3.11.10

1279 almas... y media

RBA acaba de publicar en su Serie Negra una cuidada edición de 1280 almas, con una actualizada traducción de Antonio Prometeo Moya

Portada de RBA; actual y de reciente edición.

Edición original del Club del Misterio de Bruguera delmismo traductor.

¡Menudo canalla este Nick Corey! ¡Valiente cabronazo está hecho! Ahí sigue, dale que te mato desde que en 1964 lo pariera ese malnacido de Jim Thompson. Tal para cual; tan iguales, tan cínicos, tan brillantes, tan únicos. Sigue impartiendo justicia en Potts County a todo aquél que infrinja la ley siempre y cuando, claro está, sea un negro o un blanco desgraciado que no tenga donde caerse muerto. No ha cambiado desde entonces: sigue pareciendo igual de bobo cuando en realidad es endemoniadamente listo; sigue pareciendo un vago inútil y desgraciado cuando en realidad es diabólicamente brillante y creativo; sigue pareciendo un buenazo cuando verdaderamente es un hijo de puta redomado que no dudaría en reventarte las pelotas si así lo decidiera papá Thompson; sigue pareciendo inofensivo cuando es capaz de aniquilar a todo el que quiera apartarle de su camino, que no es otro que el que le marca el dedo del Señor para abatir a los pobres pecadores por los que nadie da una mierda.

¡Joder con el sheriff de Potts County! Un pueblo inexistente y a la vez universal, un pueblo de 1280 almas donde nadie es lo que parece, donde nadie absolutamente nadie es inocente, donde Corey deja bien clara su personalidad y la de quienes le rodean muy pronto: "En primer lugar, no soy valiente ni trabajador ni honrado. En segundo lugar, los electores no quieren que lo sea". A partir de ahí la gran farsa a través de un catálogo de buenos ciudadanos depravados y corruptos que para el sheriff –que buscará su reelección a cualquier precio– no son sino un reflejo de la condición humana: "Según la ley, yo debería estar al acecho de los grandes y los poderosos, de los tipos que realmente gobiernan este lugar, pero no se me permite tocarlos, así que me veo forzado a equilibrar la balanza siendo dos veces implacable con la basura blanca, los negros y los individuos como tú, que tienen el cerebro perdido por el culo porque no tienen otro sitio donde utilizarlo…" Y Corey no es peor que los demás y lo demás no son menos culpables que Corey. Todos viven encerrados en una mentira que se sostiene porque todos ponen sus huevos en ella, todos son protagonistas de una doble moral que los abarca, los envuelve, los engulle.

¡Joder que diálogos! Pura mala hostia la de este "Albert Camus del crimen" o este "Dostoievski de las novelas de diez centavos" como también es conocido el bueno de Thompson, para muchos la versión noire y brutal de William Faulkner. Aunque su país le dio la espalda –no gustaba esa sociedad tan enferma y mediocre que reflejaban sus novelas y por eso cuando murió en 1977 toda su obra llevaba descatalogada bastantes años–, Europa se abrió de piernas ante su inmensa literatura provocadora y de cierto mal gusto que él hacía saltar por los aires con unos diálogos salvajes pero insuperables que el tiempo, 46 años desde que esta enternecedora novela se publicó en Estados Unidos, ha mantenido vivos y exclusivos, porque nadie ha logrado igualar ni su violencia ni su belleza.

Marcel Duhamel, editor de la Serie Noire de Gallimard, fue decisivo para esta apertura de piernas, para que se evaporara ese velo de falso pudor, para que esta obra maestra irrumpiera en el viejo continente con la contundencia de los grandes textos. Incluso tuvo la osadía de cambiar el título e introducir en edición francesa esas almas que brillan por su ausencia en este monumento a la amoralidad cotidiana. El original Pop: 1280 –en donde Pop es una contracción de Population– dio paso en la edición francesa no a 1280 âmes que hubiera sido lo lógico sino a 1275 âmes, porque Duhamel descontó a aquellos que mueren en la novela a excepción de un negro, el tío John, en un guiño a uno de los diálogos más sorprendentes de la narración que sólo pretende ahondar en el racismo latente y plenamente vigente por aquel entonces en el Oeste americano; en dicho diálogo el también sheriff Ken y su ayudante Buck dudan de que el cartel de 1280 habitantes esté en lo cierto: "Mira Nick –le espeta Buck-- la cantidad de mil doscientos ochenta comprende también a los negros, porque los leguleyos yanquis nos obligan a contarlos, pero los negros no tienen alma. ¿A que no?" En España, se añadieron las almas blancas y también las negras y se dejó la cifra original.

