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4.10.09

Tras los pasos de Stieg Larsson

Noomi Rapace es Lisbeth Salander


Por Gabriela Navarra Enviada especial gnavarra@lanacion.com.ar

Murió a los 50 años sin ver publicadas sus obras. Ahora es el escritor sueco más exitoso, con 15 millones de ejemplares vendidos de su trilogía Millennium. LNR visitó, en Estocolmo, los escenarios de las obras de Stieg Larsson y descubrió que su legado es una nueva novela: la lucha por los derechos artísticos y por una herencia de unos 70 millones de euros

Los claroscuros de la noche dibujan figuras fantasmales en las esquinas de Södermalm, la isla más grande de Estocolmo, barrio de obreros en la época de oro del capitalismo, ahora lo más "in" de la bohemia artística e intelectual de la capital sueca. Con paso decidido, pero sin apuro, el periodista Mikael Blomkvist recorre los 500 metros que separan la redacción de Millennium -en la céntrica Gotagatän, sobre las oficinas de Greenpeace- de su ático en Bellmansgatan 1, desde donde dispone de una de las mejores vistas del lago Mälaren. Alguien persigue a Mikael Blomkvist, editor en jefe de una revista que investiga los negocios más sucios de la clase dominante y el alto empresariado de Suecia: estafas, asesinatos, manejo de información secreta, tráfico de drogas, prostitución. Alguien muy poderoso persigue a Mikael Blomkvist. Pero él no parece dispuesto a darse por vencido. Y mucho menos, a tener miedo.


Había una vez un periodista sueco llamado Stieg Larsson que decidió darse un gusto siempre pospuesto: escribir novelas policiales. Este periodista -nacido y criado en una ciudad del norte de su país, Skellefteå, donde los inviernos duran una eterna noche de seis meses de oscuridad y frío- agregó horas a su trabajo como editor en jefe en la revista Expo, de reconocida raigambre antifascista y antirracista, y escribió de un tirón -que duró entre dos y tres años- los tres primeros libros de la Trilogía Millennium, que en 2000 páginas relata de un modo a veces no tan fácil de distinguir entre ficción y realidad los aspectos más oscuros del aparentemente perfecto modelo nórdico. Como hilo conductor de la trama, Larsson -un confeso trotskista, rebelde y libertario- elige historias centradas en la subordinación y la violencia (real y simbólica) contra la mujer.

Pero poco después de entregar el último libro de la trilogía sucedió algo que nadie esperaba: el periodista (fumador de dos atados diarios y adicto al café) sufrió un infarto. Y se murió. Era un día lluvioso y gris de noviembre de 2004. El 15 de agosto ha
bía cumplido 50 años.
Sus libros se publicaron igual. Y se convirtieron en un éxito jamás soñado por la historia editorial sueca: 15 millones de ejemplares distribuidos en 41 países (en la Argentina, editado por Planeta, 45.000 en menos de un año y siempre ubicado entre los cinco primeros puestos de los rankings) y tres películas vendidas a 27 países (entre ellos, el nuestro).
Vaya paradoja, al morir, el hombre que defendía a las mujeres dejó a su compañera de toda la vida sin una corona ni derecho alguno sobre su obra y -además- enfrentada a dos hombres: la ley, en Suecia, está basada en el derecho germánico medieval, que privilegia la sangre por encima de todo. Como Eva Gabrielsson y Stieg Larsson nunca se casaron ni tuvieron hijos, cada céntimo de Millennium y todos los derechos artísticos fueron heredados por Erland y Joakim Larsson, padre y hermano del periodista. Eva no tiene siquiera el derecho de reclamar frente a la Corte.
El legado de Stieg Larsson parece una nueva novela: están en juego los derechos sobre su obra y una cifra que nadie quiere precisar pero que podría alcanzar los 70 millones de euros.




Un hombre único
Eva Gabrielsson llega puntualísima a la cita en la plaza de Slussen, la primera estación de metro en Södermalm. No ha sido difícil reconocerla entre la gente: su cabello rubio a los hombros, anteojos, un abrigo liviano y un cigarrillo encendido. Después de los saludos de rigor, explica que de nuestro país conoce algunos buenos vinos y la desaparición de la estudiante sueco-argentina Dagmar Hagelin, de 17 años, en 1977, mientras pronuncia no sin dificultad el nombre y apellido de su captor, Alfredo Astiz.

Caminamos algunas cuadras hasta la terraza de Mosebacke, el exclusivo barrio donde se muda la protagonista de la Trilogía, Lisbeth Salander.

"No, no nací en Estocolmo. Vine aquí en 1977, con Stieg, a estudiar arquitectura. Nos habíamos conocido en 1972, en Umea. Stieg nos reclutó a mí y a mi hermana Asa para un grupo opositor a la Guerra del Vietnam. Teníamos un gran enojo contra la injusticia."

Eva dice que no fue "amor a primera vista" y que el primer beso -apasionadísimo, como siempre sería su relación- vino recién un año después.

