13.10.10

La ULE acoge desde hoy y hasta el viernes un congreso internacional sobre la evolución de la ficción criminal

La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de León (ULE) acogerá desde mañana y hasta el viernes el II Congreso Internacional de Ficción Criminal que se desarrollará bajo el lema El Género negro en la era de la globalización (1990-2010)


Organizado por los departamentos de Filología Moderna y Filología Hispánica y Clásica de la ULE, este congreso internacional cuenta con la colaboración de la Fundación Sierra Pambley (que acogerá las sesiones de tarde), el Ministerio de Educación y Ciencia, Casa África, la Junta de Castilla y León, Caja España y la Librería Galatea.

Según han explicado desde la organización del congreso, se estudiará la representación y evolución de la ficción criminal en la producción literaria, cinematográfica y artística en el periodo socio-político de la globalización. El objetivo principal es constatar la evolución del género en las diversas manifestaciones artísticas actuales, y su significación sociocultural.

Para ello, se contará con la presencia de especialistas de diversas áreas de conocimiento (literatura, cine, historia del pensamiento, derecho, etcétera) junto con otros profesionales relacionados con la investigación criminal y la práctica judicial.

fuente:lainformacion.com

11.10.10

Policial a lo Piglia

El escritor dice que con Blanco nocturno quiso superar los códigos y los clisés de los policiales y que intentó que en su narración el foco no estuviera tanto en la trama como en los personajes

"Ahora me doy cuenta de que sólo puedo localizar mis historias en los lugares en los que viví", dice Piglia. Foto:GUILLERMO MONTELEO.fuente:adncultura.com

Más allá de sus tramas disímiles y de las distancias entre sus fechas de publicación, las novelas de Ricardo Piglia quizá formen un proyecto continuo. No solamente porque los mismos personajes suelen volver en cada uno de los libros, como si las ficciones fueran en realidad estaciones de sus biografías imaginarias, sino sobre todo por un registro común, la manera en que la sintaxis se sale de quicio, y por cierta idea general de poner a prueba los límites del género en el que escribe: la novela tiende a veces al ensayo, como en Respiración artificial , y el ensayo a la ficción, como en algunos de los textos de Formas breves o de El último lector .

Blanco nocturno , su nueva novela, es un policial de enigma que transcurre en la década de 1970 -resuena lejano el rumor de la política- en un pueblo de la provincia de Buenos Aires: hay allí un crimen (el del portorriqueño Tony Durán), un triángulo amoroso y sexual con las mellizas Belladona -hijas del hombre rico del pueblo-, que amplía luego sus vértices; un inventor recluido en su fábrica y una investigación liderada por el comisario Croce y secundada por el periodista Renzi, viejo conocido de los lectores de Piglia. Pero es un policial deliberadamente defectivo, en el que se reconoce de inmediato un "tono Piglia". "El primer lector de la novela fue Gerardo Gandini, y lo primero que mencionó fue justamente la cuestión del tono de la novela", explica Piglia con su habitual énfasis teórico, pero particularmente sereno, como si saliera de una convalecencia.

-¿Por qué ese primer lector fue un músico y no alguien vinculado directamente a la literatura?

-Durante mucho tiempo, mi primer lector fue un amigo que se dedicaba a la filosofía, José Sazbón. Me parecía siempre mejor buscar un lector que estuviera un poco corrido del mundo de los escritores, un lector ajeno a ese universo cerrado. Gerardo es un amigo, pero también un gran músico y alguien con mucha sensibilidad para la forma y para el ritmo. Él inmediatamente empezó a hablar del tono. El tono no es el estilo; es más bien la relación que tiene el narrador con la historia. Eso es muy importante para mí. Esa relación puede ser irónica, nostálgica, agresiva. Eso es un ritmo, una relación emocional del narrador con la materia. No es estrictamente un tema, porque el narrador a veces es casi invisible. El estilo es una consecuencia, y viene después.

-¿Ese tono es estable, en el sentido de que persiste inalterado de un libro a otro?

-La cuestión es si el tono se mantiene o no a lo largo de todo el libro. Manuel Puig, por ejemplo, cambiaba los tonos dentro de cada capítulo. Yo intenté que el tono permaneciera estable a lo largo de todo el libro. Por otro lado, las marcas que uno reconoce como propias son algo que yo no puedo percibir. Pero mi ilusión es que los libros no se parezcan entre sí. Lo que llamamos experimentación tiene que ser primero experimentación del artista, más que del objeto. El objeto puede ser más o menos experimental, pero el artista tiene que sentir que se pone en riesgo. Eso es imprescindible para que me interese escribir un libro. Tiene que haber un desafío mínimo, algo que no hice antes.

