21.7.09

Larsson y el retorno de las amazonas

Noomi Rapace, la actriz que personifica a Lisbeth Salander
¿Por qué Stieg Larsson ha conseguido hacer la novela de la década? ¿Por qué ha logrado que nos quedemos sin dormir y no podamos dejar de leer su último libro hasta terminar exhaustos? ¿Por qué Millennium ha traspasado los límites de la literatura y es ya un fenómeno social?

Diego López Garrido*
Seguramente por un conjunto de razones. Pero sobre todo por una: ha situado en el centro de su propuesta a la mujer amazona. Y lo ha hecho justo en el complejo momentum que vivimos en Europa.
La mujer se ha apoderado de este nuestro particular momentum, hecho de crisis y de confusión, como se ha apoderado de la asombrosa obra de Larsson. Las amazonas de Millennium aparecen en la novela tan sólidamente como ya lo están en el corazón de los dos grandes papeles que desarrolla la mujer de hoy: líder emergente de nuestras sociedades y, a la vez, víctima cotidiana del delito más repugnante que cabe en las cabezas y en las almas.
Los personajes fuertes, imparables y fascinantemente tiernos de la novela son mujeres. No sólo la perturbadora Lisbeth Salander. También las policías (pública y privada) Figuerola y Modig. Y la editora Erika Benger, a la que reserva un diálogo demoledor con un miserable. Y la inteligente abogada Giannini, que destroza literalmente al villano psiquiatra.
Cada vez que esas mujeres irrumpen, se hace el vacío y sólo tenemos ojos para ellas. Cómo son, cómo avasallan, cómo nos desbordan.
Y frente a ellas, los hombres que odian a las mujeres. Los que perpetran el cotidiano pecado que más degrada a la Humanidad. El crimen más intolerable y más tolerado a la vez. La violencia física, psíquica y política contra la mujer, masivamente extendida desde siempre.
No se puede hacer una denuncia más abrasadora que la que hace Larsson. Su técnica, sencillamente, arrasa. Millennium es la fusión de la novela negra clásica con el ritmo del arte del siglo XX: el cine, y con el lenguaje del siglo XXI: Internet. El autor administra el misterio de forma mágica y nos tiene prisioneros, inermes, ante lo que nos quiere decir. Lo que Larsson nos dice es que las amazonas han vuelto, para quedarse. Que se han puesto a marcar el rumbo de los acontecimientos y que eso es irreversible, porque tales mujeres tienen menos de cuarenta años.
También nos dice que los que no aman a las mujeres, las matan, las violan, las maltratan o las desprecian, no son solamente asesinos, violadores o maltratadores. Son los más necios. Los que no han entendido nada de la vida. Y por eso no merecen compasión, ni comprensión, ni perdón. Y hay que derrotarlos y destruirlos de forma implacable.
Seguramente el objetivo de la novela -si es que puede hablarse así- es imposible de obtener sin apelar a una sociópata como Salander. Sus decisiones irrefrenables, secas, subversivas, sirven para iluminar el horror contra el que se rebela. El núcleo duro de la novela es, por eso, su capacidad de atravesar nuestras entrañas y atraparnos, no con la conducta ácida de Lisbeth Salander, sino con la trágica pulsión y decisión machista, escondida, casi invulnerable, del lado oscuro.
El trepidante relato de Larsson acabó quizá con su propia existencia. Paradójicamente. Porque esta novela es tan explosiva y vitalista que ha dejado de ser sueca para adquirir la nacionalidad europea. Espero que sirva para conmover y también para corroer los sucios cimientos de la perversión. -
*Diego López Garrido (Madrid, 1947) es secretario de Estado para la Unión Europea.
fuente elpais.com http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com

11.7.09

Autores iberoamericanos defienden la vigencia de la literatura de género

Pensar el género, que hay que "mestizar"

Autores españoles y latinoamericanos defendieron hoy en Madrid la vigencia de la literatura de género, como la novela policíaca o la histórica, aunque abogaron por llevar estos géneros hasta el límite y "mestizarlos".

El colombiano William Ospina, el peruano Alonso Cueto y el hispano-mexicano Paco Ignacio Taibo II fueron algunos de los escritores que tomaron parte en el debate celebrado en la Casa de América de Madrid, que sirvió de antesala a la Semana Negra de Gijón (norte de España) que arranca este viernes y en la que participarán todos ellos.

La literatura de género "goza de una inmensa salud" y "está viviendo su mejor momento", afirmó Taibo, director de la Semana Negra, cuya vigésimo-segunda edición se desarrollará hasta el próximo 19 de julio.

En el mismo sentido se pronunció el escritor español Fernando Marías, para quien el mercado editorial tal y como se conoce en la actualidad "va a desaparecer", mientras que la literatura de género "va a permanecer" y será la que sustente "la nueva forma de narrar" y el nuevo mercado editorial.

El peruano Alonso Cueto, por su parte, destacó que las mejores novelas negras que ha leído "también son novelas de amor" y "también novelas de ideas".

"En toda gran novela, hay más de un género que coexisten", añadió el autor, que resaltó que "El Quijote" fue una novela de aventuras y acción, pero también de amor y de reflexión.

El colombiano William Ospina defendió que los narradores, al igual que a los poetas, no siguen unas pautas a la hora de escribir, sino que lo más deseable es que el proceso de escritura "sorprenda en primer lugar" al escritor.

"Creo que es bueno a veces armar unos esquemas y proponerse una serie de tareas. Pero si uno logra sólo lo que se proponía, ha fracasado. Yo creo que uno sólo acierta si va más allá de lo que se proponía, si el proceso le revela cosas nuevas, si algo surge inesperado por el camino. Y es a eso lo que le llamamos la creación", consideró.

"Me gusta escribir y no me propongo tanto responder a un género, cuanto resolver una necesidad imperiosa de contar cosas y tratar de hacerlo de la manera más agradable para mí y ojalá también para el lector", explicó.

Por su parte, el argentino Raúl Argemí destacó la obligación de "trasgredir todas las fronteras" y el mexicano Jorge Belarmino Fernández Tomás abogó por llevar los géneros "al límite".

