9.10.09

150 años Conan Doyle


Me sorprende lo desapercibido que pasó el sesquicentenario del nacimiento
de sir Arthur Conan Doyle, creador del inmortal Sherlock Holmes, cuyos métodos deductivos fueron calcados por nadie menos que el Dr. Freud, inventor del sicoanálisis.


Ricardo Bada

Los puristas seguramente se emperrarán en seguir afirmando que el padre de los detectives modernos es el Auguste Dupin de Edgar Allan Poe, y en parte se sentirán apoyados por el propio Conan Doyle, el cual dijo alguna vez que «si cada autor de una historia en algo deudora de Poe, pagase una décima parte de los honorarios que recibe por ella para un monumento al maestro, se podría hacer una pirámide tan alta como la de Keops». Y es cierto que Sherlock Holmes le debe a su colega francés la listeza sin par y la brillantez deductiva, además de una incuestionable superioridad intelectual y mental respecto de la policía común y silvestre. Pero por las razones que sean, Auguste Dupin no es un mito: y Sherlock sí que lo es.
Borges lo dejó dicho de manera indeleble: «No salió de una madre ni supo de mayores. / Idéntico es el caso de Adán y de Quijano». No «lo soñó un irlandés» como quiere Borges más adelante en ese mismo formidable poema de Los conjurados: aunque hijo de madre irlandesa, Conan Doyle era escocés. Pero sí acierta al final, Borges, con unos alejandrinos de desarmante naturalidad: «Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una / de las buenas costumbres que nos quedan. La muerte / y la siesta son otras. También es nuestra suerte / convalecer en un jardín o mirar la luna».
Y como es lógico, esta columna no puede terminar sin una aventura –más o menos inédita– de Sherlock Holmes.
Sherlock Holmes y el Dr. Watson se fueron a pasar unos días de camping. Tras una buena cena y una botella de vino, se desearon buenas noches y se acostaron en sus respectivos sacos. Horas más tarde, Holmes se despertó y sacudió con el codo a su fiel amigo:
– Watson, mire hacia arriba y dígame qué ve.
Watson contestó:
– Veo miles y miles y miles y miles de estrellas...
– Y éso ¿qué le dice? –quiso saber Holmes.
Watson pensó por un minuto y decidió impresionar al detective empleando su propio método deductivo:
– Desde un punto de vista astronómico –dijo–, me dice que existen miles de galaxias y por lo tanto, potencialmente, millones de planetas. Astrológicamente, me dice que Saturno está en conjunción con Leo. Teológicamente, puedo ver que Dios es todopoderoso y que nosotros somos pequeños e insignificantes. Cronológicamente, deduzco que deben de ser alrededor de las 3:15 a.m.. Y meteorólogicamente, intuyo que mañana tendremos un hermoso y soleado día. ¿Y a usted qué le dice, mi querido Holmes?
Tras un corto silencio, Holmes repuso:
– Lo elemental, querido Watson: que cada día es usted más necio. A mí ese cielo estrellado sólo me dice que nos han robado la carpa».

8.10.09

Philip Kerr gana el Premio RBA de Novela Negra

El escritor escocés se hace con el galardón
mejor dotado de su género por la última entrega de la saga 'Berlin Noir
'


El escritor escocés Philip Kerr ha ganado hoy la tercera convocatoria del Premio Internacional de Novela Negra RBA, dotado con 125.000 euros, con "Si los muertos no resucitan", un nuevo título protagonizado por su conocido detective alemán Bernie Gunther, con el que culmina la saga Berlín Noir.
Presentado con el pseudónimo de Nicholas Dark, el jurado del premio, al que concurrían 167 manuscritos, ha destacado del relato su "documentación excepcional, su capacidad de fabulación", llegando a afirmar su portavoz, Lorenzo Silva, que remite a los grandes clásicos del género como el norteaericano Raymond Chandler. Si los muertos no resucitan está ambientada en el Berlín de 1934, justo antes de la organización de los Juegos Olímpicos de 1936, y también transcurre en la Cuba de Batista, 20 años después, con una reflexión de fondo sobre los totalitarismos.
Philip Kerr (Edimburgo, 1956) presenta en esta sexta entrega protagonizada por el duro, cínico, pero también sensible investigador privado Bernie Gunther una Alemania en la que el nazismo está en su pleno apogeo y donde se prepara un boicoteo, nunca ejecutado, en contra de los Juegos Olímpicos. El detective Gunther -que ha sido despedido de la policía berlinesa tras la llegada de la extrema derecha al poder- trabaja ahora en el Hotel Adlon, donde sigue la pista a varios robos y a la muerte de un cliente. Paralelamente se desarrolla una historia de corrupción y crímenes que une a las altas esferas del nazismo con el crimen organizado estadounidense. 20 años después de estos hechos, los protagonistas volverán a encontrarse en la Cuba de Batista, un nuevo escenario de corrupción y homicidios.
"Cada nación tiene su propio holocausto en el armario"
Philip Kerr ha defendido que "cada nación tiene su holocausto en el armario" y ha agregado que España, por ejemplo, "lo tiene en Latinoamérica". "Alemania en el contexto de la Segunda Guerra Mundial fue lo peor, pero en diferentes períodos cada país ha cometido sus crímenes terribles". El autor británico ha señalado que sus obras tienen buena aceptación en el país germano y ha sostenido que "durante mucho tiempo los alemanes estaban impedidos y no podían escribir sobre esa temática".
El premio Internacional de Novela Negra RBA, el mejor dotado del mundo en su género, lo obtuvo en su primera edición Francisco González Ledesma, con Una novela de barrio, mientras que el italiano Andrea Camilleri ganó en 2008 con La muerte de Amalia Sacerdote. El jurado de este año estaba formado por Lorenzo Silva, Soledad Puértolas, Suso de Toro, Antonio Lozano, la editora Anik Lapointe y Paco Camarasa, secretario con voz pero sin voto, encontrándose la novela ganadora en las librerías a finales del próximo mes de octubre

