22.7.11

Mao II

Seda Roja y El Caso Mao transcurren en China y plantean una revisión del período de la Revolución Cultural, además de presentar a un inspector de policía comunista y poeta
Qiu Xiaolong, escritor chino de novela policiaca.foto.fuente:pagina12.com.ar

La ola de policiales nórdicos llegó a China aunque su autor, Qiu Xiaolong, vive en los Estados Unidos desde la masacre de Tiananmen.

Poeta, traductor e integrante del Partido Comunista. Y también inspector de policía. Todo eso es el inspector jefe Chen Cao, no necesariamente en ese orden. Pero sus oficios, sus gustos y sus obligaciones se mezclan en cada uno de sus casos, o simplemente se imponen, como sucede todo el tiempo con el partido. Ambientadas en la cambiante Shanghai, sus aventuras pueden comenzar de una manera policialmente clásica, con la aparición de un cadáver. Así sucede en Seda Roja, donde la aparición del cuerpo sin vida de una bella joven luciendo un desgarrado vestido mandarín rojo, anuncia la posible existencia de un asesino serial. Pero también pueden comenzar con un encargo del partido, que es lo que da comienzo a El Caso Mao, donde al inspector Chen le ordenan investigar la vida de una joven que puede haber heredado algo que ponga en peligro la honra del legendario jefe de gobierno, y por lo tanto también del partido y del país. En este caso, los asesinatos los traerá la historia, y el primer cuerpo sin vida aparecerá recién al promediar la novela. Poco importa, sin embargo, cómo empiezan las novelas de Chen Cao, si con un crimen o con una orden que llega desde las altas esferas. Porque, a juzgar por estas dos últimas entregas, la quinta y sexta de la serie –las primeras en ser publicadas por Tusquets, y por lo tanto en llegar con normalidad a las librerías locales–, el culpable siempre será el mismo: el criminal devenir de la Revolución Cultural de Mao.

Seda Roja. Qiu Xiaolong Tusquets 355 páginas

Amante de la poesía y de la buena comida como su personaje, Qiu Xiaolong nació en 1953 en Shanghai y sufrió en carne propia la Revolución Cultural. Suele contar que su primer trabajo literario fue escribir la confesión de su padre, dueño de un pequeño negocio y por lo tanto acusado de desviación burguesa, ya que él no podía hacerlo por su cuenta porque estaba hospitalizado con un problema en la vista. Una bronquitis que sufrió a los 16 años le permitió permanecer en Shanghai y no ser enviado al campo para su re-educación, y fue entonces cuando descubrió su pasión por el inglés. Cuando pasó la marea de la Revolución Cultural, Xiaolong comenzó su tarea de traductor, ganó varios premios y finalmente una beca de un año en St. Louis, Missouri, para estudiar la obra de T. S. Eliott. Allí lo encontró la masacre de Tiananmen, y fue entonces cuando decidió no regresar. "Cuando empecé a escribir mi primer libro no pensé que estaba escribiendo un policial, sino que quería escribir una novela que contase cómo era la vida en China", confesó más de una vez Xiaolong, gran lector de policiales, que descubrió que las convenciones del género podían darle un marco concreto a sus intenciones.

Aunque la profusión de detalles sobre la poco satisfactoria vida privada del inspector Chen que abundan en las novelas de Qiu Xiaolong recuerde en cierta medida al exitoso inspector Wallander, del sueco Henning Mankell, en realidad esto sucede porque la inspiración confesa de ambos autores es la misma, la serie de novelas del inspector Beck, obra de la pareja de escritores suecos Maj Sjowall y Per Wahloo. "En sus libros, ser detective no es algo glamoroso, sino que es un oficio que está lleno de trabajo duro y muchas frustraciones", explicó Xiaolong, cuyas novelas están llenas de citas poéticas, algo poco común en las novelas policiales. "Es algo común en las novelas chinas, así que intento seguir la tradición", asegura Xiaolong, que también afirma que decidió que su inspector sea un erudito para romper con el paradigma del chino inculto que suelen tener los occidentales. Así es como en sus novelas conviven las citas de Confucio con las de los poemas revolucionarios de Mao, y el asombro ante el nuevo paradigma de la nación China, cuyo slogan Miremos hacia el futuro –según se señala en Seda Roja– se puede confundir fonéticamente con Miremos hacia el dinero, que es lo que parece estar sucediendo en todos los estratos de esa sociedad.