Taibo II destacó el "boom" que ha tenido en España la novela histórica, pero consideró que en América Latina ha alcanzado una dimensión "mucho mayor" al suponer "un fenómeno de revisión de la historia desde la novela histórica".

Para Ospina, finalista al Premio Espartaco a la mejor novela histórica de 2008 que se concede en la Semana Negra de Gijón por "El país de la canela", lo que ocurre en América Latina y en España es que los escritores están tratando de interrogar la historia desde la literatura para ver qué revelaciones da, sin tratar de ajustarse a "unos esquemas rígidos" ni a "unos estereotipos preestablecidos".


Autores españoles y latinoamericanos defendieron hoy en Madrid la vigencia de la literatura de género, como la novela policíaca o la histórica, aunque abogaron por llevar estos géneros hasta el límite y "mestizarlos".

El colombiano William Ospina, el peruano Alonso Cueto y el hispano-mexicano Paco Ignacio Taibo II fueron algunos de los escritores que tomaron parte en el debate celebrado en la Casa de América de Madrid, que sirvió de antesala a la Semana Negra de Gijón (norte de España) que arranca este viernes y en la que participarán todos ellos.

La literatura de género "goza de una inmensa salud" y "está viviendo su mejor momento", afirmó Taibo, director de la Semana Negra, cuya vigésimo-segunda edición se desarrollará hasta el próximo 19 de julio.

En el mismo sentido se pronunció el escritor español Fernando Marías, para quien el mercado editorial tal y como se conoce en la actualidad "va a desaparecer", mientras que la literatura de género "va a permanecer" y será la que sustente "la nueva forma de narrar" y el nuevo mercado editorial.

El peruano Alonso Cueto, por su parte, destacó que las mejores novelas negras que ha leído "también son novelas de amor" y "también novelas de ideas".

"En toda gran novela, hay más de un género que coexisten", añadió el autor, que resaltó que "El Quijote" fue una novela de aventuras y acción, pero también de amor y de reflexión.

El colombiano William Ospina defendió que los narradores, al igual que a los poetas, no siguen unas pautas a la hora de escribir, sino que lo más deseable es que el proceso de escritura "sorprenda en primer lugar" al escritor.

"Creo que es bueno a veces armar unos esquemas y proponerse una serie de tareas. Pero si uno logra sólo lo que se proponía, ha fracasado. Yo creo que uno sólo acierta si va más allá de lo que se proponía, si el proceso le revela cosas nuevas, si algo surge inesperado por el camino. Y es a eso lo que le llamamos la creación", consideró.

"Me gusta escribir y no me propongo tanto responder a un género, cuanto resolver una necesidad imperiosa de contar cosas y tratar de hacerlo de la manera más agradable para mí y ojalá también para el lector", explicó.

Por su parte, el argentino Raúl Argemí destacó la obligación de "trasgredir todas las fronteras" y el mexicano Jorge Belarmino Fernández Tomás abogó por llevar los géneros "al límite".

Taibo II destacó el "boom" que ha tenido en España la novela histórica, pero consideró que en América Latina ha alcanzado una dimensión "mucho mayor" al suponer "un fenómeno de revisión de la historia desde la novela histórica".

Para Ospina, finalista al Premio Espartaco a la mejor novela histórica de 2008 que se concede en la Semana Negra de Gijón por "El país de la canela", lo que ocurre en América Latina y en España es que los escritores están tratando de interrogar la historia desde la literatura para ver qué revelaciones da, sin tratar de ajustarse a "unos esquemas rígidos" ni a "unos estereotipos preestablecidos".


fuente:http://adn.es http://tcuento-minovelanegra.blogspot.com



5.7.09

Perturbadora y adictiva Highsmith

Patricia Highsmith

La autora de las novelas del amoral y seductor Tom Ripley fue una de esas personas que nunca se puso de acuerdo con la vida

CARLOS BOYERO

En 1952 apareció una novela titulada inquietantemente El precio de la sal que contaba una problemática historia de amor entre dos mujeres con insólito final feliz. La autora, por precaución o por miedo, se refugiaba en el seudónimo de Claire Morgan. Treinta y tantos años después ese texto se reimprimía con el título de Carol y la celebérrima Patricia Highsmith declaraba que lo había escrito ella. En el epílogo explicaba las comprensibles razones del anonimato inicial. Finalizaba con estas palabras: "Me alegra pensar que este libro le dio a miles de personas solitarias y asustadas algo en que apoyarse".
Intuyes que estaba pensando en lesbianas al hablar de soledad y de miedo. Es probable que esa condición sexual en una época represiva se identificara emocionalmente y encontrara su refugio en Carol. Pero esa escritora excepcional, esa inigualable creadora de atmósferas y de pesadillas, puede ampliar a millones de lectores de cualquier edad y condición los efectos hipnóticos, las noches en blanco devorando páginas, el desasosiego, la intriga, el pavor, la humanidad, la compasión y la impagable compañía que nos ha regalado su obra. Y ésta es afortunadamente muy prolija, ajena a las modas, demostrativa de que esta señora sabía infinitas cosas sobre los volcanes que habitan en el cerebro y en el corazón de las personas, sobre lo imprevisible y malvado que puede ser el destino, sobre la supervivencia a precio alto.

El cuelgue con esa prosa adictiva me ocurrió hace mucho tiempo, antes de que la bendita Anagrama comenzara a publicar la obra completa de la buceadora de tinieblas y se convirtiera en un gozoso y continuo bestseller. Un amigo me regaló un tomo de la editorial Carroggio habitado por Extraños en un tren y las dos aventuras iniciales del ambiguo, turbio, expeditivo, amoral y seductor Tom Ripley. Viendo la excelente película de Hitchcock sobre el perturbador intercambio de asesinatos familiares que le propone un obsesivo psicópata a su desconocido compañero de viaje, intuías que el material literario tenía que ser potente. También te entraban ganas de saber más cosas sobre los mecanismos mentales de ese tortuoso señor que mata al amigo de conveniencias y suplanta su personalidad, que interpretaba Alain Delon en A pleno sol. Probar la droga que representa el universo de Patricia Highsmith te condena felizmente a seguir consumiéndola eternamente, a descubrir y releer con idéntico placer sus adrenalínicas novelas y sus siempre inquietantes relatos. Poco después me encontré en la añorada colección de novela negra de la editorial Noguer con la terrible El grito de la lechuza, crónica de la tela de araña que envuelve a un hombre desolado e insomne debido a su separación matrimonial y que intenta consolarse ejerciendo de inofensivo voyeur de la aparente felicidad ajena. Recuerdo el impacto de esas lecturas con sensaciones parecidas al inolvidable descubrimiento del magistral William Irish (especialista en arranques y planteamientos aterradores, aunque a veces se le olvide dar coherencia a los desenlaces) y del siempre trágico y conmovedor David Goodis.