La perversidad de todas sus páginas no tiene límite, y Corey, el cándido e infernal Nick Corey, insiste en que él sólo tiene que hacer su trabajo, que es seguir siendo sheriff, la mayor autoridad de Potts County, y que tiene que seguir siéndolo porque ha sido creado, "singular y característicamente", para eso y no va a renunciar a ello, ya lo creo que no. Esta cansado de todos lo que le rodean: una mujer a la que detesta y a la que quiere ver muerta, un cuñado subnormal, una amante que le agobia, además de una retahíla de corruptos, facinerosos, usureros, amorales, desaprensivos… sin olvidarnos de todos los chulo putas que creen que la orina se les volverá limonada.

Y si Gallimard tuvo los santos huevos de cambiarle el título original yo no voy a ser menos… y lo voy a dejar en 1279 almas… y media porque esas son las almas que verdaderamente había en Potts County, ¡sí señor, y que me cuelguen si no es cierto lo que digo!, ya que el malvado sheriff, como ustedes podrán comprender, no podía tener tener más allá de media alma, el muy mamón, porque el pedazo restante se lo arrebató para siempre ese asesino dentro de sí mismo, ese maldito genio de sangre cherokee y talento tan devastador como irrepetible que era, es y siempre será Jim Thompson.

Que descanse en paz, o que se joda, es el epitafio que seguramente hubiera escrito en su tumba el irrepetible Nicholas Corey. Grabado queda.

RBA acaba de publicar en su Serie Negra una cuidada edición de 1280 almas, con una actualizada traducción de Antonio Prometeo Moya, que también fue el traductor de la edición original de Bruguera, la primera que llegó a España.

fuente:elmundo.es/blogs

foto:elmundo.

foto:archivo particular

30.10.10

Un nuevo detective literario para el Berlín prenazi

Gereon Rath. Retengan ese nombre. Es el del detective de la Brigada de Costumbres de la Policía Criminal de Berlín
Calle de Berlín en los años de la República de Weimar.foto.fuente:elpais.com

Se dedica a investigar delitos sexuales, que se ha inventado Volker Kutscher (Colonia, 1962) como protagonista de una serie de novelas ambientadas en la época de la República de Weimar y el ascenso del nazismo que causan furor en Alemania.
Acaba de publicarse en España el primer título de las tres escritas hasta ahora, Sombras sobre Berlín (Ediciones B), que se abre con una redada de pornógrafos que distribuyen fotos de dobles de prominentes prusianos -Hindenburg, Bismarck, Federico II- practicando el sexo a lo grande. Un asesinato brutal, el mundo de los refugiados rusos y el oro de Moscú (el de una familia de seguidores de Kérenski que persigue Stalin) aparecen en el horizonte del detective mientras los comunistas tratan de tomar la calle y la bestia parda comienza a estirar los músculos. "La época de entreguerras en Alemania es fascinante", señala Kutscher, historiador de formación. "La gran pregunta es cómo pasamos de una democracia a una dictadura bárbara".
El escritor es un gran conocedor de la República de Weimar, cuyas libertades, considera, no se volvieron a ver en Europa hasta los años sesenta. "No creo que hubiera nada negativo en ella, el problema es que había demasiados pocos demócratas. Con unos cuantos más la historia hubiera sido muy diferente". Cuando se habla de detectives en el Berlín prenazi y nazi, la referencia es Bernie Gunther, el personaje de Philip Kerr. "He leído sus novelas, su detective a lo Bogart es muy diferente del mío". Las aventuras del suyo, advierte, acabarán en 1936 para que no tenga que vivir la total apropiación de la policía por los nazis.
A Kutcher le interesaba mezclar la época con los gánsteres y su novela se abre con la cita de Walther Rathenau, ministro de la república: "Berlín ha muerto, en su lugar crece Chicago".