4.10.09

Tras los pasos de Stieg Larsson

Noomi Rapace es Lisbeth Salander


Por Gabriela Navarra Enviada especial gnavarra@lanacion.com.ar

Murió a los 50 años sin ver publicadas sus obras. Ahora es el escritor sueco más exitoso, con 15 millones de ejemplares vendidos de su trilogía Millennium. LNR visitó, en Estocolmo, los escenarios de las obras de Stieg Larsson y descubrió que su legado es una nueva novela: la lucha por los derechos artísticos y por una herencia de unos 70 millones de euros

Los claroscuros de la noche dibujan figuras fantasmales en las esquinas de Södermalm, la isla más grande de Estocolmo, barrio de obreros en la época de oro del capitalismo, ahora lo más "in" de la bohemia artística e intelectual de la capital sueca. Con paso decidido, pero sin apuro, el periodista Mikael Blomkvist recorre los 500 metros que separan la redacción de Millennium -en la céntrica Gotagatän, sobre las oficinas de Greenpeace- de su ático en Bellmansgatan 1, desde donde dispone de una de las mejores vistas del lago Mälaren. Alguien persigue a Mikael Blomkvist, editor en jefe de una revista que investiga los negocios más sucios de la clase dominante y el alto empresariado de Suecia: estafas, asesinatos, manejo de información secreta, tráfico de drogas, prostitución. Alguien muy poderoso persigue a Mikael Blomkvist. Pero él no parece dispuesto a darse por vencido. Y mucho menos, a tener miedo.


Había una vez un periodista sueco llamado Stieg Larsson que decidió darse un gusto siempre pospuesto: escribir novelas policiales. Este periodista -nacido y criado en una ciudad del norte de su país, Skellefteå, donde los inviernos duran una eterna noche de seis meses de oscuridad y frío- agregó horas a su trabajo como editor en jefe en la revista Expo, de reconocida raigambre antifascista y antirracista, y escribió de un tirón -que duró entre dos y tres años- los tres primeros libros de la Trilogía Millennium, que en 2000 páginas relata de un modo a veces no tan fácil de distinguir entre ficción y realidad los aspectos más oscuros del aparentemente perfecto modelo nórdico. Como hilo conductor de la trama, Larsson -un confeso trotskista, rebelde y libertario- elige historias centradas en la subordinación y la violencia (real y simbólica) contra la mujer.

Pero poco después de entregar el último libro de la trilogía sucedió algo que nadie esperaba: el periodista (fumador de dos atados diarios y adicto al café) sufrió un infarto. Y se murió. Era un día lluvioso y gris de noviembre de 2004. El 15 de agosto ha
bía cumplido 50 años.
Sus libros se publicaron igual. Y se convirtieron en un éxito jamás soñado por la historia editorial sueca: 15 millones de ejemplares distribuidos en 41 países (en la Argentina, editado por Planeta, 45.000 en menos de un año y siempre ubicado entre los cinco primeros puestos de los rankings) y tres películas vendidas a 27 países (entre ellos, el nuestro).
Vaya paradoja, al morir, el hombre que defendía a las mujeres dejó a su compañera de toda la vida sin una corona ni derecho alguno sobre su obra y -además- enfrentada a dos hombres: la ley, en Suecia, está basada en el derecho germánico medieval, que privilegia la sangre por encima de todo. Como Eva Gabrielsson y Stieg Larsson nunca se casaron ni tuvieron hijos, cada céntimo de Millennium y todos los derechos artísticos fueron heredados por Erland y Joakim Larsson, padre y hermano del periodista. Eva no tiene siquiera el derecho de reclamar frente a la Corte.
El legado de Stieg Larsson parece una nueva novela: están en juego los derechos sobre su obra y una cifra que nadie quiere precisar pero que podría alcanzar los 70 millones de euros.




Un hombre único
Eva Gabrielsson llega puntualísima a la cita en la plaza de Slussen, la primera estación de metro en Södermalm. No ha sido difícil reconocerla entre la gente: su cabello rubio a los hombros, anteojos, un abrigo liviano y un cigarrillo encendido. Después de los saludos de rigor, explica que de nuestro país conoce algunos buenos vinos y la desaparición de la estudiante sueco-argentina Dagmar Hagelin, de 17 años, en 1977, mientras pronuncia no sin dificultad el nombre y apellido de su captor, Alfredo Astiz.

Caminamos algunas cuadras hasta la terraza de Mosebacke, el exclusivo barrio donde se muda la protagonista de la Trilogía, Lisbeth Salander.