Me contaba este amigo que al despedirse de ella no pudo evitar imaginarse lo que podría haber oculto bajo la tierra del jardín

El rostro de dama tan penetrante y sabia que muestran las fotografías que aparecen en sus libros no es precisamente hermoso ni plácido, revela tormentos interiores y misterio, la expresión de los que nunca se han puesto de acuerdo con la vida. El amigo que me inició en su escritura, mitómano con causa, se propuso conocer y entrevistar a esta señora que nunca prodigaba sus apariciones públicas ni sus opiniones. Lo consiguió. Me contó que vivía en una casa en el campo, que intentaba ser amable, pero que su expresividad oral era mínima, que como los solitarios que mantienen un contacto mínimo con el mundo exterior le costaba un esfuerzo enorme responder con algo que no fueran monosílabos. Me contaba que al despedirse de ella no pudo evitar imaginarse lo que podría haber oculto bajo la tierra del jardín. Estaba pensando en Ripley y en su letal facilidad para mandar al otro barrio y no dejar huellas de la sepultura a cualquier enemigo que pretenda acorralarle, que amenace la laboriosa estabilidad económica, social y sentimental que ha alcanzado su turbulenta existencia. Sin sentido de culpa, con violencia seca, con eficiencia, con feroz pragmatismo.

Las cinco novelas que componen la saga del ambiguo y siempre peligroso Tom Ripley chorrean tensión e incertidumbre, pero te permiten dormir bien. Ese antihéroe, ese profesional de la impostura, posee una determinación y un extraño encanto que te ponen de su parte, en el fondo sabes que va a sobrevivir aunque todo se le ponga muy chungo. El auténtico agobio, el permanente clima de sospecha que se va transformando progresivamente en el infierno, la angustia, el desamparo, el vértigo y el miedo, están inmejorablemente descritos en El temblor de la falsificación, El juego del escondite, Rescate por un perro, La celda de cristal, El diario de Edith, Ese dulce mal. Son mis favoritas en el recuerdo, pero seguro que se intercambian con otras si vuelvo a revisitar por completo el planeta Highsmith.

Esa literatura que habla implacablemente de los alterados estados de ánimo, de los fantasmas que se instalan dolorosamente en el cerebro, de cómo el horror siempre anda rondando a la cotidianeidad también es poderosamente narrativa. Siempre ocurren cosas y la mayoría perversas. El estilo de Highsmith no está excesivamente preocupado por las frases memorables y sí por la construcción de la trama, por el tono opresivo, por transmitirnos y contagiarnos el desasosiego y el tormento de gente acosada. Y lo consigue. Es droga profunda y dura, nada que ver con el diseño.



Tom Ripley. Patricia Highsmith. Traducción de Jordi Beltrán. Anagrama. 1.280 páginas. 24 euros.


fuente:http://elpais.com/babelia
http://delcastilloencantado.blogspot.com








31.5.09

LOBO GRIS






Las milicias paramilitares irrumpieron en Wild Creek, pero no contaban con la vieja leyenda india sobre lobos, ni con el hombre de la CIA.

Una combinación explosiva de thriller político, espionaje y ecología.

Un canto a los lobos y la naturaleza salvaje de las Montañas Rocosas, con raíces en las leyendas indias nativas americanas.

Una historia de amor apasionado y alto voltaje erótico en medio del enfrentamiento entre rancheros y ecologistas.

Unos documentos vitales que desvelan un secreto de la CIA.

Retrata con gran riqueza de matices las personalidades de los agentes de la CIA y el mundo de los lobos. Una novela tremendamente gratificante.
El País


Un hombre en busca de justicia. Una mujer en busca del amor y el conocimiento de los lobos.

Una maravillosa historia de amor a la naturaleza y de lealtad a los ideales en circunstancias adversas.

Un thriller fascinante, culto y muy bien documentado. Un argumento audaz, cautivador, y entretenido. El autor conjuga hábilmente inteligencia y suspense. Un vívido retrato de la vida en las montañas Rocosas y un ingenioso uso de las claves de las novela de espías.
ANTENA 3



Jason Rovin se refugia en el hogar de su infancia, un rancho en Montana, alejándose de Langley y su vida en la CIA durante los últimos diez años, tras huir con un maletín lleno de documentos clasificados como alto secreto.
Mientras se dirige a Wild Creek, conoce accidentalmente a Catherine Rush, una bióloga que estudia a los lobos de la zona. Los dos inician una buena amistad y colaboran para averiguar el extraño comportamiento de éstos.
Entretanto, empiezan a aparecer misteriosas amenazas de muerte contra la bióloga y el sheriff de la localidad. Jason y Catherine descubren, durante una de sus incursiones en las montañas, la presencia de un campamento de milicias paramilitares, liderado por un terrorista neonazi internacional.
Al tiempo que la presencia de una creciente manada de lobos alarma a todos los rancheros de la zona, los siniestros planes de un banquero local, apuntan hacia una compleja e inquietante trama que llevará las vidas de todos al límite y pondrá a Wild Creek como foco de atención de toda la prensa.
Los documentos secretos que guarda Jason Rovin, se convertirán en claves para la intervención de la CIA y el FBI en el asunto.