-¿Cuál fue ese desafío en Blanco nocturno?

-En principio, situar una novela en un pueblo de campo, un ámbito tan diferente del de mis libros anteriores. Yo tenía todo el recuerdo de las noches de mi infancia en el campo. Eso supone otra relación con el paisaje, y supone también un tipo de relación entre los personajes que no es igual que en la ciudad. Imaginemos que alguien cuenta una conversación como la que tenemos aquí nosotros: es muy probable que dos personas que conversaron a media tarde se encuentren de nuevo a la noche y sigan conversando; eso es algo que en la ciudad resulta mucho más improbable. Los personajes están allí más unidos. Pero además me interesaba poner una dimensión épica en el relato. Esto quiere decir que los personajes fueran menos cotidianos, con una dimensión un poco más trágica. Ésos eran los desafíos: una localización diferente y un intento de trabajar con personajes que tuvieran una dimensión más alta.

-Respiración artificial fue un intento de vulnerar, por la inclusión de la crítica, algunas convenciones de la novela. En Blanco nocturno lo que se altera son las leyes del policial, ya desde el detective, el comisario Croce, que triunfa intelectualmente pero es derrotado judicialmente.

-Es un intento de llegar a los límites de las convenciones del género. Mi idea es que el género policial es simplemente un personaje: el comisario Croce. Y el libro como tal es también un intento de hacer una novela que tenga como centro básico a los personajes. No una trama previa sino personajes que ayudan a definir la acción. Me atrevería a decir: primero los personajes y después la trama, al revés que en mis novelas anteriores. La trama se construye alrededor de los personajes. Lo que resuelve Croce lo resuelve un poco por intuición... Las tramas se organizan sobre la base de algunos presupuestos, por ejemplo, lo que te decía antes sobre la importancia de los personajes. Dicho de otra manera: hubo un crimen porque había un comisario.

-Croce es un personaje inestable. Se habla de que tiene "narcolepsias psíquicas".

-Sí, por momentos se va, se pierde. Y cuando vuelve, trae una iluminación. Sería parecido al efecto que en otros detectives tiene el descubrimiento de una huella. Es como una epifanía. Acá la epifanía se produce por las ausencias.

-¿Por qué entra el personaje de Renzi en la novela, un Renzi, además, que es anterior a Respiración artificial pero que en determinado momento imagina un libro que es La ciudad ausente?

-Es más bien una manía. Renzi me interesa porque cuando aparece yo tengo más claro el tono, sé cómo va a mirar él las cosas. Es algo dado. Un personaje que mira todo desde la literatura. Es como una melodía que uno ya conoce, lo que para el jazz sería un standard . Además yo quería que Croce tuviera alguien con quien conversar, como suele suceder con los detectives que siempre tienen un ayudante, también en un sentido narrativo. Siempre tiene que haber otro que ponga a prueba las hipótesis y que deba ser convencido. A la vez es una lucha contra el delirio de las hipótesis que circulan en el género, que suelen ser bastante extravagantes. Hay un lugar de sentido común que se encarna en otra figura, de la cual Watson es el modelo.

-El inventor Luca Belladona, hermano de las mellizas, ¿es una reencarnación de Russo en La ciudad ausente? ¿Por qué le interesan los inventores?

-Eso no fue deliberado. Luca Belladona está en el origen del libro porque es la historia de un primo mío, familiar de mi padre, que tuvo esa experiencia con una fábrica en crisis y se quedó resistiendo en la planta. Quizás él sea el modelo de los otros. Pero ahí también se mezcla mi interés por Roberto Arlt. Siempre me interesaron los sujetos que enfrentan la realidad tratando de construir objetos que parecen pertenecer a otra realidad. Y por lo tanto toda la realidad empieza a estar perturbada. El problema consiste en incorporar ese objeto nuevo en la realidad tal cual es. Esos tipos tienen que luchar con la realidad porque lo que lograron construir es muy raro y muy difícil de incorporar a lo real.

-Más que en otros de sus libros, se nota en Blanco nocturno una atención a los datos del paisaje.

