15.5.12

La astucia de la pasión

Días de infancia es un libro que retoma la pasión de José Pablo Feinmann por la novela negra, las rubias de película y el lenguaje como una materia plástica que se adapta a lo que se quiere contar

José Pablo Feinmann, creador de Joe Carter con el que va para la tercera entrega.foto:Nora Lezano. fuente:pagina12.com.ar

Pero Feinmann no para: mientras proyecta los próximos pasos de su personaje en Alemania y no descarta un Carter por Buenos Aires, en esta entrevista habla de cómo fue evolucionando su obra desde los últimos años de la dictadura a la actualidad, del pasado y presente de la literatura argentina y defiende la concepción de un escritor integral. Como Sartre, como Viñas, como él mismo.


Milcíades Peña. Extiende la mano y de la punta de uno de los estantes de una biblioteca que se extiende por todo su departamento va sacando una pila de libros de Milcíades Peña. Allí está, entre otros, Alberdi, Sarmiento, El 90, y con sólo mirar una página se descubren notas a lápiz, bloques de texto encuadrados, cuadros sinópticos, escrituras marginales de estudiante que, desde la distancia, despiertan cierta añoranza, cierta melancolía. “Me devoraba estos libros a los 26 años”, comenta algunos pasos antes de entrar a su estudio, el “bunker”, como lo llama. No es sólo una previa: para hablar con José Pablo Feinmann, para conversar acerca de Días de infancia, necesariamente hay que pasar por la historia y por el comentario filosófico. Ninguna de estas disciplinas puede considerarse separada del todo, y escindida de la ficción, la pasión de la ficción. Y Carter, claro, que a golpe de vista no tiene nada de reflexivo, al menos no es un personaje preocupado por pensar o analizar, eso es para los impotentes que no pueden satisfacer a una mujer como corresponde, que no pueden manejar armas, que dudan. Pero si el lector se hunde en las páginas de esta serie, la historia y la filosofía, como siempre en Feinmann, se vuelven ineludibles.
Desde Carter en New York y Carter en Vietnam sabíamos a qué nos enfrentábamos: las dos novelas se encargan de contar, desde el punto de vista de un contract killer, la vida en la Gran Manzana después del 11 de septiembre o situados ya en la guerra de Vietnam. Enamorado de su oficio, misógino, xenófobo, Carter aparecía en esas novelas como el imperialismo norteamericano encarnado en uno de sus más salvajes asesinos a sueldo. Días de infancia, en sus primeras páginas, aparece como el relato de un joven Carter contando los sufrimientos de la vida familiar, situado en una perdida gasolinera del desierto de California. En un lenguaje particular, mezcla de mala traducción de novela policial con las “pijas” y “conchas” más ásperas del lunfardo local, lo que aparecía como el relato de la génesis del monstruo se convierte, avanzada la lectura, en otra novela: en la historia de su seductora madre postiza, Calamity Jennifer.
La novela respeta el lenguaje de lo que podría ser una historia originalmente ambientada y publicada en inglés. ¿Por qué un escritor argentino toma esa decisión?
–Yo no quería trabajar con el “vos”, con el “andate”, me parecía que tenía que hacer algo distinto, porque esos personajes hablan en inglés. Estuve en Cuba, Puerto Rico y allí me decían que nosotros somos muy imperativos, “traeme”, “andate”. Los puertorriqueños me comentaban que ellos dicen “vete”, no “andate”, como nosotros, o “ven” y no “vení”, una cosa más dulce, más invitadora, nosotros tenemos una forma más imperativa de dirigirnos al otro y tienen razón. Una frase como “quita de ahí tus manos”, propia de cualquier película centroamericana o mexicana, sería para nosotros “sacá las manos de ahí”. El lenguaje de la novela es una mezcla de argentinismos y de traducciones de novelas policiales de los años cincuenta, como las de Séptimo Círculo, de Borges y Bioy. Una mezcla de palabras muy cercanas al inglés norteamericano. Después sí: todas las palabras duras están, está “concha”, pero después está “caverna arbolada”, un invento total. O, por ejemplo, cuando pongo “pija” nunca dejo esa palabra sola, pongo “sorprendida pija”, atenúa el efecto fuerte de la palabra porque le da una cualidad. Por ejemplo, cuando Carter tiene su iniciación sexual habla de su “sorprendida pija”, o cuando lo quieren violar dice mi “asombrado culo”.
Días de infancia empieza con Joe Carter, de cómo se construyó ese monstruo, pero promediando la lectura Jennifer, su madre, personaje marginal, se apodera del texto. ¿Cómo fue este proceso?