James Nava narra con pericia una historia que resulta absorbente, extraordinariamente bien ambientada en el Oeste americano, con un estudio psicológico de los personajes muy notable y una intriga emocionantísima. Es una novela inteligente, excitante y entretenida. El autor usa sus enormes conocimientos para contarnos el universo de los lobos y la historia de un agente de la CIA.
Página 2 – TVE

Con un argumento que combina acción, aventuras, intriga, y sentimientos de una forma amena y electrizante, diálogos llenos de humor y una narración absorbente, Lobo Gris refleja valores como la amistad, la lealtad, el valor, la libertad, y el amor, a través de unos personajes que ponen de manifiesto lo maravilloso y lo miserable que encierran los seres humanos, y nos transporta a un mundo casi perdido en las montañas Rocosas de Montana.

Una historia mágica sobre lobos, alta política y espionaje, que se mezclan en una novela emocionante de la primera a la última página, con capítulos perfectamente conseguidos que arrancarán emociones encontradas.

El autor nos conduce al mundo de los ranchos en el Oeste americano, con un misterio de fondo que va in crescendo, y la presencia inquietante de unas milicias paramilitares.

Todo un homenaje al mundo del Western americano y sus valores tradicionales, así como un testimonio realista de los entresijos de los Servicios de Inteligencia y el alcance de sus operaciones clandestinas.

Una historia muy visual, en la que podremos descubrir tanto las viejas leyendas indias como la vida interior de un agente de la CIA. Una novela bien escrita, con un ritmo que acelera a medida que pasan las páginas y los personajes se van asomando, con una atmósfera bien recreada, donde transcurre la acción, y con guiños evidentes a la música country.
Novela muy recomendable para los aficionados al thriller político, de espionaje, las historias románticas, y las aventuras ecológicas.


“Lobo Gris”, James Nava
Editorial El Tercer Nombre.
560 páginas.
P.V.P. 22 euros.


www.jamesnava.com
www.eltercernombre.com

Maestros de la España negra

ENTREVISTA: ESPECIAL FERIA DEL LIBRO DE MADRID - Conversación





Francisco González Ledesma y Alicia Giménez Bartlett conversan sobre su obra y dan claves de los derroteros de la actual novela policiaca y sus nuevos autores.


Francisco, Paco, González Ledesma (Barcelona, 1927) y Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951) se conocen desde hace mucho tiempo y ambos leen con fruición los libros del otro. No hay que morir dos veces, de González Ledesma, es el número diez de su serie dedicada al inspector Ricardo Méndez. El silencio de los claustros, de Giménez Bartlett, es la octava protagonizada por la inspectora Petra Delicado. Las dos son novelas potentes. En No hay que morir dos veces, cuatro historias tremendas -una novia mata a su novio el día de la boda, una niña Down es explotada sexualmente, un hombre que acaba de salir de la cárcel es contratado como sicario y un empresario acosador de empleadas- convergen en un atentado en el puerto de Barcelona. En El silencio de los claustros, la inspectora se enfrenta a un caso complejo: un fraile de Poblet es asesinado en un convento de monjas de Barcelona y, por si fuera poco, desaparece una momia medieval, cuyas extremidades aparecen en lugares donde había iglesias o conventos quemados durante la Semana Trágica de 2009.
Ambos escritores han elegido el género negro para contar su tiempo y su ciudad. Los dos están convencidos de que triunfan más en el extranjero que en España. González Ledesma ha ganado, entre otros muchos premios, el Mystère y frecuenta la Série Noire de Gallimard. Bartlett ha obtenido el Raymond Chandler. Sus libros se venden como rosquillas en Italia y tanto es así que su nueva novela se ha publicado simultáneamente en castellano, catalán e italiano. Los dos son amigos y colegas, discrepan a menudo y disfrutan de ello.

ALICIA GIMÉNEZ BARTLETT. Paco, ¿Qué opinas de Petra Delicado?

FRANCISCO GONZÁLEZ LEDESMA. Es una mujer y eso ya me merece un interés subterráneo. Es interesante, complicada...

A. G. B. Eso de interés subterráneo a mí me da un poco que pensar.

F. G. L. Es una mujer que ha tenido tres matrimonios, lo que me hace suponer que tiene un pasado sentimental tortuoso y rico. La imagino bastante sexy. No deja de ser una funcionaria y a mí los funcionarios me joroban un poco. No tengo sueños secretos con Petra, pero es una mujer a la que sí me gustaría conocer.

A. G. B. Me encanta lo que dices. ¡Eres el maestro!

F. G. L. De acuerdo, pero a ti ¿qué te parece Méndez?

A. G. B. Le veo como una ilustración buenísima de lo que es un tiempo y una ciudad. Yo llevo 30 años en Barcelona y he aprendido muchísimo de esta ciudad gracias a Méndez. La conoce palmo a palmo.

F. G. L. La ciudad que era.

A. G. B. La que era y la que es. Por comparación y por contraste. Méndez es un superviviente, un hombre generacional, y eso ilustra la actualidad de una manera asombrosa.

PREGUNTA. Señora Giménez Bartlett, ¿cómo valora la obra de González Ledesma?, y señor González Ledesma, ¿qué opina de las novelas de Petra Delicado?

A. G. B. Aprecio toda su obra y lo que más me llama la atención es el sentido testimonio de una Barcelona y un tiempo. Me gusta esa nostalgia, que lo emparenta con los clásicos del pasado, su romanticismo.

F. G. L. Conozco la obra de Alicia desde el principio y valoro tres cosas fundamentales. Petra es una fuente de pensamientos sobre la ciudad, la moral, sobre cualquier cosa. Logra explicarnos la vida diaria como si estuviera pasando ante nuestros ojos. Y lo hace con una aparente tranquilidad, que es muy trabajada. La admiro porque pocos novelistas lo saben hacer. Yo no he tenido nunca esta habilidad, mis novelas son siempre un poco apresuradas.

P. ¿Cómo surgieron los personajes?

F. G. L. Méndez aparece como personaje secundario en la novela Expediente Barcelona. Ya es un policía viejo que vigila las calles más marginales del antiguo Barrio Chino, ahora el Raval. La calle de las Tàpies era un prostíbulo al aire libre. Uno de sus trabajos era vigilar los cines de mala muerte, en los que las pajilleras eran una institución muy acreditada.

