10.7.13

Mendoza: "La narcoliteratura es algo que está vivo"

Oriundo del norte de México, se ha convertido en un referente a la hora de narrar los terribles conflictos de su país, siempre con una prosa clara y potente

ÉLMER MENDOZA. En 1999 publicó Un asesino solitario, que lo instaló como uno de los narradores más importantes sobre el tema narco./revista Ñ
Élmer Mendoza ha sido señalado por la crítica y por muchos de sus colegas como el padre de la Narcoliteratura. Desde Un asesino solitario (1999), su primera novela, hasta la saga del Zurdo Mendieta, sus ficciones han vuelto una y otra vez al imaginario del narcotráfico, siempre impregnado de violencia (y amor), corrupción (y lealtad), cinismo (y honestidad). Se trata de un universo ambiguo, lleno de claroscuros, que se torna mucho más dramático cuando se mide con los varios miles de muertos reales que va cobrándose la “guerra” emprendida por el estado mexicano contra los cárteles de la droga.
En ese barro camina Mendoza. Sin embargo, no es ésa la mayor virtud de sus novelas. En ellas, el habla adquiere una materialidad contundente, impone una respiración, afecta al lector. Mucho más que una nutrida balacera. Los enigmas de la trama, la velocísima prosa, o el melancólico escepticismo del Zurdo Mendieta, por nombrar sólo algunas de sus fortalezas, se subordinan a la intensidad de un habla plagada de matices, ironías, contrapuntos. Una poética urbana. Un habla comprometida, y comprometedora.
Tras su paso fugaz por el Festival Azabache de Mar del Plata, y cuando Tusquets acaba de publicar Nombre de perro , tercera entrega de la saga de Mendieta, Mendoza aceptó responder por mail algunas preguntas.
“¿Será tarea del escritor traer más miedo a este mundo?”, se pregunta Rubem Fonseca en uno de los epígrafes de La prueba del ácido (la segunda novela de la saga Mendieta). ¿Cuál es su propia respuesta a esa pregunta? ¿Qué lugar ocupa el miedo en su escritura?
No es tarea; sin embargo no lo puede evitar. Un buen escritor genera emociones y sentimientos y por ahí aparece el miedo. Pensé en Fonseca, me pareció muy claro y lo dejó abierto: hay asuntos que no caben en respuestas definitivas. Creo que no incito al miedo; más bien hay una carga de temeridad; quizá trabajo para que mis libros tengan usa postura temeraria y que se contagie. Tampoco estoy tan seguro.
Generalmente lo consideran el máximo referente de la Narcoliteratura. ¿Qué valor atribuye a esa categoría?
En la medida que es una categoría que contiene un realismo inconveniente, que señala, no el folklor, sino las peligrosas debilidades de la sociedad contemporánea corrupta, tiene valor. Desde luego que las más de las veces el término se usa para descalificar; no obstante, posiblemente los lectores y algunos críticos, nos han llevado a un sitio elevado, y el carácter social de esta literatura gana terreno. Funciona como plataforma y si se lo permites se convierte en una limitante, porque los temas están vivos y todos los días muestran facetas, y este tema es demasiado activo.
“Ya no hay más que decir, el mundo ya no es digno de la palabra”, escribió Javier Sicilia tras el asesinato de su hijo por el narcotráfico en 2011. Su verso recuerda a la célebre consideración de Theodor Adorno sobre la imposibilidad de escribir poesía después de Auschwitz. ¿Cómo se posiciona la literatura frente a la violencia? ¿Cómo afecta esa tensión a su propio trabajo?