-Se fue dando gradualmente -recuerda-. La atracción era muy fuerte; nos parecíamos mucho. Gente muy intelectual, que no aceptaba mentiras, que quería hacer cosas... Finalmente había encontrado a alguien que hacía posible que me diera cuenta de lo que yo quería hacer. Yo supe que ese hombre cambiaría mi vida y él supo lo mismo de mí. Entonces no fue un romance: fue mucho más. A menudo la gente se convierte en una pareja romántica; entonces, funciona por unos años; nada más. Pero nosotros siempre encontrábamos cosas nuevas; nunca nos sentíamos estancados. Teníamos profesiones distintas, y eso hacía muy interesante el intercambio. Yo había pensado en ser periodista, como mi padre, pero luego decidí que no.

-¿Por qué no tuvieron hijos?

-Mis padres se divorciaron cuando era muy pequeña y fue algo horrible. Uno nunca sabe qué pasará en la vida, y yo buscaba fortalecerme en el terreno laboral. Cuando estuve más ubicada, no pude quedar embarazada. Y después la industria de la construcción se vino a pique.

-¿Y por qué nunca se casaron?

-Porque en Suecia todos los registros de datos de los ciudadanos son públicos. Stieg había escrito sobre la extrema derecha desde los años 90 y en Europa estaban muy interesados en saber quién diablos era este periodista. Los grupos de derecha son marginales, pero poderosos. Tienen sus listas de enemigos y atentan contra ellos. La cuenta de la electricidad y del teléfono estaban a mi nombre, y él no estaba casado con nadie. De ese modo no lo perseguirían ni me perseguirían a mí.

-Dicen que si hubiera dejado un testamento usted podría haberlo heredado...

-¿Un testamento? ¡Si no teníamos nada! Sólo nuestro departamento, de 56 metros cuadrados y que después de cuatro años de enfrentamientos con su padre y hermano está a mi nombre.

Eva da una pitada larga a su cigarrillo. "Soy una buena pagadora de impuestos", dice secamente, como para no dejar lugar a ninguna pregunta, y mira los anillos de su anular izquierdo: una alianza de oro común y otra más grande, con un diseño. "Era de Stieg", dice, triste.

-¿Stieg estaba enfermo?

-No que él supiera. O yo. En su familia materna es común morir jóvenes: la madre murió a los 56 años. Había tenido cáncer de mama, pero murió de un derrame cerebral. El día en que Stieg murió había tenido que subir los siete pisos de Expo por escalera; no funcionaba el ascensor. Creo que eso, más el estrés, lo aceleró. Pero no iba a llegar a viejo. Estaba escrito en sus genes.

Un amigo kurdo
Stieg Larsson lo hace aparecer con su nombre y apellido en el tercer libro. La relación que unía a Larsson con el periodista y escritor kurdo Kurdo Baksi, refugiado en Suecia desde su adolescencia (llegó a los 14 y tiene 44), parece ser muy cercana y estrecha, y de eso dará cuenta el libro que Baksi publicará, a principios del próximo año, por el mismo sello que editó a su malogrado amigo. "Se titulará Mi amigo Stieg", dice orgulloso Kurdo en su simpático español, que afirma haber aprendido cuando vivió en Cuba -también asegura haber estado en Buenos Aires, aunque nunca contará ni cuándo ni para qué.

Kurdo y Larsson se conocieron a principios de la década del 90, cuando un delincuente racista, "el Hombre del Láser", asesinaba gente de cabello oscuro por las calles de Estocolmo con una pistola láser. "Como representante de los inmigrantes convoqué a reuniones y hasta a un paro, para expresar nuestra preocupación -recuerda Kurdo-. Stieg fue uno de los que propusieron que también adhirieran todos los suecos, rubios o no... (se ríe)."

En 1995, la bancarrota amenazó a Expo. Entonces Kurdo, que editaba la revista Blanco y Negro, sobre temas de inmigración y minorías, incluyó Expo dentro de su propia revista. Y la salvó del derrumbe, dice.

"Stieg siempre quiso escribir, pero trabajó desde 1978 hasta 1999 en la agencia T y T como dibujante y gráfico, el mismo trabajo que hizo su papá, Erland -recuerda-. No pudo ingresar en la facultad de periodismo porque no tenía las calificaciones y creyó que entrando en una agencia como gráfico tendría la posibilidad de escribir: fueron 23 artículos en 21 años. Los tengo en mi poder. Después pidió el retiro voluntario y desde el año 2000 se concentró en Expo y en sus novelas. Nunca tuvo demasiado dinero: hasta dejó de fumar cigarrillos de marca para comprar tabaco y hacérselos él mismo."

Kurdo dice que a fines de este año va a casarse. "Lo decidí después de ver lo que le pasó a Stieg -asegura-. Toda la vida medié entre la gente, pero nunca me tocó que una parte no quisiera venir a la mesa de discusión -explica-. La mujer de Stieg quiere todo. Es muy difícil. Los periodistas me dicen «ayuda a esa mujer, ayúdala». Pero ¿cómo voy a ayudarla si no quiere hablar?"