El Caso Mao. Qiu Xiaolong Tusquets 329 páginas

A pesar de querer hablar de una época de la que nadie habla en China, como es la de la Revolución Cultural, y de haberla sufrido en carne propia, las novelas de Qiu Xiaolong son sorprendentemente ecuánimes a la hora de hablar de China y Mao. Tanto en la más convencional Seda Roja como en la específica El Caso Mao, donde el inspector Chen se dedica a investigar las debilidades del gran líder, la mirada es más de comprensión que de denuncia. Después de todo, la corrupta Shanghai se parece tanto a Los Angeles donde se movía Marlowe, que más de un personaje confiesa añorar aquellos tiempos crueles, pero en los que todos creían trabajar para un futuro en común. Nada es lo que parece en el mundo donde se mueve el inspector Chao, y nada es lo que era en un comunismo que abraza demasiado ciegamente al capitalismo, arrasando con todo a su paso. Ese es el escenario de las originales y curiosas novelas de Qiu Xiaolong, que permiten mirar China a través de los ojos de su gente, y que se mueven siguiendo su propio ritmo, el de las elucubraciones del inspector Chen, un policía que intenta hacer lo correcto y al mismo tiempo sobrevivir, en medio de un mundo que está cambiando demasiado rápido.

20.7.11

El logo del buscador está dedicado a nuestra fiesta nacional que se celebra hoy, 20 de julio

Homenaje de Google al 20 de Julio, Fiesta de la Independencia de Colombia


Como parte de la celebración de la Independencia de Colombia, el logo del buscador estará dedicado a nuestra fiesta nacional con una imagen realizada por la ilustradora colombiana Claudia Rueda, ganadora del Premio de la Sociedad de Ilustradores y Escritores para Niños de Estados Unidos y escritora de algunos de los más reconocidos libros educacionales en entidades como Unicef.

La artista gráfica señalo que con este 'doodle' (como se conoce al logo de Google en la Red) se hace un homenaje a personajes de la historia nacional como José Celestino Mutis, gestor de la Real Expedición Botánica y de Gabriel García Márquez al recordar sus afamadas mariposas amarillas.

Google ya había adornado su logo con temas colombianos anteriormente, como la conmemoración del Día de la Independencia en 2008 y en 2010, y con ocasión del pasado Festival Vallenato.

13.7.11

Anarco BCN

Teresa Solana pone un velo criminal a la tradición ácrata de Barcelona
Teresa Solana, hace unos días, en Madrid. foto:Teresa Solana.fuente:elmundo.es

En la nueva edición de RBA 'Negras tormentas', de Teresa Solana, no se precisa quién se ocupó de la traducción del catalán al castellano. El título original es 'Negres tempestes'. ¿Entonces? Resulta que, en rigor, ambos títulos son igualmente originales, hermanos de sangre. "Yo misma he hecho la versión. Hay muchos libros muy mal traducidos del catalán. A veces, los autores mismos los llevan al castellano, pero con un gran desconocimiento del oficio. Este caso es más que una traducción, hay cosas que he reescrito", explica a EL MUNDO.es la propia Solana, creadora de la subinspectora de la Brigada de Homicidios de los Mossos dŽEsquadra de Barcelona, Norma Forester. Solana, para que quede claro, es traductora profesional.

Lorenzo Silva, experto en la materia, explica a EL MUNDO.es: "Desde hace poco hay escritores catalanes que se están dedicando a la novela criminal desde su propia policía, los Mossos, sin complejos. 'Negras tormentas' es una novela muy trabajada. La autora conoce bien el funcionamiento de este organismo. Maneja un planteamiento narrativo canónico combinado con la modernidad, con personajes ahormados a su realidad social". En medio de la polémica inagotable de la Ley de Memoria Histórica, Teresa Solana plantea una nueva escena del crimen: un historiador muerto. Iba a desvelar sucesos molestos de la Guerra Civil.

"Quería disponer de un personaje femenino como Norma Forester, perteneciente a la clase media barcelonesa. Además, he buscado ofrecer un concepto nuevo de relaciones familiares. Una madre ex hippie, una hija que es 'okupa' anti sistema. Forester está además casada con un médico forense en el Hospital Clinic y tiene además un ex marido gay. Es una familia un poco extraña", comenta la autora catalana. Dentro de este clan, en la línea de las familias locatis de Gerald Durrell o Daniel Pennac, también destaca una tía de la subinspectora, Margarida, monja de clausura y 'hacker' informática en el Monasterio de Pedralbes.