"No, no nací en Estocolmo. Vine aquí en 1977, con Stieg, a estudiar arquitectura. Nos habíamos conocido en 1972, en Umea. Stieg nos reclutó a mí y a mi hermana Asa para un grupo opositor a la Guerra del Vietnam. Teníamos un gran enojo contra la injusticia."

Eva dice que no fue "amor a primera vista" y que el primer beso -apasionadísimo, como siempre sería su relación- vino recién un año después.

-Se fue dando gradualmente -recuerda-. La atracción era muy fuerte; nos parecíamos mucho. Gente muy intelectual, que no aceptaba mentiras, que quería hacer cosas... Finalmente había encontrado a alguien que hacía posible que me diera cuenta de lo que yo quería hacer. Yo supe que ese hombre cambiaría mi vida y él supo lo mismo de mí. Entonces no fue un romance: fue mucho más. A menudo la gente se convierte en una pareja romántica; entonces, funciona por unos años; nada más. Pero nosotros siempre encontrábamos cosas nuevas; nunca nos sentíamos estancados. Teníamos profesiones distintas, y eso hacía muy interesante el intercambio. Yo había pensado en ser periodista, como mi padre, pero luego decidí que no.

-¿Por qué no tuvieron hijos?

-Mis padres se divorciaron cuando era muy pequeña y fue algo horrible. Uno nunca sabe qué pasará en la vida, y yo buscaba fortalecerme en el terreno laboral. Cuando estuve más ubicada, no pude quedar embarazada. Y después la industria de la construcción se vino a pique.

-¿Y por qué nunca se casaron?

-Porque en Suecia todos los registros de datos de los ciudadanos son públicos. Stieg había escrito sobre la extrema derecha desde los años 90 y en Europa estaban muy interesados en saber quién diablos era este periodista. Los grupos de derecha son marginales, pero poderosos. Tienen sus listas de enemigos y atentan contra ellos. La cuenta de la electricidad y del teléfono estaban a mi nombre, y él no estaba casado con nadie. De ese modo no lo perseguirían ni me perseguirían a mí.

-Dicen que si hubiera dejado un testamento usted podría haberlo heredado...

-¿Un testamento? ¡Si no teníamos nada! Sólo nuestro departamento, de 56 metros cuadrados y que después de cuatro años de enfrentamientos con su padre y hermano está a mi nombre.

Eva da una pitada larga a su cigarrillo. "Soy una buena pagadora de impuestos", dice secamente, como para no dejar lugar a ninguna pregunta, y mira los anillos de su anular izquierdo: una alianza de oro común y otra más grande, con un diseño. "Era de Stieg", dice, triste.

-¿Stieg estaba enfermo?

-No que él supiera. O yo. En su familia materna es común morir jóvenes: la madre murió a los 56 años. Había tenido cáncer de mama, pero murió de un derrame cerebral. El día en que Stieg murió había tenido que subir los siete pisos de Expo por escalera; no funcionaba el ascensor. Creo que eso, más el estrés, lo aceleró. Pero no iba a llegar a viejo. Estaba escrito en sus genes.

Un amigo kurdo
Stieg Larsson lo hace aparecer con su nombre y apellido en el tercer libro. La relación que unía a Larsson con el periodista y escritor kurdo Kurdo Baksi, refugiado en Suecia desde su adolescencia (llegó a los 14 y tiene 44), parece ser muy cercana y estrecha, y de eso dará cuenta el libro que Baksi publicará, a principios del próximo año, por el mismo sello que editó a su malogrado amigo. "Se titulará Mi amigo Stieg", dice orgulloso Kurdo en su simpático español, que afirma haber aprendido cuando vivió en Cuba -también asegura haber estado en Buenos Aires, aunque nunca contará ni cuándo ni para qué.

Kurdo y Larsson se conocieron a principios de la década del 90, cuando un delincuente racista, "el Hombre del Láser", asesinaba gente de cabello oscuro por las calles de Estocolmo con una pistola láser. "Como representante de los inmigrantes convoqué a reuniones y hasta a un paro, para expresar nuestra preocupación -recuerda Kurdo-. Stieg fue uno de los que propusieron que también adhirieran todos los suecos, rubios o no... (se ríe)."

En 1995, la bancarrota amenazó a Expo. Entonces Kurdo, que editaba la revista Blanco y Negro, sobre temas de inmigración y minorías, incluyó Expo dentro de su propia revista. Y la salvó del derrumbe, dice.

"Stieg siempre quiso escribir, pero trabajó desde 1978 hasta 1999 en la agencia T y T como dibujante y gráfico, el mismo trabajo que hizo su papá, Erland -recuerda-. No pudo ingresar en la facultad de periodismo porque no tenía las calificaciones y creyó que entrando en una agencia como gráfico tendría la posibilidad de escribir: fueron 23 artículos en 21 años. Los tengo en mi poder. Después pidió el retiro voluntario y desde el año 2000 se concentró en Expo y en sus novelas. Nunca tuvo demasiado dinero: hasta dejó de fumar cigarrillos de marca para comprar tabaco y hacérselos él mismo."