La literatura está más allá de la gente que la sufre o disfruta, y no pocas veces hay frases lindas; pero es un producto humano, y mientras haya alguien… Ahora hemos acomodado algunos factores y hablamos de una estética de la violencia; hemos conseguido escribir historias de temática dolorosa y provocar algunas emociones que contradicen las declaraciones de los príncipes del poder; usamos el lenguaje de la calle, el español estándar, algunos tecnicismos; adaptamos el ritmo narrativo a algún habla en particular, yo la del norte de México, y dimos la sorpresa. Lo agradable es que pronto fue más que narcoliteratura. No permito que la tensión de la violencia afecte mi trabajo: jamás podría concluir una novela. Como individuo me cuido y sigo los códigos para estar seguro; pero en mi obra son otras leyes las que valen.
En su paso reciente por el Festival Azabache habló sobre la “estética narco” ¿Cómo la caracterizaría, y de qué manera se nutre de ella su producción?
Hay mitos y leyendas nuevas. Algunas demasiado sangrientas. Hay expresiones con que se nombran. Nombrarlas provoca sentimientos encontrados. Hay una manera de nombrar la maldad que es prohibida. La estética de la violencia aporta las opciones: palabras, historias, nombres, que semánticamente generan ciertos sentimientos, generalmente ambiguos, que acercan o alejan al lector de la realidad de la que forma parte. Si un autor consigue el equilibrio entre lo que se conoce y lo que se propone como novedoso: está en el camino.
¿Diría que la suya es una escritura pesimista?
No sé. Espero que en primer lugar provoque un interés inconsciente que nazca de la emoción de leer, de seguir personajes que se parecen a alguien, que viven situaciones más o menos familiares. Si después hay reflexiones me gustaría que fueran optimistas, pero si son pesimistas significa que traigo la brújula alterada.
Nombre de perro parece la más sentimental de las historias de Mendieta; ¿habrá –pese a todo– lugar para el amor?
Es justo lo que me pregunto. Ya ves que conviene resolver algunos aspectos antes de teclear. Aunque el club de fan del Zurdo exige que tenga relaciones un poco más largas, perdería un instrumento narrativo de poderoso atractivo en la personalidad de mi detective. De momento, no sé qué tanto pueda soportar una intrusión tan obstinada.
Es notable la atención puesta sobre el estilo, y sobre registros regionales y sociales muy particulares, en sus novelas. ¿Cómo orienta su producción en ese nivel de escritura?
Corrijo mucho. Cada párrafo debe sonar y estar quieto de tal manera que pueda leerse. Quiero que mi lector experimente otras sensaciones, desde el rechazo irritado a la sonrisa complaciente. Cada párrafo es parte de una trama. Creo que los registros regionales expresados con precisión dan personalidad a un autor, y a veces es tan especial que se vuelve único: eso quiero. Quiero que la novela de aventuras sea una obra de arte sin otros calificativos. Quiero demostrar que después del boom, aún tenemos ideas por desarrollar.
¿Cómo valora el campo literario actual en México y el resto de América Latina?
Me gusta. Una vez más nos unimos, tenemos intereses comunes. Hay autores representativos en todas partes y lectores que los siguen. Deberíamos ayudar, al menos en narrativa, a que el trabajo de paraguayos, ecuatorianos, venezolanos, bolivianos y centroamericanos se conozca más.