Barcelona anarquista

'Negras tormentas', ganadora en 2010 (en su versión catalana) del Premio Crims de Tinta, de la Generalitat de Cataluña, bucea en el fervorín de su momento. Explica la autora "quería tratar el tema a debate de la memoria histórica, por el peso que sigue teniendo la Guerra Civil en nuestro presente". En opinión de Teresa Solana: "Me preocupaba mucho la idea de que es mejor no hablar del pasado y dejarlo tranquilo. Es un error. Es peligrosa esta tendencia de decir que los dos bandos hicieron las mismas atrocidades". Aquí hay un homenaje histórico a los anarquistas y brigadistas internacionales que llegaron a la capital catalana durante la Guerra Civil. "Barcelona ha tenido una gran tradición anarquista. Y no sólo me refiero a gente de acción y terroristas. Hablo de un movimiento más amplio e idealista de cambiar la sociedad", considera Solana.

También la burguesía catalana tiene aquí unas dianas colgadas: "He querido mostrar dos tipos de familias de clase alta con actitudes distintas ante la dictadura: los catalanes que se enriquecieron con el franquismo y los que mantuvieron una actitud de militancia y de rechazo". En todo este mogollón de enseñas, pecados y traiciones, el título "negras tormentas" ( o "negres tempestes", el primigenio) hace referencia al himno obrero de 'La Varsoviana'. Y por en medio de tanto recoveco y conflicto memorístico pulula Norma Forester, cuyo apellido busca cierto juego de palabras con el vocablo catalán de forastero, "foraster". Juegos de lenguaje que se pierden y que luego reinventa en otros juegos Teresa Solana, que ha escrito un par de veces la misma novela con fidelidad a sí misma.

11.7.11

Un detective comunista en Shangai

El chino Qiu Xiaolong, que reside en Estados Unidos, habla en esta entrevista de su última novela policial, que tiene como telón de fondo la Revolución Cultural y la sombra de Mao Tse-tung
El escritor chino Qiu Xiaolong, creador de Chen Cao, un detective comunista en Shangai.foto.fuente:adncultura.com

En Shangai, a orillas del río Huangpu, se extienden las más de quince cuadras que forman lo que los británicos llamaron el Bund, una zona que entre finales del siglo XIX y principios del XX fue el centro financiero y neurálgico de Asia, pues allí se asentaron bancos de capitales ingleses, alemanes, japoneses, belgas y franceses, y llegaron barcos procedentes de las capitales más importantes del mundo. A pesar del tiempo transcurrido, el lugar no ha perdido ni un ápice de su encanto nervioso: entre torres majestuosas de cristales y hormigón, entre edificios que conservan el esplendor de otra época, es el sitio que los miles de turistas que todos los años llegan a Shangai eligen, con la ilusión de que el tiempo se detenga. Es posible que algunos de ellos, alguna vez, se hayan cruzado con el inspector Chen Cao, el policía que cuando debe resolver un caso complejo sale a caminar entre el bullicio de las calles repletas de restaurantes y de lugares que para él, que ha nacido en una ciudad que no descansa jamás, siguen siendo entrañables. Eso, al menos, es lo que piensa Qiu Xiaolong, el escritor que le ha dado vida a este inspector que pertenece al Partido Comunista y que, gracias a que tiene un excelente manejo del inglés, investiga hechos relacionados con la política exterior: ha resuelto casos difíciles de resolver y en muchas ocasiones se ha enfrentado no sólo con organizaciones temibles, sino también con las autoridades del gobierno popular.

"Intento hablar de la historia contemporánea de China y, especialmente, de Shangai, cuya historia es demasiado complicada y cuyo presente se encuentra en pleno proceso de desarrollo", dice Qiu Xiaolong a adn en Barcelona, adonde vino a presentar El caso Mao , sexta entrega de una serie que se inició con Muerte de una heroína roja , que significó el descubrimiento de un autor que, de la mano de un personaje que ama la justicia y la poesía en partes iguales, describe un universo que va de la comida china al quehacer político, cultural y cotidiano. Nacido en Shangai, pero ciudadano norteamericano desde 1989, cuando se marchó a Estados Unidos para estudiar literatura inglesa, Qiu Xiaolong decidió quedarse a vivir en St. Louis, en Missouri, después de haber visto por televisión cómo los tanques invadían la Plaza de Tiananmen. "En aquel momento, no planeaba vivir en Estados Unidos -recuerda-. Mi plan era estar un año, pero cuando se produjo la matanza, mi nombre salió a la luz y yo no pude volver a Shangai. Como no podía publicar en chino, empecé a escribir en inglés."