Kurdo dice que a fines de este año va a casarse. "Lo decidí después de ver lo que le pasó a Stieg -asegura-. Toda la vida medié entre la gente, pero nunca me tocó que una parte no quisiera venir a la mesa de discusión -explica-. La mujer de Stieg quiere todo. Es muy difícil. Los periodistas me dicen «ayuda a esa mujer, ayúdala». Pero ¿cómo voy a ayudarla si no quiere hablar?"

Una coescritora
"Kurdo no es malo; tan sólo un oportunista. Necesita dinero y utiliza la historia de Stieg para lograrlo", afirma Eva Gabrielsson. "Puede que, para él, Stieg fuera su mejor amigo, pero no era lo que Stieg sentía por él. Sus verdaderos amigos no salieron a promocionarse."

-Algunos dicen que en la computadora que usted tiene (y que en realidad es propiedad de Expo, la revista donde Stieg trabajaba) está el cuarto libro de la saga...

-No puedo responder. Protección de fuentes.

-¿Pero algo de eso formará parte del libro que usted piensa publicar?

-Tampoco puedo responder. Mi libro está terminado y relata todos estos años sin Stieg.

Otra vez, Eva Gabrielsson se refugia en el ritual del cigarrillo. Después de apagarlo con firmeza, toma la colilla y la guarda en el atado. Curiosa fumadora, preocupada por el medio ambiente. Y vuelve a navegar en sus pensamientos.

-Stieg y yo teníamos planes. Muchos planes. El iba a escribir diez libros. Los primeros tres serían económicamente para nosotros. El cuarto, para Expo; el quinto, para grupos de defensa de mujeres abusadas y maltratadas. Y también queríamos construir nuestro cottage en Sandham (N. de la R: una isla distante hora y media de navegación de Estocolmo, y donde transcurre parte de la historia de Millennium). Ya están los planos, yo misma los diseñé. Una casa totalmente ecológica. No dejo de soñarla...

Eva dice que Stieg tenía una voz melodiosa y firme y ojos color miel, que era bromista y nada tímido: "Caía muy bien a las mujeres, pero nada que ver con su personaje".

Eva agrega que tanto Stieg como ella fueron criados por sus abuelos. "Mis padres se divorciaron cuando yo era muy chica. Los padres de Stieg eran jóvenes y no podían ocuparse de él, aunque enseguida tuvieron otro hijo; entonces, él se fue a vivir con sus abuelos maternos hasta los 9 años -recuerda-. El abuelo Severino era un militante trotskista torturado en un campo de concentración nazi. Cuando murió Severino, Stieg se fue a vivir con su padre, su madre y su hermano, pero no tenía nada en común con ellos. Es muy difícil tratarlos. ¿Qué quiero? La plena posibilidad de manejar el legado literario y un porcentaje de los derechos de su obra. Esto significa evitar que los editores y la familia vendan todo sólo por dinero, que es lo que están haciendo, incluidas las películas, algo que Stieg no quería hacer, al menos no de una manera tan inmediata y no con esta compañía, sino con gente más capacitada y que cuidara realmente el producto. Pero nadie pone freno a esto: los personajes ya se vendieron para continuar la historia."

El departamento que Eva y Stieg ocupaban en la isla de Reimersholmer, a 15 minutos del centro de Estocolmo, es inaccesible para los desconocidos, incluida la prensa. "Estrictas razones de seguridad -vuelve a explicar Eva, mientras acepta la cita en el puente que une la pequeña isla con Södermalm-. Vinimos a vivir aquí porque la isla tiene una sola salida y, ante algún atentado, era posible cerrar ese puente (algo que le habría dado a Larsson la idea para su primera novela).

Buena parte de la historia se desarrolla en Estocolmo, en lugares reales. "Stieg no tuvo tiempo para investigar -dice Eva-. Y usó parte de la investigación que yo estaba haciendo sobre la ciudad. Además, discutíamos siempre los contenidos de sus historias; yo estaba familiarizada con todos sus textos."

Nordstedts, la elegida
Stieg Larsson y Eva Gedin no se conocían hasta que él, aconsejado por un amigo en común, fue a verla con los manuscritos de los dos primeros tomos de Millennium a las elegantes oficinas de la editorial Nordstedts en el centro de Estocolmo.

Gedin, de 46 años, está a cargo del departamento de Ficción de la casa, y confiesa que el negocio editorial le corre por las venas, ya que es sobrina de un editor muy conocido en Suecia e hija de una traductora también muy vinculada al mundo editorial. "La obra de Larsson, desde el inicio, fue algo poco común -explica-. Es muy raro que un escritor novel venga con los manuscritos de dos libros y también es raro que en una semana se decida editarlo, sabiendo que aún faltaba concluir un tercero. Pero así fue con él. De golpe nos encontramos con un autor muy maduro, con buenos argumentos y buena narrativa. Y una persona de muy buen carácter."

Desde que Stieg fue a Nordstedts por primera vez hasta su muerte pasaron 9 meses. "Cuando murió fue un shock tremendo -recuerda-. Y también un caso muy difícil como negocio. ¿Cómo vender un libro póstumo de un autor desconocido?"