–Fue sorpresivo para mí, totalmente, como va a ser sorpresivo para el lector. La idea era contar la infancia de Joe Carter, pero el propósito era mucho más trabajado, mucho más ambicioso. El mundo es ese mundo totalmente loco, extraño, en el que vive Joe con el abuelo Sam, el padre, Theo Carter y la madre, totalmente misteriosa, alcohólica, depresiva, una mujer que él no conoce y que sale sólo para buscar bebida y volver a la habitación, a la que el padre le pega porque él está buscando una fortuna que sabe que ella tiene y que escondió en algún lugar de ese “medio de la nada” en el que viven. El vive fascinado por esa madre que dice que no conoce, que baja como una bruja, porque baja con todo el pelo sobre la cara y apenas se la puede entrever a la madre. Yo iba tranquilo, sabía que era la novela de Joe pero tenía en cuenta que la madre iba a aparecer y que iba a tener una gran importancia en la trama.
¿Cómo ubicaría su producción literaria entre los ensayos y los textos filosóficos, los libros y géneros con los que está más identificado a los ojos del público?
–Mi obra literaria tiene un problema en la recepción que se debe a un problema de corte positivista, de filosofía analítica, digamos, de separar ficción y no ficción. Si ves mi libro sobre el peronismo, adentro del libro vas a encontrar un cuento o una obra de teatro. Del peronismo me interesa la gran narración de la historia peronista. Bueno, 1600 páginas tienen mis dos tomos. Y en realidad tiene 1600 páginas porque me propuse hacer el Facundo del siglo XXI desde la barbarie, porque el libro tiene de todo como tiene de todo Facundo. Facundo es un libro revolucionario porque rompe con todas las tonterías que se manejan ahora: ficción, no ficción. Eso me altera los nervios porque, en principio, me cercena a mí. Como yo he escrito muchos ensayos se me considera ensayista. Yo soy un escritor integral. Fraccionado, nunca se me va a entender. Creo que es un doble juego perverso: los ensayistas usan mis recursos narrativos para desvalorizar mis ensayos, y los novelistas me ignoran porque soy un ensayista. Los que me leen bien, me leen bien: una obra es una obra. Cuando se inicia la universidad alfonsinista, las novelas que son estudiadas como novelas de la dictadura son Respiración artificial y Flores robadas en los jardines de Quilmes, que también entró pero como la cara maligna de la literatura. Yo no entré como nada, y tenía Ultimos días de la víctima y Ni el tiro del final. En Ni el tiro del final, el cuento del primo Matías que está ahí metido es Videla, y el que no lo quiera ver es un descerebrado, para decirlo suavemente. Es un cuento gótico, una metáfora de la serialidad asesina de la Junta. Hay muchos profesores que decidieron no darme pelota, y yo creo que la base está en la tachadura del peronismo que implicó la universidad alfonsinista, dirigida por Punto de vista, La Ciudad futura, opinión que después impacta en los suplementos literarios. Esas novelas habían sido escritas acá, era absurdo negarlas. Yo no escribo ensayos y novelas como dos cosas separadas: yo escribo. Todavía creo que puede existir el escritor integral. El ejemplo más a mano del siglo XX es Jean Paul Sartre, o Camus, tipos que se metían con todo, con el ensayo, el teatro, la novela y no se preocupaban por las divisiones. Un ejemplo de acá: David Viñas, él era un escritor integral.
¿Cómo integrar entonces, esta admiración confesa con respecto a la literatura de Viñas y las novelas de Carter? Porque es muy difícil imaginarlo a Viñas escribiendo esas historias.
–Es difícil, pero es un error que no lo haya hecho. No lo hizo porque su cultura habrá sido distinta, o sus pasiones: su odio a Estados Unidos le impedía ver a Estados Unidos, a mí no me pasa eso. Además, las novelas de Carter son novelas de género todo lo que quieras, pero además son novelas políticas. Vos leés una novela de Carter y te das cuenta de que Estados Unidos es una mierda. Algunos me decían: “son panfletos antiimperialistas”. Sí, son panfletos antiimperialistas, porque vos leés que Carter es una basura de tipo y todo lo que lo rodea es ese fascismo norteamericano imperialista y torturador, racista, que invade países y se considera el dueño del mundo. Las cosas que dice Carter son horrorosas como personaje político.
¿Nunca pensó en un Carter en Argentina?