-Mi experiencia en el campo refiere a la infancia, a los veranos que pasaba en Bolívar, donde vivía una hermana de mi padre. Era una experiencia maravillosa, y evidentemente me han quedado situaciones que luego, al tratar de reconstruirlas, me di cuenta de que estaban muy firmes y muy frescas: efectos, colores, luces. Los cambios del paisaje del campo en las distintas horas del día, que puede pasar de ser benéfico a parecer aterrador. Todo es tan llano, tan impasible, que da la impresión de que lo único que puede cambiar allí es la luz. Además, me gusta mucho la zona de las lagunas; la laguna de Carhué, por ejemplo, esas lagunas rarísimas en el medio del campo. Ahora me doy cuenta de una cosa: sólo puedo localizar las historias en lugares en los que viví. Todavía no pude localizar un libro en otro lugar, y creo que ya no lo voy a hacer. Entonces, mis historias transcurren en Adrogué, o en Mar del Plata, o La Plata, o Buenos Aires, o en Princeton.

-¿Hay que escribir sobre lo que se conoce?

-Parecería que sí, aunque eso no forma parte de mi ideología explícita de la literatura. Sin embargo, hay un punto autobiográfico: me da la posibilidad de narrar. Es curioso y al mismo tiempo divertido: uno podría pensar que un narrador escribe hasta que se le agotan los lugares, más que los temas.

-¿Por qué le llevó trece años escribir Blanco nocturno?

-Yo no me considero un novelista en el sentido en que otra gente considera a un novelista, alguien que está todo el tiempo escribiendo novelas. Además, no me gusta mucho esa figura de escritor. Trato de tener actividades más variadas. Y éstos fueron los años de mi trabajo en Princeton y de mi permanencia en Estados Unidos. De todos modos, escribí esta novela de la misma manera que las otras, con un procedimiento que no recomiendo a nadie: escribo un primer borrador y lo dejo descansar dos años. Después vuelvo al texto y puedo empezar a modificarlo con una distancia que no se tiene cuando uno trata que el tiempo de escritura sea razonable. Podríamos decir que, en tiempo neto de escritura, la novela me llevó dos años o dos años y medio. Mi sensación es que si yo escribiera la novela en dos o tres años, no lograría ponerle los niveles que yo pretendo que tenga. Cuando el tiempo se incorpora al manuscrito, hay una inspiración que está en el propio material.

-Uno de los personajes de la novela dice en un momento que su madre no lee novelas argentinas porque "esas historias ya las conoce". ¿Cuáles son esas historias conocidas de la literatura argentina?

-Es como hacer una taxonomía. Podría escribirse en broma un manual de autoayuda para escritores argentinos. En realidad, las novelas argentinas se parecen demasiado unas a otras. Hay como un estilo literario medio que se repite y uno al final no distingue una obra de la otra y no sabe bien quién las ha escrito. Podríamos reformular la famosa frase de Tolstoi en el comienzo de Anna Karenina y decir: las malas novelas son todas iguales, pero las buenas son buenas cada una a su manera.

-Lo curioso es que no parece que esa frase pudiera haber sido dicha en los años setenta. Es algo que va desde el presente hacia atrás.

-La frase de la novela es un chiste. Sobre todo, porque el gusto de la narración consiste a veces en encontrar lo que ya se narró y lo que ya se conoce. De todas maneras, creo también que algunas posiciones sobre ciertas poéticas se han vuelto más férreas. Sería bueno que se instalara la percepción de que la literatura no se hace de un solo modo. Ahí está la peor herencia de Borges. La peor herencia de Borges es su idea de que había una sola manera de hacer literatura y que esa manera excluía a Proust e incluía a otros. Él pensaba que Chesterton y Stevenson eran mejores que Joyce y Proust. Fue una posición valiente y él tenía todo el derecho de pensar eso. Pero no me parece del todo pertinente que dijera que eso era la literatura. Borges terminó por permitir que se incorporara un modelo único. Eso no ayuda a las conversaciones y las tensiones entre las poéticas sino que instala exclusiones absolutas.

-¿Habría que pensar con esas coordenadas el aparente olvido de la obra de Juan José Saer?

-Ahí tenés: los que critican a Saer dicen que es lento. Entonces: ¿la literatura tendría que ser rápida? A quién se le ocurre. La de Saer tiene esa velocidad. No se le puede quitar a la novela un elemento. Qué bueno sería Saer sin descripciones... ¡Pero no habría Saer sin descripciones! Ése es su mérito mayor. En cualquier caso, la dinámica de la literatura no se puede comprender hasta que pasa un tiempo. Yo tengo la idea de que para poder comprender la literatura en el momento mismo en que uno vive habría que leer todo: lo que se edita, lo que no se edita e incluso las novelas frustradas. Si por algún artificio de la literatura fantástica uno pudiera acceder a esa masa de textos que se escribe en un año, uno podría tener una idea de cómo funcionan ciertas formas y ciertos imaginarios.