Leonardo Padura anuncia que su obra será "menos negra y más social"

Semana Negra de Gijón

Se ha definido hoy como un autor "absolutamente cubano", cuya obra futura "será cada vez menos negra y más social", porque considera necesario "romper los límites" de los géneros literarios

Leonardo Padura anuncia que su obra será "menos negra y más social",/lainformacion.com
El escritor cubano con mayor reconocimiento internacional ha dicho que la novela negra iberoamericana se ha "diversificado" durante la última década y se "ha vuelto más libre" y en ese proceso "ha ganado".
Padura ha ofrecido hoy una rueda de prensa en la Semana Negra de Gijón, a la que acude con su novela "El hombre que amaba a los perros", de Editorial Tuskets, en la que aborda el asesinato de León Trotski.
Considerada por la crítica como su novela más lograda, el autor nacido en La Habana en 1955 ha reunido en 600 paginas el resultado de cinco años de investigación histórica del caso, que aún hoy, sesenta y tres años después, divide a la izquierda marxista.
Padura ha dejado entrever la tesis de que Joseph Stalin, a quien siempre se señaló como el hombre que ordenó quitar de en medio a su antiguo camarada, traicionó el socialismo y con ello la esperanza de alcanzar la utopía de la igualdad.
En la Semana Negra, ha hablado de la realidad, de Cuba y de España y ha dicho que la situación política, social y económica de ambos países le "duele".
Nacionalizado español por "cuestiones de trabajo", Padura se siente "absolutamente cubano" y sólo puede escribir literatura en su casa del barrio habanero de Mantilla, donde ha nacido.
Artículos de prensa y guiones de cine "los puedo escribir en cualquier lado, pero literatura solo lo puedo hacer en mi casa", ha dicho.
Padura ha reivindicado el sentimiento de "pertenencia" como un elemento fundamental de su vida como escritor.
Sobre la realidad cubana, ha afirmado que "se están produciendo cambios que, vistos desde fuera, pueden parecer pequeños", pero que "son importantes" en la isla.
En ese sentido, ha asegurado que "Cuba está evolucionando hacia una sociedad que será totalmente distinta a la de los años 90".
El autor se ha pronunciado a favor de que se produzcan cambios graduales, lentos, para evitar que "algunos sectores sociales queden muy desprotegidos, como ha ocurrido en los países del Este" de Europa, ha considerado.
También el escritor estadounidense de ciencia ficción Joe Haldeman ha presentado hoy en la Semana Negra su último libro, "La libertad interminable", la segunda parte de la novela "La guerra interminable", sobre la guerra de Vietnam.
Haldeman, que ha participado como soldado del ejército de Estados Unidos en el conflicto del sudeste asiático, narra en su ultimo trabajo la visión que tiene de la vida un veterano de guerra en los tiempos que corren.
Con una formación en física, astronomía y matemáticas, sus novelas se caracterizan por las abundantes referencias a distintos aspectos de la ciencia.
Haldeman ha dicho que escribe ciencia ficción porque la ha leído de niño y le ha influenciado. No obstante, ha considerado que los autores del género "han sido estrechos de miras porque han renunciado a hablar del mundo real".

8.7.13

Efervescencia cultural y mucha crisis en la Semana Negra de Gijón

Semana Negra de Gijón

Marj
El escritor griego Petros Markaris  (en la imagen, pillado en faena antes de la charla) se ha llevado la ovación de la tarde, y puede que del festival, durante su intervención en la Semana Negra de Gijón. El creador del comisario Jaritos ha cargado contra la clase política griega, el aburrido y fracasado bipartidismo y contra el auge de los neonazis. Y, avisa: el gran movimiento de protesta, el de los jóvenes, está por llegar. En Grecia y en España.

La carpa central de la Semana Negra estaba hasta los topes mucho antes de que apareciese el escritor griego, muy bien introducido por el librero Paco Camarasa y el periodista Victor Guerrero. Markaris es una de las estrellas del festival, pero hay y habrá mucho más. Se lo contamos.  
La Semana Negra no deja de ser un sitio peculiar. Un lugar en el que puedes 'atacar' a los autores invitados, a veces auténticos cracks como Markaris o Leonardo Padura, en plena calle, o en el tren negro, o donde sea. Un lugar en el que puedes ver a gente comprando libros al peso ("ese no, dónde vas, que tiene más de 200 páginas", decía una señora a las 18.13, a pleno sol, en el puesto de una de las librerías de referencia mientras su marido, inconsciente él, cogía un ejemplar de Lehane) al lado de la carpa en la que está a punto de comparecer Markaris. Como decíamos, es un sitio raro y genial.
Tan raro que el día anterior a su conferencia, pillamos al autor griego en la aburridísima, ¿no lo son todas?, recepción oficial y hablamos con él. En breve: en su próxima novela los jóvenes saltan a la palestra y toman la iniciativa de las protestas; Markaris cree que sus novelas gustan más en España que en otros países porque nos identificamos con los males griegos y cree que gustan en otros lugares, por ejemplo en Alemania, porque ven un mundo totalmente ajeno a sus problemas. 
Pero, como decíamos, hay más. Mucho más. Por ejemplo, me encontré al artista Felix de la Concha repasando sus notas cerca de la carpa central. El autor Alex de la Concha lleva un buen rato retratando a Ángel de la Calle mientras le entrevista y hablan de la literatura, la vida, el poder. Es un proyecto extraño el de la Concha, una idea que se inició en 2003 y que ya ha desarrollado con víctimas del Holocausto, en Turquía y con muchos escritores y artistas. Aquí está lo que va a hacer a lo largo de la cita
La foto
La efervescencia literaria y cultural que vive Gijón hasta el 14 de julio es espectacular. Este sábado, por ejemplo, nos hemos repartido entre dos representaciones simultáneas, una exposición y un mar magnífico de librerías. Y una ronda por el bar, claro, que la carpa central tiene una kilométrica barra patrocinada. El programa completo, para que nadie se pierda, aquí.
La exposición Los sentidos del crimen , por ejemplo, es un pequeño repaso a las motivaciones del criminal y otros aspectos de los, en realidad, sórdidos crímenes, a través de un buen material gráfico.
La foto
El festival no quiere perder, antes muertos, su carácter reivindicativo. Aunque ahora gobierne en Gijón el Foro. Como muestra, el número del día de A quemarropa, la apuesta informativa de la organización. Cito, textualmente:
La Semana Negra ha sufrido este año severos recortes en presupuesto y plantilla, pero el único de ellos que verán y que notarán nuestros visitantes es el de la cinta negra con el que, como cada año, los representantes políticos y los de la organización del festival dieron inicio ayer a esto que aspira a ser, en palabras de su fundador y director emérito, un festival donde las ancianitas progres se sientan como en casa y los adolescentes inteligentes se sientan fuera de ella".