–Carter en Argentina va a pasar, claro, un Carter en Buenos Aires, está clavado eso. Todavía no imaginé ninguna trama sobre eso. Tengo un plan de Carter en Alemania que no se va a llamar así, se va a llamar La hermandad de los pastores del ser, que viene de la frase de Heidegger en Carta sobre el humanismo que dice: “El lenguaje es la morada del ser y el hombre es su pastor”. En la novela, surge un grupo neonazi poderoso en Alemania que se llama “La Hermandad de los Pastores del Ser”, lectores neonazis de Heidegger que empiezan a matar a líderes europeos.
¿Un posible modelo de Carter en Buenos Aires sería la historia de Raúl Mendizábal en Ultimos días de la víctima?
Días de infancia. José Pablo Feinmann Planeta 496 páginas
–Claro, estoy de acuerdo. Cuando escribí Ultimos días de la víctima la palabra contract killer no existía o yo no la conocía. El era un asesino a sueldo, y mi propósito era totalmente otro. Yo escribí esa novela en 1978, en medio del maldito mundial de fútbol. Mendizábal, escrito en 1978, tiene que ser una novela cautelosa: yo no quería desaparecer, porque implicaba asomar de nuevo la cabeza, por mi pasado en la Facultad de Filosofía, ideólogo de la Juventud Universitaria Peronista, yo era para estos tipos lo que ellos llamaban un “ideólogo de la subversión”, porque estaban locos, digamos. Al contrario, yo siempre había sido un tipo que estuvo en contra de la política de los fierros, que había discutido mucho con los Montoneros, sobre todo después del asesinato de Rucci, que me pareció una atrocidad. Pero, bueno, qué les iba a explicar esto; estos tipos agarraban una bibliografía o programa mío de la Facultad y encontraban textos de Marx, Hegel. Tenía que ser cuidadoso, aparecer con mucho cuidado. Ultimos días de la víctima aparece en diciembre de 1979. Mendizábal era un asesino a sueldo pero era la metáfora de un parapolicial, porque cuando le encargan el crimen lo llevan a un lugar lleno de archivos, sacan una ficha, se la dan, y Peña le dice “éste es su hombre, tiene que matarlo”. Es un asesino a sueldo, pero la simbología es totalmente distinta: pretende decir que la Junta es una banda de asesinos a sueldo y el mensaje final es que van a terminar en su propia ley, como Mendizábal. Mendizábal está tan seco por haber matado tanto que quiere tener una vida, y a este tipo que supuestamente va a ser su última víctima quiere quitarle todo el entorno, matarlo e instalarse existencialmente en su lugar. Y tener una vida, no estar tan solo. El final era un mensaje que la Junta no iba a entender, por lo menos, que no entendió.
Muchos escritores de su generación recurren al policial negro como una forma para hablar de la política argentina, sobre todo de los años ’70. ¿Cómo ve este vínculo en su obra?
–Con respecto a mi generación, en Juan Martini, en El cerco, que es de 1977, está muy bien tomado el policial negro, porque es un tipo al que le demuestran que no está seguro por más cerco que tenga. Está basado en algo que hicieron los Tupamaros, que le sacaron una foto al dictador Bordaberry mientras se afeitaba: lo aterrorizaron con eso. Pero está publicada afuera del país. De las novelas publicadas acá tenés a Ultimos días de la víctima. Respiración artificial no sé si tiene algo de policial, lo que Piglia tiene de policial quizá se pueda ver más en Blanco nocturno ahora, y en Plata quemada. En Respiración artificial todos encuentran lo que quieren, si quieren encontrar el policial se las van a ingeniar para hacerlo. El policial no está en Jorge Asís, en Flores robadas... de entrada, apenas lo abrís, dice “a Haroldo Conti, ¿in memoriam?”; eso era jugarse, después se habrá hecho lo que quieras, pero ahí sí que se juega. La novela, después, no: es una sucesión de cositas, no me interesó mucho, salvo el título que es muy lindo. Pero Ultimos días de la víctima es claramente una novela que señala la gratuidad del poder y el clima que se vivía, porque toda la novela es kafkiana en el sentido en que vos estás metido en un clima opresivo donde no sabés bien quiénes son los que gobiernan todo eso, quién es el “hombre importante”, a qué intereses responde, pero se le llama “el hombre importante”, después desaparece, no sabés bien por qué, y lo reemplaza Peña, que es su mano derecha. Yo no sé si me propuse escribir una novela de género. El policial negro, el film noir, sobre todo, Chandler, Hammett, todo eso, siempre me gustó, pero también me gustó Dostoievsky, Contrapunto de Aldous Huxley, el monólogo de Molly Bloom, varias fuentes de la literatura. Creo que en Ultimos días... convergen varios planos metafísicos, Borges también, la relación de espejo entre los personajes: al comienzo de la novela hay una cita de Borges y otra de Hammett, algo que es ya una declaración de principios.
¿Considera que las cuestiones políticas que esa misma generación no pudo resolver se vuelcan a la literatura?