29.10.10

Malverde: "El género negro es un género mayor, literatura de alto rango en muchas de sus vertientes"

El autor de una Guía de la novela negra que elude los tópicos, oculto tras un seudónimo, dice que en España hay sucesores de Vázquez Montalbán del tamaño del Coloso de Rodas

Malverde ha elaborado una detallada guía de novela negra. foto:Marc Arias.fuente:lavanguardia.es

En pleno boom de la literatura policíaca, una Guía de la novela negra como la que ahora publica Errata naturae es un utilísimo mapa para evitar perderse entre las novedades que atiborran las mesas de las librerías. Pero es además una lectura sabrosa y apasionante. Primero, porque está escrita con tanta gracia como erudición.

Es ecléctica, refractaria a los lugares comunes y original, sugerente en sus apreciaciones. Y segundo, porque a la vez que guía es también, a su manera, un libro de misterio. O, al menos, que esconde un misterio. El de su autor, "un hombre conocido y respetado, deseado a partes iguales por los departamentos universitarios y por los organizadores de congresos internacionales en el ámbito de la literatura", según se dice de él en la solapa de la cubierta. Aunque es un apasionado de la novela negra, "su renombre proviene de sus investigaciones y ensayos en otro terreno: aquél que sus colegas de la academia llamarían "la Gran Literatura" (piensen en Proust, Kafka, Nabokov, Beckett, Bernhard, Borges, Pessoa…)". Por eso, se añade, firma con el seudónimo de Héctor Malverde. Y por eso esta entrevista no es tal, sino un cuestionario que ha sido remitido al autor, y devuelto una vez respondido por éste, utilizando la editorial como correa de transmisión para preservar el secreto.

-Dice que no ha querido ser exhaustivo, pero no sé si creerle, por la cantidad de obras y autores reseñados.
-Claro que sabe si creerme o no, y hace Usted muy bien… En todo caso, la cantidad de obras y autores no debería nunca determinar el rigor de una investigación, un trayecto o una aventura. Una cantidad no es más que un puñado. La escritura es una cuestión de estilo, como la acción, el gesto, la vida o la apuesta.

-Al hablar de novela negra, ¿no metemos a menudo demasiadas cosas en el mismo saco?
-No sólo al hablar de novela negra: al hablar, en general, al pensar, al clasificar. Volvamos al puñado y al estilo: la vida, como la literatura o el pensamiento, trabaja con puñados informes: el resto no es silencio, sino decisión, trazo y gesto que discrimina. Abrir espacios de sentido e insinuar mapas o conjuntos implica, en efecto, el riesgo de asumir demasiados componentes, el riesgo de los intrusos y los indeseables. Es un riesgo lingüístico, ético y político que demanda honestidad y precisión con el arco: Borges asume ese riesgo y lo lleva hasta sus últimas consecuencias en El idioma analítico de John Wilkins; Foucault fusila ese texto y comienza así Las palabras y las cosas; Nietzsche insinúa que no dejaremos de creer en Dios hasta que no dejemos de creer en la gramática. Clasificar para mostrar el colapso potencial de toda clasificación y, simultáneamente, su belleza, su precisión, su (im)pertinencia.

-Usted categoriza con un criterio bastante clásico, pero después se permite algunas excentricidades, como incluir From Hell, el cómic de Alan Moore y Eddie Campbell.
¿Excentricidades? ¿Quién está siendo "bastante clásico" ahora? Parto de una idea muy simple: la desorientación, la ausencia de claves, la desactivación del centro como categoría inmutable. Toda propuesta de orden y, por tanto, todo canal expresivo es un mecanismo narrativo de donación de sentido. Los formatos se metamorfosean con el tiempo. La ficción crece y evoluciona a través de los formatos. Sin duda, la jurisdicción del saber cretácico seguirá tratando de convencernos de que el formato no es más que cáscara y que no todas las cáscaras están a la altura de la pureza del contenido, que la calidad brilla en el interior, que si el arte y la esencia y la pamplina hegeliana… Walter Benjamin lo ha dicho despacio y sin contemplaciones en La obra de arte en la era de su reproducción tecnológica. From Hell es una pieza magistral, entre otras cosas, por la apuesta del formato. Sería curioso que la novela negra, históricamente asediada por la etiqueta del género menor, comenzara a lucir su aura, a mostrar remilgos y a designar excentricidades.