A. G. B. Petra surgió después de un libro muy docto que escribí, Una habitación ajena, sobre la cocinera de Virginia Woolf, al que nadie hizo ni puñetero caso. Me dieron una beca en Estados Unidos y estuve seis meses viendo los archivos de los diarios que no se habían publicado de Woolf. Acabé un poco cansada y quise hacer algo más narrativo, más divertido, más frívolo. Había leído novelas negras modernas y pensé que no había que ser un experto para escribirlas, porque tocan temas muy sociales, entran en la psicología de los personajes. Así nació. Quería un personaje que fuera mujer y que tuviera protagonismo. Porque la mujer en la novela negra o es la víctima, que aparece muerta en la primera página, o es la ayudante de alguien.

P. ¿Por qué eligieron el género negro?

F. G. L. Cuando quise ser escritor no se me ocurrió ser negro. Quería hablar de mi ciudad, de la guerra, de la posguerra, de la represión franquista. Así nacieron Sombra vieja, en 1948, y Los Napoleones, en 1964. Las dos fueron prohibidas. En la Transición, comprendí que la novela negra me ofrecía unos instrumentos para investigar lo que estaba sucediendo.

A. G. B. Me interesó porque la literatura sin etiquetas está perdiendo el lado testimonial. Todos los escritores estamos en nuestros propios mundos. Hacer testimonio en una novela de literatura se considera costumbrismo garbancero, pero en novela negra está permitido. De repente puedes sacar a una señora que hace unas albóndigas en un bar de barrio. Canónicamente está permitido. Eso es lo que me gustó.

F. G. L. Yo añadiría que permite adentrarte más en la realidad que otro tipo literatura. Por ejemplo, la descripción de un bar y de una señora que está haciendo albóndigas en una novela convencional sería una vulgaridad, en una novela negra a lo mejor es una pista y es un ambiente. La gente dentro de 50 años sabrá que de verdad este bar ha existido y que la gente vivía en él de esa manera.

A. G. B. Conmigo, Paco, lo tienen fatal, porque me los invento. No conozco Barcelona tan bien como tú y me he inventado bares a punta pala.

F. G. L. Todos tenemos una parte de invención, pero evidentemente está inspirada en la realidad. Méndez tiene una Barcelona propia, la del Raval. Su vieja comisaría estaba en la calle Nueva, la del puterío, la del empleadillo que el sábado por la tarde iba a meter un polvo, todos se conocían. Además, las prostitutas no estaban explotadas, tenían incluso vacaciones.

A. G. B. Es difícil de creer.

F. G. L. Yo soy partidario de que se regule porque es un trabajo como cualquier otro y necesita una protección.

A. G. B. Yo eso no lo tengo tan claro.

F. G. L. Lo que me aterroriza es que las prostitutas estén en manos de mafias. La calle Nueva era el mundo del hampa y del juego clandestino tolerado, porque los jugadores sobornaban a los polis. Todos se conocían.

A. G. B. Desconozco el mundo del delito. La sociología que puede haber en los libros de Petra Delicado es sobre la gente de la calle, sobre lo que está sucediendo no sólo en Barcelona sino también en España. A mí que, como Paco, quizá tenemos más éxito fuera de España que dentro, lo primero que me pregunta la gente cuando voy a encuentros con lectores es si es verdad que la mujer en España ha alcanzado más libertad.

P. Petra estalla ante el secretismo y cerrazón de la Iglesia. "Este tipo de cosas sólo ocurre en España, un país de pandereta, de toros embolados, de reliquias exhibidas ante los turistas, del brazo incorrupto de Santa Teresa". ¿Cree de verdad que sigue siendo así?

A. G. B. Hay una parte que es así y no hay manera de salir de eso. Parece terrorífico. Me da muchísima pena. He estado en la Feria de Córdoba y me ha chocado estar tomando un aperitivo y ver allí colgada una cabeza de toro. Me revuelve las tripas.

F. G. L. Hay una parte de España de la que me siento avergonzado, no sólo la de los festivales levantinos, sino de los toros alanceados de Castilla. Ésta no es mi patria. Jamás he ido a los toros. Méndez tiene un sentimiento de piedad hacia los animales.

P. ¿Cuál es la Barcelona de sus novelas?

F. G. L. Barcelona ha perdido su dimensión, pero mi Barcelona literaria, la de los pequeños sueños que yo había conocido, es muy limitada: el Raval, La Rambla, el Paralelo, el Ensanche hasta la Pedrera, porque más arriba no subía, en cierto modo era una Barcelona entrañable. Ahora mismo el Raval está desconocido. Méndez sale un día de la comisaría y se pierde. Esto significa hasta qué punto ese viejo mundo ha cambiado. Las viejas casas de putas también desaparecerán porque son viviendas sórdidas. El saneamiento arquitectónico del Raval no ha ido acompañado de un saneamiento moral. Es decir, se cometen más delitos ahora que antes. Hay más mobbing inmobiliario, es decir, más sufrimiento. Hay menos vida ciudadana, en el sentido de que casi todos los habitantes son inmigrantes. El paisaje humano ha cambiado. El inmigrante tiene perfecto derecho a estar en el Raval, pero es innegable que ya no es lo mismo. Antes, en mi calle, Tapioles, había muchísimas mujeres que se ganaban la vida prostituyéndose, fuera porque tenían el marido en la cárcel o porque no ganaban bastante y eran mujeres que tenían su vida, su matrimonio, sus hijos. Iban a hacer unas chapas y cobraban.

A. G. B. Pero eso es una putada. Me quedo con lo actual cien mil veces más. La identidad basada en lo cutre no lleva a ninguna parte.

F. G. L. Pero tú no crees que es mejor esto a que a una mujer que esté en una esquina le exijan un rendimiento y luego le den una paliza.

A. G. B. Yo creo que lo mejor es que no haya mujeres prostituidas.

F. G. L. De acuerdo, pero si las hay, y creo que es inevitable, al menos que estén consideradas como trabajadoras.

A. G. B. No. Supongo que hay una preocupación necesaria por el esponjamiento de los barrios extremos. Las ciudades son el cambio y hay que estar pendientes de lo que sucede en una ciudad.

