", alejada del molde forjado por el detective americano.
"En aquellos años, aquí se hacía una mimesis de Proust y Faulkner, considerados 'la Gran Literatura'. Al principio, nos perdonaban la vida, aunque consideraban que estábamos mancillando la pureza de la doncella literaria para convertirla en un género bastardo", cuenta Juan Madrid.
Para el escritor, autor de nueve novelas de este género desde 1980 a 2008, "huir del estereotipo de la novela negra norteamericana ha sido una obsesión" y le cabe el orgullo de que "nadie" ha podido acusarlo de "haberla copiado".
González Ledesma, quien reniega de su condición de precursor, y fue víctima de la censura, explica cómo la novela negra les permitió "analizar la sociedad delante de los ojos del poder, a través de un género que no había existido en España".
Vázquez Montalbán, el más popular del grupo gracias a su serie del detective Carvalho, "dignificó la novela negra y la convirtió un género serio y apreciado", apunta Emili Rosales.
La labor de estos precursores también tuvo una consecuencia negativa: "Pusieron el listón muy alto y se lo dejaron muy difícil a los que vinieron después", explica Ana Esteban.
Y añade: "Ahora sí que hay autores que han podido ofrecer otro modelo frente al fenómeno 'Millenium' -el best seller que ha marcado el boom de la novela negra-. Ellos resuelven un caso de forma más humana".
La nueva cantera de autores españoles han roto los moldes del género, traspasando sus límites. Y una de sus grandes bazas es el uso de un lenguaje vivo y cotidiano; aunque es difícil hablar de un patrón, dado el gran muestrario de temas y estilos.
Son autores jóvenes -algunos menores de 40 años-, consagrados, como Lorenzo Silva, Alicia Giménez Barlet o Andreu Martín; o recién llegados, como Eugenio Fuentes y Alejandro Gallo.
Sus obras se sitúan en ambientes no trillados o utilizan el género para hablar de nuestra historia en mayúsculas; para rebuscar en todo lo que puede ofrecer el género.
'Millenium, crisis, crítica social... razones del boom'
El por qué del boom que vive actualmente la novela negra no se puede limitar a una sola razón, aunque parece unánime atribuir a la irrupción del fenómeno 'Millenium' una de las claves de este espectacular aumento de ventas.
Quince millones de ejemplares de la trilogía vendidos en todo el mundo; dos de ellos sólo en España, donde la última entrega: 'La reina del palacio de las corrientes de aire', editada el pasado 18 de junio, ya ha sacado a la calle 600.000 ejemplares, son palabras mayores.
"Larsson ha sido determinante, pues ha cambiado la percepción de la novela negra y ha roto la barrera con el gran público", apunta Anik Lapointe. Para Maite Cuadros, "el fenómeno de 'Millenium', sin duda, ha auspiciado este boom; pues si un libro funciona reactiva el género".
Editores y autores coinciden en que Larsson ha conectado con el gran público. Sin embargo, algunos, como Juan Madrid, no deja de considerarlo un simple "fenómeno de marketing"; mientras Lorenzo Silva le achaca la inclusión de elementos "irreales".
La opinión general resume en tres las claves de Larsson: Los Personajes: originales; llamativos; bien construidos; y con trasfondo oscuro. Ser un 'Page Turner': un libro de entretenimiento que engancha al espectador por su ritmo acelerado y de fácil lectura. Disección de la sociedad: de los poderes económicos, políticos, y de medios de comunicación...
El hecho de que la novela negra haya nacido en la convulsa Norteamérica de la Gran Depresión de los años 20 y renazca con fuerza en la actualidad, cuando la crisis, el narcotráfico, la corrupción, las grandes mafias y el terrorismo ofrecen una visión del mundo nada tranquilizadora, no parece ser una coincidencia.
"Ahora la gente no busca ficción, aprecia la verdad. Un retrato crudo y una denuncia de las realidades sociales", comenta Emili Rosales.
Lucía Luengo añade que "la novela negra es un espejo social que retrata lo oculto, los mundos subterráneos.. donde el lector puede adentrarse de una forma muy accesible".
El género negro es "la novela social de nuestro tiempo", según Anik Lapointe, a lo que Lorenzo Silva añade: "Habla del único gran tema de la literatura, la indagación del mundo que hay dentro de los seres humanos".
Además, las series de novela negra con un mismo personaje, son una apuesta segura: "Ante la crisis, un lector no quiere arriesgar y elige viajar hacia los mundos ocultos de la mano de un protagonista con el que se siente cómodo. La clave es el personaje, que le asegura el entretenimiento", explica Ana Esteban.
.El fenómeno Stieg Larsson
.El hombre que amaba a las mujeres

fuentes:http://elpais.com http://revistaenie.clarin.com
http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com