-A un lego en el género, ¿por donde le recomendaría empezar?
Por Homero.

-¿Los mejores autores son los americanos?
Pregunta-trampa-de-oso: si respondiera afirmativa o negativamente a esa pregunta, me quedaría tirado y dolorido en mitad del bosque hasta que viniera un cazador furtivo y me pegara un tiro en el lomo. Hay autores. Hay autores americanos. Hay buenos autores americanos de novela negra. Algunos de ellos son mejores que otros. Algunos, incluso, son mejores que ciertos autores europeos. Me encantan los autores americanos. No sé quienes son los mejores. El día que lo sepa espero dejar de escribir y, si sigo escribiendo, espero que nadie me haga el más mínimo caso.

-Ellroy es el único que aparece dos veces. ¿Su favorito?
-No, no es mi favorito, pero casi.

-¿Quién lo es y por qué?
-Es una pregunta difícil, pero se puede responder plagiando un plagio de Roberto Bolaño: mi autor favorito en realidad son dos y sus nombres son: David Goodis, Walter Mosley y Sjöwall-Wahlöö. Las razones son las de siempre: el azar y el desánimo. En mi caso, las predilecciones literarias se miden por coyunturas vitales bien definidas. Un libro es un eje biográfico. La intensidad con la que me acompañan estos nombres va más allá de los criterios estéticos.

-De los clásicos, ¿con cual se queda?
-Con Chandler.

-¿Y de la última hornada?
-Con Silva.

-¿A qué atribuye el actual boom de la novela negra?
Al empeño mediático y propagandístico de reciclar la maquinaria consumista y generar una y otra vez la peligrosa ilusión de que todo es importante.

-Y con el auge de la literatura policial en general y de la escandinava en particular, ¿no nos cuelan mucha morralla?
Veo que le preocupan la morralla y los sacos espaciosos…

-Mójese. Stieg Larsson, por ejemplo, no es santo de su devoción.
La morralla apesta y se infiltra, de eso no hay duda. Pero la morralla no es una categoría exclusivamente literaria. Larsson, por ejemplo. No, no es santo de mi devoción. Ni siquiera me parece un autor imprescindible. Casi nada es imprescindible. Lo que convierte a un autor mediano en morralla también es la tentación mediática, el sometimiento a los canales comerciales, la obsesión por la espectacularidad. La calidad de un autor y su apuesta literaria también residen en su modo de manejar esa tentación, en lo que uno esté dispuesto a hacer y a dejarse hacer. Quienes en la actualidad opten por una ficción detectivesca ágil y sin piedad, por una reflexión narrativa y por una ética del francotirador, seguirán produciendo calidad además de cantidad. Quienes, por el contrario, sucumban a las imposiciones comerciales y a los índices de audiencia, pasarán de largo, es decir, creerán que triunfan. La fuerza y el valor del género deben seguir midiéndose por su relación con los dictados del contexto: someterse o morir matando, es decir, pensando. La literatura es una forma de pensamiento crítico. La morralla no.

-Fred Vargas tampoco le gusta, pero también la salva. De algún modo salva a todos los que cita. ¿Peca de benévolo?
-Peco de envidioso, de impaciente, de lujurioso y de vanidoso, pero no de benévolo. Tendemos a identificar las propuestas de orientación con tribunales inquisitoriales o instancias de legitimación absoluta. No he querido salvar ni condenar a nadie. Esa es tarea de dioses y Revertes. Lo dije en su momento: ésta es mi apuesta personal en mitad de la jungla. Hay una diferencia entre la geografía política y la geografía lúdica, es decir, entre la palabra sagrada y el relato mundano, pero excelente.

-¿En España hay dignos sucesores de Vázquez Montalbán?
En España hay escritores del tamaño del Coloso de Rodas. El coloso de Carabanchel, por ejemplo, el señor Lorenzo Silva. O Domingo Villar, que es un regalo del océano. Tal vez Borges tenga razón y sean Silva y Villar los que han creado a sus precursores.