Antes de eso, Qiu Xiaolong tradujo al chino a autores como Joyce, Conrad y Faulkner y al inglés a poetas chinos, y mucho antes, a los 13 años, en plena Revolución Cultural, fue testigo de la humillación que sufrió su padre a manos de los Guardias Rojos. Desde entonces hasta ahora su relación con el régimen comunista ha sido distante, aunque sus libros se publican en China y suele pasar gran parte del año en Shangai. "Mis tres primeros libros fueron traducidos al chino, pero hubo problemas con la censura. Las autoridades dijeron que esas historias no podían estar ambientadas en Shangai, con lo cual, a pesar de mi protesta, decidieron cambiarle el nombre a la ciudad y llamarla Ciudad H. De todas maneras, cualquier persona que lea mis novelas se dará cuenta de cuál es la ciudad que aparece allí."

En El caso Mao , Chen Cao debe encargarse de un asunto delicado. Jiao, la nieta de una mujer que al parecer tuvo una relación especial con Mao Tsé-tung y que fue perseguida durante la Revolución Cultural, ha heredado unos documentos que, si se hacen públicos, pueden perjudicar la imagen del líder chino. Chen Cao, que aún no ha superado que su ex novia, Ling, se haya casado, deberá infiltrarse en un grupo que sólo desea vivir en el pasado, de acuerdo a las modas que imperaban antes de la llegada del comunismo: una historia que, de manera velada, pone en cuestión la corrupción política en la historia reciente de China. "Mis compatriotas no saben muy bien qué rumbo está tomando el país. En ese sentido, tampoco Chen Cao tiene una respuesta. Sólo trata de encontrar soluciones posibles a los problemas concretos a los que se enfrenta actualmente China. Evidentemente, se trata de un personaje contradictorio: en él se reúnen, por un lado, la China tradicional, y por otro, la moderna. Ese tipo de conflicto no sólo desempeña un papel importante en él; además refleja la situación en que vive la sociedad."

¿De dónde se siente parte: de Estados Unidos, donde vive su familia, o de China, donde vive su personaje?

-Me siento en el medio, totalmente atrapado entre dos aguas. Sobre todo ahora, que vivo entre Estados Unidos y Shangai, siento que dentro de mí existe una tensión insalvable. Pero en el fondo eso es bastante beneficioso para mis novelas, porque son el resultado de dos personas. Me permite una distancia lo suficientemente amplia como para ver con claridad. Si viviese todo el tiempo en China, mi mirada sería muy distinta.

En su nueva novela se detiene en un momento importante: la Revolución Cultural, una época que para usted es significativa porque vio cómo su padre fue humillado por los Guardias Rojos. ¿Indagar en esos años le sirve para hacer una crítica del presente?

-No tanto. Lo que me molesta realmente es que se quiera volver a aquella época en un sentido folclórico. Algunos miembros importantes del partido, por ejemplo, pretendían que la gente cantara otra vez las canciones de la Revolución Cultural. Es algo que no entiendo. Supongo que tiene que ver con que la diferencia entre los pobres y los ricos es cada vez mayor, con el hecho de que el gobierno sigue pensando que, con sólo cantar una canción que hable de los méritos del comunismo, pueden resolverse todos los problemas.

¿Qué recuerdos tiene de aquella época?

-Lo que más recuerdo es lo que ocurrió con mi padre; es una pesadilla que jamás olvidaré. Hay noches en que me despierto temblando, con un sudor frío que me recorre todo el cuerpo. A veces pienso que también para el pueblo chino fue una pesadilla de la que todavía hoy cuesta despertar. En aquel tiempo, era normal que muchas personas que no estaban de acuerdo con la Revolución Cultural tuviesen que confesar por escrito que eran culpables, que habían cometido crímenes contra el pueblo, esa clase de cosas.

¿Por qué su padre debió confesar algo que no había hecho?

-Bueno, en realidad no la escribió él. Como en ese momento estaba con los ojos vendados, pues había tenido que ir al hospital a someterse a una intervención ocular, me llamaron a mí para que se la escribiera. Me llamaron del hospital y allí fui. Él me dictaba y yo escribía. Fue humillante que tuviera que confesarse culpable de haber traicionado al pueblo chino en el estado en que se encontraba. Aún recuerdo los dolores de cabeza que padecí ese día, pues las autoridades se fijaban en todo, incluso en si el texto estaba bien escrito, si no había errores gramaticales. Yo estaba dispuesto a estar todo el día en el hospital. Pero entonces, para mi sorpresa, lo escribí una sola vez y me dijeron que estaba bien. Cuando evoco aquel hecho no sólo recuerdo la deshonra de mi padre. Pienso que de algún modo eso hizo que ganara en confianza al escribir, aunque por entonces no soñara con hacer algún día novelas policiales.