-¿Lee mucha literatura argentina actual?

-Sí, leo siempre, sí. Estuve leyendo, por ejemplo, los dos últimos libros de Marcelo Cohen, que tiene un proyecto muy interesante. También leí algunos textos de algunos escritores más jóvenes, por ejemplo de Marcos Herrera. Otro escritor que me interesa mucho es Germán Maggiori, que hace una especie de ciencia ficción noir , dura, una especie de ciencia ficción del suburbio; allí, además, el castellano aparece alterado por esas realidades. Tengo ganas de dictar un curso sobre primeras novelas y escribir después un ensayo sobre eso. Me interesa cómo aparece un tono y una voz, y qué se puede esperar después de eso. Trataría de hacer un pequeño catálogo de textos y reflexionar sobre esa forma. Lo interesante de las primeras novelas es que no sabemos nada, no tenemos prejuicios. Es una primera experiencia de lectura. Últimamente, me preocupa mucho la sobreinterpretación, que es algo muy ligado a la cultura de masas actual. Es algo que noté en Estados Unidos con las emisiones de Lost y de The Wire . Después de cada capítulo, al día siguiente ya había infinitas interpretaciones. Cada interpretación preparaba lo que se iba a ver en el capítulo posterior. La tarea de la crítica tal vez sea defender los espacios en los que no todo está sobreinterpretado.

-¿De qué manera lee ahora Respiración artificial, su primera novela, y de qué manera querría que se leyera?

-Hay una sensación de descubrimiento, me parece, al escribir una primera novela; la sorpresa de encontrar un tono y de poder seguirlo. No se trata de narrar, sino de escribir, y escribir es una cuestión de ritmo, ¿no?; hay que escuchar la música del lenguaje. Mientras trabajaba en Respiracion artificial , tuve todo el tiempo la impresión de que el material era inesperado, que surgía del tono y que yo sólo debía tener la capacidad de sostenerlo. Escribí la última versión de la novela en cuatro meses, en el verano, en un departamento que daba al Congreso, con una sensación de euforia y de energía que nunca volví a sentir con tanta intensidad en los libros siguientes. Esto no habla de la calidad del libro ( La ciudad ausente , por ejemplo, me parece una novela mejor), sino del sentimiento de apertura y de experimentación que es esencial, creo, en la relación con la literatura. Y algunas primeras novelas suelen conservar los rastros de esa inspiración.

7.10.10

Guía para leer a Carofiglio

Guido Guerrieri, el protagonista, es un abogado de Bari que desdeña el dinero
Gianrico Carofliglio,autor italiano de novela negra.foto.fuente: ELMUNDO.es

Durante los últimos años hemos asistido a una eclosión de muy buenos escritores de novela negra. Citaré algunos: Henning Mankell, Stieg Larsson, Ian Rankin, Jo Nesbo, Dennis Lehane, Petros Markaris, Leonardo Padura, entre otros.

La literatura italiana también ha aportado dos nombres a la tradición literaria del thriller. El primero es Andrea Camilleri, padre del comisario Salvo Montalbano, el agudo y escéptico policía siliciano. Sus primeras novelas fueron magníficas, pero creo que luego ha ido decayendo.

El segundo nombre de la literatura policiaca italiana –y también mi preferido– es un fiscal de Bari, de 49 años, llamado Gianrico Carofliglio. Lo descubrí por casualidad hace tres o cuatro años cuando se publicó 'Testigo involuntario', su primera novela, aparecida en Italia en 2002.

Más tarde, Carofiglio ha escrito otros tres trabajos más con el abogado Guido Guerrieri como protagonista de sus historias. La última de ellas, 'Las perfecciones provisionales', va a ser editada por 'La Esfera de los Libros'.

Un romántico abogado en cinco novelas

Guerrieri es un abogado de Bari, desengañado en amores, solitario y amante de los libros, que lucha por la Justicia en una tierra corrompida, en la que la defensa de ciertas causas puede tener serios problemas con el poder establecido y las mafias.

Portada de 'Las perfecciones provisionales'.

Portada de 'Las perfecciones provisionales'.

Es, pues, un romántico que desdeña el dinero y trabaja por amor a su profesión, aunque le pueda costar caro. Guerrieri, boxeador aficionado, se desahoga cada noche dando golpes a un saco, al que le cuenta sus penalidades, lo mismo que Don Camilo habla con el Cristo crucificado de su parroquia.

En la primera de sus novelas, 'Testigo involuntario', un senegalés es condenado a cadena perpetua por el asesinato de un niño, cuyo cadáver ha sido encontrado en la playa. Guerrieri se convierte en investigador y descubre una oscura trama. Finalmente, logra la absolución del inocente senegalés.