–Sí, no hay resolución, yo creo que se encuentra la resolución en la literatura. La literatura dice lo que quiere decir, lo dice soterradamente porque el autor está viviendo en el antro del infierno, está viviendo en la casa de los asesinos, entonces no puede escribir como Osvaldo Soriano desde París que escribía todo clarito, ponía los parapoliciales, la Triple A, todo. Eso se podía escribir desde París: No habrá más penas ni olvido, por ejemplo, que es una novela que me gusta mucho. Acá no lo podías escribir porque desaparecías a los tres días. Acá había que jugar con climas, metáforas, simbologías para decir lo que la literatura quería decir. Creo que Ultimos días... dice todo lo que se podía decir en ese momento. Pero, políticamente, no tengo ninguna influencia, por los militares, desafortunadamente. No había contexto, no tenía ningún lado donde llevarla a leer, ningún grupo en las catacumbas, no, estaba solo, muy enfermo, algo que está en La crítica de las armas y La astucia de la razón. Estaba muy loco, con el terror a la metástasis del cáncer y el terror a los milicos, la doble muerte, las células internas y las células externas. Pablo Epstein es casi yo. Fue una experiencia espantosa, todavía no puedo creer haber tenido cáncer cuatro meses antes del golpe militar, es como un chiste muy macabro. Políticamente, entonces, no tenía ningún contexto donde leer la novela: fui, se la llevé a Vaca Narvaja de Colihue porque lo conocía de antes, ellos habían publicado mi primer libro, El peronismo y la primacía de la política, de 1974, libro que empecé a escribir en 1972. Está escrito al calor de la militancia: aparte del rigor universitario –yo era profesor de la UBA en ese momento– vas a encontrar todas las muletillas de la JP. Lo pensaba reeditar, pero siempre tengo un poco de cosa, porque este libro me hizo sufrir mucho, me aisló, directamente, haber escrito este libro y seguir siendo peronista en la universidad alfonsinista del ’84. Recuerdo que, después de que editaron Ultimos días... en Colihue, en una edición de tapas azules, tuvo mucho suceso entre los sectores que supieron leerla. Hasta Beatriz Sarlo me dijo una vez “sí, esa novela de tapas azules que llevábamos todos”.
¿Qué libros de otros autores argentinos le hubiera gustado escribir?
–Facundo, sin duda, es un milagro ese libro. Conflictos y armonías es un texto positivista, Argirópolis es un delirio, La vida de Chacho es el testimonio de un asesino, Recuerdos de provincia es una cosita suave, local. Pero un libro como Facundo, poderoso, no volvió a surgir, ni entre los que lo quisieron imitar, como Martínez Estrada en Radiografía de la pampa. Después, me hubiera gustado escribir Los lanzallamas, El juguete rabioso, ésa es una novela bárbara. Más hacia acá: alguno de los libros de Belgrano Rawson, El amigo de Baudelaire de Andrés Rivera, jamás Sobre héroes y tumbas, por favor, es un libro kitsch, nosotros nos reíamos de las reflexiones de Bruno, de un nivel filosófico lamentable, son reflexiones del sentido común. El fantasma imperfecto de Martini me parece una novela notable, alguna de Dal Massetto, Triste, solitario y final o No habrá más penas ni olvido me hubiese gustado escribir, lo único de Soriano, después a mí no me atraen sus novelas, aunque era un periodista notable. Con respecto a escritores que estoy leyendo ahora: Cuentas pendientes de Martín Kohan, que es muy sórdido pero no tiene una prosa que me atraiga, algunas novelas de Alan Pauls, que están bien, la última novela de Paula Pérez Alonso, Frágil, una novela que me interesó mucho, y pasó las suyas, Paula, realmente. Leí algunas cosas de Aira, Cumpleaños, me gustó mucho, lo llamé para decírselo y todo. Aira tiene un sistema muy extraño de escribir, pero bueno, eligió ése. Fogwill: para mí Los Pichiciegos está recontra sobrevalorada, me gusta Vivir afuera. Guillermo Saccomanno, El buen dolor, Saccomanno es un escritor fuerte de nuestra literatura, ése sí que se toma la literatura seriamente. No hay filosofía a la altura de la literatura argentina, y eso es algo que a los europeos les debe encantar, como esa América de García Márquez, esa América de nadie, mágica, sin dolor, eso a los europeos les viene bien: ustedes escriban ficción, noso-tros pensamos, ustedes quédense con la imaginación, nosotros, con la razón. Ningún filósofo argentino se puede comparar a Borges, hasta lo toman como filósofo pensadores como Foucault o Deleuze. El es nuestro escritor universal, pero también es el que nos cagó la vida.