 /bobila.blogspot.com, elpais.com

6.7.13

El tren negro de Gijón puede con la crisis

Semana Negra de Gijón

Escritores, viñetistas, artistas, fotógrafos y periodistas se dirigen a la ciudad asturiana, donde arranca la Semana Negra

 La consejera de Cultura del Principado de Asturias, Ana González (izquierda), el director de la Semana Negra de Gijón, José Luis Paraja (derecha); y el director de contenidos, Angel de la Calle (el segundo a la izquierda) a su llegada a Gijón. / Juan González/elpais.com
¿Qué es lo primero que ocurre en un tren en el que viajan escritores, artistas, viñetistas, guionistas de cómic, fotógrafos, periodistas y hasta músicos? Pues que se acaba la cerveza dos horas antes de llegar al destino. Eso es lo que ha pasado hoy en el Alvia Madrid- Gijón, un tren que ha visto cómo la calma rutinaria de viernes por la tarde era alterada por una masa festiva y charlatana que ha inundado los vagones 5 y 6 camino de la Semana Negra que se inicia hoy hasta el 14 de julio. Lo tradicional, ay la crisis, era un tren entero, el Tren negro, el que hacía el recorrido con parada en Mieres, comida y homenaje minero incluidos. Pero los rigores impuestos por el desastre que vive España y la reducción de la ayuda pública lo han dejado en dos vagones de un tren convencional. Con cafetería, eso sí.
La Semana Negra es un festival muy peculiar. Debe ser el único que empieza antes de la inauguración inicial y en un tren. En los dos vagones se suceden las conversaciones, cruces de ideas y hasta las presentaciones fuera de cartel de autores que luego tienen su sitio en el programa. Entre los invitados de honor al tren estaba Leonardo Padura, escritor cubano, creador de de esa pequeña maravilla titulada El hombre que amaba a los perros y padre literario de Mario Conde, ese detective que no quiere serlo y que termina de librero en una Habana maravillosa y cruel. Padura, nos cuenta Ángel de la Calle, responsable de la programación del festival, asistió como periodista a las dos primeras ediciones; a la tercera fue con un relato bajo el brazo para un concurso; ahora es una de las estrellas del certamen.
América tiene una presencia brutal en este festival. Hablamos con un clásico del festival, Guillermo Saccomanno, que viene desde un pequeño pueblo de argentina y que opta al Hammett que se falla la semana que viene por Cámara Gessel (Planeta Argentina, todavía no publicado en España) y Marcelo Luján, que en conversación con EL PAÍS avisan a los lectores: ya no se puede escribir al margen de lo que pasa a tu alrededor. Los dos escritores ponen patas arriba los cimientos del mundo editorial y trazan un mapa de las relaciones España - Argentina y de los límites de un género, el negro, cada vez más entrelazado con otros y que vive un tiempo de esplendor. Valgan un par de perlas de cada cosa: “El tema del mal atrae cada vez más”, asegura Luján. “La literatura está en manos de las grandes empresas multinacionales, que dividen para reinar y que venden igual libros que mayonesa”, lanza Saccomanno, fábrica humana de titulares.
El tren llega a un amplio valle y el tono del paisaje ya es inminentemente verde. Estamos en Asturias. El autor Alex de la Concha lleva un buen rato retratando a Ángel de la Calle mientras le entrevista y hablan de la literatura, la vida, el poder. Es un proyecto extraño el de la Concha, una idea que se inició en 2003 y que ya ha desarrollado con víctimas del Holocausto, en Turquía y con muchos escritores y artistas. Graba todo el proceso, la entrevista, la elaboración del cuadro. En este caso lo hace con público y admite preguntas. Cuenta que el retrato cambia con lo que dice el entrevistado, que no podría ser lo mismo sin la dispersión que le da el hecho de meterse en la conversación, en la entrevista con el modelo, sin esa liberación mental que le dan las palabras mientras pinta. También, que el retrato habría sido bien distinto sin el traqueteo del tren.
Los pasajeros alucinan y abren los ojos sorprendidos o tuercen el gesto molestos ante esta mezcla de palabras, ruidos, gente de pie, viajes continuos a la cafetería, bullicio. Alguien se ha arrancado con una guitarra a tocar y cantar, acompañado, temas clásicos: Verde, yo te quiero verde, El muerto vivo y más. Quizás, para olvidar el tema que ha ido de una conversación a otra: la crisis, los recortes, el descrédito de la clase política, la corrupción (tema central de la cita). A la llegada a Gijón, protestas, en este caso de los trabajadores de la empresa municipal EMULSA, que mantienen un conflicto con el Ayuntamiento, gobernado por el FORO, y el tradicional recibimiento con orquesta tocando temas reivindicativos. Para no olvidar, como decía alguien en el tren, que siempre hay buenos y malos. En la novela, y en la vida. A partir de mañana, espectáculo literario en Gijón.