Una coescritora
"Kurdo no es malo; tan sólo un oportunista. Necesita dinero y utiliza la historia de Stieg para lograrlo", afirma Eva Gabrielsson. "Puede que, para él, Stieg fuera su mejor amigo, pero no era lo que Stieg sentía por él. Sus verdaderos amigos no salieron a promocionarse."

-Algunos dicen que en la computadora que usted tiene (y que en realidad es propiedad de Expo, la revista donde Stieg trabajaba) está el cuarto libro de la saga...

-No puedo responder. Protección de fuentes.

-¿Pero algo de eso formará parte del libro que usted piensa publicar?

-Tampoco puedo responder. Mi libro está terminado y relata todos estos años sin Stieg.

Otra vez, Eva Gabrielsson se refugia en el ritual del cigarrillo. Después de apagarlo con firmeza, toma la colilla y la guarda en el atado. Curiosa fumadora, preocupada por el medio ambiente. Y vuelve a navegar en sus pensamientos.

-Stieg y yo teníamos planes. Muchos planes. El iba a escribir diez libros. Los primeros tres serían económicamente para nosotros. El cuarto, para Expo; el quinto, para grupos de defensa de mujeres abusadas y maltratadas. Y también queríamos construir nuestro cottage en Sandham (N. de la R: una isla distante hora y media de navegación de Estocolmo, y donde transcurre parte de la historia de Millennium). Ya están los planos, yo misma los diseñé. Una casa totalmente ecológica. No dejo de soñarla...

Eva dice que Stieg tenía una voz melodiosa y firme y ojos color miel, que era bromista y nada tímido: "Caía muy bien a las mujeres, pero nada que ver con su personaje".

Eva agrega que tanto Stieg como ella fueron criados por sus abuelos. "Mis padres se divorciaron cuando yo era muy chica. Los padres de Stieg eran jóvenes y no podían ocuparse de él, aunque enseguida tuvieron otro hijo; entonces, él se fue a vivir con sus abuelos maternos hasta los 9 años -recuerda-. El abuelo Severino era un militante trotskista torturado en un campo de concentración nazi. Cuando murió Severino, Stieg se fue a vivir con su padre, su madre y su hermano, pero no tenía nada en común con ellos. Es muy difícil tratarlos. ¿Qué quiero? La plena posibilidad de manejar el legado literario y un porcentaje de los derechos de su obra. Esto significa evitar que los editores y la familia vendan todo sólo por dinero, que es lo que están haciendo, incluidas las películas, algo que Stieg no quería hacer, al menos no de una manera tan inmediata y no con esta compañía, sino con gente más capacitada y que cuidara realmente el producto. Pero nadie pone freno a esto: los personajes ya se vendieron para continuar la historia."

El departamento que Eva y Stieg ocupaban en la isla de Reimersholmer, a 15 minutos del centro de Estocolmo, es inaccesible para los desconocidos, incluida la prensa. "Estrictas razones de seguridad -vuelve a explicar Eva, mientras acepta la cita en el puente que une la pequeña isla con Södermalm-. Vinimos a vivir aquí porque la isla tiene una sola salida y, ante algún atentado, era posible cerrar ese puente (algo que le habría dado a Larsson la idea para su primera novela).

Buena parte de la historia se desarrolla en Estocolmo, en lugares reales. "Stieg no tuvo tiempo para investigar -dice Eva-. Y usó parte de la investigación que yo estaba haciendo sobre la ciudad. Además, discutíamos siempre los contenidos de sus historias; yo estaba familiarizada con todos sus textos."

Nordstedts, la elegida
Stieg Larsson y Eva Gedin no se conocían hasta que él, aconsejado por un amigo en común, fue a verla con los manuscritos de los dos primeros tomos de Millennium a las elegantes oficinas de la editorial Nordstedts en el centro de Estocolmo.

Gedin, de 46 años, está a cargo del departamento de Ficción de la casa, y confiesa que el negocio editorial le corre por las venas, ya que es sobrina de un editor muy conocido en Suecia e hija de una traductora también muy vinculada al mundo editorial. "La obra de Larsson, desde el inicio, fue algo poco común -explica-. Es muy raro que un escritor novel venga con los manuscritos de dos libros y también es raro que en una semana se decida editarlo, sabiendo que aún faltaba concluir un tercero. Pero así fue con él. De golpe nos encontramos con un autor muy maduro, con buenos argumentos y buena narrativa. Y una persona de muy buen carácter."

Desde que Stieg fue a Nordstedts por primera vez hasta su muerte pasaron 9 meses. "Cuando murió fue un shock tremendo -recuerda-. Y también un caso muy difícil como negocio. ¿Cómo vender un libro póstumo de un autor desconocido?"