El primer libro fue publicado en agosto de 2005. Y los dos siguientes siempre en agosto, de 2006 y de 2007, respectivamente, porque es buen mes para editar libros en Europa según las sagradas reglas del marketing. Eva Gedin no quiere hablar de ganancias, pero el fenómeno Larsson, dice, es único en la literatura sueca.

-¿Cuál es su posición respecto de la herencia y los derechos de Larsson?

-La ley es mala; la relación que tenían Eva Gabrielsson y Stieg era igual a un matrimonio. Pero la ley es clara y yo soy la editora; no puedo quebrarla: sus herederos son el padre y el hermano.

-¿Larsson firmó contrato para las películas?

-No, para los tres libros. Pero desde muy temprano discutió los planes sobre las películas, porque Nordstedts vende derechos de libros, de films y de obras de teatro. De hecho, tuvo una reunión con los productores. De todos modos, sus herederos son el padre y el hermano, y con ellos hemos firmado esos contratos.

-¿Conoce a Eva Gabrielsson?

-Claro. Y traté de integrarla; le he enviado originales. Pero ella se rehusó a mantener trato que no fuera a través de sus abogados. Comprendo su situación, es terrible.

-¿Existe un cuarto libro?

-No sé, nunca lo vi. Pero si existiera, los derechos les pertenecerían al padre y al hermano.

Encuentro en Estocolmo
La cita con el padre de Stieg, Erland Larsson, en el lobby de uno de los más lujosos hoteles de Estocolmo. Erland, de 74 años, llegó esta mañana de Umea, la ciudad a 1200 km al norte de la capital sueca donde vive junto Gun Aberg, la mujer que lo acompaña desde 1993, después de enviudar de la madre de Stieg, Vivian, una activa sindicalista que militaba para la socialdemocracia sueca.

Erland Larsson cuenta que Stieg nació cuando él y Vivian tenían sólo 19 años y, como eran tan jóvenes y les faltaba casa y buen trabajo, el primogénito quedó al cuidado de sus abuelos. "Pero nos veíamos todo lo a menudo que podíamos; varias veces al año", asegura Erland, que fue decorador de vidrieras y dibujante, como Stieg.

Cuando la familia se reunió nuevamente, ya en Umea, dice Erland que a Stieg le resultó muy fácil integrarse y que siempre fue muy buen alumno. "Cuando tenía 14 años le regalamos una máquina de escribir -recuerda-. Pero como hacía mucho ruido porque se quedaba escribiendo hasta bien tarde le rentamos un ático para que nos dejara dormir a nosotros... Tenía 17 cuando conoció a Eva. El padre de ella, Alvar, era alcohólico y la maltrataba. Eva vino a vivir con nosotros; lo descubrimos porque la cuenta de la comida era más grande... Yo traté de ayudar a su padre, que tenía problemas financieros, varias veces..."

El relato de Erland Larsson se hace ininteligible. Y comienza a hablar en sueco con Kurdo Baksi, que acompaña la charla. Quedamos fuera de una conversación que los mantendrá dialogando por unos 5 minutos. ¿Qué dirán? Imposible saberlo.

-¿Le parece justa la situación de Eva Gabrielsson?

-La ley es lo que es. Se puede discutir, pero es así. Todos los años, mi esposa y yo le pedíamos a Stieg que se casara. O que tuviera un hijo. Vamos a ver, si Eva tuviera la herencia, ¿sabe a quién iría cuando ella muriera? A su hermana. Porque Stieg no dejó ni siquiera un testamento. Yo no estoy casado con mi actual mujer: no quiero que cuando muera mi herencia pase a sus nietos. Mi otro hijo, Joakim, también quedó viudo y no está interesado en volver a casarse. Cuando nosotros no estemos, la herencia quedará dentro de la familia, para mis nietos, los hijos de Joakim: Matías y Therese.

Erland dice que él y Stieg se llevaban muy bien, pero que él siempre fue más moderado: "Stieg era demasiado zurdo", comenta, haciendo un gesto de exageración. Los libros que escribió su hijo, confiesa, le han gustado mucho, aunque "tienen demasiado sexo". Y que no hay más películas previstas: las tres que se han filmado.

-¿Ha pensado qué hará con tanto dinero? Porque es millonario...

-Es cierto, pero hay que aprender a serlo; no se crea que es fácil (risas). Dimos algunos millones de euros a Expo, la revista donde trabajaba Stieg; también, a una institución para discapacitados; me compré un auto... (piensa). No necesito ese dinero. Es sólo dinero.

-¿Entonces? ¿Estaría dispuesto a compartirlo con Eva Gabrielsson?

-Sí, y lo hemos dicho. Pero ella dice que no quiere ningún dinero.

-¿Qué quiere Eva?

-Los derechos sobre la obra.

-¿Y se los otorgará?

-No.

-¿Por qué?

-Eva parece tener algún problema mental. Su padre, su madre y su abuelo, todos terminaron en el manicomio. Ella no es una persona capacitada para esa tarea.