-Hay alguna ausencia significativa. La de Westlake, por ejemplo. ¿Es un lapsus o es a conciencia?
-Dicen los romanos que tener alma es tener un secreto. Yo tengo tres almas: la mayor se llama McBain; la mediana se llama Donald Westlake; la pequeña se llama Woodsworth.

-Tampoco sale Don Winslow. Todo el mundo habla de su El poder del perro, y casi todo el mundo habla bien.
No sé quién es todo el mundo y mucho menos casi todo el mundo, pero seguro que tienen razón.

-Tras escribir la guía, ¿ha descubierto algo más que ahora añadiría?
-No. He descubierto cosas que leería, pero el camino ya está recorrido. Como decía, no he pretendido elaborar una propuesta de cierre, no siento el aguijón de lo que ha quedado fuera ni el peso de lo que habita en el interior.

-Usted justifica su anonimato en un supuesto miedo a ser arrinconado en los cenáculos literarios por su afición a un género considerado menor al lado de lo que se da en llamar "la Gran Literatura". El libro está trufado de vinculaciones y referencias que dejan claro que usted no cree en esa división. No me diga que a estas alturas no se puede decir a cara descubierta que la gran novela negra es gran literatura.
¿Qué es una cara descubierta? ¿Las caras descubiertas no llevan máscara? Dice un hombre sabio que no hay que fiarse de nadie que no tenga un personaje. O al menos una máscara. Al comienzo de La linterna mágica, Ingmar Bergman habla de sus hermanos, de la escuela, la infancia, la educación y el circo. Cuenta que era travieso y que se enamoró de una artista, que su padre les castigaba con frecuencia. Cuenta que los castigos eran tan severos y físicamente dolorosos que él y su hermano mayor tuvieron que aprender a mentir rápidamente y con habilidad. Ingmar se convirtió en un mentiroso excepcional y, años después, en un genio de la ficción. Bergman escribe una frase que leí hace años en el norte de Europa y que no olvidaré jamás: en el fondo, los que nos hemos pasado la vida mintiendo sentimos un gran amor por la verdad. Malverde es un pseudónimo porque esconde un profundo amor a la verdad y a la convicción de que el género negro es un género mayor, literatura de alto rango en muchas de sus vertientes. El seudónimo es un juego y una máscara y, tal vez, lejos de esconder una vergüenza, esconda devoción, respeto y exhuberancia.

-Bioy Casares, Borges, Boris Vian o John Banville –entre muchos otros-, han escrito novela negra con seudónimo. ¿Lo siguiente suyo no será una novela negra firmada como Héctor Malverde?
-Malverde es un francotirador, no duraría ni un asalto en una pelea con cuchillos.

-Ha sembrado el libro de pistas, y debe de haber tantos detectives intentando desenmascararle como lectores tiene la guía. ¿Está deseando que le descubran?
Desde niño.

26.10.10

John Verdon solo piensa en "divertir al lector"

Sé lo que estás pensando es una de las novelas que más se han leído este verano

Portada de la novela.foto:papelenblanco.com.fuente:elpais.com

Mark Mellery recibe una carta de su asesino. El sobre contiene una hoja escrita a pluma con tinta roja y un sobrecito. "Piensa cualquier número del uno al mil, el primero que se te ocurra. Imagínatelo. Ahora verás lo bien que conozco tus secretos. Abre el sobrecito". Mellery piensa un número al azar, el 658. Es el que aparece en el sobrecito. Este es el quid de Sé lo que estás pensando (Roca Editorial) del escritor estadounidense John Verdon. Es una de las novelas que más se han leído este verano y sigue en la lista de las más vendidas. A principios de diciembre, Proa la publicará en catalán

"Pensé en la mejor manera de provocar el terror absoluto", explica Verdon. "Que el asesino convenza a la víctima de que sabe todo lo que está pensando, que conoce su pasado, cosas que ni siquiera recuerda". El psicópata asesina a cinco personas y planea una venganza mayúscula. Deja montones de pistas que no llevan a ninguna parte, ningún rastro válido. Enigmas aparentemente insolubles. Dave Gurney, policía retirado (a los 47 años) y experto en asesinos en serie es encargado por el fiscal de resolver el caso.