11.5.12

P. D. James introduce el asesinato en ‘Orgullo y Prejuicio’, de Austen

La dama de la novela negra se atreve con una continuación del clásico inglés en La muerte llega a Pemberley

P.D. James, escritora inglesa, la Dama de  la novela negra,su nueva novela se adapta al estilo de Jane Austen.foto.fuente:elpais.com
P. D. James, la gran dama del crimen británica, cumplirá 92 años el próximo agosto. La última novela protagonizada por su detective poeta, el comandante Adam Dalgliesh, Muerte en la clínica privada, apareció en 2008 (en España el año siguiente). Desde entonces, nada. Excepto el ensayo Todo lo que sé sobre novela negra. Ahora, nos obsequia con una novela insólita y genial, La muerte llega a Pemberley (Bruguera), en la que retoma Orgullo y prejuicio en el punto en que la acabó Jane Austen.
“Debo una disculpa a la sombra de Jane Austen por implicar a su querida Elizabeth en la trama de una investigación por asesinato”, afirma la escritora en una nota introductoria. Estamos en Pemberley en 1803. Hace seis años que Elizabeth Bennet y Darcy se casaron. Tienen dos hijos y preparan el baile de otoño. La felicidad es absoluta. Pero el día antes de la fiesta, se presenta, sin ser invitada, Lydia, la díscola hermana menor de Elizabeth, la que se fugó (en Orgullo y Prejuicio) cuando tenía 16 años con el apuesto teniente George Wickham. Histérica, llora y grita que han asesinado a su marido en el bosque de Pemberley.
Elizabeth y Darcy sienten que un peligro inexorable amenaza su vida y su hacienda. Afloran todos los secretos, vuelven las dudas. James es una maestra en mostrar cómo un asesinato perturba las vidas del entorno de la víctima.
La escritora se adapta perfectamente al estilo y lenguaje de Austen, a su ironía, a su sabia descripción de cotidianeidad de una burguesía agraria y añade su pasión por el misterio y por el suspense y sus agudas observaciones. El resultado es una mezcla muy interesante.
James, por si alguien se despista o no recuerda Orgullo y prejuicio, resume en un prólogo de apenas 12 páginas la novela: la peripecia de la familia Bennet con cinco hijas casaderas y exiguos ingresos, los desvelos de la madre para casarlas; y la de los ricos Darcy. El orgulloso, reservado y poco sociable señor Darcy y los prejuicios de Elizabeth. James da nueva vida a los personajes de Austen y algunos, como Georgiana, la hermana de Darcy, su primo, el coronel Fitzwilliam o Lydia y Wickham cobran mayor protagonismo.
Debo una disculpa a la sombra de Jane Austen por implicar a su querida Elizabeth en la trama de una investigación por asesinato
Hay nuevos personajes y nuevos amores. Como en la novela de Austen, no faltan los chismorreos ni la envidia. Hay ecos lejanos de la rebelión irlandesa contra el dominio británico de 1798 y de la guerra naval contra Francia. James asume la parte más feminista de Austen sobre la educación de las mujeres. “Estamos ya en el siglo XIX y a la mujer no puede negársele la voz en asuntos que la incumben”, afirma el joven abogado Alveston.
Phyllis Dorothy James (Oxford, 1920) ha publicado una veintena de novelas, casi todas protagonizadas por el comandante Dalgliesh, que debutó en 1965 en Cubridle el rostro. Le siguieron títulos como Muertes poco naturales, Un impulso criminal, Sabor a muerte o Muerte en el seminario. Ha leído a Jane Austen y afirma en La hora de la verdad, sus originales memorias: “Algunos de los escritores en lengua inglesa más importantes ha sido mujeres: Jane Austen, las Brontë, George Eliot, Virginia Woolf”.
Jane Austen (1775-1817) empezó a escribir Orgullo y prejuicio cuando apenas tenía 20 años. Realizó la primera redacción entre 1796 y 1797, pero no logó publicarla hasta 1813. Es autora también de Sentido y sensibilidad, Emma, Mansfield Park, La abadía de Northanger y Persuasión.
La escritora se adapta perfectamente al estilo y lenguaje de Austen, a su ironía, a su sabia descripción de cotidianeidad de una burguesía agraria y añade su pasión por el misterio y por el suspense y sus agudas observaciones
Un párrafo del capítulo final de Mansfield Park decidió a P. D. James a escribir La muerte llega a Pemberley: “Que se espacien otras plumas en la descripción de infamias y desventuras. La mía abandona en cuanto puede esos odiosos temas, impaciente por devolver a todos aquellos que no estén en gran falta un discreto bienestar, y por terminar con todo lo demás”. Y eso es lo que ha hecho James, “espaciar” con inteligencia e imaginación Orgullo y prejuicio. Todo un homenaje.

2.5.12

Larsson: "Espero que la novela negra escandinava no sea una moda pasajera"


"Todo el género negro es una lucha constante entre el bien y el mal, con la religión siempre muy cerca", sentencia 
La escritora Asa Larsson, durante la presentación de su cuarta novela. foto: Efe.fuente:elmundo.es
Cuando Pase tu Ira (Seix Barral) es la nueva novela de la escritora sueca Asa Larsson, uno de los más sólidos valores de ese género tan rentable en el que se ha convertido la novela negra escandinava, gracias sobre todo al éxito de Stieg Larrson. "Espero que esto no sea un fenómeno pasajero y que, más que una moda, se convierta en una evaluación individual de escritores", recalca.
La que llega ahora a España es la cuarta entrega de la saga protagonizada por la abogada Rebecka Martinsson, algo así como su alter ego literario, pues ella también ejerció esta profesión. En Suecia ya ha visto la luz la quinta, mientras la escritora prepara la sexta y última. ¿Se acaba la saga? "Absolutamente, tengo otras muchas historias llamando a mi cabeza", asegura.
'Cuando pase tu ira' cuenta la historia de Wilma y Simon, dos jóvenes enamorados que han decidido sumergirse en el helado lago de Vittangijarvi, en el norte de Suecia, en busca de los restos de un avión alemán perdido en 1943. Mientras bucean, alguien corta la cuerda de seguridad de Wilma y tapa el orificio de salida en el hielo. No podrán escapar.

Comienza la investigación

La escritora sueca Asa Larsson ha planteado este viernes que a estas alturas ya ha encontrado una manera de "crear inicios muy potentes a modo de relato corto para enganchar rápidamente". Además, ha explicado que también ha aprendido a "encontrar un equilibrio entre el género negro que mantiene al lector pendiente y la creación de personajes literarios".
Siempre tratando, según ha dicho, de que sea como si una cámara fuera 'acompañando' a los lectores durante la trama. Una trama que es ficción porque, en su opinión, ésta es un gran vehículo para contar cualquier cosa, "como el azúcar que necesitas para tragar la medicina amarga". Precisamente por eso opina que a través de la ficción se puede llegar a "mucha más gente".
Finalmente, como experta en asesinar o cometer atroces crímenes en la ficción, señala que "sería bonito poder reencontrarte con tus seres queridos después de la muerte", pero es algo que "no se puede saber". "Todo el género negro es una lucha constante entre el bien y el mal, con la religión siempre muy cerca", sentencia.