F. G. L. Sí, con eso estoy de acuerdo.

A. G. B. Cuanto más cambie la ciudad, mejor. Para mí, Barcelona es una ciudad muy clasista, donde es difícil entrar, casi está organizada geográficamente por clases, desde el mar a la montaña, lo cual tiene cojones. Es muy esnob, profundamente esnob, esnobismo que comparto. Luego es una ciudad donde se puede vivir sin que nadie te juzgue y eso es maravilloso.

P.

El silencio de los claustros y No hay que morir dos veces son novelas muy diferentes, pero tienen una cosa en común: una galería muy rica de personajes secundarios. Desde la madre superiora, el bombón de la novela de Alicia.

A. G. B. Es verdad. A la gente le ha gustado mucho este personaje.

P. Sobre todo por cómo acaba. Pero no lo vamos a contar.

A. G. B. No lo vamos a contar, sobre todo porque había cierta oposición incluso del editor.

P. ¿Sí?

A. G. B. Al final todos somos un poco biempensantes, aunque parezca lo contrario.

P. El caso de González Ledesma es tremendo. La novia que mata al novio el día de la boda, la niña Down explotada sexualmente, el tipo que ha cumplido condena por haber degollado al violador de su esposa...

F. G. L. Todo esto es más real de lo que parece, excepto el crimen de los novios. La dama que tiene a la niña Down es real. En las fiestas de puesta de largo en el Liceo de las niñas de la buena sociedad durante el franquismo siempre había una señora que organizaba todo. Había dos clases: las niñas que se ponían de largo para casarse y las niñas que se ponían de largo para entrar en el escaparate, y éstas buscaban a un protector. La prostitución de altura empezaba en el Liceo. Pues una mujer como ésa es la que explota a la niña.

P. Muchos lectores de Méndez se preguntan si el policía es impotente.

F. G. L. Méndez tiene fascinación por las mujeres que cometen pecados al salir de misa, pero por razones de edad es impotente. Una vez, en una novela, Las calles de nuestros padres, metió un polvo en el lavabo de un avión, pero se dio cuenta de que algo iba mal, porque dijo: "La próxima necesitaré no un vuelo Barcelona-Madrid sino un Barcelona-Nueva Delhi".

P. Casi hasta el final de

El silencio de los claustros, los lectores se preguntan qué hay entre la hermana Domitila y la novicia Pilar.

A. G. B. Si lo cuento desvelo la novela. El único que se atreve a decirlo es un niño. A menudo creemos que conocemos los secretos y que los niños no se enteran de nada y estamos en una época en que los niños saben bastante. Creo que la manera de envejecer es no darse cuenta de lo que pasa, no mirar alrededor. Los niños son los indicadores.

P. Señor González Ledesma, cree usted posible un atentado terrorista en el puerto de Barcelona.

F. G. L. Tenemos un precedente, que fue el atentado de Madrid. Continuamente hay redadas islamistas en Barcelona. En la novela, tengo la delicadeza de no atribuirlo a terroristas islámicos en exclusiva, porque el que lo hace no es un islámico y tampoco creo que todos los árabes sean terroristas. Pero el peligro existe, claro que sí. Como escribí en un artículo, hemos vuelto al siglo XII, el siglo de las cruzadas. Hay dos religiones enemigas que están en guerra.

A. G. B. No. En esto sigo siendo marxista. No hay guerras de religión, sino desigualdades sociales.

F. G. L. Sí pero el islamismo como doctrina religiosa es temible.

A. G. B. Pero es que no tienen nada más que los aglutine.




No hay que morir dos veces. Francisco González Ledesma. Planeta. Barcelona, 2009. 464 páginas. 19,90 euros. El silencio de los claustros. Alicia Giménez Bartlett. Destino. Barcelona, 2009. 464 páginas. 18 euros. Edición en catalán. El silenci dels claustres. 531 páginas. 18 euros.

babelia.es

17.4.09

Christian Jurgensen, La Excepción


Un viaje a las entrañas del Mal
alegato narrativo contra los genocidios

Por Lorenzo Dávalos

Al terminar de leer La Excepción, del danés Christian Jurgensen, uno siente que esta novela guarda semejanzas con el Corazón de las Tinieblas, obra maestra del polaco Joseph Conrad que inspiró la película Apocalypse Now de Francis Ford Coppola. En una y en otra, los personajes se pierden y sus identidades se subvierten; en la segunda en el corazón de la selva; en la primera, en el corazón del mal. Publicadas con más de un siglo de distancia entre ambas (1902, 2008) constituyen cada una a su modo un alegato literario, histórico y filosófico contra el genocidio y una exploración de nuestras posibilidades de convertirnos en quienes lo perpetran.

El argumento
La vida laboral en la inocente oficina del Centro Danés de Información sobre el Genocidio (CDIG), localizada en Copenhaguen, y donde trabajan cuatro mujeres, (Iben, Malene, Camilla y Anne-Lise) y un hombre (Paul), como director de la oficina, podría parecerse a la de cualquier otra oficina. Los problemas de sus empleados podrían parecerse a los de cualquier otro grupo de empleados: típicas situaciones de complicidad y rivalidad; conflictos, envidias, inseguridad, temores. Pero, súbitamente, tres de las empleadas comienzan a recibir correros electrónicos con amenazas de muerte. La primera sospecha es que el remitente sea un genocida, un asesino que haya cometido crímenes de lesa humanidad. Sin embargo, esa primera sospecha se diluye gradualmente. Primero lentamente, y a medida que la novela avanza, cada vez más rápidamente, se comienzan a acercar, hasta mezclarse de un modo que desdibuja los límites entre lo real y lo ilusorio, la vida de la gente, el modo en que se configuran las relaciones entre los empleados de la oficina, y las teorías sobre el genocidio. Y es que cuando las empleadas del CDIG se comienzan a internar en la maraña de supuestos, evidencias e implicaciones de las rigurosas teorías cientificas que tratan de explicar cómo ha podido el hombre occidental perpetrar el exterminio de miles, o millones de miembros de un grupo religioso, étnico o cultural, la capacidad de razonar sosegadamente se comienza a desdibujar; todo se hace borroso. Y las chicas comienzan a sospechar unas de otras. Todas (cualquiera de ellas) pueden haber sido las culpables de enviar esos correos. ¿Quién de ellas será la excepción?