Sé lo que estás pensando es la primera novela de Verdón, que cumplirá 69 años en enero próximo. Desde los 15 años quiso ser escritor. Supo pronto que no podría vivir de ello y optó por la publicidad. Se retiró hace unos años para dedicarse a lo que le gustaba, "escribir una novela de misterio por diversión, sin pensar en publicar". "Me conformaba con que le gustara a mi mujer", añade. Le gustó y le animó a que la llevara a un agente. "La envié a 54; 20 no me respondieron, 30 me dieron las gracias pero dijeron que no y cuatro se interesaron. Uno me llamó y me dijo que no hablara de ella con nadie más. La publicó Random House".

Rompecabezas

La novela plantea tantos enigmas que se convierte en un rompecabezas. El psicópata juega con los policías y el escritor, con los lectores. "Yo juego a divertir al lector. El juego del asesino es sádico".

Verdon explica que le gusta mucho Conan Doyle y algo de Sherlok Holmes tiene Dave Gurney, el policía retirado que investiga el caso cuya mujer . Su mujer, Madeleine, es una especie de Watson, "pero cien veces más inteligenteque Watson; también es más inteligente que Gurney". Entre la pareja hay tensión. Ella preferiría que no trabajase y menos le gusta que se dedique a retocar fotografías de los asesinos que ha detenido. Madeleine es quien da las mejores pistas para resolver el caso. "Ella es la luz que ilumina a Gurney".

La novela, llena de guiños, rinde homenaje a El resplandor, de Kubrick, realizada a partir de la novela homónimade Stephen King. La madre del psicópata recuerda a la de Psicosis de Hitchcock... "Lo hice de manera inconsciente. Me gustan autores como Raymond Chandler y Ross MacDonald, que crearon en California un espacio propio. Intento hacer lo mismo".

Verdon acaba de entregar a su editor norteamericanola segunda novela de lo que, en principio, prevé como una trilogía protagonizada por el investigador.

25.10.10

Novela negra a la gallega

El vigués Domingo Villar es el único representante español en el mayor festival de literatura policíaca de Europa

foto:archivo.fuente:elpais.com

Recién llegado de Italia, donde acudió a otro festival de novela negra, prepara ya sus maletas para viajar a Alemania. Allí Domingo Villar (Vigo, 1971) participará en el Mord am Hellweg, el festival de literatura policíaca más importante a nivel europeo. Este gallego afincado en Madrid es el único representante español en un evento en el que se celebrarán más de 200 actividades y al que acudirán unos 600 escritores de todo el mundo.

Villar participará junto con otros autores en la velada literaria del 29 de octubre, un evento destacado por la organización y en el que leerá un cuento creado especialmente para la ocasión. "Cuando estoy de promoción éste es mi ritmo de vida, pero a mí lo que me gusta es el proceso, escribir; lo de los festivales es un mal necesario", dice el autor, irónico.

Tanto viaje tiene que ver con la promoción de su novela A praia dos afogados (2009), segunda entrega de una serie policíaca que arrancó en 2006 con la publicación de Ollos de auga. Ambas obras han sido un éxito de ventas: Ollos de auga alcanza ya la decimosexta edición en castellano y la novena en gallego, mientras que A praia dos afogados ha sido editada cuatro veces en gallego y 12 en castellano.

El vigués asume el reconocimiento que está recibiendo su obra con tranquilidad: "Yo ya llegué mayorcito a esto de la literatura, así que tengo los pies en el suelo", asegura. Tampoco le molesta que lo comparen con Henning Mankell o Stieg Larsson, aunque no los considera sus principales influencias; prefiere señalar como referente a Andrea Camilleri. Y acepta que tanto éxito de ventas puede estar relacionado con el auge de la literatura policíaca, un género que, según él, ha conseguido en los últimos años pasar de la marginación al reconocimiento.

A Domingo Villar no le gustan las prisas. Se autodefine como un "maestro del incumplimiento de fechas". Por eso el proceso de creación de sus novelas es lento. Lo explica gráficamente: "Parto de una idea más o menos clara de la trama de la historia, del tronco; todo lo demás, las ramas y las hojas, van creciendo a medida que escribo". Otra de las peculiaridades de su sistema creativo es que no tiene traductor. Escribe simultáneamente en gallego y castellano, utilizando el paso de un idioma a otro para corregir los textos que va creando. Domina perfectamente las dos lenguas, a pesar de que lleva viviendo en Madrid más de 20 años. Para él no existe el conflicto lingüístico, todo lo contrario. "Tenemos suerte los que podemos desenvolvernos en dos lenguas, y yo me aprovecho de eso; igual que un pintor que domina la acuarela y el óleo y trabaja con las dos técnicas", defiende el escritor vigués.