19.4.12

Ovejitas negras

¿Se saben el cuento del lobo y el rebaño virginal? Pues ahí hay una novela negra
Leonie Swann, autora alemana de novela negra.foto: Richard Igel. fuente:elmundo.es

Leonie Swann epató a la tropa 'negrocriminal' al completo hace cinco años con una ópera prima titulada 'Las ovejas de Glennkill', un 'thriller' de lo más peculiar que venía a ser un cruce entre 'Rebelión en la granja' y 'Diez negritos'. Una de esas gloriosas vueltas de tuerca al género que, repletas de ironía e inmejorable humor, se publican por estos lares cada cierto tiempo.

Leonie Swann regresa ahora con una segunda entrega de lo que, a estas alturas del partido, tiene toda la pinta de ser una saga tan fructífera como desopilante. Bienvenidas sean, visto lo visto, y leído lo leído, todas las entregas que nos quiera despachar la buena de Leonie Swann, alemana del mismo Múnich pero residente en Berlín, que se obsesionó con un rebaño de irreductibles ovejas al que conoció en Irlanda y, para quitárselo de la cabeza, no dudó en convertir en sagaz grupo detectives de merinas con piel de lobo. Imaginamos que, por su alto contenido algodonoso y sus múltiples balidos, se trata de la lectura de cabecera de Carmen Sevilla.

En '¡Que viene el lobo!', su nueva novela, también publicada por Salamandra, Leonie Swann saca el lado viajero de Miss Maple y el resto del rebaño de orejas detectives para ambientar la trama en la campiña francesa. Acompañadas de Rebecca, la hija del pastor George Glenn, nuestras 'chicas' investigan el caso de un hombre lobo que osa perturbar la paz de un idílico prado.

¿Idílico? ¿Quién dijo idílico? El peligro se hace patente con el descubrimiento de un cadáver en los límites del bosque, y las ovejas se adentran en la oscuridad de la floresta en busca de las pistas que todo asesino (y más si se trata de un licántropo) deja tras de sí. Las risas están más que servidas siempre que nos unamos al equipo investigador compuesto por Miss Maple, Sir Ritchfield, Othello, Ramses, Zora, Heide, Cloud, Cordelia y el resto del rebaño.

Aquí tenéis, como muestra, el arranque de una novela con la que, curiosamente, contar ovejas os mantendrá más despiertos que se costumbre. ¡Mucho cuidado con ella, engancha!

–¿Y después? –preguntó el cordero de invierno.

–Después las ovejas madre pusieron a salvo a los corderos lejos el hombre del perro pequeño. Y encontraron un un –Cloud, la oveja más lanuda del rebaño, no supo cómo continuar.

–Un montón de heno –propuso Cordelia, que era una oveja sumamente idealista.

–Eso, un montón de heno –repitió Cloud–. Y las ovejas madre comieron y los corderos se acurrucaron en el heno... y guardaron silencio.

Las ovejas balaron entusiasmadas. Después de tanto contarla, la historia de 'El silencio de los corderos' había ido sufriendo graduales variaciones, y en cada ocasión ganaba un poco.

Rebecca, la pastora, les había leído el libro en otoño, cuando las hojas ya amarilleaban pero el sol aún era redondo y estaba maduro y sano. A estas alturas las ovejas ya no podían explicarse por qué entonces, en las primeras frías y plateadas noches de otoño, el libro les había dado tanto miedo. Sólo Mopple the Whale, el carnero gordo y memorioso, se acordaba de que en el libro que Rebecca les había leído en los soleados escalones de la caravana casi no aparecían corderos, y muy poco heno.

El viento empujaba nieve entre sus patas, allá abajo temblaban las peladas matas que crecían junto a la cerca del prado, y la historia había terminado.

–¿Era un montón de heno grande? –quiso saber Heide, que todavía era joven y no le gustaba que las historias terminaran así sin más.

–Muy grande –afirmó Cloud con convicción–. Tanto como... Tanto como...

Miró alrededor en busca de cosas grandes. ¿Heide? No. Heide no era especialmente grande para ser una oveja. Mopple the Whale era el más voluminoso. Pero más grande que cualquier oveja era la caravana, que estaba en medio del prado, y mayor aún el establo, y lo más grande de todo era el viejo roble que se alzaba cerca de la linde el bosque y en otoño había desprendido infinidad de hojas marrones, amargas y crujientes. Había sido un trabajo de mil demonios comerse todas esas hojas.

A la izquierda del prado se hallaba el huerto, y a la derecha el campo de cabras. En éste no había nada grande. Sólo cabras. Pasados los dos campos, al fondo estaba el bosque, ajeno y susurrante; delante, la propiedad, con establos y casas, chimeneas humeantes y personas ruidosas, y más cerca, gris y enorme como una calabaza, el castillo. Dado que el prado se elevaba un tanto en dirección al bosque, se veía estupendamente.