El corazón del mal





Recordemos el argumento de El corazón de las tinieblas. Para los victorianos, Africa, como continente habitado principalmente por pueblos de raza negra era un símbolo de la oscuridad. El título del libro hace alusión a un viaje al corazón de áfrica. El autor había remontado más de mil 500 kilómetros del rio Congo unos ocho años antes de escribir la novela como capitán de un buque a vapor. La novela está narrada por Marlow, quien cuenta que en una ocasión que asumió un trabajo como capitán de un buque a vapor, se encontró con que compartía ese barco con un grupo de personajes poco amigables que hablaban como frecuencia de un tal Kurtz, a quien describían como alguien temible y admirable a la vez. Como “esencialmente un gran músico, un periodista, un hábil pintor, y un genio universal”. A Marlow le informa su empleador que tiene la tarea de remontar el rio, encontrar a Kurtz en el corazón de la selva, y traerlo de nuevo a la civilización. Marlow emprende su serpenteante navegación por este río que se interna en el corazón de la selva. A medida que remontan el rio, Marlow y sus hombres se van despojando de esa película que era la civilización. De modo que cuando se encuentra con Kurtz, Marlow reconoce la grandeza de éste y comprende cómo ha llegado a ese estado de cuasi salvaje (recordemos la imagen de Marlon Brando salvajizado y la escena del sacrificio). Kurtz, nunca ha disfrazado hipócritamente su brutalidad. El mismo ha descrito su trato a los nativos con términos como exterminio. Que es lo mismo que decir genocidio. Y es que podemos pensar que Conrad pretendió acometer con la novela una crítica al pretendido proyecto civilizatorio del imperialismo victoriano, que cerraba los ojos o ignoraba abiertamente las facetas más crueles y sus consecuencias genocidas. Esta crítica convierte al libro de Conrad, en un poderoso ejemplo de la facilidad con que el hombre puede, si se lo arroja a un medio virgen y primitivo, despojarse de todos sus frenos morales y cometer las peores atrocidades, que hubieran sido por supuesto impensables en un salón de té victoriano.

En la novela de Jurgensen, no hay un río que remontar pero la madeja de teorías sobre el mal sí luce como una selva virgen, por lo entramado de sus conceptos, y lo confuso y contradictorio de sus evidencias y lo cruel de sus consecuencias. En la medida en que los personajes femeninos que trabajan en el CDIG, atemorizados por los correos amenazantes, comienzan a sospechar que quien los envió puede ser alguien de adentro de la oficina, pareciera como si todos ellos, a bordo del mismo bote, hubiesen iniciado un viaje rio arriba, al corazón de un lugar virgen, oscuro e intrincado. En este caso, a ese lugar en que el corazón del hombre pierde sus frenos y se crea la posibilidad de que éste se convierta en un verdugo. O lo que sería peor, en un genocida. Y es que toda esa información que manejan a diario las mujeres del CDIG, junto a la experiencia e imaginación del mal, como si bebieran un poderoso coctel de drogas psicolépticas, parece haber producido un vértigo cognitivo capaz de derivar en alucinaciones o distorsiones de la realidad y la identidad. De modo que los referidos correos amenazantes parecen, de repente, funcionar como chispas detonantes de la trama de la novela. catalizadoras de un complejo proceso de intriga y sospecha entre las cuatro empleadas en donde Paul queda como un testigo privilegiado con escaso protagonismo. En cierta medida, sucede como si Paul, por ser hombre fuese invulnerable a esa contaminación cognitiva que produce el contacto tan cercano con la reflexión introspectiva sobre el mal.

El mal, la duda y el bien
Mirada desde otro punto de vista, La Excepción constituye una abrumadora exploración teórico-narrativa (seguramente un proyecto que sólo un escandinavo podría acometer) sobre la capacidad del hombre para cometer el Mal. Esto hace a la novela más interesante como proyecto especulativo aun cuando menos lograda, o por lo menos poco eficiente, como producto narrativo. La novela recombina de múltiples maneras la tesis que la filósofa Hannah Arendt plantea en Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal, la de que para perpetrar los más horrendos crímenes y actos de genocidio no se necesita ser un degenerado, un ser perverso hasta el límite; que dado cierto conjunto de condiciones, cualquier hombre podría ser Eichmann o, en todo caso, lo recíproco, que Eichmann era un ser más parecido a cualquiera de nosotros de lo que pudiéramos haber creído en primera instancia. Sin embargo, lo que más desconcierta de los estudios sobre el potencial del hombre para el Mal es que pareciera que éste puede, en ocasiones, tambien hacer el bien. Esta idea la expresa Gunnar, investigador del genocidio y relacionado afectivamente con Malene e Iben, cuando dice:

He conocido a muchas personas que, sin esfuerzo aparente, han matado a su familia, a sus vecinos o a perfectos desconocidos con picos, palas o lo que tuvieran más a mano. Es una posibilidad que seguramente todos llevamos dentro. Y en eso consiste vuestro trabajo en el centro. La cuestión es no olvidar que las personas (y lo más probable también los que cometieron esos actos) pueden además albergar en su interior una bondad increíble e inexplicable. (p. 222)

¿Cómo predecir entonces, si uno se somete a un riguroso proceso introspectivo tal como lo hacen las chicas del CDIG; y al margen de las protagonistas de esa novela, cómo saber si uno alberga la capacidad para cometer las más terribles atrocidades? Una respuesta a esa pregunta la ofrece Gunnar muchas páginas más adelante cuando dice:

—El hecho de ignorar un pequeño atisbo de duda en nuestro interior, eso es maldad. Uno nunca es conciente de ser malo. Así es la maldad. Un pequeño atisbo de duda al preguntarnos si estaremos haciendo lo correcto, esa es la única oportunidad que tenemos de escoger el bien. Y quizás ese atisbo no se presente más que un cuarto de hora cada dos meses. O menos. (p.537).