5.7.13

Novela negra, bisturí de la realidad

Semana Negra de Gijón

Leonardo Padura y Petros Márkaris hablan de la eficacia del género negro a la hora de tratar lo real. Son dos de las estrellas de la Semana Negra de Gijón que hoy comienza

El escritor cubano Leonardo Padura y Petros Márkaris. / Daniel Mordzinski./elpais.com
El cubano Leonardo Padura y el griego Petros Márkaris son dos autores indiscutibles en el Grand Slam de los festivales literarios. Antes de volar a la Semana Negra de Gijón han echado una partida de tavli, el backgammon griego, tras clausurar mano a mano la quinta edición del LEA en el Instituto Cervantes de Atenas. En septiembre aparecerá la octava novela de sus respectivos detectives: Mario Conde (Herejes) y Kostas Jaritos (Pan, educación, libertad), ambas en Tusquets. Dos octaedros narrativos que explican veinte años y muchas maneras de combinar palabras como novela y crisis.
Esta partida de tavli, el pasatiempo preferido de los griegos, se juega en el corazón de Atenas, una ciudad fracturada por la inestabilidad económica y política. El anfitrión vive en una calle peatonal y arbolada de Kipseli, un barrio tradicional de la clase media que en los últimos años ha visto llegar a muchos inmigrantes de Asia y África. Si Petros Márkaris (Estambul, 1937) disecciona sin piedad la situación económica y anímica de esta Grecia en continuo cambio, Leonardo Padura (La Habana, 1955) lleva dos décadas utilizando sus mariocondes para contar qué pasa en Cuba cuando parece que no pasa nada y ambos han convertido a sus investigadores en los preferidos de muchos miles de lectores en docenas de lenguas.