En 'Con los ojos cerrados', Guerrieri defiende a una mujer que ha sido objeto de violencia doméstica por parte de un poderoso personaje. En una investigación apasionante, el abogado de enreda con una misteriosa mujer que practica las armas marciales.

La tercera de sus novelas es 'Dudas razonables', en la que Guerrieri pasa una profunda depresión tras ser abandonado por Margheritta. Lucha contra la mafia para demostrar la inocencia de Fabio Policelli, al que todo acusa de tráfico de drogas, y acaba liado con su bellísima y exótica mujer.

La cuarta novela es la citada 'Las perfecciones provisionales', en la que Guerrieri tiene que investigar la desaparición de una joven. No adelantaré nada del argumento, pero diré que nuevamente el abogado se vé atrapado en un complejo affaire policial y amoroso.

Sin perder el pulso

Es una novela excelente, bien escrita y que mantiene el pulso hasta el final. Destacan los diálogos filósoficos entre Guerrieri y una prostituta a la que evitó la cárcel. Son dos almas gemelas que sienten a disgusto en un mundo regido por los valores materiales y la hipocresía.

Bari, el escenario, es una ciudad cuyos bares, paseos y paisajes llegamos a conocer

Carofiglio es ahora senador por el Partido Democrático y miembro de la comisión parlamentaria antimafia tras una brillante carrera en la judicatura. Pero su personaje Guerrieri representa le estética del perdedor, es un ser que sólo aspira a sobrevivir en un mundo hostil, en el que es casi imposible ser honrado.

Guerrieri domina los procedimientos y logra que se haga justicia pese a que el aparato judicial italiano es descrito como una burocracia esclerotizada, en la que el ser humano es un insecto aplastado por el peso de una ley impersonal.

La niñez, el pasado, los recuerdos están también siempre presentes en las novelas de Carofiglio, que tienen Bari como escenario, una ciudad cuyos bares, paseos y paisajes llegamos a conocer a través de su obra.

No quiero profundizar mucho más en la obra de Gianrico Carofiglio porque el propósito de estas líneas en incitar a leerlo. A mí me ha gustado mucho y estoy seguro que también a quienes opten por leer 'Las perfecciones provisionales', que es una verdadera delicia literaria.

6.10.10

James: "La novela negra será más realista y más violenta"

P. D. James descubre en Todo lo que sé sobre novela negra las claves de los clásicos del género

P.D.James.autora británica de novelas policiacas.foto.Álvaro Monge.fuente:elperiodico.com

"Se está viviendo, creo, una segunda edad de oro tanto en este país como en los países nórdicos y en otros. En el futuro la novela negra va a ser algo más realista, pero también más violenta. Los medios de comunicación ofrecen cada día detalles de crímenes atroces, de disturbios, de protestas violentas y eso lo están reflejando los escritores de novela policiaca de hoy. La narrativa detectivesca está cada vez más enraizada en la realidad. Hay también más conciencia de que la policía no siempre es honesta y que la corrupción puede alcanzar las esferas más altas del poder, la política o la justicia. Pero se están publicando buenos libros. El género queda en buenas manos."

¿Qué ingredientes debe tener una novela policiaca?

-Debe haber un argumento verosímil y a ser posible excitante, pero sin trampas. Aparte de eso, debe tener las mismas virtudes que cualquier otra buena novela. Debe hacer que el lector se meta en la narración y los personajes han de ser creíbles. Es una combinación de buena escritura, buena trama, buenos personajes y un buen escenario.

-Usted sostiene que sin un cuerpo organizado de policía no puede haber novelas policíacas.

-Es cierto, tiene que haber ley y orden. En un país donde existe el crimen generalizado y los asesinatos son algo común, no se puede construir una historia detectivesca. En Inglaterra las novelas de detectives se hicieron populares cuando hubo una fuerza oficial de policía en la época victoriana. En relatos como los de Sherlock Holmes la policía y los detectives están ahí, aunque no siempre sean muy eficientes.

-¿Son muy diferentes los relatos detectivescos de hoy de los que se escribieron en la llamada edad de oro del género?

-Sí, son diferentes. La novela de detectives alcanzó su máxima popularidad entre las dos guerras mundiales. Todo el que escribía una novela, elegía una historia de detectives. Pero la manera de escribir importaba poco, la mayoría lo hacía muy rápido y no se preocupaba mucho ni del decorado, del ambiente, ni casi de los personajes. Lo importante era ser ingenioso y los métodos del asesinato debían ser lo más originales posible. Ahora lo más importante es escribir una buena novela y que la muerte y lo que pasa después, las pistas, el trabajo forense, toda la investigación, sea realista.