El primer libro fue publicado en agosto de 2005. Y los dos siguientes siempre en agosto, de 2006 y de 2007, respectivamente, porque es buen mes para editar libros en Europa según las sagradas reglas del marketing. Eva Gedin no quiere hablar de ganancias, pero el fenómeno Larsson, dice, es único en la literatura sueca.

-¿Cuál es su posición respecto de la herencia y los derechos de Larsson?

-La ley es mala; la relación que tenían Eva Gabrielsson y Stieg era igual a un matrimonio. Pero la ley es clara y yo soy la editora; no puedo quebrarla: sus herederos son el padre y el hermano.

-¿Larsson firmó contrato para las películas?

-No, para los tres libros. Pero desde muy temprano discutió los planes sobre las películas, porque Nordstedts vende derechos de libros, de films y de obras de teatro. De hecho, tuvo una reunión con los productores. De todos modos, sus herederos son el padre y el hermano, y con ellos hemos firmado esos contratos.

-¿Conoce a Eva Gabrielsson?

-Claro. Y traté de integrarla; le he enviado originales. Pero ella se rehusó a mantener trato que no fuera a través de sus abogados. Comprendo su situación, es terrible.

-¿Existe un cuarto libro?

-No sé, nunca lo vi. Pero si existiera, los derechos les pertenecerían al padre y al hermano.

Encuentro en Estocolmo
La cita con el padre de Stieg, Erland Larsson, en el lobby de uno de los más lujosos hoteles de Estocolmo. Erland, de 74 años, llegó esta mañana de Umea, la ciudad a 1200 km al norte de la capital sueca donde vive junto Gun Aberg, la mujer que lo acompaña desde 1993, después de enviudar de la madre de Stieg, Vivian, una activa sindicalista que militaba para la socialdemocracia sueca.

Erland Larsson cuenta que Stieg nació cuando él y Vivian tenían sólo 19 años y, como eran tan jóvenes y les faltaba casa y buen trabajo, el primogénito quedó al cuidado de sus abuelos. "Pero nos veíamos todo lo a menudo que podíamos; varias veces al año", asegura Erland, que fue decorador de vidrieras y dibujante, como Stieg.

Cuando la familia se reunió nuevamente, ya en Umea, dice Erland que a Stieg le resultó muy fácil integrarse y que siempre fue muy buen alumno. "Cuando tenía 14 años le regalamos una máquina de escribir -recuerda-. Pero como hacía mucho ruido porque se quedaba escribiendo hasta bien tarde le rentamos un ático para que nos dejara dormir a nosotros... Tenía 17 cuando conoció a Eva. El padre de ella, Alvar, era alcohólico y la maltrataba. Eva vino a vivir con nosotros; lo descubrimos porque la cuenta de la comida era más grande... Yo traté de ayudar a su padre, que tenía problemas financieros, varias veces..."

El relato de Erland Larsson se hace ininteligible. Y comienza a hablar en sueco con Kurdo Baksi, que acompaña la charla. Quedamos fuera de una conversación que los mantendrá dialogando por unos 5 minutos. ¿Qué dirán? Imposible saberlo.

-¿Le parece justa la situación de Eva Gabrielsson?

-La ley es lo que es. Se puede discutir, pero es así. Todos los años, mi esposa y yo le pedíamos a Stieg que se casara. O que tuviera un hijo. Vamos a ver, si Eva tuviera la herencia, ¿sabe a quién iría cuando ella muriera? A su hermana. Porque Stieg no dejó ni siquiera un testamento. Yo no estoy casado con mi actual mujer: no quiero que cuando muera mi herencia pase a sus nietos. Mi otro hijo, Joakim, también quedó viudo y no está interesado en volver a casarse. Cuando nosotros no estemos, la herencia quedará dentro de la familia, para mis nietos, los hijos de Joakim: Matías y Therese.

Erland dice que él y Stieg se llevaban muy bien, pero que él siempre fue más moderado: "Stieg era demasiado zurdo", comenta, haciendo un gesto de exageración. Los libros que escribió su hijo, confiesa, le han gustado mucho, aunque "tienen demasiado sexo". Y que no hay más películas previstas: las tres que se han filmado.

-¿Ha pensado qué hará con tanto dinero? Porque es millonario...

-Es cierto, pero hay que aprender a serlo; no se crea que es fácil (risas). Dimos algunos millones de euros a Expo, la revista donde trabajaba Stieg; también, a una institución para discapacitados; me compré un auto... (piensa). No necesito ese dinero. Es sólo dinero.

-¿Entonces? ¿Estaría dispuesto a compartirlo con Eva Gabrielsson?

-Sí, y lo hemos dicho. Pero ella dice que no quiere ningún dinero.

-¿Qué quiere Eva?

-Los derechos sobre la obra.

-¿Y se los otorgará?

-No.

-¿Por qué?

-Eva parece tener algún problema mental. Su padre, su madre y su abuelo, todos terminaron en el manicomio. Ella no es una persona capacitada para esa tarea.