EL CORAZON DE LA SOCIEDAD

No fue sino después de los 40 años cuando Qiu Xiaolong empezó a escribir narrativa. Antes, había esbozado algunos versos sin la intención de llegar a ser poeta. Al regresar a China tras un extenso paréntesis, quedó tan impresionado por el cambio que se había producido en Shangai que pensó en la posibilidad de hacerse escritor. "Tengo que escribir -me dije-, sobre la ciudad en pleno proceso de transformación. Así que empecé con un largo poema al que titulé ?Don Quijote en China', pero enseguida comprobé que la poesía no iba a servirme de mucho, que no era el medio adecuado para lo que yo deseaba hacer, porque lo que pretendía era describir una sociedad en un sentido muy amplio."

Nunca había escrito una novela, pero había leído muchos policiales. "Quería escribir -recuerda- una novela sobre la sociedad china, y entonces pensé que me serviría de marco: en ese sentido, para mí era ideal, porque mi protagonista iba a moverse en el medio de la sociedad, haría preguntas, caminaría por distintos lugares y entraría en el corazón de Shangai".

ADN Qiu Xiaolong

Nació en 1953, en Shangai, donde estudió y se dedicó a la traducción de autores ingleses. En 1988 se trasladó a Estados Unidos para escribir un estudio sobre T. S. Eliot, pero la masacre de Tiananmen lo obligó a permanecer en el exilio. Actualmente enseña literatura en la Universidad de St. Louis, Missouri, y

pasa parte del año en su ciudad natal. Entre sus libros policiales se cuentan Cuando el rojo es negro y Seda roja.

EL CASO MAO

Por Qiu Xiaolong

Tusquets

Trad.: Victoria Ordóñez Diví

330 páginas

$ 97

7.7.11

La viuda de Millennium

Durante 32 años, Eva Gabrielsson fue la compañera de Stieg Larsson. Aquí cuenta sus recuerdos del escritor
Memorias. La viuda de Stieg Larsson, Eva Gabrielsson, cuenta sus recuerdos.foto.fuente:Revista Ñ

La disputa legal alrededor del legado del sueco Stieg Larsson, autor del fenómeno editorial Millenium –que lleva vendidos 40 millones de ejemplares en el mundo– suma un nuevo capítulo con la publicación de la autobiografía Millennium, Stieg y yo, de Eva Gabrielsson, quien fue su compañera durante 32 años, hasta el día de su muerte.

Larsson murió a los 50 años de un ataque cardíaco, en noviembre de 2004, justo después de entregar a su editor las casi dos mil páginas que conforman la trilogía –Los hombres que no amaban a las mujeres, La reina en el palacio de las corrientes de aire y La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina– por lo que nunca llegó a presenciar su inmenso éxito.

Su concubina se anima a revelar la trama de la disputa que mantiene con el padre (Erland) y el hermano (Joakim) del autor, con quienes prácticamente no se vio en 30 años (Stieg "se crió con sus abuelos maternos" y "la relación entre los hermanos era casi inexistente", declara) pero además devela, como un rompecabezas, los escenarios o personajes que inspiraron la saga.

Los bares donde se encontraban a tomar café, una frase que usaban a menudo, un departamento donde vivieron, incluso amigos que aparecen con sus nombres verdaderos son datos que van armando la génesis creativa de la saga y que prometen enganchar a los más fanáticos en el hallazgo de estas coincidencias.

"La base de datos de sus libros era nuestra vida y nuestra convivencia. 'Millenium' es fruto de la experiencia de Stieg, pero también de la mía; de nuestros combates, compromisos, viajes, pasiones, temores... ", sostiene esta arquitecta de profesión.

La autora traza el perfil de su compañero como un periodista comprometido –investigaba a los grupos de ultraderecha y sus lazos financieros con empresas–, idealista, defensor de la libertad de expresión, con quien no contrajo matrimonio pese a su amor, como medida de protección contra las amenazas que recibían de esos mismos grupos.

En el capítulo dedicado a los personajes de la novela, desliza que Lisbeth Salander está inspirada en Pippi Calzaslargas, una niña heroína creada por la sueca Astrid Lindgren –la novelista más famosa de esa nación– y que Stieg quiso imaginar qué habría sido de ella al hacerse mayor.
"Mikael Blomkvist no es Stieg Larsson –continúa–. Resulta evidente que encarna al periodista generalista de prestigio que Stieg hubiera deseado ser, que comparte muchas de sus opiniones y compromisos y que, como él, es un justiciero incorregible e incorruptible".