Para saber más: http://www.visitsweden.com/sweden/Regions--Cities/Stockholm/Culture/The-Millenium-tour , http://www.stieglarsson.com

fuente:lanacion.com.ar


http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com

27.9.09

'Para Larsson la ideología estaba antes que la literatura'

Kurdo Baksi, mecenas de Stieg Larsson, habla del autor de 'Millenium'
Laura Jurado
Hace doce años que su vida se cruzó con la de Stieg Larsson en Suecia. La revista Expo les unió en una incansable investigación por el mundo oscuro que ocultaban las fachadas blancas de su país. Confiesa que su amigo firmó muchos artículos con su nombre y que él mismo no abrió las páginas de Los hombres que no amaban a las mujeres hasta un año después de la muerte de Larsson. Ahora, engullido por el éxito que el propio autor no pudo disfrutar en vida, el editor y periodista Kurdo Baksi se pasea como su "embajador a este lado del mundo" por los platós literarios para desvelar los entresijos de la trilogía Millenium. Un best seller que ayer logró abrirse un hueco en las Conversaciones de Formentor.
Pregunta.-Larsson no disfrutó del éxito de sus libros por apenas unos meses. Muchas veces ha dicho que no habría cambiado su forma de ser pero que sí se preparó para ser rico y famoso. ¿Millenium era su gran esperanza?
Respuesta.-Sus temas y sus formas no eran bienvenidos en los periódicos de su país y tampoco él era conocido. En los libros encontró un espacio más libre y los utilizó como una continuación de sus artículos.
"El retrato que crea de su país es una antifotografía, la imagen que los suecos no quieren aceptar"
P.-Aunque triunfara pese a Suecia
R.-Si los medios y el gobierno suecos le hubieran dado un mínimo de ayuda yo hoy no estaría aquí, pero nadie lo hizo. Suecia nunca ha luchado tanto contra un hombre como contra Larsson y eso sin planificarlo.
P.-Usted contaba en la entrevista con Emili Manzano que llegó a Suecia por motivos políticos y se encontró con un país abierto y hospitalario. ¿Cuándo descubrió ese otro lado del país que retrató su amigo?
R.-Tardé exactamente siete años y tres meses. Publiqué la revista 'Blanco y negro' y me obligó a ver ese otro lado. El asesinato del primer ministro Olof Palme en 1986 fue el principio del cambio. La violencia aumentó, especialmente contra los niños y las mujeres. Surgieron palabras nuevas como 'pedofilia' o 'antifeminismo' y los vecinos empezaron a tener miedo de sus propios vecinos. Ya no era el país que el resto del mundo imaginaba.
"Era un hombre con muchas ambiciones pero muy pocos recursos y eso le creaba cierta dependencia"
P.-Y mientras el país siguió manteniendo su impecable fachada.
R.-Suecia tenía tres famas: la democracia, el nivel económico y la igualdad de la mujer. Hizo de esto último un símbolo de las libertades cuando realmente no lo practicaban ni en su propio país donde la mujer ganaba un 18% menos que el hombre y no dejaban de crecer los delitos sexuales.
P.-¿Larsson acabó con el icono de la Suecia perfecta?
R.-El retrato que crea de su país es una antifotografía, la imagen que los suecos no quieren aceptar pero sí fuera. Ahora hay mucho enfado por su éxito pero también están los que renegaron de él y ahora cambian su versión de los hechos.
P.-Con los años y los kilos acabó por suavizarse políticamente. ¿Podría haber acabado él también tras esa fachada que retrataba?
R.-Creo que su cabeza seguía siendo trotskista pero quizá evolucionó públicamente para conseguir más ayuda. Era un hombre con muchas ambiciones pero muy pocos recursos y eso le creaba cierta dependencia.
P.-Félix de Azúa hablaba ayer sobre la "inmoralidad" de aprovechar elementos reales para construir la ficción. ¿Larsson quería hacer literatura o denuncia?
R.-Bueno, podría decirse que hay tres tipos de escritores: los que hacen pura literatura, que quieren parecerse a Dostoievski o a Zola; otros escriben por dinero y los terceros son idealistas. Para Larsson la ideología estaba antes que la literatura, por último siempre quedaba el dinero.
P.-¿España tiene alguna particularidad que explique el éxito de la trilogía?
R.-Sí, los libros han funcionado mucho mejor en sociedades más críticas con su sistema, menos conformistas políticamente. Y en el caso de España la rebeldía 'feminista' de Lisbeth Salander también ha servido.
P.-Sin embargo a usted le costó más de un año ponerse con el primer libro.
R.-La verdad es que sí. Mientras Larsson estaba vivo no creí en sus visiones sobre el éxito de sus novelas. El primer libro se publicó justo el día de mi cumpleaños. No dejaba de recibir llamadas y cartas de gente que me lo recomendaba pero entonces para mí pesaba más la pérdida de mi amigo y tuve que pasar una especie de proceso de duelo hasta que fui capaz de leerlos.
P.-¿Cómo habría vivido él el 'milleniumismo'?
R.-A su muerte han seguido dos novelas negras: la del éxito de su trilogía y la del conflicto por su herencia. En lo primero estoy seguro de que nunca imaginó el nivel al que llegarían sus libros y también que no habría dado tantas entrevistas. Le tenía miedo a la vida pública, a los grandes periódicos.
P.-¿Y de lo segundo?
R.-Me duele que una persona que tanto defendió a las mujeres haya dejado a la suya en una situación que ahora le supone tantos problemas. Nunca he visto un conflicto con su familia ni con Eva, su mujer, y creo que su herencia es algo con lo que no contaba en su vida, quizá por eso lo descuidó.
P.-¿Usted que piensa?
R.-Bueno, he trabajado en muchos conflictos y sé que quien quiere interceder es el que peor acaba, por eso yo no quiero posicionarme. Yo sólo quiero ser un embajador de Larsson y dar una imagen más real de él que incluya tanto lo bueno como lo malo.