Para saber más: http://www.visitsweden.com/sweden/Regions--Cities/Stockholm/Culture/The-Millenium-tour , http://www.stieglarsson.com

fuente:lanacion.com.ar


http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com

3.8.09

El policía rojo


ALEJANDRO GALLO, EL JEFE DE POLICIA DE GIJON: ESCRITOR Y MARXISTA
Por Guillermo Saccomanno
Mi padre se extrañó cuando le dije que quería ingresar en la policía –se acuerda el poli de civil–. Porque mi padre era rojo. Trabajador minero, de izquierda, como mi madre y mis tres hermanos. Pero, comunista como era, lo comprendió. Todos vendemos nuestra fuerza de trabajo.
Domingo a la mañana temprano en Gijón, la segunda ciudad más segura de España. Llovió un poco, las calles desiertas, unos caminantes escasos. Vienen de la noche. O empiezan el día. Con Alejandro Gallo, tomamos un café sentados en la terraza de una peatonal. El motivo de la entrevista: me han dicho que Gallo, jefe de la policía local, se define como marxista. Un policía rojo no puede menos que resultar freak para quien viene del país de la corrupción, la mano dura y el gatillo fácil. Flaco, inquieto, de gestos cortos y secos, fuma un cigarrillo negro tras otro, con un rostro y una expresión de duro. Su voz grave completa la imagen de un personaje noir. Sin embargo a los cuarenta y siete años, siendo un tipo curtido, Gallo no pierde ni el humor ni una disponibilidad absoluta para asimilar las preguntas y responderlas al instante. “Suelo andar desarmado”, dice. “En esta ciudad no me hace falta llevar pistola.”
A orillas del Cantábrico, con sus calles estrechas y silenciosas, un puerto con cientos de amarras y un clima marino amable, Gijón es una ciudad a la vez provinciana y turística. Y esta calma que se respira en sus calles, a uno que viene de una realidad en la que la seguridad es patrimonio de la derecha, le llama la atención. “Si no llevo el arma”, dice Gallo, “es porque no tengo que usarla”.
A Gallo lo conocí en la Semana Negra, el hipermasivo festival literario que organiza Paco Taibo. Una movida que concentra miles de personas y en siete días reúne alrededor de ciento cincuenta escritores de diferentes lenguas, una movida que alcanza a regalar libros, presentar mesas de ofertas increíbles y alcanza a vender casi sesenta mil ejemplares. Politizada, popular, abierta a los géneros, incluyendo la ciencia ficción y la novela histórica pasando por el nuevo periodismo de denuncia, de convocar tanto a Los Lobos como Serrat, preestrenando films como el último Dillinger, la Semana Negra cuenta a Gallo entre sus invitados. En estos días, suele escribir una columna en el periódico A quemarropa, un tabloide que, informando sobre los debates y espectáculos, se imprime y regala al público. Además Gallo es autor de una durísima trilogía de novelas sobre las cuencas mineras. Ha escrito guiones de comics y de cine. Y sus novelas fueron elogiadas por la crítica de los principales diarios de España. “Las novelas de Gallo se sitúan en la estela abierta por Hemingway y que han seguido Marsé y Mendoza”, se dijo de su obra narrativa. Y también: “Como el mejor Semprún, Gallo recupera para la literatura las emociones y el tiempo de vísceras, de combates ideológicos y físicos, de ideas y de sangre, que a veces creemos haber perdido para siempre”.
Con sus carpas, la fritanga de los puestos de comida, el fanatismo por la literatura popular, la proyección de cine negro o de ciencia ficción, con los parlantes que aturden con rock o reggae, la Semana Negra es para Gallo “la Disneylandia de los comunistas”. Si el padre rojo pudo sorprenderse cuando el hijo ingresó a la policía, no menos se sorprende uno cuando se pone a hablar de sus lecturas y el policía escritor, o viceversa, el escritor policía, dice que sus autores predilectos son los que denomina pensadores de la sospecha: Marx, Freud y Nietzsche. Y me cuenta su historia:
–A los diecisiete años no tenía muy clara la vocación –cuenta Gallo–. A esa edad, si algo te atrae, te lanzas sin saber. Y al joven sin vocación que era yo lo sedujo la tradición española de la pluma y la espada. Si quieres, en mi caso, en vez de la espada es la pistola. O la placa. Lo que puede verse como una contradicción, esto de la pluma y la placa, no lo es. Me lo dijo un teniente coronel purgado por Franco. Purgado porque pertenecía a la UMD, la Unión de Militares Democráticos. “Húmedos” se los llamaba. El gran error, me dijo aquel oficial, consiste en creer que el militante de izquierda no debe entrar en el ejército o la policía. No hay que dejarle el campo libre a los fachas. Estas instituciones de derecha pueden cambiar si nosotros también cambiamos de mentalidad. A partir del ‘75, con las afiliaciones de los sindicatos de clase y las comisiones obreras, se creó el SUP, primer sindicato unificado de policías. Que un poli conozca a la clase trabajadora y a sus compañeros es lo menos que corresponde. En este aspecto las sindicalizaciones progresistas de polis fue transgresora.
A los cuarenta y siete años, Gallo tiene licenciatura en tres carreras: Filosofía, Ciencias Políticas y Ciencias de la Educación. Con veintiún años en la fuerza, es en la actualidad profesor de la Escuela de Seguridad Pública del Principado de Asturias. “Fui afortunado. Yo entré en el ‘88 y la Constitución ya estaba. En el ‘86 se renueva la fuerza. Y se produce una purga que aparta los elementos del franquismo. Tuve la suerte de que en destinos distintos encontré alcaldes de izquierda y hubo una sintonía. Por supuesto, nunca me fue fácil al llegar a un nuevo destino. Porque te encuentras de todo.”
Refiriéndose a la seguridad que se respira en Gijón, Gallo cuenta una anécdota: “Hace un tiempo nos mandaron unos policías de Colombia para hacer prácticas. Los distribuíamos de a uno por auto patrulla. Después de recorrer una y otra vez la ciudad, ya de madrugada, preguntaban nerviosos cuándo empezaba la balacera. Les costaba creer que aquí no hay balaceras. Nuestro índice de delitos es de 13 por cada 1000 habitantes. Un robo, un tirón, sí tenemos. Los jóvenes que hoy roban, no delinquen para comer. Si fuera para comer yo los ayudaría. Pero no, violan la ley por hartazgo. Para cargar su teléfono celular roban. Porque viven en una sociedad del hartazgo. Se comete el delito por cuestiones suntuarias y no por necesidad. Así como no tenemos delitos de sangre, tampoco es alto nuestro índice de violencia doméstica. Porque la mujer, a partir de la cuestión del género, denuncia el acoso psíquico o físico apenas se presenta. La policía enseña en los colegios. Damos clases a 35.000 niños. Se los educa desde chicos a ser ciudadanos correctos.
Gallo cita al escritor Lorenzo Silva, que divide a los países en dos clases: hay países donde si te pasa algo llamás a la policía y países donde mejor no se te ocurra hacerlo. Para el policía rojo es impensable la corrupción policial que se ve en series como The Shield:
–Un policía recién salido de la Academia gana 25.000 euros por año y trabaja 1500 horas por año de acuerdo con el convenio de los sindicatos. Puede aplicar la ley sin corromperse. Además, no necesitamos Asuntos Internos. Quien vigila al vigilante es el vigilado. Y para eso están las organizaciones vecinales. Te cuento otra anécdota, cuando estuvieron acá el escritor de novela negra Juan Hernández Luna y el alcalde de Meza, mexicanos los dos, me preguntaron cuál había sido el último homicidio. Y tuve que pensarlo. Gijón es la segunda ciudad más segura de España –dice Gallo–. En una noche como la de ayer, una noche de sábado, miles de personas en la calle, hubo sólo dos situaciones tensas, una gresca entre familiares y una entre dos bandas de jóvenes.
Y es cierto. Este domingo El Comercio, el diario local, prácticamente carece de noticias policiales. La única está debajo de una crónica que describe el entusiasmo de hoteleros y gastronómicos, vecinos de Gijón, con el turismo que genera la movida de la Semana Negra. La noticia es breve y nada espeluznante para un argentino. Informa que anoche, sábado, hubo una reyerta protagonizada por miembros de “Los Ñetas”, una banda juvenil, con otra enemiga. El altercado se inició entre las carpas de la Semana y siguió más tarde en las puertas de la discoteca Go.
–Y no pasó más –dice Gallo–. Porque de haber ocurrido algo más, un vecino habría avisado. En cuyo caso, nuestra capacidad de respuesta es de 30 segundos.