Aunque aquí Eva revela la trama del inacabado cuarto tomo de la saga, en el que "Lisbeth acaba liberándose de sus fantasmas y sus enemigos", del que Larsson llegó a escribir unas 200 páginas en su computadora en poder de Eva. Hace unos días se reveló en diferentes medios que ella no iba a concluir la novela, como se había especulado.

Escrito en colaboración con Marie-Françoise Colombani, el libro se debate entre la tristeza de la autora por la desaparición de su "alma gemela" –cómo se entera de la muerte de Stieg resulta uno de los tramos más emotivos– y su sensación de injusticia por no haber recibido ni un euro por los derechos de autor de la trilogía, valuados en 15 millones de dólares.

2.7.11

Un policial bien hippie

Después de sus novelas complejas y exigentes, Thomas Pynchon recala en el género negro para infiltrarlo con su imaginación, como nunca alucinógena
Thomas Pynchon, escritor estadounidense que incursiona en el género negro.foto:internet.fuente.adncultura

Más que un género, el policial es a estas alturas un lugar común. Es difícil entrever qué puede haber llevado a que el invisible Thomas Pynchon (Long Island, 1937) limitara su incontenible potencia formal y verbal en el molde de un noir climáticamente luminoso como Vicio propio . Hasta ahora, el escritor estadounidense se había valido de los géneros más diversos, sólo para canibalizarlos mejor. Contraluz , su narración anterior (1400 páginas), tal vez sea su suma estética definitiva. En ella, restos del western coincidían en un mismo plano con una ciencia ficción arcaica, los relatos de aventuras y leyendas anarquistas con historias sentimentales sacadas de una novela rosa de quiosco.

La busca detectivesca fue también uno de los hilos conductores de sus libros previos. En V. (1963), La subasta del lote 49 (1966) o El arco iris de la gravedad (1973), los protagonistas partían tras los pasos de una madre fabulosa o seguían indicios que hacían sospechar de toda serie de complots para terminar descubriendo que se era una pieza más de un mayúsculo diseño inaccesible. La paranoia era, así, el permanente motor de esa narrativa-monstruo, que arrastraba en su avance una multitud de personajes excéntricos.

Capricho o divertimento, Vicio propio es, prima facie , un policial que cumple con las consignas más observadas del género negro. El esqueleto de la trama, si se prescinde de los detalles, podría haber tenido como inspiración el análisis morfólogico de cualquier relato policial. Doc Sportello, detective de Los Ángeles, recibe la vista de Shasta Fay Hepworth, ex novia que le pide que investigue el paradero de Mickey Wolfmann, un magnate de la construcción con el que mantenía relaciones. El hombre ha desaparecido de manera súbita, y algunos indicios señalan que podría haber sido internado en una clínica psiquiátrica por su mujer, ante el riesgo de que se deshiciera de toda su fortuna. Esa piedra de toque lleva al detective al lugar equivocado en el momento equivocado (algo siempre propicio para el desarrollo del argumento) y a que su némesis, un policía llamado Bigfoot Bjornsen, lo considere por un breve lapso sospechoso de un asesinato. De ahí en más, un dato lleva a otro dato, ese dato a otro personaje, ese personaje a otro dato, sucesivamente, hasta la conclusión.

"Antes -reflexiona en cierto momento Doc, pensando en los colegas que lo predecieron-estaban todos aquellos grandes investigadores de los viejos tiempos: Philip Marlowe, Sam Spade, el detective de los detectives Johnny Staccato . [?] Mientras tanto aquí, en el mundo real, la mayoría de los sabuesos privados ni siquiera sacamos para pagar el alquiler." En estas páginas, Pynchon se comporta en materia policial como un honesto seguidor de Raymond Chandler (como al escritor de El largo sueño , poco le importa que cada crimen encuentre una explicación perfecta). Por lo demás, poco comparte con el asfalto húmedo y susurrante de las historias de su aparente mentor. Las peripecias de Vicio propio transcurren en 1970 en Los Ángeles, y tienen como ruido de fondo el juicio contra el clan Manson, que representó el fin de la inocencia definitivo de todo un período. Sportello, algo inédito en la tipología detectivesca conocida, es un hippie salido del más sedado Flower Power. El contrasentido tiene explicación: para levantar una deuda, trabajó cobrándoles a morosos y, ya desempleado, empezó a valerse de los conocimientos y contactos adquiridos. Doc comparte oficina con un médico que sólo se dedica a inyectar vitamina B12 a sus pacientes. Es aficionado a la marihuana y los ácidos, pero no es un rasgo privativo de él. Lo mismo ocurre con la casi totalidad del centenar de personajes que entra y sale de escena en esta comedia alucinógena, y que responden a nombres tan improbables como Sortilège, Sauncho Smilax, Vehi Fairfield, Ensenada Slim o Flatweed y Borderline (estos dos últimos, insospechables agentes federales). Se dice que Proust no podía pensar un personaje hasta que no tenía perfectamente decidido su nombre; Pynchon es su reverso: parece inventarlos sólo para saciar su frenesí onomástico.