–Tan grande como el castillo –concluyó Cloud con aire triunfal.

Las ovejas se quedaron pasmadas. El castillo era en verdad muy grande. Tenía una torre puntiaguda y muchas ventanas, y todas las tardes les quitaba el sol demasiado pronto. Cambiarlo por un montón de heno habría sido genial.

16.4.12

Novela negra (iberoamericana) sin prejuicios

La Universidad estadounidense de Brown aborda el boom del género policiaco en el continente. Leonardo Padura y Rubén Varona representan a una literatura en auge
El escritor cubano Leonardo Padura, en su despacho en La Habana. foto: José Goitia. fuente:elpais.com

En el interior de una casa de ladrillo rojo de 1920 de la Universidad de Brown (Rhode Island) en Estados Unidos esta semana se dialoga sobre literatura iberoamericana. En contra de fronteras y prejuicios culturales, el reto es abordarla de manera transatlántica. Una demanda que se extiende no solo a la lengua, sino a los géneros. En la sexta edición de la Conferencia Internacional de Estudios Transatlánticos, organizada por esta universidad, se ha puesto el foco en la novela policiaca.

"Estamos asistiendo al boom del género negro", explica el profesor Julio Ortega, organizador del seminario, literalmente parapetado tras una interminable montaña de libros, la mayoría escritos por él. "Antes parecía que este tipo de literatura solo se hacía donde había un sistema judicial serio que penalizaba el crimen, pero ahora se ha extendido a cualquier lugar, porque lo verdaderamente importante no es el castigo sino la búsqueda de la verdad".

El escritor y periodista cubano Leonardo Padura -creador del teniente Mario Conde, protagonista de cuatro de sus novelas, todas ambientadas en La Habana- defiende la pujanza de la literatura policiaca iberoamericana. "Con autores como Rubén Fonseca o [Manuel] Vázquez Montalbán no puede ser considerada un género menor", explica. Sin embargo, Padura no comparte en absoluto que esas obras puedan leerse en clave transatlántica, independientemente del lugar en el que estén ambientadas. "Son novelísticas nacionales. Cuando lees a [Henning] Mankell estás leyendo literatura sueca, cuando lees a Manolo [Vázquez Montalbán] lees literatura española. La novela policiaca, como se asienta tanto en los prototipos nacionales, en las estructuras nacionales, es marcadamente nacional".

Sea como sea, no existe consenso acerca de si el género policiaco debe ser entendido en función de la idiosincrasia de los lugares donde acaece o debe abordarse desde la interculturalidad. Si bien, entre los ponentes que, además, son escritores, son muchos los que, como Padura, sostienen que el fin último de la novela negra es escrutar la sociedad, promover una mirada crítica sobre ella, por lo que la conexión entre el crimen y el ámbito en el que se comete es insoslayable. "Si no entiendes México, no entiendes la novela de Ignacio Taibo", señala Rubén Varona, escritor colombiano de 32 años.

La presencia de Padura en la conferencia no se debe únicamente a su condición de escritor de género, sino, fundamentalmente, a su condición de escritor cubano. La importancia de su nacionalidad podría resultar paradójica dado el carácter trasfronterizo del seminario, pero la elección para nada es casual. El año que viene la organización quiere celebrar en la isla su séptima edición. "La historia cultural cubana es muy importante y es transatlántica porque no se entiende sin las aportaciones españolas y africanas", explica el profesor Ortega, que considera esencial participar en la transición de la isla de de manera pacífica y a través de la literatura".

El escritor cubano ve en el gesto un paso muy importante. "Cuba necesita comunicación, hay dos generaciones de lectores que sufren una gran desinformación con respecto a la literatura, no así con el cine o la música, y cualquier tipo de movimiento que acerque la literatura al país es bienvenido. Las mentes están en el siglo XXI pero las penalidades en el XX. Los jóvenes tienen los mismos gustos que el resto, pero sus posibilidades de acceso a la tecnología son del siglo pasado", dice señalando a su alrededor, donde todos van camino de la siguiente charla pegados a su móviles inteligentes.

13.4.12

El nuevo libro de J.K. Rowling se publicará en septiembre y se llamará 'The Casual Vacancy'

J.K. Rowling tiene una fortuna estimada de 741 millones de dólares gracias a los siete libros de la saga Harry Potter y todos los beneficios de la adaptación de la saga al cine
J.K. Rowling, autora de la popular saga Harry Potter, quien publicará su primera novela para adultos llamada The Casual Vacancy, en el género negro. foto.fuente:lainformación.com

J.K. Rowling tiene lista su primera novela para adultos. Un relato definido como "oscuro y cómico" que cuenta la historia de Pagford, un idílico pueblo inglés con una guerra entre sus habitantes por elegir al nuevo párroco.

Según han señalado desde la editorial, el libro se llamará 'The Casual Vacancy' y se publicará en todo el mundo el próximo 27 de septiembre tanto en papel como en formato digital, publica The Guardian

Se espera que el libro sea un fenómeno en ventas. Jon Howells, portavoz de la editorial Waterstones, ha señalado que "obviamente la novela, será un éxito de ventas importante, probablemente el título más vendido de ficción de este año.