23.9.09

El policial argentino en el medio del tiroteo estético

Tres autores con sus flamantes policiales opinan y piensan por qué este género clásico en la actualidad se contextualiza casi siempre en el pasado. Mercado y elecciones creativas a la orden del día.

POLICIAL ARGENTINO X 3. Federico Levín, Mariano Hamilton y Juan
Terranova se suman a los testimonios de María Inés Krimer y Osvaldo
Aguirre.

Tres escritores, tres estéticas, tres universos posibles y pocas coincidencias. Federico Levín, Juan Terranova y Mariano Hamilton hablan de sus recientes y próximas obras y opinan, sin querer queriendo sobre el presente de un legado que Borges, Bioy y Rodolfo Walsh tejieron en Argentina. Entre tanto, policial nórdico. Novela negra argentina de aquí a la vuelta, en pasado o presente. A sus 27 años Federico Levín es uno de los pocos que puede exhibir sin faltar a la verdad el mote de "joven escritor argentino". Con su tercera novela, Ceviche, lejos de la tendencia que prima en el policial nacional delimita un barrio preciso, el de Once y escribe desde el aquí y ahora. Juan Terranova provoca en cada intervención pública y esta vez hace lo propio desde Lejos de Berlín, su primera incursión en la novela negra. Así pinta un espía nazi y no obstante querible en la Argentina del primer peronismo y se queja del mercado.Mariano Hamilton lidia desde siempre con el prejuicio de sus pares, escritores o periodistas, porque eligió dos géneros tan apasionantes como infravalorados: las noticias deportivas y la novela policial. A sus 48 años proyecta la saga que continuará su muy reconocida Cercano oeste. Tres formas de seguir pensando el policial nacional.


Juan Terranova: "La policía argentina es una identidad gaucha y surrealista"
Mariano Hamilton: "Me tiene sin cuidado el prejuicio"
Federico Levín: "La criminalidad es la punta del iceberg"
El policial argentino, perdido en el tiempo

Fuente Revista Ñ http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com

19.9.09

El policial argentino,perdido en el tiempo

PASADO QUE ME HICISTE MAL. Aguirre, Terranova, Levín, Gamerro, y Hamilton, entre otros, explican el devenir y la actualidad del policial argentino.


Como lo demuestra una batería de nuevos lanzamientos y reediciones, en los
últimos años, el policial clásico y la novela negra nacional experimentan un
resurgimiento notable. Sin embargo la mayoría de los autores jóvenes o más
maduros decide contextualizarlas en épocas pasadas. Los responsables, sin
vueltas, explican su parecer. Hoy, el testimonio de
Osvaldo
Aguirre
y María Inés Krimer.

¿Por qué una generación de narradores, que –a diferencia de las anteriores- vivió la mayor parte de su vida una Argentina democrática, decide situar sus novelas en contextos represivos del pasado? ¿Y por qué otra generación de narradores, que bien podrían ser los padres (biológicos o literarios) de los anteriores, insiste en recrear sus universos ficticios en una época a la que nadie quiere regresar? Podría suponerse que existen tantos narradores como respuestas y estéticas posibles.
Sin embargo, la mayoría coincide en subrayar la dificultad de hacer apetecible un presente en la que ya no existen códigos, principios ni lógicas posibles. "Borges decía en su apología del cuento policial, que éste está salvando el orden en una época de desorden". Pero a partir de la dictadura ya no hay ninguna idea de orden que pueda asociarse a la policía: salvo la de un orden criminal y delictivo. La única manera de hacer una policial que respete las reglas del género es situarla en el pasado o en el extranjero o en mundos de pura ficción", explica Carlos Gamerro, un cultor del género y acaso el primero que denunció la suerte de crisis de un espacio literario no siempre del todo valorado.
Para Gamerro, la novela negra argentina no está muerta. "Está viva, pero en el pasado", advierte. Y acaso tenga razón cuando sugiere que suponer un sistema distinto al de la corrupción policial e imaginar un agente del orden que no esté en connivencia con el poder político y/o criminal sea atentar directamente contra la verosimilitud, un requisito indispensable, como advertía Barthes, para cualquier género y relato, aunque sea fantástico.
Pero el salto hacia atrás que repiten los más experimentados Juan Sasturain y Guillermo Saccomanno, quienes ficcionalizan los 70 u Osvaldo Aguirre más atrás con la década de 1930, la fuga del policial argentino también se da en el espacio. Así, José Pablo Feinmann quien sí narró casi en directo el clima opresivo de los primeros 80´, inventó a Joe Carter, que tiene más que ver con Jack Bauer –el psicópata protagonista de la serie televisiva 24- que con cualquier héroe local.
La flamante ganadora del Premio Emecé, María Inés Krimer, que llegó "tarde" a la literatura "profesional", decide -igual que Juan Terranova, un exponente de la literatura joven que apareció desde la última crisis- situar sus relatos más atrás en el tiempo. "Las bandas mixtas de policías y ladrones, los presos que muchas veces son obligados a salir a robar no son una excepción sino un modo de funcionamiento. Para no hablar de la simbiosis entre política y delito. En ese contexto, ¿cómo encontrar al detective que, al decir de Chandler, debe ser un hombre de honor, un hombre común y al mismo tipo extraordinario?", se pregunta la autora de Lo que nosotras sabemos, que además prepara una inminente entrega de Negro Absoluto. Para el provocador Terranova, que con Lejos de Berlín, pinta a un espía nazi y simpático en la Argentina del primer peronismo, el salto hacia el pasado se debe en gran medida a la construcción forzada de los editores, más preocupados por vender un producto estereotipado que una buena novela. "Los editores quieren vender en Europa el detective telúrico que usa bota de potro y descifra los enigmas de la argentinidad, llámese semana trágica, peronismo o Belgrano lavando sus calzas blancas", larga el autor de El pornógrafo y Mi nombre es Rufus.
Más sorpresivo y elocuente es la opinión de Alejandro Marinelli, periodista de policiales en Clarín y hacedor de la inminente saga que continuará el disparo inicial del prometedor Cercano Oeste, de Mariano Hamilton. Este segundo padre del detective Roque Centurión sostiene, que el pasado, aún los pesados y cargados de plomo años 70, eran más "románticos", que el sistema corrupto de ahora. "Si tuvieses que escribir sobre la situación actual sin dejar de ser realista, los personajes serían siempre narcos o paqueros", dice. "¿Cuánto tiempo podés leer las notas que yo escribo? Un rato, como mucho, sino, tenés pesadillas, se vuelve insoportable", reconoce Marinelli, dejando entrever cuáles son sus acaso sus peores sueños.
Y no obstante, quizá quepa convenir, a pesar del dolor de quien escriba, que cuanto más perturbador, más válido, justificado y bienvenido se vuelve un texto, policial o cualquiera. Acaso la novela negra contemporánea decidida a retratar la violencia incoherente pero lógica se camufle en el futuro de la crónica; género viejo, marginal, de culto y –quién sabe- del futuro.