Sus novelas son puramente gallegas, desde los protagonistas hasta el escenario, pasando por la gastronomía y las profesiones tradicionales. Leo Caldas, el inspector que protagoniza la serie, representa el prototipo de hombre del norte, sobre todo en las dificultades para dar una respuesta exacta a cada pregunta.

Caldas guarda muchas semejanzas con su creador: ambos trabajan en la radio -Villar participa en Asuntos propios, de RNE-, disfrutan de la buena comida y "los dos tenemos un padre adegueiro", añade el escritor. A pesar de los años que llevan juntos, todavía no se han cansado el uno del otro. Todo lo contrario. Para Villar, crear una serie con personajes recurrentes le ayuda. "Todos viajamos en grupo, y eso me da menos miedo que viajar solo", explica.

Quizás por eso ha pensado de nuevo en Leo Caldas para protagonizar su tercera novela, en la que ya está trabajando. Igual que las anteriores, también estará ambientada en Galicia, en esta ocasión en la ciudad de Vigo. Villar concede algunos adelantos: la trama se sitúa en la Escola de Artes e Oficios, donde sucede un asesinato que los protagonistas de la serie tendrán que resolver.

La situación del relato en el emblemático edificio de esta ciudad gallega tiene que ver con la polémica desatada después de que intentaran cerrarlo. "La Escola [de Artes e Oficios de Vigo] es una joya que no podemos perder, un universo tan vivo que en este caso esconde un asesinato en su interior", explica Domingo Villar. Y no cuenta nada más, por eso de darle intriga a la historia. Si todo sale bien, la novela estará lista para el próximo año. Siempre con las reservas de un hombre que sabe tomarse las cosas con calma.

21.10.10

Robert Wilson lleva a la mafia a Sevilla en "La ignorancia de la sangre"

Un libro con el que Wilson (Stanford,1957), prestigioso escritor de novela negra y una de las estrellas que estos días ha pasado por el festival Getafe Negro

20.10.10

Cosecha negra

De México a Chaco, donde reside actualmente, Miguel Angel Molfino dedicó varios años a escribir Monstruos perfectos, un impactante policial negro que, según palabras del autor, describe la educación criminal de un adolescente

Miguel Angel Molfino,revitaliza el género negro argentino.foto.fuente:pagina12.com.ar

La violencia se instala, desaforada, en las primeras páginas de Monstruos perfectos: "Había sangre en todos lados y el murmullo aserrado de las moscas movía el aire espeso de la muerte. Su madre se recostaba de lado en el sillón y su mejilla izquierda había desaparecido. Un hueco negro, de borde rosado como una encía, le partía el pecho. En una de las manos aferraba una aguja de tejer. El padre se desparramaba de bruces al principio del pasillo, como si hubiera intentado correr hacia los dormitorios o el baño. No se podría explicar la existencia de tanta sangre alrededor de él si no se supiera que había recibido dos escopetazos. Uno de los impactos le había destrozado la cabeza, el otro le había arrancado el brazo derecho. Otra vez los vahídos llevaron a Miroslavo a sentarse en el piso junto a una enorme burbuja de sangre. Estaba aterrado".

Difícil que un lector pueda despegar de esta novela tras esta escena. No se trata sólo de que una policía venal y sanguinaria investigue el asesinato de los padres del joven Miroslavo en ese paraje alejado de todo: Estero del Muerto. Monstruos perfectos no es una policial deductiva, donde lo que pesa es el enigma. Importa la resolución del crimen, sí, pero más cruciales son su contexto de marginalidad y pobreza, el espesor de las circunstancias que empujan a una violencia de pocas palabras, de gestos miserables donde la solidaridad se parece a la lástima, una compasión de pobres diablos.