"No hay ningún renovador del género en el ámbito anglosajón".Padura
Literatura, economía, gastronomía, historia, política y corrupción mueven las fichas a toda velocidad. Diez años después de su muerte en Bangkok, la poderosa sombra de Manuel Vázquez Montalbán protege a ambos novelistas del asfixiante verano en la capital griega.
Leonardo Padura. Pepe Carvalho está en el origen de todo el ciclo de Mario Conde. El primer libro que yo compré en España, en 1988, fue El balneario y después Tatuaje. Y ahí comprendí que había un camino diferente para contar la realidad. Así nació mi protagonista; sin Carvalho no existiría. Para mí fue una verdadera revelación.
Petros Márkaris. Totalmente de acuerdo. Vázquez Montalbán fue además el creador de una ciudad, la Barcelona de Carvalho, llena de lugares que existen de verdad. El restaurante Casa Leopoldo forma parte de sus novelas y de la realidad, una maravilla. La grandeza del género negro radica en eso: es necesariamente urbano y sin él no se entienden las ciudades.
L. P. Cuando llegamos hace unos días a Atenas le dije a mi esposa: “Aquí está pasando algo muy raro, Lucía”. Y luego supe que falta un millón de autos de los que ya se han ido de vacaciones. Pero la verdadera Atenas yo la conozco de antes por los exabruptos de Jaritos cuando va de atasco en atasco en su viejo Mirafiori. Hoy la novela negra ya es imprescindible para conocer una ciudad.

"Lo siento, prefiero leer a Paco Ignacio Taibo II que a Stieg Larsson" Márkaris
P. M. Además, los lectores del Mediterráneo y de América Latina compartimos una manera de ver el mundo, una sensibilidad que nos hermana y que no tiene nada que ver con la realidad del norte, o con los escandinavos, ahora tan de moda. ¿Adónde van esos autores que necesitan 800 páginas para contar algo que se explica en 300? Yo a Stieg Larsson, sintiéndolo mucho, no lo puedo leer. Es que no me interesan las historias contadas por detectives que no duermen lo suficiente, comen mal y nunca practican sexo. ¿Cómo van a resolver bien un misterio si no hacen bien esas tres cosas?
Algunos autores no salen demasiado bien parados en la charla. La palabra trampa se escurre entre los triángulos del tavli...
L. P. Creo que no hay ningún renovador del género en el panorama anglosajón. Me leí con verdadero gusto una historia sobre el narcotráfico en México, El poder del perro, de Don Winslow, una excelente novela a la que habría que arrancar las últimas 25 páginas, porque todo se resuelve exactamente como en una película de Hollywood. Esa incapacidad de generar una mirada nueva convierte este tipo de literatura en conservadora frente a la que hacemos en nuestros países.
P. M. A mí no me dice nada. Prefiero leer tus novelas, o las de Paco Ignacio Taibo II. Lo que cuentan me resulta familiar, creíble, convincente. No puedo decir lo mismo de Jo Nesbo.

Los dos autores publicarán sus nuevos libros en el mes de septiembre
Las siete entregas de Jaritos y Conde publicadas hasta la fecha comparten una economía de medios y un humor más cercanos a Hemingway o a Sciascia que a los clásicos del género negrocriminal. El tablero refleja cierta simetría entre Cuba y Grecia, dos países con diez millones de habitantes cada uno y periodos especiales a sus espaldas.
L. P. Con los esclavos llegaron a Cuba la religión y la música. La santería tiene un panteón casi idéntico al de los dioses griegos. En Máscaras (1997) ya utilicé el mito de Electra revisitado por la negritud, como hizo Virgilio Piñera en el teatro. Yo creo que hay una relación que corre por debajo de lo aparente y nos une…
P. M. …Porque somos habitantes de las periferias del mundo. Exacto. Compartimos cosas idénticas como el clima, el mar, y sobre todo una visión del mundo que guarda, necesariamente, una distancia, que conserva la perspectiva. Yo nunca he estado en Cuba —-la conozco por libros como los tuyos— y no puedo afirmar que seamos países parecidos, pero sí sé que hablamos un mismo idioma porque compartimos los valores con los que interpretamos la realidad. Siempre que visito España me siento como en casa, percibo que no existe una barrera cultural para un griego.
L. P. Compartimos esa “visión periférica” y estamos hermanados por la cultura. Acabo de leer Viajes con Heródoto, de Kapuscinski. Interesantísimo. Una sucesión de capas de Historia en las que Grecia siempre reaparece, constantemente. La cultura griega es una forma continua de aprendizaje.