Entre el vértigo de sus vehículos sesentistas y el estado extático y contemplativo al que lo lleva la droga, Doc Sportello recorre Los Ángeles de lado a lado. Provee así una cartografía de esa ciudad en los sixties , plagada de bares dudosos, clínicas new age , autopistas y playas atiborradas de surfers no siempre en buen estado (el detective vive justamente en una de esas playas, la imaginaria Gordita Beach). Una escapada a Las Vegas permite sumar la colorida radiografía de un vicio adicional: el juego.

Pynchon es un artista de la digresión, del chiste gratuito (como lo demuestran sus recurrentes canciones) y de la erudición imposible, que aquí más que nunca alude a las películas y a un sinfín de series televisivas de la época, que funcionan como un opio adicional. También es un creador de caracteres en cadena. Al hippie Doc le salen al paso toda clase de freaks , incidentes extravagantes o edificios portentosos: un saxofonista tenor que se suponía muerto, bandas de música surf, émulos de Brian Wilson, protoskinheads, sensibles ex combatientes de Vietnam, voluptuosas mujeres salidas de un cómic, un psiquiátrico para ricos, billetes falsos con la cara del presidente Nixon, un omnímodo cártel indochino que trafica heroína, fabulaciones sobre Lemuria (suerte de Atlántida del Pacífico), reliquias (una corbata de Liberace, la taza de café de Wyatt Earp) o la mítica ola de San Flip de Lawndale, recurrente tsunami mar adentro que Doc encuentra mientras persigue al Colmillo dorado, un barco con mucho de fantasma.

Este acopio imaginativo, sin embargo, se ve disminuido hasta cierto punto por la coartada policial. La lealtad al género obliga -a diferencia de lo que ocurre en sus otros libros- a un mínimo de verosimilitud y a que todo ese delirio quede reducido a simples causas narcóticas.

Tal vez convenga vincular Vicio propio con otra genealogía de novelas que descubren en California -tierra que creció al amparo de la fiebre del oro- una carga utópica enardecida: desde Viejo muere el cisne , de Aldous Huxley, con su búsqueda de la inmortalidad, a Confesiones de un artista de mierda , de Philip K. Dick, con sus sectarios religiosos.

Entre los muchos personajes reales que aparecen aludidos en la novela figura Abbie Hoffman, un conocido activista de los años sesenta que alguna vez sentenció: "Los años 60 han terminado. La droga nunca será tan barata, el sexo nunca será tan libre y nunca tan bueno el rock and roll". "Lo único que sé es que todo se acabó allá por el 65, y nunca volverá a ser como antes", dice Doc, parafraseándolo. Vicio propio es una comedia jocosa y desaforada, pero también, como sugiere cierta maldición nativa aludida en el libro, la elegía de una época destinada a la fatalidad.

Pynchon se permite incluso un aporte de alcance contemporáneo a su narrativa del complot. En sus pesquisas, el inefable Sportello se topa con una computadora conectada a ARPAnet, embrión de la actual Internet. El detective hippie se pregunta cuánto tardará en ser prohibida, como todo lo que de verdad vale la pena. La respuesta se la da Sparky, un joven genio de la computación que pasa raudamente por la novela: "Un día todo el mundo se despertará -le explica- y descubrirá que ha estado sometido a una vigilancia de la que no puede escapar". Porque es cierto: el movimiento contracultural puede haber sido decisivo para la expansión de la Red, pero los impulsores originales del proyecto fueron los militares. "Y de los militares -como le gustaba recordar al respecto al filósofo Paul Virilio- nunca vino nada bueno".