Esa duda, nos quiere comunicar Jurgensen, es lo que produce la excepción. La duda es la ventana al bien que le ha sido dada al hombre. Ergo, dudar para poder hacer el bien.

Todos somos múltiples

Jurgensen recurre a una segunda tesis para estimular la combinatoria de posibilidades que crea el juego de sospechas y sospechosos sobre el que se desarrolla la novela. Grith, la amiga de Malene, que es psicóloga, introduce un discurso sobre las múltiples personalidades o, como las llama ella, los transtornos disociativos de personalidad (TDI), que a su vez los sustenta citando a un psiquiatra danés, Finn Abrahamowitz:



—Creo que nuestro mayor miedo es el miedo a no ser un todo—lee. Y creo que William James tenía mucha razón al describir al hombre, no como una identidad, sino como una unión de entidades psíquicas, a confederation of psychic entities.(p. 142).

El resultado de jugar fuerte con estas dos tesis, la de que todo hombre puede perpetrar, dadas ciertas condiciones, los actos más atroces, y la de que no podemos tener certeza de que somos nosotros (y no otro u otros), nos mueve demasiado el piso como lectores. Estas dos tesis ayudan a enriquecer la novela en cuanto ejercicio lúdico pero la hacen perder energía narrativa y rapidez. Atributos que uno podría estar dispuesto a sacrificar cuando se considera la fuerza con que la novela arroja al lector en el mero corazón del Mal.



“El horror, el horror…”

Por supuesto que esta reseña no agota en modo alguno la complejidad narrativa y especulativa de este ambicioso thriller psicológico que utiliza el formato de la novela para ilustrarnos de un modo tan completo sobre el problema del genocidio. Cuando la leemos pensamos: cómo es posible que luego de que haya ocurrido algo como el Holocausto, el genocidio mejor documentado de la historia, en ocasiones, podamos quedarnos callados o no saber qué opinar sobre el genocidio. Un caso reciente sería el que concierne a la sentencia de la Corte Penal Internacional, que declaró culpable de crimenes de lesa humanidad al presidente de Sudán, Omar al-Bashir. Se estima que entre 200 y 400 mil rebeldes, principalmente civiles africanos sedentarios que residían en Darfur, fueron asesinados entre los años 2000 y 2005 por milicias formadas por janjaweed (denominación que se le da a diversas tribus de africanos nómadas de habla árabe) armados por el gobierno de Sudán. Hace más de un siglo, en El corazón de las tinieblas, esa otra novela sobre un genocidio africano, el misterioso Kurtz, moría frente a Marlow repitiendo esas enigmáticas palabras : el horror, el horror. En el presente, uno adivina qué podía estar pensando Kurtz cuando dijo eso.



La Excepción (2008)
Christian Jurgensen
Random House Mondadori
669 pp

http://caracas1067.wordpress.com/2009/04/15/christian-jurgensen/

11.4.09

Continúa misterio Larsson


Acaba de publicarse en español 'La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina', el segundo tomo de la trilogía Millennium, del reconocido escritor sueco Stieg Larsson*, cuya saga ya supera los 10 millones de ejemplares vendidos en el mundo.


En el libro anterior ('Los hombres que no aman a las mujeres'), el periodista Mikael Blomkvist y la exótica investigadora privada Lisbeth Salander habían sido contratados por un multimillonario para investigar la extraña desaparición de su sobrina Harriet Vanger, hace 36 años, durante un carnaval de verano en la isla sueca de Hedeby.

En esta nueva entrega, la historia toma un giro inesperado, cuando Salander decide salir de Estocolmo sin dejar rastro de su paradero ni dejarle explicación alguna a Mikael. Salander ha decidido refugiarse en la playa para curar las heridas de un amor frustrado.

Por su parte, Mikael ha logrado sanar la situación financiera de su revista 'Millennium' y se apresta a iniciar una nueva investigación sobre el fenómeno del tráfico y la prostitución de mujeres.

Mientras los protagonistas intentan superar su separación, el escritor Larsson invita a escena a un nuevo personaje que promete atrapar la atención del lector, ante la misteriosa situación que enfrenta.

Se trata de una muchacha de 13 años, que permanece en un cuarto oscuro, por donde tan solo se cuela un diminuto rayo de luz, atada a una cama de pies y manos. Mientras que la joven solo sueña con una cerilla y un bidón de gasolina que le permitan liberarse de ese infierno, debe soportar, en silencio, la visita de un ser despreciable, que ingresa al recinto todos los días.

Víctima de su propia fantasía

Como si se tratara de una historia creada por él mismo, el escritor Stieg Larsson sufrió en carne propia esas inexplicables y sorpresivas jugadas del destino.

Cuando había puesto el punto final al tercer tomo de su exitosa serie literaria, y se encontraba en la cúspide de su carrera, a los 50 años, Larsson murióde un repentino ataque al corazón en el año 2004, antes de ver publicado el primer tomo.

En ese momento, se le consideraba como uno de los periodistas de investigación más importantes de Suecia, férreo combatiente de los grupos de extrema derecha. Había dedicado las noches a escribir en secreto su exitosa serie, que consideraba su seguro de "retiro", como se lo comentó alguna vez a sus amigos.

Pero la muerte se le atravesó en el momento menos indicado. En una entrevista, hace pocos meses, el padre de Larsson comentó que su hijo se sometía a exhaustivas jornada en la revista Expo, que combinaba con malos hábitos alimenticios.

La película sobre el primer libro de la trilogía, que ha sido traducida a 30 idiomas, se estrenó en febrero pasado en Suecia y Dinamarca, con positivos comentarios de la crítica.

La serie la completa 'La reina en el palacio de las corrientes de aire', que será publicado en español en los próximos meses.


*Luego de su repentina muerte, a los 50 años, el escritor sueco Stieg Larrson se ha convertido en un verdadero fenómeno editorial, a quien se le considera una revelación de la novela negra contemporánea.

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina
Stieg Larsson
Planeta
749 páginas.

http://bogota.vive.in/libros/articulos/marzo2009/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_VIVEIN-4904632.html