De los once años que Miguel Angel Molfino pasó en México, seis los dedicó a escribir la primera versión de esta primera novela. En 2007, cuando decidió radicarse en Chaco (aunque Molfino es porteño adoptó esta provincia como territorio de vida y paisaje literario) volvió a la carga sobre aquel original. En su trayectoria, Molfino (1949) había escrito y publicado poemas y cuentos. Fue integrante del consejo editorial de la revista Puro Cuento. Y aunque suele declarar que se reconoce más cuentista que novelista, Monstruos perfectos tiene, entre sus muchas virtudes, que en su filiación de género actúa como una visceral resignificación del "hard boiled" nacional al igual que las obras de Ernesto Mallo y Raúl Argemí, dos renovadores del "noir", como cierta crítica afrancesada denomina ahora al género.

Monstruos perfectos. Miguel Angel Molfino Viceversa 282 páginas

Molfino propone un acápite de Truman Capote: "He buscado uranio, rubíes, oro y, por el camino, he observado a otros que buscaban lo mismo. Y escúchame, Florrie, ¡he encontrado monstruos perfectos!". Porque con monstruos, como aquellos "sapos reales en jardines imaginarios" que atraían y repugnaban a la vez a Capote, está hecha esta novela: monstruos demasiado reales por cierto. Según ha declarado el autor, la ficción describe la educación criminal de un adolescente. Y en torno de este eje se abren otras historias: médiums, narcos, sexo, policías corruptos, etcétera. Lo que da por sentado este etcétera es un conocimiento documental pormenorizado de la violencia, la social, la política y la física, porque los cuerpos no pueden desprenderse de la lectura de género. No es casual que el género adquiriese prestigio en los '70, cuando la intelectualidad de izquierda lo reinvindicó como realismo crítico. Así la policial encontró su auge en esos años donde estallaban la insurgencia, la lucha armada y se advertía ya la sombra del terrorismo de Estado. En este punto, Molfino no es ajeno a un contexto y su biografía marcada por la militancia, la prisión, la tortura y el exilio, además de pertenecer a una familia masacrada durante la última dictadura, no puede aislarse de una elección estética. Sin embargo Molfino no especula ni se victimiza apelando a lo biográfico para la elaboración de su literatura. Monstruos perfectos va por otro lado. Porque se construye como ficción desde las lecturas veneradas en los '70: la policial más negra (Goodis, Thompson, McCoy), ésa donde el mal es la condición de ser de los desamparados por el sistema. Mempo Giardinelli definió a Molfino como el más norteamericano de nuestros escritores. Lo que debe leerse como pertenencia a una tradición y también como un elogio. Conviene subrayar además una atmósfera entre Quiroga y Conrad determinada por el ambiente de selva y frontera, los personajes completamente marginales. Señales de época, cabe observarlas: los cigarrillos Clifton, los mocasines de Guido, los automóviles Citröen y Ford Falcon. Porque Monstruos perfectos se sitúa, en lo temporal, bajo la dictadura: un gobernador militar, los controles operativos del Ejército son signos inequívocos de ese tiempo opresivo. Así, con estas referencias, Molfino crea un relato denso, cargado de tensión. Estero del Muerto, un pueblito perdido en el Chaco, es el punto de arranque. Un matrimonio rural, un cosechador de algodón y su mujer, son acribillados por dos pistoleros. El hijo, Miroslavo, un muchacho algo quedado, más bien corto, tan enloquecido como aterrado, luego de enterrar a sus padres huye sin un destino fijo. En el camino lo levanta Hansen, un pesado que se las tira de ex agente de inteligencia. Como ingredientes de la trama, una venta de armas a hampones paraguayos y un asalto a un camión de caudales.

En la escritura hay un constante pulso de arranque que, cuando el relato adquiere la máxima velocidad, se frena aplicando un corte que apuntala el suspenso. Hay una prosa seca, tajante, que no esquiva a veces una adjetivación tremendista que proviene de la novela de aventuras (Salgari, también homenajeado dentro del relato). En suma, como no puede ser de otra forma ya que se trata de un rasgo de las mejores piezas del género, y ésta es una, Molfino logra desprejuiciadamente lo que mucha literatura que se precia de "culta" debería tener en cuenta: un vértigo que atrapa acelerando la lectura sin impedir la reflexión sobre una realidad cruenta.

Por Guillermo Saccomanno