Rowling, de 46 años, tiene una fortuna estimada de 741 millones de dólares gracias a los siete libros de la saga Harry Potter y todos los beneficios de la adaptación de la saga al cine.

Esta será su primera novela desde que el último libro de Harry Potter fue publicado en 2007.

Los libros de Rowling han vendido más de 450 millones de copias y han sido traducidos a 74 idiomas.

4.4.12

Lo peor que le puede pasar a una novela

... Es que un psicoanalista bonaerense se empeñe en escribirla Y si encima, el sujeto es cantante melódico, ¡quilombo!
Portada Los padecientes de Gabriel Rolón. Destino. foto.fuente:elmundo.es

Allá vamos. Llegará un momento, de seguir las cosas así (tan negras, literalmente), en que hasta Pere Gimferrer anunciará un poemario/'thriller' titulado 'Ruiseñor o fiambre'. Son dos las preguntas sin respuesta, A y B, que hoy, por hoy, me producen un profundo resquemor: A) ¿Dónde vive escondido el único sueco del planeta que no escribe novela negra? Y B) ¿Por qué todos los trabajadores del mundo libro (versión cutrelux del concepto mundo libre), todos, sin excepción, acaban escribiendo su homenaje a la novela negra, ese género que los encandiló cuando empezaban en esto de la escritura? Pues eso. Que las respuestas, empeñadas en estar en el viento, siguen sin aparecer.

Gabriel Rolón ha sido el último advenedizo en subirse al carro de la moda 'negropolicial'. 'Wikipediando' con su genio y figura, que es gerundio. Veamos: "Gabriel Rolón es un psicoanalista, escritor y cantante argentino, famoso por su participación en varios programas de radio y televisión. Es autor del 'bestseller' 'Historias de Diván'". Y de Rolón nos llega ahora, como caído del cielo, 'Los padecientes', novela negra publicada por Destino. ¿Y quiénes son los padecientes?, se preguntará el lector menos avispado. ¿Y qué es poesía?, responderá, repreguntado a su vez, el poeta más avispado. Pues eso. Padecientes.

Argumento altamente desargumentado: Pablo Rouviot, reconocido psicoanalista (¡bingo!), es un hombre taciturno y solitario que no ha podido superar una turbulenta y recientísima historia de amor. Cierta noche, una 'mina' [nótese el argentinismo] se planta en su consultorio y le formula un pedido peculiar: ayuda detectives para constatar que no fue a su hermano, joven bastante 'zumbado', a quien se le fue la mano al acuchillar salvajemente en un descampado al papá de ambos. Lo que necesita Paula, que tal es el nombre de la 'mina', es que Pablo le ayude a demostrar que su hermano es, como Francisco Camps, inimputable. Eso sí, en este caso por tratarse de alguien incapaz de comprender la peligrosidad de sus actos. Y hasta aquí podemos leer, como si esto fuese una de las tarjetitas del '¡1,2,3... responda otra vez!' que tanto añoramos.

¿El resto? De serie, si es que lo hay. La consabida y mil y una vez repetida pseudotrama policial en la que médicos, polis, rubias y abogados alargan con sus tejemanejes una historia sin más fundamento que el de mostrarnos el frenético día a día del buen psicoanalista. Thriller psicológico llaman ahora a este tipo de producto prototípico del ese mercado literario que, según Ruiz Zafón (experto en la materia), tiene mucho más de mercado que de literario. Es 'Los padecientes' la primera novela que escribe el psicoanalista y cantante argentino Gabriel Rolón [con añadido de última hora: me entero ahora de que también es dramaturgo; ¿quién dijo que ya no quedaban hombres del Renacimiento cuando bastaba con buscar en Argentina?], apodado por su legión de fans como 'El nuevo Bucay'. Y eso se nota un poco. Aun así, se trata de un relato que en su Cono Sur natal ya ha vendido 80.000 ejemplares. 80.000, que se dice pronto. Y están pensando en hacer la película. Ricardo Darín, ¡ya podéis dejar de 'googlear'!

Aunque casi es mejor que juzguéis vosotros mismos, ¿no? Para algo sois los otros 'padecientes' de esta novela. Ahí va un párrafo:

"La verdad late sojuzgada y silenciosa. Oculta en los rincones más oscuros de la mente, olvidada en oscuros archivos judiciales, encubierta en los confusos dictámenes oraculares o simplemente presa de la represión o el desconocimiento, como si se tratara de uno de esos animales que invernan largo tiempo sin manifestarse, pero que aun en ese estado siguen vivos. La verdad. Eso tan deseado y tan temido al mismo tiempo. A veces por maldad, otras por dolor o simplemente porque el tiempo extendió un velo de fatal encubrimiento, yace oprimida y, cuanto más oculta, más fuerte. Porque no sabe morir. Porque puede ser silenciada, ocultada u olvidada, pero aun así clama a su manera por hacerse notar, por gritar su presencia. Omnipresente en su aparente ausencia. Marcando y condicionando el modo de gozar y padecer, de relacionarnos con otros y con nosotros mismos".