Gallo me lleva a la Jefatura. La modernidad y la pulcritud definen el edificio y su interior. Me invita a una sala donde, desde sus computadoras de última generación, una serie de uniformados controlan, lo más tranquilos, la ciudad desde las pantallas. Acá opera el Centro de Coordinación General de Servicios. En caso de una urgencia, tres cámaras de alta velocidad dispuestas en toda la ciudad permiten enfocar en primer plano tanto un sujeto como una chapa patente. Nada escapa a la visión de este sistema de vigilancia muy Gran Hermano. “No nos ocupamos ni de terroristas ni de narcos”, dice, “pero completamos la ayuda de la policía nacional si se nos pide”. Frente a las computadoras, en una pared de la sala, dos pantallas enormes amplifican por igual el plano de la ciudad como la imagen que puede concentrar la atención si surge un delito. “Cuando Anne Perry, la novelista inglesa de policiales, pasó por aquí y le mostré nuestra tecnología, se asombró. ‘Esto no lo tiene hoy Scotland Yard’, me dijo Perry.”
Anne Perry no es la única firma de literatura negra que Gallo mecha en la conversación. Entre sus escritores admirados se cuentan dos argentinos: Ernesto Mallo, el de Delincuente argentino, y el prolífico y premiado Raúl Argemí, responsable de una considerable y potente narrativa hard boiled desconocida en nuestro país. Gallo es un conocedor de la literatura negra. Más allá de los clásicos de la serie negra norteamericana, a Gallo le importan pocos europeos: Sciacia, Markaris, Izzo y Manchette. Entre los españoles, Vázquez Montalbán, Andreu Martín, que se inspiró en él para crear su detective Alex Del Toro. Y, obviamente, Juan Madrid. “Me gusta Juan por su pulso del asfalto. Porque anda por ahí, yendo a todas partes anotando en su libretita”. Gallo se toma una pausa. No les cree demasiado a la mayoría de los escritores de novela negra. “Hablan de crimen y de armas y en su vida ni olieron ni la sangre ni la pólvora”, dice. Y lo dice con autoridad. Porque en la Semana Negra del año pasado invitó a varios escritores de policiales presuntamente duros a un polígono. “Hammett se habría reído viéndolos. Uno tenía que cuidar no sólo que no se lastimasen sino que no te mataran. Es que la inspiración de estos escritores no es la realidad sino las series y las películas que ven muy cómodos en su piso”, dice. No son muchos los escritores europeos que le gustan a Gallo: “Es que a la mayoría le preocupa más vender que la realidad. La edulcoran y se autocensuran: esto no va a gustar a los de izquierda, esto no a los de derecha. Y así. A diferencia de la literatura latinoamericana, que tiene tripas, los europeos resignan la observación. Lo que consiguen es una novela plana con personajes planos. Y no cuestionan el poder”.
Al terminar la entrevista me regala su última novela, Operación exterminio. Tiene un acápite de Albert Camus: “Fue en España donde los seres humanos aprendieron que es posible tener razón y, aun así, sufrir la derrota”. La novela narra, a partir de hechos reales, uno de los episodios más cruentos de la represión franquista, una infiltración maquinada tras los muros de la prisión de Carabanchel por la inteligencia de la Guardia Civil contra la guerrilla republicana en el otoño de 1946. Empiezo a leerla. La novela tiene una prosa que engancha.
Si lo que yo esperaba al conversar con Gallo era alguna historia en la que pudieran fundirse la violencia y la ficción, nada de eso. “Sí, alguna vez la pasé difícil”, reconoce, pero le resta importancia al contar. “Una vez un loco que tenía la navaja en el cuello de un compañero. Y nosotros estábamos ahí, con el dedo en el gatillo. Pero finalmente el loco entró en razón y pudimos detenerlo. Otra vez, en un cuarto, me pasó de estar con otro compañero, rodeados de escopetas que nos apuntaban. Delincuentes comunes. Hasta que llegaron los refuerzos. Pero no hay nada que deba destacarse. Trabajo simplemente.” Y después de otro silencio vuelve a repetirlo: “Es trabajo lo mío. Y lo que cuenta es que la noche del sábado terminó bien”.
Me falta una pregunta. Se la hago:
–Por la mañana –-me contesta–. Escribo por la mañana. Y cuando es la hora en que me pongo la placa, ya tengo hecho el día. Porque lo de ser escritor es también un trabajo. Como el de policía. De lunes a domingo.
//fuente: pagina12.com.ar http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com