Vicio propio

Por Thomas Pynchon

Tusquets

Trad.: Vicente Campos

424 páginas

$ 84

1.7.11

El idilio mortal de Unni Lindell

La trampa de miel, primera novela de la autora noruega que se publica en España, sigue la investigación de dos detectives tras un homicidio en un barrio residencial pacífico

La escritora noruega Unni Lindell.foto:Siruela Ediciones.fuente:elpais.com

Su profesor de primaria debía de alucinar. Aunque el tema de la redacción que les encargaba a sus alumnos fuera Un paseo por el bosque, en la composición de la pequeña Unni Lindell acababan colándose al menos 12 muertos. "Siempre he tenido esa ansiedad por escribir y en especial para la novela negra", cuenta esta autora noruega de 54 años que en su país ha vendido más de tres millones de ejemplares. Paradójicamente, en su primera obra que se traduce al español, La trampa de miel (Siruela), solo hay una fallecida, aunque, por si fuera poco, también mueren tres perros y desaparece un niño de siete años.

En un verano de postal, los pequeños juegan por las calles y una furgoneta de helados recorre un barrio residencial de Noruega. La trampa de miel arranca en un idilio que se intuye no duradero. "Escandinavia está llena de lugares pequeños y maravillosos, que sin embargo esconden peligros", asegura Lindell. Así, la lupa de la novelista va buscando el polvo tras el marco del paraíso aparente donde se desarrolla la trama. "El escritor tiene que ver detrás de las cosas", explica la autora. Lo que, en su caso, significó asistir realmente al encuentro enternecedor entre niños y helados y pensar: "Esa camioneta tendrá una cámara frigorífica".

Esa idea fue la chispa que arrancó el coche que atropella mortalmente a una joven inmigrante y da el pistoletazo de salida al thriller de La trampa de miel. Empieza así una carrera frenética de 411 páginas, donde dos detectives investigan el crimen, el punto de vista rebota de un protagonista a otro cada cuatro párrafos y el lector acaba perdido, al principio, y atrapado, luego, en la telaraña de la autora. "La novela negra es el género final. Puedes profundizar la historia de los personajes y los problemas sociales, provocar emociones y usar un lenguaje culto", sostiene Lindell.

Una vez descubierta esa formula áurea, los escandinavos no paran de aprovecharla. Stieg Larsson, Camila Lackberg, Henning Mankell, Jostein Gaarder, Maj Sjöwall y Per Wahlöö son las estrellas de un género que ha encontrado en el gélido norte de Europa su ecosistema preferido. "La novela negra escandinava tiene un nivel muy alto", considera Lindell, que asegura que en su país la siguen los paparazzi y le para la gente por la calle.

Como las vacas sagradas del género, Lindell también cuenta con sus detectives. En La trampa de miel, dos son los virgilios que bajan al infierno con el lector. Cato Isaksen es el Sherlock Holmes de Lindell, que ya le ha dedicado seis libros. Marian Dahle, recién llegada a sus páginas, es en cambio su pupilo y nuevo amor: "Es políticamente incorrecta, descarada, poco femenina y a menudo supera el límite del comportamiento de un policía, por lo que, por otro lado, entiende mejor a los criminales".

Demasiado parecidos para gustarse, Isaksen y Dahle trabajan juntos por obligación, aunque preferirían pegarse. Su investigación poco tiene que ver con series estadounidenses y haces de luz ultravioleta que desvelan huellas invisibles. Lo suyo son interrogatorios e intuiciones. "En Noruega es ese el método que se aplica. Me asesoro mucho con amigos policías y abogados antes y después de escribir e intento narrar historias realistas", asegura Lindell. También tira de experiencias personales y búsquedas algo surrealistas. Para un detalle de La muerte dulce (otra de sus obras), se fue a la comisaría de Oslo y se sentó a hacer dibujos y tomar notas. Preguntada por si quería ayuda, contestó que no, que solo estaba estudiando cómo se podría matar al jefe de la policía.

Metáfora de su país, tras unos ojos azules magnéticos y una apariencia delicada, Lindell esconde toneladas de realismo. "Las novelas negras van de gente que ha ido demasiado lejos. En el fondo, la vida puede cambiar en dos segundos y todos, bajo ciertas circunstancias, podemos convertirnos en asesinos", dice Lindell. Fue, por ejemplo, lo que le pasó a una niña de 19 años que la autora conoció en una visita a la cárcel de Ámsterdam y que había asesinado a su padre.

Tal vez la reflexión de Lindell parezca exagerada, aunque no sorprende en una mujer que antes de entrar en una habitación de hotel, deja fuera la maleta y registra el cuarto de cabo a rabo en busca de homicidas escondidos y otros peligros. La ansiedad acompaña constantemente a Lindell. Pero, según ella, es uno de los secretos de su estilo: "Uno nace escritor, no se hace". A saber qué opinaba su profesor de primaria.