-En el pasado se criticó que las reglas de la novela policiaca fueran demasiado rígidas.

- El reverendo Ronald Knox las resumió y decía, entre otras cosas, que la muerte de alguno de los personajes debía ocurrir pronto en el relato. Nunca debía haber en la historia hermanos gemelos, ni dobles, ni tampoco chinos. Tampoco debían existir agentes sobrenaturales y no se podían utilizar venenos desconocidos. Además todo lo que sabía el detective lo debía saber también el lector. Algunas de esas reglas aún siguen siendo útiles, pero eran demasiado inflexibles.

-¿Qué papel ocupan las novelas de Sherlock Holmes en el género?

-Creo que Arthur Conan Doyle muestra muy bien el ambiente de la sociedad victoriana. Son historias muy excitantes y muy ingeniosas. Holmes es un héroe remarcable y muy extraño en algunas cosas. No parece un hombre muy agradable para vivir con él. El personaje llegó a ser tan importante, que después de matarle, Conan Doyle tuvo que devolverle a la vida.

-Usted no considera a Agatha Christie una escritora muy innovadora.

-No creo que lo fuera. Pero sabía lo que podía hacer y eso lo hacía excepcionalmente bien. Las ventas de sus novelas siguen siendo un fenómeno. Eso significa que le da a la gente lo que quiere. Pero no era una novelista que trabajara sus personajes profundamente y sus casos no hubieran funcionado en la vida real.

-En esa época, las novelas policíacas se vendían en las estaciones de tren y hubo un debate sobre la calidad literaria.

-En la época victoriana la gente se encontró de pronto con más dinero, estaba mejor educada, empezó a leer y así llegaron los libros populares. Pero muchos victorianos eran unos esnobs y consideraban los libros populares, incluidos las historias de detectives, una literatura poco elevada.

-Cuál cree que ha sido su más importante contribución al género detectivesco?

-Los críticos dicen que lo he hecho respetable. Mis novelas pueden ser excitantes y entretenidas, pero al mismo tiempo ser buena literatura y eso es muy importante.

-¿Cómo ve el futuro?

-Se está viviendo, creo, una segunda edad de oro tanto en este país como en los países nórdicos y en otros. En el futuro la novela negra va a ser algo más realista, pero también más violenta. Los medios de comunicación ofrecen cada día detalles de crímenes atroces, de disturbios, de protestas violentas y eso lo están reflejando los escritores de novela policiaca de hoy. La narrativa detectivesca está cada vez más enraizada en la realidad. Hay también más conciencia de que la policía no siempre es honesta y que la corrupción puede alcanzar las esferas más altas del poder, la política o la justicia. Pero se están publicando buenos libros. El género queda en buenas manos.

1.10.10

El III 'Getafe Negro', la cita con la novela policíaca en el sur, se centrará en Gran Bretaña

La tercera edición del Getafe Negro, la cita con la novela policíaca en el sur de la región, contará este año con la presencia de autores como Philip Kerr y Robert Wilson dentro de un programa centrado en esta ocasión en Gran Bretaña

La Comunidad de Madrid participa en el III Getafe Negro, festival de novela policíaca de Madrid y evento anual de referencia en el panorama literario nacional. Lo hará mediante el patrocinio a su organización y la realización de varias actividades de inscripción gratuita en las bibliotecas públicas del Gobierno regional.

El primero de los actos que ofrecerá la Comunidad serán los Seminarios de Novela Negra, en colaboración con la Escuela de Escritores. Éstos tendrán lugar en la biblioteca municipal de Getafe el martes 13 y el jueves 14 de octubre; en la Manuel Alvar, el lunes 18 y miércoles 20 de octubre; y en la Biblioteca de Retiro el martes 19, y el jueves 21 de octubre. Se trata de seminarios sobre el género literario a cargo de Ignacio Ayerbe. La inscripción es gratuita y puede realizarse hasta completar aforo.

Por otro lado, el lunes 18 de octubre, a las 18.30 horas, se desarrollará en la biblioteca Centro Pedro Salinas la actividad 'Cosecha Negra', basada en un encuentro con cuatro autores actuales españoles, que hablarán de sus obras más recientes. Serán Julián Ibáñez, Lucía Etxebarría, Carlos Salem y Francisco Balbuena.