2.8.09

Europa toma las riendas de la novela negra

Estados Unidos, cuna de la novela negra, como crítica social contra el sistema y espejo de los submundos ocultos, ha quedado en un segundo plano ante la efervescencia de este género que se vive hoy en Europa, con nuevos autores que se saltan los límites y han provocado un boom de ventas.
Las cifras están ahí. En España, por ejemplo, las ventas del primer trimestre de 2009 (millón y medio de ejemplares) han duplicado las del mismo período del año anterior.
Anik Lapointe, editora de RBA (sello que convoca el premio con mayor dotación en novela negra) declara: "Hoy es Europa la que marca la norma. Vive en plena efervescencia"; y para quien crea que se trata sólo de una moda, el director editorial de Destino, Emili Rosales, añade: 'Hay para rato'.
"Es el momento y le quedan muchos años por delante", afirma Lucía Luengo, encargada de la colección 'La Trama', de Ediciones B, mientras que Maite Cuadros, directora general de la editorial Maeba (que cuenta con la colección 'Mistery Plus'), corrobora que "hoy lo que se lleva es la novela negra europea".
España: Los mancilladores de la pureza literaria
En lo relativo a España, un optimista Francisco González Ledesma, pionero de la novela negra española, proclama "el nacimiento de una nueva literatura que va a marcar época y puede durar muchos años", debido a la gran cantidad de jóvenes autores que están surgiendo.
La opinión general de los editores y autores consultados por Efe es que el fenómeno llegó un poco más tarde a España, aunque, poco a poco ha ido creciendo y hoy se vive un momento muy favorable, con un mayor interés de público y editoriales.
"Es cuestión de tiempo el que aparezca una nueva generación", apunta Anik Laponte. El problema ha sido que en España la novela negra ha estado siempre estigmatizada como un género menor; algo que se mantuvo incluso en los años 80, cuando los pioneros Manuel Vázquez Montalbán, Francisco González Ledesma, Juan Madrid y algunos más encontraron "su propia voz", alejada del molde forjado por el detective americano.
"En aquellos años, aquí se hacía una mimesis de Proust y Faulkner, considerados 'la Gran Literatura'. Al principio, nos perdonaban la vida, aunque consideraban que estábamos mancillando la pureza de la doncella literaria para convertirla en un género bastardo", cuenta Juan Madrid.
Para el escritor, autor de nueve novelas de este género desde 1980 a 2008, "huir del estereotipo de la novela negra norteamericana ha sido una obsesión" y le cabe el orgullo de que "nadie" ha podido acusarlo de "haberla copiado".
González Ledesma, quien reniega de su condición de precursor, y fue víctima de la censura, explica cómo la novela negra les permitió "analizar la sociedad delante de los ojos del poder, a través de un género que no había existido en España".
Vázquez Montalbán, el más popular del grupo gracias a su serie del detective Carvalho, "dignificó la novela negra y la convirtió un género serio y apreciado", apunta Emili Rosales.
La labor de estos precursores también tuvo una consecuencia negativa: "Pusieron el listón muy alto y se lo dejaron muy difícil a los que vinieron después", explica Ana Esteban.
Y añade: "Ahora sí que hay autores que han podido ofrecer otro modelo frente al fenómeno 'Millenium' -el best seller que ha marcado el boom de la novela negra-. Ellos resuelven un caso de forma más humana".
La nueva cantera de autores españoles han roto los moldes del género, traspasando sus límites. Y una de sus grandes bazas es el uso de un lenguaje vivo y cotidiano; aunque es difícil hablar de un patrón, dado el gran muestrario de temas y estilos.
Son autores jóvenes -algunos menores de 40 años-, consagrados, como Lorenzo Silva, Alicia Giménez Barlet o Andreu Martín; o recién llegados, como Eugenio Fuentes y Alejandro Gallo.
Sus obras se sitúan en ambientes no trillados o utilizan el género para hablar de nuestra historia en mayúsculas; para rebuscar en todo lo que puede ofrecer el género.
'Millenium, crisis, crítica social... razones del boom'
El por qué del boom que vive actualmente la novela negra no se puede limitar a una sola razón, aunque parece unánime atribuir a la irrupción del fenómeno 'Millenium' una de las claves de este espectacular aumento de ventas.
Quince millones de ejemplares de la trilogía vendidos en todo el mundo; dos de ellos sólo en España, donde la última entrega: 'La reina del palacio de las corrientes de aire', editada el pasado 18 de junio, ya ha sacado a la calle 600.000 ejemplares, son palabras mayores.
"Larsson ha sido determinante, pues ha cambiado la percepción de la novela negra y ha roto la barrera con el gran público", apunta Anik Lapointe. Para Maite Cuadros, "el fenómeno de 'Millenium', sin duda, ha auspiciado este boom; pues si un libro funciona reactiva el género".
Editores y autores coinciden en que Larsson ha conectado con el gran público. Sin embargo, algunos, como Juan Madrid, no deja de considerarlo un simple "fenómeno de marketing"; mientras Lorenzo Silva le achaca la inclusión de elementos "irreales".
La opinión general resume en tres las claves de Larsson: Los Personajes: originales; llamativos; bien construidos; y con trasfondo oscuro. Ser un 'Page Turner': un libro de entretenimiento que engancha al espectador por su ritmo acelerado y de fácil lectura. Disección de la sociedad: de los poderes económicos, políticos, y de medios de comunicación...
El hecho de que la novela negra haya nacido en la convulsa Norteamérica de la Gran Depresión de los años 20 y renazca con fuerza en la actualidad, cuando la crisis, el narcotráfico, la corrupción, las grandes mafias y el terrorismo ofrecen una visión del mundo nada tranquilizadora, no parece ser una coincidencia.
"Ahora la gente no busca ficción, aprecia la verdad. Un retrato crudo y una denuncia de las realidades sociales", comenta Emili Rosales.
Lucía Luengo añade que "la novela negra es un espejo social que retrata lo oculto, los mundos subterráneos.. donde el lector puede adentrarse de una forma muy accesible".
El género negro es "la novela social de nuestro tiempo", según Anik Lapointe, a lo que Lorenzo Silva añade: "Habla del único gran tema de la literatura, la indagación del mundo que hay dentro de los seres humanos".
Además, las series de novela negra con un mismo personaje, son una apuesta segura: "Ante la crisis, un lector no quiere arriesgar y elige viajar hacia los mundos ocultos de la mano de un protagonista con el que se siente cómodo. La clave es el personaje, que le asegura el entretenimiento", explica Ana Esteban.
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fuentes:http://elpais.com http://revistaenie.clarin.com
http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com