fuente:Revista Ñ http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com

11.9.09

La trilogía Millenium. Un misterio para leer

Naomi Rapace, personifica a Lisbeth Salander


Por Sandra Duque Cely
Ante la tumba de Larsson se ha formado una cruenta disputa entre dos bandos: los acérrimos fans de Millenium y algunos puristas de la literatura, quienes le adjudican a un misterio paranormal el impresionante éxito de ventas de la trilogía compuesta por Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire.
Éste, como todos los grandes enigmas, es engañosamente sencillo: la trilogía de Larsson marcó el inicio de un nuevo capítulo en la historiografía de la novela negra, esa que Paco Ignacio Taibo II definió como aquella que "investiga algo más que quién mató o cometió el delito e investiga a la sociedad en la que los hechos se producen. Empieza contando un crimen, y termina contando cómo es esa sociedad".
De la misma forma en que Quentin Tarantino crea en Kill Bill el personaje de La novia, interpretado por Uma Thurman, para poner en la palestra el prototipo de una anti heroína nunca antes vista en las películas de acción; Larsson recrea el personaje más anti heróico y entrañable de la novela negra: Lisbeth Salander. Una investigadora dueña de una moral muy particular, hacker superdotada, completamente fuera de las convenciones sociales, capaz de asumir su conducta sexual y de decidir sobre su vida sin lloriqueos ni dependencias, que a fin de cuentas, resume en sí misma esa condición disfuncional que caracteriza nuestra época.
La elaboración de la ficción en Millenium se sustenta en el manejo de su estructura: tres novelas sumamente ágiles cuyo hilo contuctor son los incidentes protagonizados por Lisbeth Salander y Mikael Blomvkist, donde la principal ventaja para el lector es que pueden ser leídas independientemente y alterando su orden de aparición sin perderse de la trama.
Cada una inicia con un texto preliminar, en apariencia desligado del resto de la historia, que en realidad dará el contexto del relato: en la primera, el descubrimiento del asesino se hará a partir de la interpretación de pasajes bíblicos; la segunda historia se desarrollará en torno al teorema de Fermat, que estuvo sacando de quicio a los matemáticos durante cuatroscientos años y, finalmente, la última novela de la trilogía tendrá como motivo la participación histórica de las mujeres en diversas contiendas bélicas.
Si Conan Doyle legó a la literatura el investigador más profundamente analítico de la historia, Larsson se apuntó no menos con el método Salander, cifrado en las posibilidades de intrusión en los actuales sistemas informativos.
No puede negarse que Larsson y su trilogía Millenium han generado una suerte de excitación colectiva, capaz de contagiarse con la misma velocidad del aH1N1, pero tampoco que nadie va a devorar más de 2.000 páginas por simple presión mediática.
Leer a Larsson es identificarnos con una porción de nuestro mundo y, tal como diría el brillante Luis Bardamu: "Si algún sentido tiene escribir algo, escribir cualquier cosa, es el de rastrear por afinidades y encuentros, en un mundo pleno de desencuentros. Un encuentro, por pequeño que sea, será siempre una alegría".
fuente: eltiempo.com