Por último, y sin duda uno de los platos fuertes de esta programación, la Biblioteca de Retiro albergará el 21 de octubre a las 11 horas un encuentro con el célebre autor escocés Philip Kerr, creador de la serie 'Berlin Noir'. Kerr charlará con los asistentes acerca del proceso de creación de su obra.

Del mismo modo, el publicista y novelista inglés Robert Wilson estará el miércoles 20 de octubre a las 17.30 horas en la Biblioteca Central. Por último, la novelista española Marta Sanz, autora de 'Black, Black, Black', estará el 24 de octubre a las 17 horas en la Biblioteca Manuel Alvar.

'Getafe Negro' está destinado a fomentar la lectura y la cultura aprovechando el auge de la novela negra como nueva novela social que hoy en día se ocupa de describir las múltiples caras de la injusticia, la explotación y el crimen en un mundo globalizado.

Desde el lunes 18 al domingo 24 de octubre de 2010, se llevarán a cabo diferentes actividades en las que participarán escritores nacionales e internacionales, así como artistas, directores de cine, ex banqueros, jueces, periodistas y profesionales de diferentes campos.

30.9.10

Winslow: "Crecí con esos tipos, te protegían"

El escritor presenta una nueva novela sobre la mafia, El invierno de Frankie Machine


El escritor estadounidense Don Winslow.foto.fuente:ADN.es

Su anterior libro, El poder del perro (Mondadori), fue elogiado por la crítica y devorado por el público. Don Winslow (Nueva York, 1953) vuelve a retratar a la mafia con El invierno de Frankie Machine (Martínez Roca). Otro fantástico thriller.

Antes era detective privado.

Siempre quise ser escritor pero también comer todos los días. Así que acabé haciéndolo.

También fue consultor o guía de safari. ¿Qué le aporta más?

Quizás mi trabajo en Kenia. Como guía has de analizar cada detalle del paisaje y rápido.

La gente adora la mafia tras el éxito de 'Los Soprano'.

¡Soy un gran fan! Retrata muy bien el estado de la mafia actual. El repunte de la novela negra también se debe a la recesión. Con la crisis vuelve el interés por el mundo marginal.

De Niro ha comprado los derechos del libro.

Así es. Estoy convencido de que me gustará mucho.

¿Cómo se le ocurrió hablar de un mafioso jubilado?

Crecí con esos tipos. Estaban en la esquina, te daban helados y te regalaban céntimos para comprar cómics. Te protegían.

¿Pudo ser uno de ellos?

Apaga la grabadora (risas). De niño hice alguna entrega de alcohol cuando era ilegal vender el domingo. Pero era calderilla.

Dicen que es un experto en la naturaleza humana.

Como detective conocí ciertas personalidades a fondo. A mi pesar vi demasiado de lo peor y lo mejor del ser humano.

Ha dicho que el 90% de 'El poder del perro' es realidad, ¿lo es también en esta novela?

Está cerca. Frankie es ficticio pero cada flashback de su pasado se basa en hechos reales.

Kennedy, Nixon, Hoffa...

Bob Kennedy y Jimmy Hoffa eran enemigos. La mafia ayudó a que lo eligieran y Bob debía dejar a Hoffa tranquilo. Él no lo respetó y por eso asesinaron a JFK. Nixon estaba cerca del sindicato de Hoffa y la mafia ayudó en su reelección.

¿Qué papel tuvo la mafia en la construcción de EE UU?

Es menor pero en la política de los cincuenta hasta los sesenta fue crucial. Y no todos eran italianos, los míos, los irlandeses, también estuvieron. Y siempre digo que la clase criminal nativa de EE UU es el Congreso.

'Savages' es su último libro -del que Oliver Stone prepara un guión-, ¿de qué trata?

De drogas, sobre agricultores de marihuana en California.

Los nombres del misterio

El ensayista Luis Chitarroni propone en esta columna un proyecto ambicioso y fuera de época: armar un diccionario de detectives
Los detectives: personajes también para un diccionario.foto:archivo.fuente:Revista Ñ

Los principales exponentes del misterio y la resolución, desde el Lew Archer de Ross MacDonald hasta la Miss Marple de Agatha Christie formarían parte de este catálogo.

Siempre creí en la utilidad de un diccionario personal de detectives que me ayudara a resolver los enigmas menos importantes, esos que la realidad no escatima. Los detectives estarían representados por alguna de las letras del abecedario para no obstruir las facultades de intelección y detección con sus rasgos personales y prestarían servicio todo el día, de acuerdo con mis triviales requerimientos. Una segunda presunción imaginaria entorpeció este propósito: un diccionario exhaustivo de personajes, con sus rasgos individuales, para deleite pedantesco del que viste y calza. Tuve la suerte de nacer en época que disuade tales excesos. "Los libros de referencia", me dijeron sabiamente, "hoy sólo se ponen on line".