Sus detectives son admirados por millones de lectores de todo el mundo
P. M. Ocurre como en la vida real. También para nosotros los griegos la cultura clásica, los famosos mitos griegos, tienen su peso. Y tenemos que hacer la digestión.
L. P. Ya me di cuenta en Liquidación final. ¿Te puedes creer que llegué a sentir un poco de pena al ver que acaban agarrando al Recaudador Nacional?
P. M. ¡Te creo! ¡Muchos lectores me dicen lo mismo! Me escriben indignados, argumentando que alguien que se dedica a matar a los que nos han llevado a esta crisis atroz “no puede ser tan malo”. Estuve tentado de dejarlo escapar.
En la novela, Nasiotis, el asesino confeso de los defraudadores fiscales, termina diciendo: “El Estado griego es la única mafia del mundo que ha ido a la quiebra”. Los dados vuelven a rodar. Padura y Márkaris no se van a enemistar por este juego. Saben que en situaciones de crisis gana siempre la banca. Les toca, para alegría de sus lectores, seguir escribiendo.

29.6.13

Guillermo Saccomanno, finalista del premio Hammett

El argentino Guillermo Saccomanno ha sido elegido uno de los finalistas del premio Dashiell Hammett de la Asociación Internacional de Escritores Policiacos, por su ultima novela titulada Cámara Gesell

Guillermo Saccomanno, está lleno de premios./lainformacion.com
Saccomanno, que ganó el pasado año el premio Rodolfo Walsh para obras de no ficción por "El maestro", un relato vital de un superviviente de la dictadura argentina, competirá este año por el galardón de mayor prestigio que se entrega en la Semana Negra de Gijón (norte), ha informado la organización.
"Cámara Gesell" tiene todos los elementos de la novela negra al uso, con crímenes, drogas y corrupción política y policial, y se desarrolla en una pequeña población de la costa marítima bonaerense.
Villa Gesell, un balneario ubicado a 370 kilómetros al sudeste de Buenos Aires, es el sitio de residencia de Saccomanno y el escenario donde se desarrolla una trama de conspiración y traiciones.
El autor ha trazado líneas paralelas entre el título "Cámara Gesell", que se refiere a la sala de interrogatorios donde alguien puede ser observado desde fuera sin percatarse, y el nombre de la villa que hace honor a su fundador, para escenificar el clima de una población cuyos habitantes parecen estar permanente vigilados.
El escritor argentino ha dicho que "el rumor y el adulterio" son fuerzas vitales para las personas que viven en pueblos pequeños que son "infiernos grandes".
Saccomanno ha desvelado en esta obra el lado oscuro de la sociedad argentina reproduciendo sus estereotipos en el ambiente frío y parco del invierno de un pueblo de la costa marítima que como todos los años espera al turismo de verano para redimirse.

10.6.13

Échale la culpa a Río

En los años 60, los relatos y cuentos de Rubem Fonseca ya tenían la marca indeleble del frenesí urbano, y la mezcla de registros y voces de la más variada fauna social. Fractura del clasicismo y firme pulso narrativo pueden apreciarse en la oportuna reedición de El collar del perro, donde a pesar de las marcas de época se mantiene intacta la furia de una ciudad en plena transformación