Puedo dar curso parcial a mis dos proyectos fallidos en esta columna. En términos de abarcar, empezaría probablemente con Lew Archer, de Ross MacDonald y terminaría seguramente con Aurelio Zen, de Michael Dibdin, respectivamente. Habría, sí, una mullida recepción para viejos conocidos como Nigel Strangeways, Gideon Fell y el teniente Columbo, entre otros. Dejaríamos lugar a Cornelia Gray y a otra dama menos inocente, la teniente Tennyson de Prime Suspect . Admito dos debilidades adicionales. Tienen el pudor de ser menos conocidas: Montagu Cork, de Macdonald Hastings, que trabaja en tres novelas extraordinarias e irrepetibles de los cincuenta: es probable que la época anterior a nuestro nacimiento ejerza un magnetismo superior a cualquier otra. Montagu no es un detective propiamente dicho sino un agente de seguros convertido por la compañía en que trabaja en investigador; sus pesquisas, programas de tiesa perfección a los que nunca deja de asistir personalmente, aunque tiene la imperturbabilidad de un "armchair detective", estilo de razonador que no se mueven de su sillón –o de su catrera–, como nuestro inolvidable y genial Isidro Parodi. Entre éstos, no me gustaría que Nero Wolfe de Rex Stout quedara sin mención, ni el príncipe Zalevsky, de M.P. Shiel.

El método de Cork es poco refinado: él no pertenece al conjunto de los que desconfían de la casualidad. Podría postularse, con mucho menos ingenio, a la vacante de Nigel Strangeways, si Strangeways necesitara suplente. O a la de Gideon Fell, que es ufano y circunspecto, casi tanto como Poirot pero exento de sus veleidades culinarias y sus remilgos contumaces.

De los últimos que estrené, de la escuela norteamericana de Texas, mi favorito es Kinky Friedman, un cantante country de mucha reputación en los tempranos setenta, integrante del combo "Los cowboys judíos". Uno de sus éxitos del grupo, escrito por el propio Kinky, fue: "Ya no se hacen judíos como Jesús en estos tiempos". Para reponerse de los devaneos y las arbitrariedades del éxito, de las interminables giras en ómnibus enormes con silueta de galgo y papeles de cocaína en todos los descansos, dedicó su ingenio a las novelas policiales en primera persona. El detective y el ex cantante son el mismo, y a escasa distancia de ambos está el autor, quien puede, en una página, celebrar las nupcias de Jimmie Rodgers y Jane Marple. Los aficionados a la novela de detectives deben de recordar a Miss Marple, otra creación de Agatha Christie cuyo método parecía un curso de corrección aprendido de la sensatez de las clases medias inglesas y de la sabiduría en extinción del diecinueve. Las conclusiones de Miss Marple no tienen la brillantez de las de Poirot, pero remedan con opaca condescendencia las del padre Brown de Chesterton. Jimmie Rodgers, por su parte, fue un cantante maravilloso, "el hombre que empezó todo", como recordó Bob Dylan, y, por lo tanto, precursor de precursores como Hank Williams y Woody Guthrie. Famoso por su yödl, modalidad tirolesa acomodada a la pradera, su canturreo sinusoide hizo memorable "Soñando con lágrimas en los ojos", que homenajeó, entre otros, Bono. Kinky vive solo con su gato y tiene como mascota adicional un armadillo. Es otro cuyo método consiste en una especie de fatua indolencia. La pesquisa la hacen por su cuenta las sagaces observaciones, que van armando, a lo largo de la novela, una especie de trama social de la que no escapan las costumbres alimenticias ni los mamarrachos de la moda. Entre Nueva York y Texas, el sistema de respuestas del hombre es chandleriano, de un laconismo terminal; y el humor, algo que los personajes de sus libros comparten. "Me gusta de los chinos", le dice su amigo Ratso, "que no responsabilizan a los judíos de la muerte de Jesús". "Sí", contesta Ramban, "pero creo que saben que fuimos los que contratamos al leñador".

A la altura de nuestra cornisa sin vista a la desesperación ni a la desesperanza está siempre el querido Maigret, a quien veo asomando de su solapa en las novelas que leía –una por día– mi profesor particular de contabilidad, en tercer año. Se ofreció a canjearme las clases por libros. Una vez que aprobé, ganó estima en mi memoria. Y todo lo que me enseñó se desvaneció para siempre.