Rubem Fonseca, autor brasileño de El collar del perro/pagina12.com.ar


“Ah, ahora entiendo, pensé; Río estaba cambiando”, observa el narrador del primer cuento en la segunda página de El collar del perro. Reeditado por El Cuenco de Plata, el segundo libro de cuentos y relatos del gran Rubem Fonseca (publicado originariamente en 1965) retrata con un lenguaje virulento y coloquial las modificaciones demográficas que en la década del ‘60 estaban transformando las costumbres afrancesadas y portuguesas que habían hecho de Río de Janeiro una ciudad cosmopolita y europeizada, hasta convertirla en el famoso torbellino que es Río. El largo aliento de la mayoría de los cuentos le permite a Fonseca concentrar y sintetizar los estados anímicos de sus personajes como si fueran pequeñas novelas comprimidas. Reducidos a una línea, los cuentos de Fonseca pueden parecer esquemáticos, pero su complejidad radica justamente en su carácter híbrido, en sus texturas rugosas y bruscas (que afortunadamente nos llegan en una muy buena traducción al rioplatense).
Su modelo no es el cuento clásico, donde las pasiones que inundan el relato se construyen en función de la trama y del efecto; los cuentos de Fonseca avanzan caprichosos, movilizados por las afecciones de sus personajes, pasan de un estado a otro del mismo modo que los contextos cambian como por corte cinematográfico, sensación de inestabilidad emocional que marca la deriva de sus acciones por la ciudad. Todos los personajes se mueven como perfectos anónimos; son anfibios urbanos, anhelan respirar el aire viciado, pero al mismo tiempo conservar la húmeda sensación de individualidad y el sobrevalorado privilegio de la soledad. Como en “La fuerza humana”, donde un veterano fisicoculturista narra en primera persona los pormenores y detalles de su entrenamiento en el gimnasio cuando un negro de musculatura perfecta empieza a sumarse al equipo de entrenamiento; sin embargo, la llegada no marca un conflicto sino que la diferencia queda saldada en una competencia de pulseadas sin ningún clímax. O en “Informe de Carlos”, donde un abogado gasta una fortuna en complacer a una amante a la que ni siquiera desea (aunque lo niegue), y en el ínterin conoce a otras mujeres.
Diez relatos largos y dos cuentos relativamente cortos le permiten a Fonseca pintar diferentes estratos sociales a la manera de frescos, probar diversos registros de voz, y hasta cambiar los puntos de vista en un mismo cuento de una oración a otra. Todo parece confluir en este libro: la sexualidad, el gusto insólito por la plata, la música, el lenguaje técnico de un gimnasio, el voley y la playa, el tecnicismo de la policía y de las leyes. A la vez, Fonseca disemina diversas referencias a la cultura clásica: Persio, Hipócrates, Ovidio, Epícteto, las citas no dan un estatuto de legitimidad sino que parecen ejercidas desde un sentido inverso; como si la alta cultura occidental fuera arrojada a las calles de Río para ver cómo funcionan en el barro.
Portada de la reedición de El collar del perro
 
La literatura de Fonseca también está abierta a los avances tecnológicos y sus impactos en las vidas ordinarias, como en “El grabador”, donde un adolescente entabla una relación amorosa por teléfono con una mujer casada, esquivando el momento del encuentro físico. O en “La opción”, donde un estudio sobre un/una transexual altera las concepciones físicas de los médicos que tienen que armar un informe clínico.
El último cuento, del que el libro toma su título, marca el rumbo de la literatura más conocida de Fonseca: el género policial. Ex abogado, empleado público de la policía y comisario de Hacienda en el distrito de San Cristóbal, Fonseca empezó a escribir pisando casi los cuarenta años. Y toda su experiencia como abogado se vio volcada en su narrativa policial, en especial en la saga del detective Mandrake, que le dio fama y renombre a nivel mundial. El cuento “El collar del perro” sorpresivamente se sale del registro experimental y ofrece una narración clásica, directa; un estilo heredero del hard boiled norteamericano. Un asesinato en un colectivo es el punto de partida para que el doctor Vilela investigue el caso y se meta en un mundo de soplones y policías corruptos por necesidad básica. Su viaje a los bajos fondos es un viaje también a las transformaciones demográficas y urbanas, a los cambios que tuvo Río cuando recibió miles de migrantes internos que llegaban a la ciudad en busca de trabajo y comenzaron a poblar las favelas en los morros. Es la zona por la que Fonseca establecerá el perímetro de su literatura más conocida, y donde refundará los códigos del género policial, ya que, como le asegura un comisario veterano al doctor Vilela que acaba de entrar en la jurisdicción: “Esta no es la policía de Inglaterra, doctor”.